Estilo y Narración II

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la criatura que quiere vestirse

Por Luis Raúl Vázquez Muñoz *

A primera instancia, puede que no existan dos palabras que en su esencia se antepongan tanto y, sin embargo, hoy las vemos juntas, tratando de acuñar un género o una modalidad dentro del oficio de los reporteros. Periodismo Histórico. Léase el nombre con detenimiento y de seguro que enseguida se encontrará esa condición de antónimos, en la que Historia, por definición y naturaleza asociativa, es pasado, calma, lo viejo, lo que ya fue; mientras que Periodismo se refiere a todo lo contrario: a actualidad, inmediatez, a preocupación por lo que ocurre ahora, en este minuto, en este momento, en esta época; al punto que lo-que-sucedió-hace-un-tiempo en ocasiones puede ser mirado con cierto rechazo por el editor que escucha la propuesta de su reportero.

No obstante, pese a las diferencias, ambos oficios poseen varios puntos en común, si es que son observados desde ángulos más amplios. En el ejercicio de su profesión, al historiador y al periodista muchas veces los impulsa el esclarecimiento de un misterio o, al menos, responder la pregunta de qué sucedió en hechos que, en ocasiones, son sensibles para las estructuras de poder, por lo que este los oculta o intenta hacerlo. En la práctica, los dos ejercen una vocación de cronista, después de perseguir la comprensión de los hechos antes de someterlos a juicio; ambos se mueven bajo reglas éticas y, a la hora de actuar, tanto el uno como el otro se preocupan de manera enfermiza por la veracidad del dato. Por último, en su bregar diario, historiadores y reporteros comparten un mismo objeto: al hombre y a los grupos y comunidades en los que este se mueve1.

Es, en medio de toda esa amalgama, que el término pugna por estar presente. De hecho, en antecedentes gloriosos del oficio, como las investigaciones que realizó Daniel Defoe y que culminaron en 1722 con el Diario del año de la peste2, podríamos encontrar esa inquietud en la que reporteros a sueldo o cazadores de noticias por su cuenta miran hacia el pasado y hurgan en él anécdotas, sucesos y datos que puedan despertar el interés del público actual. En el caso de Cuba, esa preocupación ha originado un Concurso Nacional de Periodismo Histórico; aunque, a pesar de ello, si de pronto se le preguntara a un periodista por una corriente nombrada Periodismo Histórico, es muy probable que este arrugue la nariz en un gesto de extrañeza, algo muy difícil que ocurra si lo interrogan por otra modalidad que llaman Periodismo de Investigación.

EL HUECO NEGRO
Jean Lacouture reconoce la convergencia que puede existir entre el oficio del periodista y el del historiador. En su calidad de estudioso del pasado y de reportero que cubrió la guerra de Indochina, Lacouture apunta a esa comunidad que se da en ambas profesiones en su afán por analizar y develar los entretelones de lo ocurrido. Para ello cita a André Malraux, cuando el escritor llamó a los periodistas: “Historiadores del instante”.

No obstante, ambas disciplinas tienen delimitadas sus particularidades. La Historia, de inicio, parte de una doble acepción como conocimiento de una materia (el conjunto de hechos ocurridos en el pasado de un grupo humano) y, al mismo tiempo, como materia de ese conocimiento (el cuerpo teórico y la producción bibliográfica sobre lo ocurrido). Como ciencia de lo pretérito, y desde una posición más amplia, ella no solo se encarga de una cronología lo más exacta posible de los hechos, sino también de comprenderlos y analizar los mecanismos que los mueven. El Periodismo, por su parte, hijo de la paulatina configuración de las sociedades de masas y de la consolidación de las relaciones económicas que condujeron al desbanque del feudalismo, cumple, en primera instancia, la función de informar hechos de interés público, teniendo a la actualidad, a la verdad y al ejercicio de la ética como bases principales. Desde estas distinciones, ambas profesiones convergen.

Sin embargo, reflexionar el tema que nos ocupa es acercarse a un problema de identidad. Mientras que el Periodismo de Investigación o el Periodismo Literario gozan de una definición, resulta infructuoso encontrar un concepto que explique ese quehacer de los reporteros cuando se acercan a los materiales de la Historia, además de aportar elementos para entender sus dinámicas, como mismo se hace en las modalidades antes referidas.

El vacío que mencionamos es palpable en Sala de Prensa. Org, uno de los sitios de la web más sobresalientes en el estudio de la comunicación y el periodismo. Una búsqueda en sus números no aportan definición alguna. Similar ocurre con una examen más amplio en Internet. Al introducirle los términos Periodismo Histórico o Periodismo Histórico +definiciones, el metabuscador Kartoom.Com detectó 48 sitios en la red; pero al revisarlos lo único que se encontraron fueron textos en los que estas palabras aparecían separadas o unidas, a veces sin interconexión, y en otras formando parte de exposiciones con intereses, que, por lo general, no ameritaban ninguna atención para el campo periodístico. Lo más cercano a nuestros propósitos apareció en la web http://www.periodismohistorico.cjb.net, desarrollada por el catedrático Manuel Leal Cruz. Vista esta situación, parece que nos encontramos ante un escenario semejante al de los Huecos Negros, esas zonas existentes en el espacio; que según los astrónomos son palpables, pero que al adentrarse en ellos se corre el peligro de introducirse en un túnel sin salida y para siempre.

¿Y EXISTE LA CORRIENTE?
Esta es una de las interrogantes que salta ante la ausencia de una definición. Por ello, lo que desarrollamos aquí es, ante todo, una propuesta. Proposición que surge a partir de observaciones, de intentos por explicar guiños que nos hace la realidad en la cual se mueve la profesión de periodista. Por lo que así debe mirarse: como una proposición y no como criterios definitivos. Es en medio de esa búsqueda que nos asaltaban las preguntas: ¿Existe el Periodismo Histórico? Y si es así, ¿cuáles son sus preocupaciones?, ¿en qué consiste o cuáles son sus conceptos y límites? Por último, ¿puede llegar el Periodismo Histórico — si es que realmente vive — interrelacionarse con otras tendencias o modos de hacer dentro del oficio reporteril, como el Periodismo de Investigación y el Periodismo Literario? Adelantamos que aquí nos referimos fundamentalmente a la producción periodística reflejada en periódicos, revistas y suplementos, por ser este el medio en que nos desenvolvemos y que más facilidades nos ofrecía para una indagación sobre el tema.

Hechas estas aclaraciones, creemos que, ante la invitación a responder si la corriente existe, cabe hacerse primero la siguiente pregunta: ¿por qué ese interés por mirar la Historia a través del Periodismo?

Ya adelantábamos algo en la introducción: porque en el pasado pueden encontrarse sucesos con la suficiente relevancia y una buena dosis de carga humana, con sus respectivos conflictos, capaces de movilizar por sí solos el interés de las audiencias. Pero ello, en nuestra opinión, no basta y de hacerlo así, sería entender la Historia como un closet en el que se guardan los folclorismos de nuestras familias. La problemática es más compleja.

Al finalizar una conferencia en París, sobre los orígenes del pueblo y la nación cubana, al profesor Eduardo Torres Cuevas, director de la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz de la Universidad de La Habana, le preguntaron por qué parecía una obsesión entre los historiadores de la Isla el tema de la nación y cuál era la razón por la que se reflexionaba tanto sobre el concepto de cubanidad, cuando franceses y alemanes ni siquiera tenían un término semejante. El doctor Torres Cuevas adelantó una respuesta, que luego fue ampliada en un ensayo sobre la necesidad del pueblo de Cuba de autodefinirse ante las problemáticas y desafíos que ha enfrentado a lo largo de su Historia4. Entonces señaló que “existen necesidades que se convierten en priorizadas en cada historiografía nacional [y que] en el caso de Cuba, siempre colocada al borde del desarreglo, existe una necesidad vital de autodefinición y autocomprensión”.5

He ahí, en el subrayado nuestro, lo que consideramos que constituye una de las motivaciones principales a la hora de acercarse a los hechos del pasado con las herramientas del periodismo: si no la urgencia de autodefinirse, al menos la necesidad de los integrantes de las sociedades por conocer y comprender lo que sucedió, como una forma para tener los elementos necesarios y entender un presente, que en ocasiones puede provocar más incertidumbres que serenidades.

Un examen a la prensa cubana durante el 2005 arrojó la publicación de 147 trabajos publicados en distintos medios de prensa. Algunos de ellos, como el caso del periódico Juventud Rebelde, con secciones dedicadas al tratamiento del pasado6.

Fuera de Cuba, el año pasado fue interesante para el tema que nos ocupa. Durante ese período se conmemoró el 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y, al parecer, el número cerrado del onomástico fue una invitación para que los periodistas se lanzaran a la caza de aquellos sucesos que, dentro del pasado, contenían factores de interés para el público y que podían convertirse en noticia.

Así tenemos la publicación, por parte del MI 5, de las confesiones del general de las SS Gottlieb Berger, quien conversó con Hitler en el búnker y le sugirió el suicidio con un tiro en la cabeza. O el perfil que elaboró el siquiatra Henry Murray sobre la personalidad del Führer, en el que diagnóstica que este era “era rencoroso, con baja tolerancia a la crítica, [y con] tendencia a menospreciar a las personas y de buscar venganza”7.

Por último, el periódico inglés The Guardian le dedicó una cobertura especial al conflicto. Y dentro de las historias contadas en la misma se encuentra la entrevista que le hizo el corresponsal Luke Harding a Erna Fliegel, la enfermera que durante seis décadas le calló al mundo, incluso a su familia, de que ella había sido la enfermera de la familia Goebbels y de Hitler dentro del búnker de la Cancillería en las últimas semanas de la guerra. Las declaraciones de Fliegel, hecha a los 93 años, permite conocer el ambiente del refugio y una parte de las interioridades del matrimonio Goebbels, sin las mediaciones que pueden establecer el analista o el oficial de Inteligencia que le dicta su informe al mecanógrafo. Así, cuando se refiere a Hitler en sus últimos días, reconoce que su autoridad aún era extraordinaria ( “his authority was extraordinary. There was really nothing to object to”.), que la esposa del ministro de Propaganda Joseph Goebbels, Magda Goebbels, era, desde su punto de vista, una mujer brillante, que soportaba con boca cerrada las numerosas infidelidades de su marido y que, por el contrario, Eva Braun, la mujer del Führer, era una mujercilla sin ningún encanto y que la muerte de Blondi, el pastor alemán de Hitler, afectó más a los que permanecieron dentro del refugio que el suicidio de la señora Braun (the death of Hitler’s wolfhound Blondi affected us more than Braun’s suicide).

Este es el ejemplo de Europa. En América Latina, imaginamos que para un chileno o un argentino le resulta vital responder a la pregunta qué sucedió durante un pasado ceñido por dictaduras y desapariciones, y con interrogantes que durante mucho tiempo pugnaron para que no fueran respondidas. O aclarar situaciones en puntos críticos de sus historias nacionales, como las negociaciones en secreto que realizó el general Juan Domingo Perón por establecer una alianza económica entre Argentina, Chile y Brasil8; o los planes del general argentino Leopoldo Galtieri, jefe de la Junta Militar, para obtener una bomba atómica, unos meses antes de que se iniciara la Guerra de las Malvinas9.

En algunos casos, el acto de acercarse al pasado histórico desde el periodismo tiene urgencias más dramáticas. En marzo de 1993, el periodista Samuel Blixen publicó una serie de reportajes sobre la presencia de la Operación Cóndor en Paraguay. Se fue a los archivos, hurgó, entrevistó, viajó hasta las fosas comunes que se encontraban escondidos los torturados convertidos en despojos y armó con esas vivencias una serie de trabajos que fueron publicadas en el semanario Brecha, de Uruguay. En ellos se develan las misivas de los jefes de Inteligencia de Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia y Perú en su trabajo coordinado de la Operación Cóndor. Se hace el recuento, convirtiéndose en el hilo conductor de la serie, de cómo fue la desaparición de Nelson Santana y Gustavo Inzurralde, dos uruguayos pertenecientes al Partido por la Victoria del Pueblo (PVP). Se explica la participación de los oficiales cercanos al dictador Stroessner en las torturas. Y finalmente, entre otras revelaciones, levanta el velo definitivo de la unión entre la policía secreta argentina y la paraguaya en la eliminación de los líderes del Movimiento Popular Colorado.

La mención de textos en los que se aborda el pasado, aparecidos en los medios de comunicación, en este caso, los de la prensa escrita, pudiera ser larga. Y ellos nos indican que, además de seguirle el rastro a informaciones que pueden ser noticia y de participar en el ejercicio de autocomprensión y autodefinición de las naciones, el Periodismo también impulsa la “demanda por conocer algo que forma parte del patrimonio” [de las sociedades]10 y que es vital para el conocimiento y la toma de decisiones dentro de las mismas. Por su capacidad de informar y su tradición en revelar hechos que permanecieron ocultos, el oficio de los reporteros es una de las vías más expeditas para acercarse a la Historia con los fines antes mencionados.

Por lo que, a la pregunta de si existe la corriente o la modalidad de Periodismo Histórico, decimos que sí, a juzgar por una práctica en la que se aprecia una manera de acercarse y tratar la Historia mediante el ejercicio periodístico y que se ve plasmado en una producción sistemática, de acuerdo con los intereses de las instituciones informativas, e, inclusive, con secciones fijas o, a veces, con espacios jerarquizados dentro de las publicaciones.

Planteada esta tesis, hacemos la proposición de entender al Periodismo Histórico como la aproximación, bajo los principios, formas y normas del periodismo, de aquellos hechos o realidades, que ya constituyen o puedan constituir preocupación de los historiadores y que contienen los valores de la noticia.

ADVERTENCIAS ANTE LAS TRAMPAS

A la vez que formulamos esta definición, consideramos necesario proponer tres premisas básicas, sobre las que se puede reconocer el campo donde opera y adquiere su identidad el Periodismo Histórico. Estas premisas son:

1.- No todo lo que aparece en los medios o canales de comunicación de masas es Periodismo Histórico.

Partimos del supuesto de que el periodismo constituye un cuerpo definido y posesionado en la práctica de las sociedades. Por ello cabe hacer la diferenciación entre una publicación de carácter académico, en este caso una revista, aun cuando se renueve periódicamente, y la de un medio informativo.

El desarrollo de Internet ha venido a convertir en obsoletos o estremecer conceptos y realidades que antes se encontraban clarificados y eran asumidos con entera serenidad. Según Oscar Jaramillo, una de las particularidades de la red es el grado de accesibilidad que otorga a sus usuarios, al punto que “por primera vez las personas puedan ejercer los derechos de recibir, investigar y difundir mensajes, directamente (al menos en teoría) sin ningún tipo de intermediación”12. Jaramillo apunta que ese cambio ha venido a desdibujar diferenciaciones, claras y tajantes, que estaban establecidas en los medios tradicionales.

De acuerdo con esa lógica, ese nivel de accesibilidad hace que medios que, antes poseían un carácter restringido, puesto que su información está destinada a satisfacer la demanda de un público o un segmento especializado, ahora se encuentren al alcance del click de cualquier usuario. Por esa razón, y ante el cúmulo grande de informaciones de carácter histórico, creemos necesario precisar que no todo lo que se publica, específicamente en Internet, es Periodismo Histórico, ni todo texto sobre la Historia llega a clasificar en la dimensión del Periodismo.

Siguiendo uno de los dos elementos básicos establecidos por Umberto Eco para la definición de medios de comunicación de masas, se debe señalar que el oficio de los reporteros obedece a la intención de llegar “no a grupos determinados, sino a un círculo indefinido de receptores en situaciones sociológicas distintas”13, lo que obliga a que el periodista configure sus mensajes, de modo que esa accesibilidad sea posible.

A diferencia de lo anterior, lo académico, incluso lo institucional, como pueden ser los boletines o revistas del Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, se preocupan por satisfacer las demandas de información de un grupo específico. Mientras tanto, la intención de lo periodístico por llegar a esa audiencia indeterminada, ha producido un tipo de discurso y una técnica para su elaboración y presentación, lo que vendría a diferenciarlo no solo de lo emitido por centros especializados, sino también de lo disponible en otros sitios, como los promovidos por veteranos de la Segunda Guerra Mundial, cuyas preocupaciones quizás sean similares a las de un periodista, en cuanto a llegar a los grandes números de lectores. Por otra parte, la función básica y primordial del Periodismo es informar hechos que contienen los valores de la noticia, por lo que ostentan un interés para los integrantes de la sociedad, quienes los necesitan para su conocimiento y la toma de decisiones dentro de la comunidad en que actúan. Por último, para que un trabajo de corte histórico alcance la dimensión periodística, debe atravesar por un proceso industrial14, que en los medios informativos tiene situaciones muy particulares.

Estas precisiones pueden parecer obvias; pero entendemos que, en primera instancia, ellas pueden ayudar a no perder el derrotero frente a análisis posteriores. Uno de ellos aparece al momento de examinar la conceptualización de Periodismo Cultural, y que abordaremos en las consideraciones finales.

2. El Periodismo Histórico se preocupa por hechos ocurridos en el pasado, aun cuando este sea reciente.

Por esa razón, sería una falacia clasificar, dentro del Periodismo Histórico, a los reportajes sobre el caso Watergate o el golpe de estado dirigido por Augusto Pinochet contra el gobierno socialista de Salvador Allende. Las coberturas de ambos hechos noticiosos, cuando se realizaron, estuvieron marcadas por la urgencia, ocurrieron en el presente, eran noticias de último momento. Mirados desde la distancia, el tiempo podría invitar a mirarlos como Periodismo Histórico cuando lo que sucede, en realidad, es que el producto de esas coberturas (notas informativas, reportajes, comentarios, entrevistas, crónicas) han adquirido el valor de documentos históricos.

La serie sobre las desapariciones de prisioneros políticos en Paraguay, que le otorgaron a Samuel Blixen el Premio Internacional de Periodismo José Martí, la consideramos dentro del tipo de Periodismo que analizamos, porque ella se encarga de examinar hechos ocurridos trece años atrás de la fecha en que se realizaron las investigaciones; aunque debemos señalar que la técnica narrativa utilizada por Blixen —incorporar planos temporales, en forma de entrevistas y reportajes y que dan la medida del impacto que tienen los descubrimientos en el presente— les otorga un sólido sabor a actualidad. Por su parte, el tiempo transcurrido sobre los episodios que trata Erna Flieguel en su conversación con Luke Harding hacen evidente el porqué incluimos esa entrevista dentro del Periodismo Histórico.

Reconocemos, eso sí, que el periodista no actúa con la misma variable de espera con la que debe trabajar el historiador. Mientras que este se recomienda esperar a que el impacto de los sucesos se sedimenten y así realizar un análisis en frío, el reportero no demora y tampoco puede aguardar por esa dilación temporal, y se acerca a momentos del pasado que todavía son demasiado recientes para que los historiadores otorguen sus veredictos finales.

Ello nos conduce a una inquietud: ¿hasta qué punto considerar, dentro del Periodismo Histórico, a un material que se interesa por hechos que no se encuentran tan alejados de la fecha en la que el reportero se preocupa por ellos? Por ejemplo: ¿en qué medida considerar como Periodismo Histórico a un reportaje producido en 1998 y que se aproxima a un acontecimiento que ocurrió tan solo tres años atrás, como la crisis de los balseros en Cuba, en agosto de 1995?

Es una de las trampas que traen consigo las clasificaciones. Consideramos que la respuesta se puede encontrar en el análisis del tiempo informativo que rige el suceso, es decir: en la medida en que el evento afecte a la comunidad en que se desarrolla y esa afectación desate una urgencia noticiosa. Al momento en que se supere esa premura, más se acercará a la definición que proponemos.

3. El Periodismo Histórico se entrecruza con otras corrientes o modalidades del Periodismo.

La simbiosis aquí puede ser vasta, en la medida en que la preocupación del periodista, al momento de realizar su trabajo, sea examinar el pasado de la sociedad. Nos ceñiremos a tres puntos, fundamentalmente, a modo de ejemplo:

1.- Se mueve dentro del Periodismo de Opinión, en tanto el asunto histórico es abordado por la familia de géneros que integran esa modalidad, en la que el periodista, en vez de “trasladar información, se dedica a analizar y comentar determinado hecho o problema”15. Por sus características, el artículo es un género que le es muy afín16, junto con la crónica. El profesor Julio García Luis anexa un texto en su libro El Artículo General, que ilustra ese entrecruzamiento. Nos referimos a Manuel de Angola, del historiador cubano Manuel Moreno Fraginals, en el que analiza la trata negrera procedente de esa región de África y su impacto en la Cuba del siglo XIX.

2.- Forma parte del Periodismo Literario en la medida en que la información recogida sea contada a través del manejo de las técnicas narrativas, propias del cuento y la novela. Un ejemplo lo son los reportajes del escritor y periodista cubano Leonardo Padura, publicados en el periódico Juventud Rebelde en los años ochenta del siglo pasado y agrupados más tarde en el libro El Viaje más largo. Dentro de esos materiales, se aprecia el manejo de distintos narradores, el diseño de personajes y procedimientos propios de la literatura, junto al manejo del dato exacto y verificado, como métodos afines del periodismo.

Pero, además, del criterio para entender esa relación desde el punto de vista técnico, se unen, en este caso, otros elementos a tener muy en cuenta. El Periodismo Histórico se entrecruza con el Periodismo Literario por el anecdotario que guarda la Historia, con un potencial de conflictos, relatos y personajes, capaces que tentarían a cualquier periodista a contarlos como si estos ocurrieran de nuevo en la vida real y le transmitieran al lector la sensación de que vive una película.

3.- Por último, se acerca y puede entrecruzarse con el Periodismo de Investigación. Las diferentes definiciones de esta modalidad coinciden en que I) para obtener las informaciones es necesario invertir un tiempo, por encima del empleado normalmente en un trabajo convencional; II) que deben manejarse distintos procedimientos indagatorios y con un nivel de fuentes, superiores a las que de manera usual se emplean en la rutina común del medio, para obtener los resultados y verificarlos, y III) el carácter oculto que tienen o que se le quiere otorgar a los datos que se buscan.

Una indagación histórica, cuyos resultados después serán publicados en un medio informativo, muchas veces cubre casi o todos los elementos expuestos en el párrafo anterior. Según las características, la trascendencia del hecho y la intencionalidad del periodista en buscar las nuevas aristas, hacen que este se involucre en un nivel de investigación, que muchas veces le consume un tiempo mayor que el ordinario, además de hacerlo sudar con mayor frecuencia en su intento por juntar todos los detalles del pasado y tener a mano el cuadro final. Una lectura más reposada de los reportajes de Leonardo Padura sugeriría de inmediato la amplitud de fuentes de información que debieron consultarse para reconstruir un episodio, algunas veces en sus detalles más ínfimos, lo que pudo implicar, en su momento, un tiempo superior de investigaciones al que normalmente se hubiera empleado para contar esas historias en el modo convencional.

Lo que para muchos constituye la piedra fundamental en la definición del Periodismo de Investigación, el carácter oculto de las informaciones que se procuran, estaría dado en el Periodismo Histórico por los intentos, por ejemplo, de romper con una Historia Oficial, dígase: indagaciones en Chile y Argentina por conocer las conexiones con la Operación Cóndor y que, en ocasiones, han terminado en tragedias para el propio reportero. Al mismo tiempo, periodistas e historiadores pueden dar fe de las nebulosas que se han entretejido alrededor de un objeto de estudio. La periodista Stella Calloni lo vivió cuando, al poco tiempo de la caída del dictador Alfredo Stroessner, se acercó a los papeles secretos de la policía de Paraguay. Entonces escribió: “…debido a que los archivos plantean una amenaza a los hombres que organizaron y llevaron a cabo la represión hemisférica, se están realizando esfuerzos para eliminarlos o depositarlos en manos ‘seguras’. Algunos de los documentos ya han desaparecido y existen sutiles maniobras para sustraer a los restantes del control legal y periodístico”17.

LAS OTRAS PIEZAS DEL TRAJE (O CONSIDERACIONES FINALES)

Pierre Vilar le criticaba a Raymond Aron y a la escuela positivista la posición de encerrar a la Historia y al oficio del historiador en lo exacto de lo acontecido, al punto de conformarse con una relatoría puntual de los acontecimientos más comprobables. Para Vilar, la Historia desborda esa puntualidad y se dirige a comprender un pasado, antes que revivirlo; en escudriñar en los mecanismos de las sociedades y no quedarse solamente en la dimensión de las decisiones políticas; en examinar el estudio del juego recíproco de relaciones entre hechos diferentes y hasta, algunas veces, sin una relación aparente.

Al periodismo y al oficio del reportero también le sería dable ese contrapunteo de posiciones; y, por momentos, podría pensarse que los postulados de Raymond Aron son los más cercanos a nuestra profesión en el sentido de que el periodista se debe atener meramente a los hechos comprobables en busca de una veracidad, que es esencial en la confrontación de la opinión pública. Solo que el devenir de nuestro trabajo ha venido a comprobar que a los reporteros les son más cercana, más factible y que pueden encontrar mayor provecho en las posturas de Vilar que en las de Aron. Si esto no fuera así, ¿cómo entender entonces a modalidades del oficio muy preocupadas por comprender el cómo y los porqué de la noticia, como es el caso del Periodismo Interpretativo y el de Investigación?

El entrecruzamiento entre Historia y Periodismo puede ser más sutil y fuerte de lo que imaginamos. Las reflexiones sobre las formas en que los medios han tratado el pasado, motivadas muchas veces por inquietudes contestatarias, ha sido uno de los puntos más tratados a la hora de establecer la relación entre prensa, historia y poder. Un ejemplo de ello lo constituye Noam Chomsky, aunque los ejemplos pudieran ser más, a partir de las aproximaciones que se han realizado desde las ciencias históricas y políticas. Esa frecuencia nos hace preguntarnos hasta qué punto resulta novedoso hablar de Periodismo Histórico en el sentido en que lo hemos abordado en el presente texto.

De todos modos, el vacío conceptual es evidente y sobre todo la falta de una sistematización teórica que permita comprender las particularidades del objeto que analizamos, sus posibles leyes, el comportamiento del fenómeno y su interacción con los demás elementos que componen una estructura social.

Una de esas interacciones, que podría conducir a una línea de investigación, podría estar en las construcciones que, desde la prensa, se realizan del pasado por distintos sectores o grupos de acción dentro de la sociedad; junto con el dibujo que con el uso de los medios se quiere hacer de lo sucedido por parte del poder. Es decir, tratar en qué medida se realiza o no lo que Chomsky llamó el asesinato de la Historia, además de revisar cómo se ejecuta el rescate de lo que no estaba incluido en el conocimiento histórico.

Planteado el asunto de esta manera, podría caerse en una reiteración y decirse que se llueve sobre mojado; pero nuestra intención apunta a examinar cómo se ejecuta la construcción de lo Histórico desde los medios y qué origina que las redacciones sientan un interés mayor o menor, según los casos, por abordar lo ocurrido en la memoria de las comunidades. Porque observamos un hecho: en aquellas sociedades, sometidas a tensiones y con una postura de revisar sus modelos de desarrollo o de ajuste de los eslabones sueltos de su pasado, lo histórico es más tratado por el periodismo que en otras naciones, donde ese tratamiento se limita, en ocasiones, al momento de la efeméride y la conmemoración. Una mirada a dos geografías indicarían enseguida ese comportamiento. El periódico español El Mundo, en su edición digital, le dedicó espacio al aniversario de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, llama la atención que, cumplida la efeméride, el acontecimiento histórico más tratado fue el aniversario de la llegada al trono del rey Juan Carlos. Mientras, en Venezuela, resulta significativa la abundancia con que lo histórico es abordado por los medios, sobre todo por aquellos que se proclaman parte del proceso. Ese comportamiento valdría la pena demostrarlo y ser analizado de manera empírica.

Un tercer y último punto, que deseamos abordar en estas consideraciones finales, se encuentra en la naturaleza propia del Periodismo Histórico, de las cuales surgen variadas interrogantes, y más al momento de acercarnos al Periodismo Cultural.

En su planteamiento de definiciones, Lucía Villa examina las problemáticas a la hora de conceptuar al Periodismo Cultural y apunta a que el concepto “se aplica a un campo extenso y heterogéneo. (….) y que nos marca la imposibilidad de ser abordado desde una sola perspectiva. Involucra y excluye a los géneros y productos del campo periodístico produciéndose una constante pendulación entre los términos ‘periodismo’ y ‘cultura”18. Nos preguntamos entonces: ¿esa pendulación es dable también en el Periodismo Histórico? La respuesta amerita un examen desde la práctica, en el que se diagnostique si el tratamiento de la Historia a través del Periodismo participa de esa complejidad registrada dentro del Periodismo Cultural, en cuanto a la diversidad de modos de tratar los temas y los campos sobre los cuales centra su atención. En otras palabras: ¿hasta qué punto lo académico participa en el Periodismo al momento de abordar la Historia en cuanto a la aportación de géneros, como ocurre con el ensayo, un género de la reflexión cultural por excelencia, pero también presente en el Periodismo Cultural? ¿O es que en esa relación es más dual, al punto de que se pueda construir, como ocurre en la práctica periodística dentro de la cultura, una zona donde coexista lo informativo con el puro análisis histórico?

En sus análisis, Villa nos aporta otra pista para adentrarnos en las dinámicas que puedan mover al Periodismo Histórico. Al referirse a los orígenes y, en cierto modo, al comportamiento, que en la práctica subyace en la legitimización del Periodismo Cultural, expresa:

Sin embargo, en un sentido más restrictivo los productos que se dicen a sí mismos culturales o que por su modo de producción, circulación y recepción fueron reconocidos históricamente en esa franja, responden más a una concepción de cultura ilustrada, letrada y elitista, restringida al campo de las “bellas letras” y “las bellas artes”19.

De ese criterio se desprende: no todo el mundo se ocupa de la cultura y se interesa por leer los suplementos y secciones culturales. ¿Ocurrirá lo mismo con el Periodismo Histórico? ¿O es que estamos ante un fenómeno escurridizo y móvil, que no se comporta únicamente en una franja reducida; sino que tiene una mayor capacidad de convocatoria en el momento que aborda tópicos que pueden involucrar a numerosas personas por la forma en que pueden ser tratados y por las cuestiones que someten a debate? Parece que esta última pregunta es la que más se acerca a la realidad. Y eso lo pudo constatar Samuel Blixen cuando, en medio de las investigaciones en los archivos de Stroessner, fueron apareciendo los sitios donde ocurrieron los enterramientos de las personas que estuvieron desaparecidas durante casi 20 años. Luego se observar una de esas fosas comunes y ver los cuerpos en descomposición de los torturados, Blixen escribió: “En Paraguay se está rescribiendo la historia de la década trágica de América Latina”. Es una oración movida por el sentimiento. Pero es, al mismo tiempo, una prueba más de cómo el Periodismo se entrecruza con los caminos del historiador.

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Bibliografía:
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18. Ichikawa Morín, Emilio: Un comentario a La Historia Inmediata. En: Torres Cuevas, Eduardo (compilador): La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, pp 248-254.
19. Kapuscinsky, Ryszard: Reportero del tercer mundo, intervención en la sede de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano, octubre de 2005. Disponible en: http://www.fnpi.org/biblioteca/relatoriadetallleres, consultado el 18 de enero de 2006.
20. _________________: Con Heredoto en la guerra. En: Sala de Prensa.org, no. 55, mayo 2003. Disponible en: http://www.saladeprensa.org/archivo/índicedeautores/. , consultado el 15 de enero de 2005.
21. Lacouture, Jean: La Historia inmediata. En: Torres Cuevas, Eduardo (compilador): La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, pp 225 –247.
22. Marín, Carlos y Leñero, Vicente: Manual de Periodismo. Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1990.
23. Martín Vivaldi, Gonzalo: Géneros periodísticos. Paraninfo, Madrid, 1973.
24. Padura Fuentes, Leonardo: El Viaje más largo. Ediciones Unión, La Habana, 1994.
25. Santoro, Daniel: El plan de Galtieri para hacer la bomba atómica. Disponible en: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/01/08/z-03415.htm, consultado el 9 de enero de 2006.
26. Timoteo Álvarez, Jesús: Historia y Modelos de la Comunicación en el siglo XX. Ariel, Barcelona, España, 1992.
27. Torres Cuevas, Eduardo: Pensar el tiempo en busca de la cubanidad. En: Debates americanos, revista semestral de estudios históricos y socioculturales. La Habana, no.1, enero-junio 1995, p 2.
28. Vázquez Montalbán, Manuel: Historia y Comunicación Social. Bruguera, S. A., España, 1980.
29. Vilar, Pierre: Historia. En: Torres Cuevas, Eduardo: La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, p 1- 21.
30. Wolf, Mauro: La Investigación de la Comunicación de Masas. Piadós, Barcelona, España, 1987, p 109-147.
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Notas:
1 Para una definición del concepto de Historia y las preocupaciones del historiador, ver: Vilar, Pierre: Historia. En: Torres Cuevas, Eduardo: La Historia y el oficio del historiador. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1996, p 1. También se puede revisar: Bloch, Marc: Apología de la historia. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971. Una revisión de estos materiales y de cualquier texto o estudio sobre las funciones del periodismo, permitiría distinguir rápidamente las similitudes que existen entre ambos oficios.
2 Vale recordar que Daniel Defoe tenía cinco años cuando la epidemia de la peste azotó la ciudad de Londres en 1665. Es decir, el acontecimiento se encontraba enraizado en el pasado, su momento de actualidad había sido trascendido y puede que hasta sepultado por hechos más apremiantes del momento, como las consecuencias del triunfo de Rusia sobre Suecia, en 1721, con lo que Inglaterra se agenciaba un rival más poderoso dentro del comercio y la política del mar Báltico.
3 Para un mayor conocimiento de las propuestas y observaciones, algunas veces polémicas, de Lacouture, Ver: Lacouture, Jean: La Historia inmediata. En: Torres Cuevas, Eduardo (compilador): La Historia y el oficio del historiador. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1996, pp 225 –247.
4 Ver Torres Cuevas, Eduardo: Pensar el tiempo en busca de la cubanidad. En: Debates americanos, revista semestral de estudios históricos y socioculturales. La Habana, no.1, enero-junio 1995, p 2.
5 Ibídem, al final del primer párrafo.
6 La búsqueda se realizó en los periódicos Granma, Granma Internacional, Trabajadores, Juventud Rebelde, El Habanero y Tribuna de La Habana. Realizada el 30 de enero de 2006, por la especialista de sala Ileana Reyes.
7 Ver, Agencia EFE: Una universidad de Estados Unidos publica el perfil psicológico de Adolf Hitler que predijo su suicidio. Constata una homosexualidad reprimida. En: http://www.elmundo.es/elmundo/2005/03/31/sociedad/1112300808.html, consultado el 7 de enero de 2006.
8 Ver, Conde, Carlos: Perón-Vargas: la alianza inconclusa. En: http://ww.clarin.com/suplementos/cultura/ 2005/11/19/u-01092040.htm, consultado el 8 de enero de 2006.
9 Ver, Santoro, Daniel: El plan de Galtieri para hacer la bomba atómica. En: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/01/08/z-03415.html, consultado el 10 de enero de 2006.
10 Fernández Bogado, Benajamín. El acceso a la información pública y el rol del periodismo. En: Sala de Prensa.Org, no. 78, abril 2005.
11 Por Principios nos referimos al ejercicio de la ética y los valores que entraña la misma; bajo la categoría de Formas englobamos a los géneros periodísticos y el manejo del discurso; mientras que por Normas entendemos, en este caso, a las pautas editoriales que rigen las dinámicas productivas de los medios.
12 Jaramillo, Oscar: La Web y el derecho a la información, una revisión conceptual. Universidad Complutense de Madrid, Programa doctoral Derecho a la Información en España y América Latina, p 27. En: Sala de Prensa.Org,
13 Eco, Umberto: La estructura ausente: introducción a la semiótica. Editorial Lumen, Quinta Ed., España, 1994, p. 20. Citado por: Jaramillo, Oscar, p. 5, ibídem.
14 Pensamos en esas realidades y dinámicas que se viven en las redacciones informativas y que originaron estudios como los del Newsmaking y la Agenda Setting.
15 García Luis, Julio: El Artículo General. Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1987, p 5.
16 Julio García Luis señala que el artículo, en específico el artículo general, se caracteriza por el valor permanente de los asuntos que aborda, a diferencia del editorial, el comentario, la reseña o la crónica, que juegan con la variable de actualidad. Ver: García Luis, Ob. Cit,, p 7.
17 Ver Calloni, Stella: Los Archivos del Horror del Operativo Cóndor. Disponible en: http://www.derechos.org/nizkor/doc/condor/calloni.html.
18 Ver el concepto de Periodismo Cultural, dado por el periodista e investigador argentino Jorge Rivera y citado por: Villa, María J: Periodismo cultural, reflexiones y aproximaciones. En: Revista Latina de Comunicación Social, La Laguna (Tenerife), junio de 1998, número 6. Disponible en: http:// , consultado el 25 de enero de 2006. Para una mayor información sobre las complejidades del Periodismo Cultural, ver: Navarro Rodríguez, Fidela: La cultura y su periodismo. En: Sala de prensa.Org, febrero de 2004, número 64. Disponible en: http://www.saladeprensa.org/índicedeartículos/febrero2004/no.64/laculturaysuperiodismo, consultado el 25 de enero de 2006.
19 Villa, Lucía: Ob. Cit.
* Luis Raúl Vázquez Muñoz es periodista cubano en el diario Juventud Rebelde. Esta es su primera colaboración para SdP.

Written by Marisol García

July 25, 2009 at 10:55 pm

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