Estilo y Narración II

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La crispación destroza el lenguaje

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Eugenio Trías, Claudio Guillén, Ana María Matute, Juan Antonio González Iglesias y Luis Landero advierten de la manipulación y degradación de las palabras en la política y en la información

Por WINSTON MANRIQUE / EL PAÍS – Cultura – 27-03-2006

Verdad, golpista, patria, abyecto, conspiración, rémora, hundir, traidor, miserable, progre, manipulación, fe, crispación…

Hay una gran alharaca. Todos intentan saquear el lenguaje, y en su afán de quedarse con el botín de las mejores palabras están logrando devaluarlas, desprestigiarlas, gastarlas, degradarlas. Alterar su verdadero significado, además de despojarlas de sus matices. Es el resultado de ciertas declaraciones de políticos y opiniones de medios de comunicación cuyas voces no cesan de caer como un chaparrón que todo lo nubla y lo entristece.

“Ese abuso de las palabras es una caja de los truenos que no ha debido abrirse porque rompe el consenso del lenguaje, sobre el cual tenemos que estar de acuerdo todos. Un lenguaje fundamental en la vida política, pero, por esa misma razón, obligado a ser riguroso y respetuoso”, afirma González Iglesias, poeta y profesor de Filología Latina en la Universidad de Salamanca. Se refiere a una caja de Pandora de la que no sólo han salido términos negativos, sino también aquellos que se manipulan, envenenan, tergiversan o se usan para cubrirlos de ambigüedades o comparaciones inadmisibles.

Mentira, derribar, laico, despreciable, nación, disfraz, decencia, dictadura, canalla, fascismo, sospecha, nazi, república, revolución, facha, honor, izquierda, bobo, demonizar, nauseabundo, libertad, triunfo, monárquico, idiota, creyente, español, infame, derecha, vencidos.

Y un catálogo más de sustantivos y adjetivos saqueados de un idioma socavado para ser utilizados en contextos inaceptables, de manera inapropiada o con una asombrosa ligereza, opina Luis Landero. Aparece así una especie de daltónicos de las palabras que todo lo trastoca y altera. Una desmesura que Eugenio Trías atribuye “a la falta de cultura y a una utilización banal de términos que tienen un sentido preciso en su contexto, pero que fuera de él lo único que denota son carencias culturales y de educación básicas. ¡Una ignorancia muy atrevida!”.

Pero es pobreza la palabra más citada por estos cinco intelectuales. Aseguran que lo que se vive desvela el poco bagaje de léxico y de imágenes ingeniosas. “Los discursos de los políticos son muy pobres desde todos los puntos de vista, empezando por el pensamiento cuya visión de las cosas empobrece el mensaje. Son unidimensionales. De parvulario. Y a un mensaje pobre corresponde una forma de expresarlo igual”, dice Landero.

Y no es que ninguno de los entrevistados esté en contra del ingenio, la ironía, el humor, las metáforas, el juego verbal y demás recursos lingüísticos. Lo lamentable, se queja Trías, “es que proliferan los insultos más banales y con menos carga informativa y cognitiva en todos los grupos políticos. Insisten en querer ser ingeniosos pero no lo son en absoluto”.

Son los días del blanco y negro que lo enmaraña todo. A cambio, se intentan forzar nuevos significados, acepciones, y ampliar las polisemias que crean significados inconcebibles porque no las pueden precisar, dice González Iglesias. Entonces, una queja-petición: “No puede ser que los políticos custodien el lenguaje. Todo el mundo quiere saquearlo y quedarse con lo mejor, pero manipulado y tergiversado”.

Repugnante, confundir, justicia, religión, capo, régimen, confianza, rojo, cloaca, guerra, asqueroso, timo, genocida, imparcial, demócrata, homosexual, inducción, viciado, identidad, embuste, dios, trama, milonga, vil, miedo, moral, falacia…

Y sin necesidad de ir a los clásicos. Incluso acercándose a autores contemporáneos como Paul Auster, que en su última novela, Brooklyn Follies, aboga por el desamparo de las palabras cuando reprocha a uno de sus personajes: “Raro es el día en que dice algo que no sean lugares comunes: todas esas frases manidas e ideas trilladas que saturan los vertederos del saber contemporáneo”.

Insidia, unidad, amoral, asesino, gentuza, compromiso…

Written by Marisol García

August 3, 2009 at 12:35 am

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“La gente” y la actualidad

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La mediatización de una huelga, su lógica y sus consecuencias. La retórica inflamada de muchos editores voluntarios. Somera caracterización de “la gente”. Duda razonable sobre la lectura de encuestas. La conducción de ATE y la comisión interna. La táctica del Gobierno y su giro hacia la dureza. Y una renuncia a recetar.

Por Mario Wainfeld / PÁGINA 12 – Domingo, 14 de Agosto de 2005

“Si a mí me toca gobernar, yo entre la gente y los gremialistas,
elijo a la gente. Y entre los piqueteros y la gente elijo a la gente.”
Mauricio Macri

“Nadie puede dudar de que las cosas recaen. (…) Y no hablemos de las palabras, esas recayentes deplorables.”
Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos

Si un embotellamiento de tránsito (contingencia o rutina cotidiana en cualquier metrópoli) se designa “caos” sencillamente porque ha sido causado por manifestantes, se está devaluando el complejo sentido de la palabra “caos”, en la Argentina muy milica ella. Si cada movida o cada actor de un conflicto laboral es aludido como “terrorista” o “subversivo” se está hablando fuera del tarro. Si se sindica a los chicos como “rehenes” se importa jerga bélica al debate que se supone democrático. Funcionarios del Gobierno o periodistas vitaliciamente indignados señalan que sus contendores gremiales “hacen política”, de modo tal que sugieren que tal opción se emparenta con el delito o con algún modo de canallería. Los funcionarios son peronistas, esto es, de una tradición política que hizo un culto de la politización de la columna vert…, perdón, del movimiento obrero. Hoy mismo, aunque la columna está artrítica, abundan candidatos de estirpe sindical en las huestes de los neolemas peronistas de toda laya, Frente para la Victoria bonaerense incluido. Se percibe incluso una fuerte impronta gremial en la lista local del mismísimo PJ Capital. Pero la coherencia no preocupa a quienes emiten diatribas por los medios, en pos de sintonizar con el supuesto cualunquismo del público medio, alias “la gente”. Si usted reprocha al otro “hacer política”, se coincide, gana puntos con “la gente”.

Es un dato de la realidad que los conflictos sindicales, en la actual conformación del sistema productivo y de la comunicación, tengan los medios como arena principal. Un refinado laboralista español, Antonio Baylos Grau, escribió ya hace años que “la visibilidad del conflicto es condición de su eficacia”, lo que exige a los trabajadores “sacarlo del lugar donde se asienta la empresa (y trasladarlo) a la vida ciudadana cotidiana, a la normalidad de la ciudad”. Y añade, por si hiciera falta, que es esencial al efecto “el espacio en los mass media”. “El discurso del conflicto debe ser presentado y traducido por otros para poder afirmarse”. La demostración es consustancial a la huelga, eventualmente más importante que el daño a la producción, típico de las huelgas del fordismo. BaylosGrau propone un ejemplo simpático (aunque polémico) que vale la pena traer para acá. Las huelgas “a la japonesa”, en las que los trabajadores siguen produciendo pero cambiando el porte de su ropa o ciñéndose trapos de color en la cabeza, apuntan a ese fin: ostentar la disidencia, lo que puede ser más relevante y lesivo a la patronal que dejar de producir. El ejemplo es desafiante, pues alude a la complejidad en un país donde los facilistas, que son legión, lo suelen mentar para demostrar que acá algunos no quieren laburar y que a los trabajadores autóctonos les falta “creatividad”.

Si los medios son el ágora es dable reclamar a los que debaten que apelen a cierta racionalidad. Muchos protagonistas sustituyen la discusión por una ansiosa procura de títulos para los medios. Palabras drásticas, estridentes, hueras de sentido, son más atractivas que discursos sensatos y constructivos. Dicen que lo cortés no quita lo valiente…, eso será en Japón.
La exasperación discursiva se corresponde malamente con otros actos públicos de las partes en conflicto que transcurren sin violencia y con aceptable legalidad. La legislación es amplia respecto del derecho de huelga, de raigambre constitucional. Y, por caso, veda que el Ministerio de Trabajo declare ilegalidades al voleo. Eso no obsta para que comunicadores de derecha (que tienen al menos la virtud de la coherencia) y otros de lábil ideología (móvil al son de “la gente”) pidan a gritos que el Gobierno tome una decisión ilegal. Algunos funcionarios de postín rezongan en voz baja porque no se hace. El proverbio latino “dura lex sed lex” no tiene tanta raigambre mediática como el neologismo “vox genti, vox dei”.

Hablemos del Garrahan:

El caso haría el solaz de cualquier politólogo sueco que estudiara la realidad nativa. Una huelga conducida por un delegado trotskista minoritario dentro de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), que integra la rebelde central sindical alternativa a la CGT. Una repercusión mediática enorme, buscada en parte por los huelguistas pero también fomentada por el propio Gobierno, varios de cuyos funcionarios compiten en eso de proferir títulos impactantes. Un organismo bigubernamental cuya conducción alberga a médicos también sindicalizados cuya paga también está en negociación.
La derecha corre al Gobierno por derecha, el oficialismo se enfada pero se ancla en la voz de “la gente”, las encuestas. En la Casa Rosada se tabula que “la gente” está masivamente contra la huelga. Los sondeos de varias consultoras mencionan mayorías aplastantes, ochenta o noventa por ciento de rechazos. Esa lectura de la opinión media incidió en la decisión oficial de cesar de proponer la negociación. Y, aunque no se diga en voz alta, tal vez influya para no convocar a conciliación obligatoria a esta altura del entuerto. Ese instrumento sólo puede utilizarse una vez por conflicto. En el Garrahan ya hubo un paro en abril, que terminó en una transitoria solución negociada. La situación actual puede ser considerada una prolongación de la anterior o un nuevo conflicto, los límites legales no son tan tajantes. Hoy por hoy, el Gobierno podría elegir la exegesis más laxa y crear un paraguas para negociar. Pero, hoy por hoy, el Gobierno es arisco a negociar. Interpreta que está frente a un “caso testigo”, que un acuerdo triunfal para la comisión interna tendría un fenomenal efecto cascada. En eso, aunque a nadie le agrade el parangón, su razonamiento se emparenta bastante con el del delegado Gustavo Lerer, que se ha convertido siquiera coyunturalmente en una figura nacional y en una bestia negra de la Casa Rosada.

Sin discutir la probidad de los encuestadores, es dable proponer que las opiniones de “la gente” no son unívocas ni están comprometidas con los medios tendientes a lograr los fines perseguidos. Tratando de decirlo demodo más claro, “la gente” puede censurar la huelga pero es verosímil, hasta probable, que también rechace eventuales despidos o sanciones. Los encuestados no proponen planes de acción, expresan transitorios estados de ánimo. Cuando los piquetes estaban tan de moda como su demonización, “la gente” pedía su cese, pero no bancaba que el Gobierno accediera a sus reivindicaciones ni tampoco que los reprimiera.

En el Garrahan, las cosas son más complicadas, entre otras cuestiones porque ya no se trata de pobres estructurales, sino de trabajadores estatales de clase media, con las que “la gente” puede sentirse más identificada. Cuesta creer que exista la filo-unanimidad en su contra que proclaman los sondeos y sus más conspicuos seguidores. La sensación térmica de los llamados de oyentes a programas de radios no fascistas sugiere un balance distinto.

Asamblea y sindicato:

Las diferencias entre la conducción nacional de ATE y la comisión interna del Garrahan son un dato importante del conflicto, máxime porque no es el primero de esas características. La relativa originalidad es que la asambleística y combativa interna se ubica “a la izquierda” de un sindicato de larga tradición militante y combativa.

Pablo Micheli, secretario general de ATE, es un protagonista importante del conflicto, aunque tenga bastante menos cámara que Lerer o que Ginés González García. Micheli tiene una actitud más negociadora que Lerer, que le permitió cerrar trato en los casos del Hospital Malbrán y el Posadas.

Micheli produjo un par de hechos inusuales entre dirigentes no ya sindicales sino argentinos. Entre ellas la de participar de asambleas que le eran adversas y quedar en minoría sin que se le cayeran los anillos. Dar la cara ante sus compañeros, proponer su postura, respetar a la asamblea sin renegar de su posición es una interesante conducta democrática en un medio donde los dirigentes prefieren evitar la polémica antes que “perder”. Con lo cual, todos titulan para los medios pero pocos discuten en ese o en otros foros.

Anteayer, sin ir más lejos, Micheli mocionaba una tregua más larga que la que decidieron los asambleístas. Las posiciones de Lerer son más extremas y la asamblea del Garrahan (coinciden todos los sectores) no le va en zaga jamás.
El Gobierno prefiere, con toda lógica, negociar con un sindicato que con una comisión interna muy vigilada por sus asambleístas. Puesto en nombres, prefiere discutir con Micheli antes que con Lerer. La –en tal rumbo congruente– táctica oficial durante varios días fue pivotear sobre las diferencias entre los distintos sectores de ATE, haciendo palanca en los humores de la opinión pública. El miércoles a la noche obró un giro que se mantiene hasta el cierre de esta nota, en la tarde del sábado y que puede no ser definitivo. Fue entonces que se intimó a los trabajadores a retomar tareas bajo apercibimiento de despido. Una presión tamaña no podía sino catalizar la unidad entre la interna y el sindicato. La lectura oficial para dinamitar los puentes era que ya se había llegado a un leading case de proyecciones enormes.

La jueza Silvia Sayago dictó una medida de no innovar de libro, tendiente a evitar que las vías de hecho escalasen condicionando irremediablemente las tratativas. Es una medida cautelar clásica, cuya sencillez conceptual amerita la módica fundamentación de la magistrada, que impidió que la sangre llegase al río. Pura sensatez, para variar.
En plan de romper lanzas con ATE el Gobierno inició trámites para imponerle una multa. En Trabajo y la Rosada aseguran que de ahí no se pasará, pero en la CTA se teme que sea el comienzo de una escalada que vaya en pos de la personería gremial del sindicato de Estado más opositor al Gobierno.

Los asambleístas produjeron el viernes un gesto que sin duda preocupa en estas horas al Gobierno, aunque tributa al estilo presidencial. Apelaron directamente a la autoridad de Néstor Kirchner, desautorizando las instancias ministeriales que funcionaban. Algo que a Kirchner le gusta acudir… cuando él tiene el control de la situación
Con la relativa calma del fin de semana largo, el conflicto sigue irresuelto. Aunque se diga lo contrario, la postergación no es tan dramática, lo que amerita una infrecuente…

…advertencia al lector, con data básica

A esta altura de una larga columna el cronista se siente en el deber de anticipar algo que debería ser evidente. El muy atizado mediáticamente conflicto de un hospital público, liderado por una fracción de un sindicato, de cara a una sociedad donde está latente el “que se vayan todos”, es muy difícil de resolver. El cronista lamenta ser uno de los pocos comunicadores que no dispone de una solución sencillita, operable en un par de minutos, que satisfaga a los trabajadores, mantenga equilibradas las arcas fiscales, preserve la unidad del sindicato y la reputación del Gobierno, entre otras cosas. Y que, encima, cuente con el aval de “la gente”, que tiene sus devaneos casquivanos entre un sondeo y otro. El Gobierno tiene recursos materiales y simbólicos pero (por suerte) está limitado por las leyes y por el Poder Judicial. Lerer puede ser considerado exageradamente intransigente pero está limitado por su propia conducción sindical y también sujeto al escrutinio permanente de sus bases. Todos saben que la opinión pública, más allá de cuanto se la banalice, también pesa en el conflicto sobre todo si éste se prorroga.
Por consiguiente, ante un marco intrincado, con múltiples actores que tienen sus límites, el cronista renuncia a predicar cómo zanjar el tema en un periquete. Piensa que la solución está pendiente de gestión por los sectores en pugna, por su propia dinámica.

Sí cabe señalar una información básica que a veces se escamotea. El derecho de huelga reconoce limitaciones importantes en caso de servicios públicos, como el de salud. La lesividad, la posibilidad de daño de la medida se restringe severamente en este tipo de paros. Es el caso de las guardias mínimas que los trabajadores deben respetar. Nadie discute la facultad del Gobierno para imponerlas, aunque sindicalistas y funcionarios disienten acerca de su cumplimiento. Esa polémica no debería ocultar que, contra las consignas que se bartolean con gran impunidad, nadie ha dicho en serio que los chicos que se atienden en el Garrahan estén en riesgo. El Gobierno acusa a los gremialistas de no cumplir las guardias mínimas pero no ha dicho (ni menos puesto en negro sobre blanco) que exista abandono de personas, sencillamente porque no hay tal.

De tiempos y de medios:

Tal vez no sea fantástico, pero sí es inexorable que las luchas gremiales se mediaticen, pero eso no las priva (no debería privarlas) de tener su propia lógica, su cadencia temporal. Por decirlo de modo metafórico, casi nada en la vida pública o privada debe zanjarse, sí o sí, antes de que termine el noticiero de las ocho, aunque el noticiero de las ocho enuncie otra cosa y unos cuantos protagonistas actúen en consecuencia.
Un conflicto no debe eternizarse, claro está, porque eso atenta, entre otras cosas, contra su legitimidad y la cohesión de los reclamantes, pero no hay cuestiones vitales que obliguen a abreviar dramáticamente los plazos de la pulseada.

A modo de colofón:

El Gobierno alega que estuvo dispuesto a negociar, que puso la condigna mesa, que hizo ofertas mejorando las condiciones generales de trabajo y que se iba en pos de aumentos salariales consensuados. Que fueron los trabajadores, en especial Lerer, quienes se retiraron de la negociación, por falta de voluntad de acordar. Durante unos días el Gobierno postuló que sus puertas estaban abiertas y la susodicha mesa esperando. No es ése su planteo desde el miércoles. Ahora, propone el Presidente que se siente desafiado en su autoridad, no hay retorno al diálogo. Nada es definitivo en las viñas del Señor, pero así están las cosas, de momento.

Sotto voce, varios funcionarios reconocen que la virtual negociación ahora congelada podría haber avanzado merced a una variación en el reparto de la nueva torta salarial. Los enfermeros se quejan de haber sido discriminados negativamente en la nueva propuesta respecto de los médicos, con quienes vienen estando sensiblemente enfrentados. Esa fragmentación entre trabajadores se sobreimprime a las muchas que enlaza este conflicto.

Los sindicatos de Estado, ya se sabe, son unos cuantos. Tienen variopintos estilos políticos, adscriben a distintas centrales sindicales y cuando (¡horror!) “hacen política” eligen colectivos muy dispersos. Los enfermeros y los médicos de un mismo hospital están en bastante desacuerdo. Las fuerzas políticas tienen cada vez menos raigambre social y las gremiales también han quedado desfasadas, en mayor o menor medida. Muchos comunicadores se proclaman representantes de “la gente” (que jamás los votó ni para Presidente, ni para secretario general ni para delegado), hacen tabla rasa con la dificultad del caso y proponen variadas modalidades de mano dura. La fenomenal crisis de representación que aqueja a la Argentina tiene en el caso Garrahan un muestrario interesante.

Volvamos al principio. El lenguaje desmesurado arriesga producir un efecto contrario a su intencionalidad básica, el de privar de significación a lo que designa. Si cualquier cosa se equipara a un genocidio, la gravedad del genocidio empalidece. Si se llama “terrorista” a cualquiera que abusa de su poder o negocia malamente, no es tan grave serlo.

Las hipérboles suministradas en grandes dosis suscitan acostumbramiento, no sorprenden. Los gritos ensordecen. Y, ojo que esa regla mediática no está en suspenso, aburren.

Una relativa injusticia ha cometido esta nota, en su comienzo. La frase de Macri que la encabeza, desdichadamente, no integra sólo el glosario de la derecha torpe y preverbal que expresa inmejorablemente el presidente de Boca. Demasiados políticos, incluidos algunos con despachos muy envidiados, hablan de “la gente” emparentándola demasiado con ciertos tramos de las clases medias urbanas. Quizá pueden hacerlo porque no cunde el hábito de repreguntarle qué diantres son, si no son “gente”, los dirigentes sindicales o de desocupados y las bases que (bien o mal) los acompañan.

Written by Marisol García

August 3, 2009 at 12:34 am

El lenguaje de los políticos se mueve entre la pedantería y la vulgaridad

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Curso del filólogo y académico Manuel Seco sobre los problemas del español actual

Por ENRIQUETA ANTOLIN / EL PAÍS – Cultura – 27-01-1981

La pedantería y el falso lenguaje democrático son los dos polos opuestos a partir de los cuales se mueven los políticos españoles a la hora de transmitir sus ideas, tanto dentro como fuera del Parlamento. Con la pedantería tratan de ocultar, en ocasiones, la vaciedad de los contenidos de sus ideas. Y con el lenguaje «en mangas de camisa» tratan de acercarse al pueblo. El académico y filólogo Manuel Seco, que en la actualidad prepara un Diccionario del español actual, ha reflexionado sobre estos temas. Fruto de ese estudio son aquellas conclusiones y las conferencias que hoy comienza a dar en la Fundación March bajo el título de Problemas de la lengua española. «Hay quienes creen que en materia de lenguaje lo democrático es hablar como las clases populares, y que hablar bien es cosa de carrozas o de gentes de derechas», nos dice Manuel Seco, filólogo, catedrático y académico de la Real Academia Española. «Los políticos, salvo honrosas excepciones, se expresan con abandono y vulgaridad. Parece que con ello quieren dar la sensación de que están con el pueblo, y de lo que realmente dan sensación es de que son unos ineptos». Para el académico, esta es una postura absolutamente demagógica, «porque lo verdaderamente democrático», dice, «es dar al hombre del pueblo el principal instrumento para hacerse ciudadano y progresar socialmente: el dominio del lenguaje».Como prueba de este falso lenguaje democrático, de este hablar como «en mangas de camisa» que se ha hecho habitual en el Parlamento y en las declaraciones de los líderes políticos, está el uso de muletillas coloquiales, la pronunciación familiar, el descuido afectado en un intento absurdo de «bajar hasta el pueblo». En el otro extremo se sitúan los políticos, «que se escudan en un lenguaje pedantesco que les sirve para ocultar la vaciedad de sus declaraciones». No le extrañó, por tanto, a Manuel Seco que a principios del pasado mes de diciembre el diputado Antonio de Senillosa hiciera en el Parlamento una interpelación «sobre atentados del Gobierno y organismos oficiales contra la lengua castellana», ni que pusiera ejemplos tan bochornosos sobre la ortografía usada en algunos documentos oficiales que «motivarían un suspenso si fueran cometidos por un estudiante de enseñanza general básica».

Pero es a esa misma enseñanza a la que el académico acusa en primer lugar del deterioro de nuestra lengua. «Villar Palasí nos hizo polvo a todos», dice, «destruyendo el bachillerato y sustituyéndolo por una enseñanza general básica, para la que tuvo que improvisar una cantidad de profesores que evidentemente no estaban preparados para ello». Considera Manuel Seco que la sustituta del bachillerato está llena de pedantería, empezando por su mismo nombre y siguiendo por las áreas, evaluaciones y pretecnologías. «A veces, cuando hablo con colegas extranjeros sobre estos temas, me da vergüenza usar semejantes términos».

El académico está empeñado en estos momentos en la redacción del Diccionario del español actual, en el que, «a diferencia de los diccionarios corrientes, se eliminan multitud de arcaísmos y, al mismo tiempo, recoge numerosísimas voces que no están en ellos. Incluye palabras jergales, palabras malsonantes y extranjerismos». Manuel Seco ve con pesimismo la realidad de nuestro idioma, «porque el dominio del lenguaje por parte del ciudadano medio es más bien poco brillante. A la mala educación idiomática que padecemos hay que añadir el poco interés por la lectura. El número de analfabetos reales es mucho mayor que el que recogen las estadísticas, pues el problema no está en saber leer, sino en leer».

La actitud de los jóvenes ante el idioma, con la adopción cada vez más frecuente de la jerga cheli, la vaguedad de sus términos y el hecho de que se hacen cada vez más necesarias la ayuda del gesto y del tono de la voz para reforzar lo que oralmente no ha sido expresado, contribuye a su actitud pesimista. «Esta falta de dominio del idioma es muy grave, porque no sólo constituye una mutilación de la ,mente; es que además es una situación de inferioridad que nos deja inermes ante los embaucadores de todos los signos».

A la hora de las responsabilidades, los medios de comunicación tampoco están libres de culpa, en opinión del académico. «De la radio y la televisión tengo que decir que no se vigila como sería necesario la dicción de locutores y presentadores. Se oyen acentuaciones como homília o acrobacia, aparecen letras parásitas como en preveer o inflacción, y con los nombres extranjeros y aun con algunos españoles se hacen toda clase de variaciones posibles en acentuación y pronunciación». La Prensa sale un poco mejor parada, porque -dice-, «generalmente ni los escritores ni los periodistas destrozan el idioma, aunque los redactores de todos los medios recibirán mi cordial aplauso el día que dejen de decir eso de han habido protestas, en base a, de cara a, de alguna manera y muchas formas de expresión en las que -con desacertado criterio- han tomado como maestros a los políticos».

En el tema polémico de la inclusión de locutores con marcada pronunciación regional en los programas nacionales de radio y televisión, Manuel Seco toma partido por lo que los lingüísticos llaman «forma estándar del idioma», es decir, la que es válida para toda la nación. «Y que conste que no me refiero solamente a fonéticas como la andaluza o la canaria, por ejemplo. Si un madrileño hablara como un castizo le opondría los mismos reparos, porque estas pronunciaciones, que son perfectamente válidas en su ámbito, son inadmisibles en un medio de comunicación nacional. Los responsables de radio y televisión deberían saber cómo se cuida este aspecto en los países civilizados».

De lo que no hay manera de librarse, según parece, es de la creciente inclusión de palabras inglesas en nuestra lengua. En opinión del académico, «mantener una postura tajante frente a esta colonización es inútil, pues la realidad es que somos una colonia. Algunos extranjerismos son absolutamente necesarios, otros son útiles, pero también hay algunos inútiles, motivados por mera ignorancia y por esnobismo y éstos son los que debemos rechazar».

Written by Marisol García

August 3, 2009 at 12:32 am

sustantivos en el lenguaje político

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El documento es una carta enviada por el PSOE, que esta dirigida a aquellos jóvenes votantes que ejercieron su derecho al voto por primera vez en las pasadas elecciones del 25 de Mayo. Es una carta que refleja el intento de llegar y satisfacer a todos los sectores sociales.

(campaña electoral del PSOE en las elecciones de Octubre de 2003)

En el documento adjunto se ven subrayados, el numero de sustantivos considerados relevantes dentro del texto. A continuación se aportan las definiciones que da la RAE sobre los sustantivos más importantes dentro de la previa selección.

• Democracia: Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado o Nación.

• Disculpa: Razón que se da o causa que se alega para excusar o purgar una culpa.

• Error: Acción desacertada o equivocada.

• Traición: Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.

• Interés: Provecho, utilidad, ganancia.

• Ilusión: Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

• Valores: cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables. Los valores tienen polaridad en cuanto son positivos o negativos, y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores.

• Decisión: Determinación, resolución que se toma o se da en una cosa dudosa.

• Presente: Tiempo que sirve para denotar la acción o el estado de las cosas simultáneos al momento en el que se habla.

• Futuro: Tiempo que sirve para denotar una acción, proceso o un estado de cosas posteriores al momento en que se habla.

• Compromiso: Palabra dada.

• Voto: Expresión publica o secreta de una preferencia ante una opción. Gesto, papeleta u otro objeto con el que se expresa tal preferencia.

• Solidaridad: Adhesión circunstancial a la causa de otros.

• Justicia: Aquello que debe hacerse según derecho o razón.

• Libertad: Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

• Tolerancia: Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

• Paz: Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia.

• Respuesta: Satisfacción a una pregunta, duda o dificultad. Acción con que alguien corresponde a la de otra persona.

• Necesidades: Todo lo que es necesario para alguien o algo. Imprescindible, que hace falta para un fin.

• Derecho: Facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor. Conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad.

• Medidas: Disposición, prevención. Tomar, adoptar medidas.

• Empleo: Ocupación, oficio.

Algunas de las palabras indicadas están escritas en Plural. Se ha hecho así porque he considerado que ciertos sustantivos denotan mas significado en plural, tal y como se encuentran escritos en el texto.

- “Para que gane la democracia”

La construcción de ésta frase es muy reveladora de los propósitos de una campaña electoral. Es una oración de finalidad en la que, el elemento principal, es el sustantivo democracia, que funciona de sujeto del verbo conjugado gane.

“Para que” funciona como elemento discursivo dentro de la oración.

* Entonces, tras el análisis gramatical de la oración y observando su significado en el DRAE, podemos concluir que se ha utilizado una palabra clave dentro de un contexto político y colocada dentro de una frase como elemento principal de ésta. Una palabra con connotación altamente positiva dentro del contexto electoral.

- “…cometimos un error… hemos pedido disculpas por ello…”

Se observa que el sustantivo error funciona, en esta oración, como Complemento Directo del verbo conjugado cometimos, sin el que la frase carecería de significado completo.

El significado de Error (véase definición) viene elocuentemente complementado por el sustantivo disculpas en la frase siguiente, seguido del sintagma preposicional que funciona como complemento predicativo del sustantivo disculpas, y que, “sustituye” a error.

* Podemos observar entonces que error se convierte en un importante elemento dentro del discurso, y que ve justificada su connotación negativa con otro sustantivo de significado eficaz para ello.

- “sobre todo, porque la traición de esas dos personas, movidas por oscuros intereses especulativos, hizo que se vieran frustradas tus ilusiones…”

Este bloque oracional esta formado por dos frases, la primera (introducida por el elemento marcador discursivo sobre todo) una oración causal cuyo sujeto es el sustantivo traición, que se ve complementado por: de esas (…) intereses especulativos.

Éste complemento preposicional (segunda frase del bloque) funciona como complemento del nombre. El sustantivo intereses, funciona como núcleo del complemento preposicional de régimen (del verbo conjugado movidas): por oscuros intereses especulativos.

Como decía, traición, es el sujeto de la oración principal, en cuyo predicado encontramos una oración pasiva refleja (que funciona como complemento Directo del verbo conjugado hizo), en la que ilusiones funciona como sujeto paciente.

* Vemos pues que el significado de error (en la frase anterior) sigue siendo justificado en éste bloque oracional, en el que se emplean dos sustantivos con connotación negativa: traición e intereses. Éste ultimo no tiene necesariamente una relación negativa, pero viene complementado por los adjetivos: oscuro (previo al sustantivo con el fin de enfatizar) y especulativo (vocablo muy integrado en la “terminología política”).

El significado positivo y optimista del sustantivo ilusiones recalca aun más el carácter negativo del resto de los sustantivos del bloque oracional.

- “… de compromiso con los valores democráticos…”

* Vemos que de nuevo se quiere recalcar el termino “democracia” empleado en la frase principal de la campaña. En éste complemento preposicional actúa como adjetivo modificador del sustantivo, núcleo del sintagma, valores.

También se puede remarcar el uso del sustantivo compromiso (acuerdo obtenido mediante confesiones recíprocas; DRAE), que sigue en la línea de significación de los anteriores sustantivos.

- “ De todos y todas (…) dependen las grandes decisiones del presente y (…) las actuaciones políticas que van a determinar el futuro…”

El sustantivo clave en este bloque oracional es, sin duda, discusiones. Éste actúa como sujeto paciente (modificado por el adjetivo grandes) del verbo depender y que está acompañado de un complemento preposicional, en el que encontramos presente, que funciona de sustantivo abstracto núcleo del sintagma preposicional.

Futuro es otro sustantivo destacado, cuya función es la de complemento directo de la perífrasis verbal van a determinar (ir a + infinitivo).

* Así pues, a partir del sustantivo decisiones, se utilizan dos palabras (presente y futuro) con un alto grado de importancia en los receptores del discurso. Dos sustantivos de gran importancia en la sociedad, introducidos por una palabra tan significativa como decisiones funcionando como sujeto paciente, lo cual resulta tremendamente revelador en cuanto a la importancia que se dan a estos sustantivos.

- “adquiero, en consecuencia, un compromiso contigo”

* Hay dos elementos a destacar en esta oración. Uno es el echo del uso del presente, que le da un sentido mas serio y estricto a la frase, que se ve mermado por el tuteo hacia el receptor.

El segundo factor a destacar es el sustantivo, en función de Complemento directo, compromiso, muy recurrente dentro del lenguaje político en las campañas

electorales, tratando de llegar al receptor como persona individual y satisfacer así sus necesidades.

Otro asunto a destacar es la frase en sí. Se podría haber verbalizado el sustantivo compromiso, utilizándolo de la siguiente forma: Yo me comprometo contigo. Esto refleja la importancia que se le da al uso del sustantivo y su poder enfático en el significado de éstos.

- “(…) Mis valores (…): La solidaridad, la justicia social, la defensa del equilibrio medioambiental, la libertad, la tolerancia y la PAZ”

En este enunciado, encontramos una enumeración en la que los sustantivos toman una importancia especial.

* El término valores vuelve a ser utilizado, ésta vez en el desarrollo del discurso político, seguido de una especificación de los considerados importantes. Todos ellos son de gran aceptación social y se observa que se da más importancia a uno en concreto Paz, el cual aparece en mayúsculas. A esto se le pueden dar muchas interpretaciones políticas y dobles sentidos que no son elocuentes dentro del trabajo lingüístico que se está llevando a cabo aquí.

- “… Para dar respuesta a tus necesidades…”

Los sustantivos de esta oración forman ambos el núcleo de dos complementos del verbo dar, Complemento directo en el caso de respuesta y complemento indirecto en el caso de necesidades.

* Se destaca el uso del sustantivo respuesta como complemento del verbo dar, cuando se podría haber utilizado el verbo “responder”. Ésta peculiaridad muestra de nuevo la importancia que quiere dársele al sustantivo implicado.

* Sobresale el uso recurrente de sustantivos como voto, valores y compromiso.

* Se destaca mucho en el texto el tono de la pretensión de la satisfacción de las necesidades del ciudadano y de llegar no tanto al conjunto social sino al individuo como tal, reforzado este tono en porcentaje alto por sustantivos como medidas, necesidades y compromiso.

* Resulta llamativo a su vez que la mayoría de los sustantivos más destacados del texto, por no decir todos, desempeñan dentro de las frases funciones sustantivas y, en menor medida, de sujeto léxico.

* También se destaca la abundancia del uso de los sustantivos complementando un verbo, cuyo conjunto puede ser sustituido por una sola construcción o conjugación verbal que expresaría lo mismo: pedido disculpas (en ves de disculpar), hizo que se viera frustrada (en lugar de frustrar), ejercer el voto (en vez de votar)adquiero un compromiso (en vez de comprometer), dar respuesta (en lugar de responder)… Esto demuestra el énfasis que se le quiere dar a dichos sustantivos y a sus significados, prefiriendo dejar el verbo en un segundo termino para, de esta forma, destacar dichas palabras, muy usuales en la terminología política.

* Sobre lo anterior aun podemos encontrar una vuelta más en la tuerca fijándonos en el uso de perífrasis verbales como: habréis de ser o van a determinar, reflejo del intento de complicar las frases para subrayar el significado de las mismas.

**Como conclusión final a todo el estudio realizado, se puede afirmar que el sustantivo es un elemento claramente de grandísima importancia dentro del lenguaje político en las campañas electorales.

Written by Marisol García

August 3, 2009 at 12:30 am

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Derecha: lo oligárquico, lo popular y lo grosero

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Por Antonio Cortés Terzi

“Antes teníamos presidentes soberbios, pero que golpeaban la mesa. Esta Presidenta se quedó debajo de la mesa”. Estas palabras fueron perpetradas por el diputado UDI Marcelo Forni en conferencia de prensa el domingo 23 de julio. En la misma conferencia el diputado Iván Moreira calificó de “eje del mal” el constituido por una supuesta alianza entre los gobiernos de Venezuela, Cuba, Bolivia y Argentina.

El lenguaje ofensivo, soez, simplón, descalificador, de mal gusto, etc., no es inusual en política. Tampoco en sí mismo tendría que reflejar cuestiones más profundas y dignas de análisis. Pero la mención de estas dos frases de parlamentarios derechistas –inmersas en ese tipo de lenguaje- acepta que se llamé la atención sobre algunos fenómenos que ocurren en la derecha actual y que están ligados al asunto del lenguaje.

En la antigua derecha –como también en la antigua izquierda y centroizquierda- hubo personajes célebres por lo “malhablados”. Pero esos estilos, en lo general, no tenían una intencionalidad ofensiva de por sí. Su impronta era más bien “folclórica”, ladina, empática con lo popular nacional. Por cierto que podían llegar a ser ofensivos, pero también podían ser excusados porque no era la ofensa el ánimo predominante. Por otra parte, el mal hablar, el garabato, la frase un tanto coprolálica, normalmente, estaban inscritas en contextos de polémicas inteligentes y en muchos casos servían de recurso “metafórico” o “hiperbólico” para sintetizar disputas.

En el peor de los casos, en la antigua derecha, la grosería verbal resultaba de una impaciencia y prepotencia oligárquico-culta que, a la postre, sonaba “natural” a una cultura nacional.

La grosería derechista actual –representada arquetípicamente por personeros de la UDI- es de orígenes y de una “sociología” distinta. Sus raíces no están exactamente en la vieja cultura oligárquica, sino en la mixtura del desenfreno conservador con la prepotencia clasista física, “militarizada”, que dominó en el período de la dictadura. Los dirigentes UDI se culturizaron bajo la dictadura, ergo, en el desenfreno conservador, en la intolerancia, en el sentido de casta privilegiada y mesiánica y en la peor de las prepotencias: aquella que puede plasmarse hasta en el castigo físico del intolerado.

Por eso es que el verbo ofensivo del udista de hoy tiene una connotación tan agresiva y despreciativa. En la ofensa verbal expresan ocultamente su frustración por no poder atemorizar a su rival o al intolerable.

Cuando los “tiempos del desprecio” se han vivido como despreciador es muy difícil superar esa actitud y se tiende a seguir cultivando sus ecos. Por ejemplo, ecos de esos tiempos, de los tiempos del desprecio, de los humanoides estaban presentes en los dichos de Jacqueline Van Rysselberghe cuando, en enero de 2005, refiriéndose a la entonces candidata Michelle Bachelet, espetó: “Ser inteligente no significa ser gordita y fea”.

La grosería verbal udista, por otra parte, está lejos de tener una conexión con reflexiones y debates intelectuales profundos. Por el contrario: la grosería ya no es metáfora, es contenido.

“Eje del mal”, dice el diputado Moreira, no para sintetizar un diagnóstico y una idea. La poco original frase que emplea no trasunta, obviamente, un esfuerzo intelectual veraz para tratar de entender lo que está ocurriendo en esos países.

Injusto sería negar que la UDI tiene personeros con valor y densidad intelectual. Y, sin duda, que su Presidente, el senador Hernán Larraín, es uno de ellos. Pero no ha pasado desapercibido que hay un abismo entre Hernán Larraín Presidente del Senado y Hernán Larraín Presidente de la UDI. Aunque sin improperios también se ha puesto grosero en sus argumentaciones opositoras. Patético, por ejemplo, fue el ultimátum que le dio al gobierno en sus tratativas con Argentina.

El drama para Hernán Larraín y para la derecha culta es que tienen en su seno un amplio contingente culturizado “groseramente” y que le va configurando a la derecha una imagen de precarización intelectual. Drama agravado, porque en el afán de ser “popular”, dirigentes como Hernán Larraín –ignorantes de lo cultural-popular- se sienten un tanto forzados a imitar a quienes suponen representativos de un hipotético estilo popular.

En suma, a la derecha se le empieza a develar otra conflictividad interna, inédita en su historia: de tanto juguetear con la manipulación de una masa culturalmente precarizada, se le ha ido configurando en su seno una “alianza” entre fracciones de esas masas y una dirigencia intelectualmente subalterna, pero que sintoniza con las primeras.

Al respecto cabe un sólo consejo para las derechas cultas: defiendan Versalles.

Written by Marisol García

August 3, 2009 at 12:26 am

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“Mándeme al plomero, que se descompuso la tina”

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Académicos latinoamericanos hablan de las palabras que viajan.

Por JUAN CRUZ / EL PAÍS -  Cultura – 11-11-2005

“Mándeme al plomero que se descompuso la tina y no me funciona la regadera”. Al otro lado del teléfono era imposible entonces que el conserje del Hotel Suecia, de Madrid, entendiera exactamente que el poeta mexicano José Emilio Pacheco -con esas palabras sobre las que no hay ninguna duda en México- le estaba pidiendo que acudiera un fontanero a arreglar la bañera y la ducha de su cuarto.

Es posible que en ese hotel español y en su equivalente en México, o en cualquiera del mundo donde se hable español, ya haya conserjes que, sin necesidad de ser mexicanos, sepan a qué se refería el poeta.

¿Y les ha sacado de dudas el panhispánico a los académicos? A Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de la Lengua, catedrático de la Universidad de La Plata, especialista en literatura argentina, le ha resultado “salutífero” reunirse con sus colegas porque “es higiénico haber hallado consenso sobre dudas que parecían insalvables”. Ahora sigue teniendo dudas, pero se han asumido “criterios generales para cuestiones comunes”. Ya sabe, por ejemplo, que no está solo cuando llama beige a lo que los españoles decimos beis; con ponerlo en bastardilla -”no en cursiva: en bastardilla; son palabras bastardas”- le basta para que el lector sepa que es una palabra extranjera: es decir, bastarda.

Gonzalo Celorio, novelista, profesor en la Universidad Autónoma de México y presidente de la Comisión de Consultas de la Academia Mexicana de la Lengua, cree que ahora ese comité consultivo “tendrá mucho menos trabajo”. Se lo ahorrará el diccionario. “Se han dado respuestas”, dice, “a las consultas más frecuentes, y a las dudas de quien escribe y habla”.

Y se ha llegado a esto, dicen, por consenso. Cada región de América Latina y España tiene respuestas distintas para el origen y la identidad de muchas palabras, “pero ahora están todas reconocidas: ninguna de las que se habla dentro de la norma culta queda en fuera de juego”.

El diccionario les dice a los españoles que hablan español en España que develar (por develar un monumento) es desvelar en México, y está muy bien dicho; el diccionario advierte también de que lo que ya no es legal es que se diga desvelizar, y lo advierte tajantemente.

Las palabras conviven y dejan de estar proscritas en virtud de su procedencia; los que no dicen la zeta, desde Andalucía a la Tierra del Fuego, pasando por las islas Canarias, no tienen por qué sentir que están hablando un español disminuido. “¡Si estamos en mayoría!”, comenta el director de la Academia Chilena, Alfredo Matus. Matus es también catedrático de Lingüística Hispánica de la Universidad de Chile y miembro del Instituto Andrés Bello de lingüística. “Simplemente”, añade Matus sobre la famosa zeta, “nosotros tenemos un fonema menos en el inventario de las consonantes, somos miembros del español atlántico, que se caracteriza por el seseo”. Pero ni ese dato ni las diferencias que el diccionario subraya “impiden que el nuestro sea el idioma más cohesionado del mundo: por su sintaxis y por su sistema fonológico. Todo el mundo hispánico tiene las mismas cinco vocales”. ¿Qué otro idioma lo puede decir? Matus interroga, triunfante.

Los tacos (garabatos en Chile) son muy suculentos. Matus nos llama la atención sobre algunas expresiones cotidianas en unas y otras áreas. En Chile no puedes decir, sin causar ciertos sonrojos, que algo se acabó, porque acabarse es como allí se dice, cotidianamente, llegar al orgasmo, y ya es sabido que cuando uno ve en las estanterías de los quioscos que “se corre la polla del presidente”, simplemente se alude a que una lotería, la del presidente, está a punto de sortearse. Son tabúes, dice el académico chileno, “pero no son tabúes panhispánicos, sino locales; polla es asumido como la cría de la gallina; sus otros significados ya tienen identidades locales, aunque a veces muy desparramadas”. Como coger.

A veces son conceptos y a veces son acentos. Barcia recuerda que los argentinos dicen básquet cuando los españoles dicen baloncesto y los mexicanos dicen basketball… La lengua culta y la lengua vulgar. Celorio señala que entre Jorge Luis Borges, argentino, y Alfonso Reyes, mexicano, no habría diferencia alguna porque ambos manejan un idioma culto en el que apenas se desatan palabras que tengan sentidos contrarios o diferentes en cada una de las zonas. “La norma culta”, dice el académico mexicano, “es mucho más uniforme de lo que pensamos, y ahí estriba la unidad panhispánica de la lengua”.

Eso no significa “que no haya diferencias en las regiones que configuran el vastísimo territorio de la lengua”. Lo que hace el diccionario “es consolidarlas y respetarlas”. A los españoles no hay que reprocharles que digan “Hoy he llegado”, pero no tienen derecho a reprochar que muchísimos latinoamericanos digan “Hoy llegué”.

A Celorio le alegra como una victoria deportiva que después de 21 ediciones el Diccionario de la Real Academia Española acepte que hay españolismos, del mismo modo que en las anteriores se señalaban los americanismos. “Cualquier palabra que se aceptaba en la Península ya valía. Pero ahora se puede afirmar que lo que se dice aquí no es canónico, no tiene por qué ser la palabra que valga igual para cualquier parte”.

A Barcia, como es natural, se le sugiere la ambivalencia de la palabra coger, que en otros lugares de América, y no sólo en Argentina, significa un modo vulgar de decir hacer el amor. “¡Pero ya todo el mundo sabe qué significa! Y si uno es medianamente culto se adecúa (¡o se adecua, que también se puede decir!) y no pasa nada”.

A los medios escritos, dicen, les vendrá muy bien el diccionario; el año próximo, cuando haya una edición electrónica, un clic permitirá que cualquier periodista que escriba para otros países sepa cómo debe entendérsele en el lugar de destino. Y viceversa.

Barcia quiere destacar la importancia que ha tenido para los académicos que han hecho este diccionario de consenso la existencia de los manuales de estilo de periódicos (incluido el Libro de estilo de EL PAÍS), así como otros diccionarios de dudas, muy destacadamente el del español Manuel Seco, y el trabajo que está llevando a cabo Fundeu, la fundación para el español creada por la agencia Efe. Ahora espera que muchas de esas dudas, despejadas ya, ingresen en el diccionario de la Lengua, cuando éste deje de ser De la Real Academia Española y pase a ser, muy pronto, De la Lengua Española.

No unificará, “dará fe”. Aunque lo cierto que es que las telenovelas, los noticiarios (o los noticieros) y el trabajo de académicos, profesores y escritores “hacen que la lengua camine hacia una cierta globalización, hacia una creciente unidad”. Las telenovelas, dice Matus, “han contribuido a difundir formas léxicas, como chévere; antes era difícil que le dijeras chévere y te entendiera sin ser venezolano, pero las telenovelas de ese origen ya han hecho universal el término… La industria de la telenovela, por otra parte, sabe que ha de procurar una cierta unificación; hallarás un 2% de localismos. ¡Las tienen que vender en todas partes! Y lo mismo pasa con el contenido de los grandes periódicos, o de los más importantes noticieros. Están hechos para que los entienda el que habla un español más bien culto, sin localismos innecesarios”. Que no van a desaparecer, señala Celorio… El poeta Pacheco seguirá llamando al plomero en Madrid. Le van a entender.

Barcia lo ve claro: seguirán los localismos, están identificados, figuran con todos los honores en el diccionario de dudas, y no van a desaparecer “porque no es por ahí por donde se va a enriquecer la lengua. La pobreza se combate avanzando en riqueza, matices y decoro, y no hay matices si la unificación se hace por decreto. ¡Imagínese qué pasa con ese inglés que se quiere concentrar en 300 palabras!”.

La variedad, insiste Barcia, “es una garantía para la democracia. Si se reducen las palabras, se reduce la posibilidad de pensar, y por tanto se inutiliza el pensamiento crítico”. “En 1984 Orwell dibuja la dominación del pueblo después de haberle eliminado las palabras”.

Barcia no deja que cerremos el cuaderno: “Ponga usted que lo que tiene la lengua española es una unidad básica muy fuerte y su fonética tiene una rotundez y sencillez que no tiene ninguna otra lengua”. ¿Rotundez? “Sí, así decimos”.

Written by Marisol García

August 2, 2009 at 12:09 am

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El tema choroyes

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Por Leonardo Sanhueza / Las Últimas Noticias

El uso de la palabra “tema” es algo que poco a poco se está volviendo invivible. Hasta hace no mucho el vocablo significaba para todos lo que significó desde siempre, pero de un momento a otro se derramó como un comodín lingüístico. No sé cuántas veces he escuchado expresiones del tipo “es que el tema no es ése” o “eso ya no es tema para mí”: frases en que “tema” puede estar significando “cosa”, “problema”, “asunto”, “objetivo”, “clave”, “punto”, “meollo”, “clímax”, “ítem”, etcétera: todo, salvo “tema”.

El otro día un modisto señalaba la importancia del “tema corbata” y un locutor de radio contaba un chiste picante acerca de un hombre al cual el “tema” ya no le funcionaba como en la juventud. El último y más extravagante significado que se le ha asignado a la palabra es “matrimonio”: el sujeto televisivo al que apodan el Peluche, tras un quiebre conyugal que ha tenido más fanfarrias que un casamiento, declaró haber pensado que “el tema iba para toda la vida”.

De cuando en cuando surgen modas, torceduras de la lengua o francas aberraciones que terminan afirmándose o diluyéndose, pues así funcionan y se mantienen vivos los idiomas, pero la metamorfosis de “tema” tiene una peculiaridad extralingüística, casi sociológica: mientras más seria se pretende la conversación, más veces se la usa. Para darse cuenta de ello basta escuchar unos minutos, o unos segundos, o el lapso que dé la paciencia, a Fernando Paulsen. Dice “tema” con la misma frecuencia con que un grillo dice “crí-crí”. Un grillo puede sonar hasta bonito en la noche de los solitarios con su monocorde (y monotemático) lamento, pero un periodista serio, que habla del acuerdo de Kioto o de los vericuetos de Fondo Monetario Internacional como quien se refiere a una partida de cacho entre sus amigos, hace esperar de él un repertorio más amplio y adecuado a las necesidades de expresión.

La palabra “tema” solía ser sólida, de acero etimológico, pero se ha vuelto siútica y vulgar, tanto como el spanglish. Para decir “tema” se usa el mismo aire, el mismo impulso sicológico, que para decir “más menos”. Son remilgos arribistas del lenguaje, papas calientes en el habla, imposturas rascas, fuleras, pretenciosas. Son una marca de quienes sienten indiferencia por los mecanismos de la lengua y son despectivos hacia las palabras porque creen tener ideas u opiniones o vivencias tan contundentes que están por sobre todo lo demás.

Antes se decía “cada loco con su tema” para significar la diversidad de discursos humanos y para ponderar las excentricidades en un todo abigarrado. Esa diversidad ya no existe o es mal vista. No se celebra la identidad individual, sino la monodia colectiva o, a lo sumo, un canon de choroyes con el disco rayado. Lo que se lleva es ser parecidos, iguales, uniformes en la choreza, como los adolescentes que, en la exacerbación de su jerga o de sus rebeldías en la indumentaria, tratan de ser distintos pero sólo consiguen ser una masa compacta, grisácea y onomatopéyica.

Written by Marisol García

July 28, 2009 at 8:23 pm

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