Estilo y Narración II

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las comparaciones en sus repertorios [1]

Por José Antonio Millán (Versión corregida y aumentada del estudio publicado originalmente en Lengua y diccionarios, Estudios ofrecidos a Manuel Seco, reunidos por Pedro Álvarez de Miranda y José Polo. Madrid, Arco/Libros, 2002, 354 págs.).

“De eso no se puede saber más, o sólo se podrá saber después de mucho tiempo. Aquí tenemos un dicho que quizás conozcas: ‘Las decisiones oficiales son tímidas como doncellas'”. “Es una observación acertada”, dijo K., que tomaba el asunto más seriamente aún que Olga, “una observación acertada, y es posible que las decisiones tengan otras cosas en común con las doncellas”.

Franz Kafka, El Castillo


“E
l hombre”, empieza acertadamente Sbarbi su Florilegio o Ramillete alfabético de refranes y modismos comparativos y ponderativos de la lengua castellana, definidos razonadamente y en estilo ameno (1873), “tiene una propension innata á expresar sus ideas por medio de comparaciones, á fin de ser más pronta y gráficamente comprendido de sus semejantes”. Y prosigue:

Todos los terrenos los recorre para llevar á cabo su propósito, dado que en todos halla con facilidad materia abundante para su objeto. ¿Quiere ponderar la agilidad y presteza de una persona? La ardilla le servirá de término de comparacion. ¿Pretende ensalzar la hermosura de una joven? Pues la constituirá en émula de la rosa de los jardines. ¿Propónese decantar la riqueza y opulencia de algun comerciante? Ahí están el Potosí y el Perú, que le prestarán su nombre, con más facilidad por cierto que sus tesoros, para poner en parangon los que guarda el sujeto aludido con los que encierran las minas de aquellos reinos.

Para concluir:

Y no es esto todo: el cielo, y el mar, y los elementos, y la historia, y el mundo entero le saldrá al encuentro cuando lo evoque, á fin de que pueda hallar con profusion cuantos símiles se proponga para traer á un punto dado objetos que á primera vista parecen hallarse algunas veces tan opuestos y distantes entre si.

Interesante tema este que trató el bueno de Sbarbi (quien habría merecido pasar a la historia sólo por su papel de editor de El Averiguador Universal, del que hablamos en otra parte).

En este trabajo nos centraremos en las comparaciones como género expresivo con características propias [2]. Nos interesarán las comparaciones propiamente dichas: las que presentan un término precedido por como, o cláusulas con tan … como, más… que, menos… que; es decir: las que tienen codas prototípicas (Sáez del Álamo, 1999)[3]. Vamos a explorar a lo largo de siglo y medio de recopilaciones algunos de sus mecanismos, para acabar centrándonos en su creación actual [4].

Las estructuras de la comparación

Una primera observación es que en el caso de las comparaciones más estables el término de la comparación se puede encontrar en muy distintas estructuras sintácticas, y no sólo comparativas [5]:

Juan es astuto COMO un zorro

Juan es MÁS astuto QUE un zorro

Juan es TAN astuto COMO un zorro

Juan se hace el zorro [6]

Juan es un zorro

Prueba del estado cristalizado en que se encuentran algunas de estas comparaciones es que normalmente figuran en los diccionarios (Casares, 1950); así, en el DRAE: “Zorro: fig. y fam. Hombre muy taimado y astuto”. En muchos casos se registran formas alternativas:

limpio como una patena, o más limpio que una patena [DRAE]

El origen de los términos

Sin duda la cuestión más sorprendente en la comparación tradicional —es decir, aquella que se emite porque ya se utiliza— es que se hace uso de unos determinados elementos de comparación , y no de otros. ¿Por qué “ligero como una ardilla” y no “como una gaviota” —animal más veloz, sin duda? Está claro que la asignación de cualidades prototípicas a un elemento no responde a un trabajo empírico sobre los entes que las portan, sino que son atribuciones cristalizadas, en muchos casos deformadas además por confusiones o etimologías populares (Romera, 1993). De ahí que los intentos por justificarlas bordeen normalmente el ridículo:

Oscuro como boca de lobo.
Aplícase comunmente á la noche cerrada y á la habitacion lóbrega, con alusion al color sumamente oscuro que tiene por dentro la boca de aquel cuadrúpedo [S]

Muchas comparaciones tradicionales se pueden rastrear hasta los clásicos greco-latinos: el zorro, en Esopo, Horacio o Plinio. Por ejemplo, Horacio hablaba en el Ars poetica de “Animi sub vulpe latentes”, ‘sentimientos que se ocultan bajo la piel de zorro’.

Pero estas cristalizaciones tampoco son estables: hemos visto la pervivencia del zorro, pero hay casos movedizos. Por ejemplo, el cocodrilo ya está recogido en Covarrubias (Tesoro) como representación de la hipocresía o perfidia (“significa la ramera, que con lágrimas fingidas engaña el que atrae a sí para consumirle”), y del mismo modo aparece en los libros de emblemas coetáneos, como el de Alonso Remón (1627):

Diversas lagrimas son,
Pedro, las del Cocodrilo
Hijo del margen del Nilo
Y las de vuestra pasión.
Vos lloráis de compasión
Del pobre por remediallo.
Opuestos los fines hallo
Vos lloráis para que os den
Con qué al hombre hagáis bien
y él llora para tragallo

[…] el Crocodilo, que es una bestia terrestre, y aquatil […] que llora en viendo al hombre, pero luego se lo come, traga y consume

En este ejemplo de Lope de Vega ya aparece plenamente lexicalizado:

LOP. Dorot. Fol 16. Esa tirana, essa tigre que me engendró, esse Cocodrilo gitano que llora y mata [apud Autoridades, s.v. “cocodrilo”]

Y así lo reconoce Autoridades:

Metaphoricamente se llama à qualquiera persóna engañosa, infiel y falsa.

Sbarbi atestigua también una frase hecha:

Cocodrilo. -Se parece al cocodrilo, que siempre llora por lo que queda.

Aplícase á aquellas personas naturalmente exigentes que nunca quedan satisfechas con lo que se les da.

Viene este símil de que, segun refieren algunos naturalistas, cuando desea el cocodrilo devorar su presa, forma una especie de quejido, que, excitando la compasion ó curiosidad de los viajeros ó de algunos otros animales, los atrae al paraje donde se halla escondido para lograr así más fácilmente su intento.

Posteriormente, sin embargo, se va reduciendo su productividad, hasta el extremo de que su uso está hoy prácticamente reducido a una sola expresión:

lágrimas de cocodrilo.
1. fig. Las que vierte una persona aparentando un dolor que no siente [DRAE].

Y sería extraño oír o leer frases como:

Juan es como un cocodrilo *

Juan llora como un cocodrilo *

Por cierto, en francés, alemán e italiano ocurre lo mismo (lo cual nos plantea además la cuestión de la pervivencia translingüística de estas comparaciones):

Larmes de crocodile

Krokodilstränen

Lacrime di coccodrillo [GI]

Sin embargo en inglés parece pervivir en forma más libre:

Crocodile tears [GI]

Falser than a weeping crocodile [S&S]

En resumen: los términos de comparación tienen una vida fluida: surgen, extienden el rango de estructuras sintácticas en las que aparecen, quizás lo reduzcan luego hasta terminar encadenados a una expresión fija, y tal vez acaben por desaparecer. En algún momento de estos avatares pueden pasar de una lengua a otra e iniciar una nueva vida.

Tipos de términos

¿Qué elementos sirven de término de las comparaciones tradicionales (es decir, aquellas que se usan precisamente porque son usadas por todos)? Recapitulemos:

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I Animales, plantas u objetos a los que se atribuyó una cualidad en la antigüedad clásica, mantenida o matizada en el Renacimiento: el león, el águila, el ruiseñor, el roble, la rosa, la flecha [7].

II Entes del universo religioso o bíblico: el demonio, el ángel, el Ecce Homo, la Magdalena, las ánimas del purgatorio, Jeremías, Matusalén: “más vieja que Metusalén” [Minsheu, 1599] [8].

III Personajes ligados a historias reales, o a chascarrillos, pero cuya memoria en todo caso ya ha desaparecido. Pueden tener nombre propio: “más feo que Picio” [S], “más tonto que Perico el de los Palotes” [I]; o no: “el chico” o “el perro del afilador” [LPM].

IV Elementos de la vida cotidiana o de la experiencia común: “entiendo yo de eso como puerca de freno” (es decir: como una cerda entiende del freno de las caballerías) [Minsheu, 1599],“tener la cara como un rallo”, o rallador: es decir, llena de granos (hoy desusado, compárese con la utilización en francés de moule a gaufres) [S], “ser derecho como un huso” [DRAE], “más largo que un día sin pan” [S].

Observemos que los tipos I y II extraen sus términos del acervo cultural, y por tanto no es extraño encontrarlos a lo largo de una serie de lenguas que lo comparten. Los III y IV son más específicos de un universo de referencias local.

¿Cuántas comparaciones de tipo tradicional hay? Casares (1950:182) afirma que el Diccionario de modismos (Caballero, 1942) “cataloga más de 3.500 de estas fórmulas que comienzan por la palabra ‘como’”. Más X que Y (Le Vieux Coq, 2003), ha reunido más de 1.700, aunque muchas son del tipo innovador que luego veremos. Girard (1989) recopila, sólo de animales, unas 300 (sobre todo del francés). ¿Pero cuántas son realmente activas? El diccionario de María Moliner (1966) sólo reúne una cincuentena con como, cuatro con más y ninguna con menos [9]. El DRAE contiene 218 con como, 51 con más, dos con tan y ninguna con menos [10]. En cualquier caso, no todas las que aparecen en el DRAE están activas en la actualidad: “Más galán que Mingo”; y faltan muchas habituales: “Como gallina en corral ajeno”.

La comparación literaria

Pero la comparación tiene sin duda dos tipos, como reconoce Sbarbi: el acuerdo o tradición y la innovación.

El conjunto de las locuciones propias y exclusivas de cada escritor, de las cuales tengo recogidas tiempo há una razonable cantidad, debe ser tratado, en mi humilde concepto, aparte, y formar una serie especial: que las flores del campo nacidas espontáneamente ocupan distinto puesto, y reclaman diverso estudio por parte del naturalista, que las flores cultivadas en el pensil á beneficio del arte, por más que el enlace de las únas con las ótras produzca á la vista y al olfato resultados los más agradables y lisonjeros.

En efecto (desbrozando mínimamente la hojarasca de tropos del presbítero Sbarbi): el estilo de un escritor le permite incurrir en comparaciones que no utilizaría el común de los mortales:

Obvio, como un cartel de diez metros de alto (J.B. Priestley) [S&S]

Mientras que ésta puede aparecer en labios de cualquiera:

Fuerte como un roble [S]

Las comparaciones literarias responden en su mayoría al tipo IV, es decir: utilizan objetos o circunstancias cotidianos o de experiencia común.

Veamos dos selecciones —entre muchas posibles— tomadas de Sommer y Sommer (1991) [11]:

Relativas al cabello

Cabello como piel apolillada (Ellen Galsgow)

Cabello como púas de erizo (Elizabeth Tallent)

Cabello como la rafia que tenías que mojar antes de poder tejer con ella en clase de cestería (Saul Bellow)

Cabello suave como el de un gato (Jayne Anne Phillips)

Su fino cabello oscuro parecía más una sombra que cabello real (Katherine Mansfield)..

Relativas al movimiento de las manos

Plegando ambas manos en el regazo como una colegiala a la que se ha regañado (Ed McBain

Su mano ondeaba como una bandera (Mary Hedin)

Sus manos delicadas aleteaban como pájaros (Phyllis McGinley)

Levantó su mano como un guardia de tráfico dando el alto (Ross Thomas)

En seguida salta a la vista que estas comparaciones oscilan entre la apropiación de frases comunes (“Cabello suave como el de un gato”); la amplificación (“Cabello como la rafia que tenías que mojar…”), o la creación de imágenes nuevas. En su forma sintáctica son idénticas a las comparaciones tradicionales, con la excepción que para el español señala María Moliner (1966, “Desarrollos gramaticales: comparación”):

En expresiones literarias de sabor anticuado en que por lo menos uno de los términos comparados es un nombre o un pronombre, se substituye «como» por «cual»: ‘HUYE CUAL VELOZ GAMO.’

Sommer y Sommer reúnen 9.000 de estas comparaciones, pero, como se puede imaginar, su número podría ser mucho más grande [12]. La comparación es un recurso constante de los textos literarios, para caracterizar o amplificar determinadas notas descriptivas, y su estudio (como bien veía Sbarbi) es materia aparte.

La innovación popular

Además de estos dos tipos de comparación (la tradicional y la literaria) hay un tercero, que comparte rasgos de ambos, y que llamaremos innovación popular.

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Más simple que el salpicadero del Papamóvil [G]

Trabajas menos que el fotógrafo del BOE [L]

La creación y la transmisión verbal no parece haberse detenido en esta era de medios de comunicación [13]. Los refranes están en franco retroceso, pero ocurre lo contrario con los insultos [14], y también está muy viva la transmisión de chistes antiguos, a veces aggiornados, así como la creación de nuevos [15]. También han surgido nuevos géneros, como el juramento jocoso [16] y se ha reavivado el de los piropos [17]. Y las comparaciones —como vamos a ver—, están francamente vivas [18].

¿Cuáles serán nuestras fuentes para el estudio de la comparación popular actual? La creación verbal —que, como decíamos, está lejos de haberse detenido—, ha saltado a las pantallas de televisión, con lo que el efecto de realimentación con los hablantes ha sido muy grande. Por fortuna —y a falta de investigadores que registren (que nosotros sepamos) la lengua popular en los medios—, uno de los programas que más acogió el juego con las comparaciones (“Esta noche cruzamos el Mississippi”) las recopiló en una publicación (Grijánder, 1997).

En segundo lugar, la World Wide Web o Malla Mundial está sirviendo de almacén de todo tipo de creaciones populares, a través de páginas, privadas o corporativas, que se dedican a recopilar chistes, insultos… o comparaciones. Normalmente son simples almacenes de facecias, a los que cualquiera puede hacer su aportación, dentro de ciertas categorías (por ejemplo, “chistes de maridos”, “exageraciones”, etc., en Lo peor, 2001). En otros casos están al servicio de alguna idea, por ejemplo, emular el estilo —zafio— del protagonista de la película Torrente (Torrente 2, 2001).

Uno de los aspectos curiosos de estas webs de recopilaciones abiertas a cualquiera es que funcionan realmente para todo el ámbito hispanohablante. Lo peor, por ejemplo, está creado en Hispanoamérica (y así lo reflejan algunos de sus usos lingüísticos: “chatiar”, “dale click a este banner”…) Sin embargo, las aportaciones a sus secciones de chistes o comparaciones provienen tanto de España como de América. Muy probablemente algunos de ellos sean ininteligibles para personas de fuera de su comunidad lingüística de origen, pero hay que recordar que muchos de los elementos que les sirven de referencia, difundidos por los medios de comunicación (series televisivas, personajes deportivos), son realmente globales.

Por último, el correo electrónico da a conocer la existencia de estos sitios, difunde directamente sus hallazgos, o sirve para esparcir facecias de cualquier procedencia. Es rara la semana que mi correo electrónico no contiene uno o dos chistes, en distintas lenguas, enviados por personas de cualquier parte del mundo. Confesaré que a veces son tan buenos que los reenvío a otras personas…

El mundo entero…

“Esta noche cruzamos el Mississippi” fue el programa más famoso en la España de los años 1996-1999. Su mezcla de irreverencia, franqueza sexual y escándalo sintonizaron bien con los deseos del público.

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Auténtico cajón de sastre de cuantos personajes famosos o simplemente extravagantes circularan por los medios, “Esta noche…” recogió la antorcha de Chiquito de la Calzada, humorista de fulminante éxito televisivo, cuyas máximas bazas eran la creatividad verbal y el neologismo chusco (fistro), y entre cuyo repertorio abundaban las comparaciones. El territorio (verbal) de las acuñaciones a la manera de Chiquito se llamó Chiquitistán, cuya capital, por cierto, es Barbate. Chiquitistán invadió “Esta noche…”, y con él las comparaciones:

El éxito de Chiquitistán se debe a LAS COMPARACIONES, por la gloria de Famóbil.

Según ese peazo de diccionario de la Real Arcanemia de la Lengua Estofada de Barbate, “comparar es fijar la atención en a peich o más objetos asexuales para descubir sus diferencias o semejanzas, te lo juro por mi Scalextric”. Sin embargo, esto que parece más simple que el salpicadero del Papa Móvil, es en realidad todo un arte. Por eso, un buen comparador no se hace, se nace, que lo se-pas [19]

¿Cuáles son los términos de las comparaciones de Chiquitistán, y en general de las innovaciones populares?

Elementos de anuncios televisivos: “Más agarrado que la paellera de Villabajo” (que aparece en la publicidad de un limpiavajillas) [G]; “Está más desteñido que el payaso de Micolor” (del anuncio de un detergente) [L].

Personajes de televisión: “Es más peligroso que Espinete vendiendo preservativos” (personaje de un programa infantil) [G].

Deportes: “Este Telepeich tiene más peligro que Valdano entrenando a un equipo de fútbol de chapas” (entrenador de fútbol) [G], “Me importas menos que la final de petanca individual femenina de Malabo” [L].

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Personajes de películas: “un físico más defectuoso que el afeitado de Chebwacca” (personaje de La guerra de las Galaxias) [G].

Cómic y dibujos animados: “Con ese tanguita está mas macizo que los asientos del Troncomóvil” (el coche de los personajes de dibujos animados Los Picapiedra, hecho de un tronco de árbol) [G]; “Gasta menos que el horno de Carpanta” (personaje con hambre constante) [L], “Más breve que el vocabulario del correcaminos” (i.e.: beep beep) [VC].

Objetos de consumo (identificados sobre todo por sus marcas): “Sois más lentos que la vuelta ciclista a España en Ciclostatic” (marca de una bicicleta fija, para hacer ejercicio) [G].

Elementos de la vida cotidiana o de la experiencia común, “Un torero con mas paquete que la camioneta de Seur” [G], “estás más apretá que los tornillos de un submarino” [T]. En este sentido, es curioso cómo van floreciendo comparaciones ligadas a nuevas experiencias técnicas: “Más inútil que teclado sin ENTER” [VC] o “Más paréntesis que en un programa Lisp” [VC].

En resumen, da la impresión de que el mundo de las codas prototípicas de creación popular proviene básicamente de la televisión, pues ésta suministra, además de información sobre personajes del mundo del espectáculo, publicidad de productos, películas, deportes… Como diría Sbarbi, “el mundo entero”.

Recurriendo a la clasificación de los términos de las comparaciones tradicionales (véase más arriba), las innovaciones populares pertenecen básicamente a los tipos III (personajes) y IV (objetos cotidianos).

El conjunto de personajes y objetos en común —es decir, conocidos por todos, y por tanto candidatos a convertirse en prototipos— ha aumentado mucho en relación con épocas anteriores. En lo que respecta a los personajes, porque quizás ahora no tengamos familiaridad con la historia (que dejó en otras épocas al “Tostado” o a “Don Rodrigo en la horca”), pero contamos con un gran número de personajes de presencia constante en los medios de comunicación, y que por tanto forman parte de la referencia común. Lo mismo ocurre con los objetos, porque al reducido número de los enseres domésticos y cotidianos de antaño (que, si bien nos damos cuenta, dejaron casi todos su huella en dichos y comparaciones) hemos añadido ahora infinidad de artículos de consumo y artefactos que, aun si no se poseen, se conocen gracias también a los medios.

El destino de la comparación

En cualquier recopilación actual se detectan referencias que se remontan a treinta, cuarenta o más años atrás:

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Estás más quemado que el mapa de Bonanza [L]

Está más desordenado que los juguetes de la niña del Exorcista [L]

Tienes menos vista que el ángel de la guarda de los Kennedy [L]

Lo tienes más negro que la habitación de Drácula [L]

Más perdido que el hijo de Lindbergh [VC]

Más zumbado que las maracas de Machín [G]

Podríamos intentar el ejercicio de descubrir qué términos de comparación están sobreviviendo a la estricta actualidad, y serían así buenos candidatos para cristalizar en un futuro de la lengua. ¿Quedará alguna de las innovaciones actuales, cristalizada y tal vez olvidado su origen, en el habla de dentro de cien años? Por plantearlo de otra manera: ¿será Machín el nuevo Picio? (si es cierta la existencia histórica de este último personaje, como suele repetirse):

A principios de siglo nació en un pueblo granadino (Lanjarón o Alhendén) un personaje llamado Picio cuya característica principal y única, desde su más tierna infancia, fue su fealdad casi sobrenatural [VC]

Es posible, aunque resulta obviamente aventurado hacer apuestas concretas. Lo que sí se puede detectar es la tendencia a la permanencia de determinados elementos, frente a la volatilidad de otros. Si —como hemos visto— la autonomía sintáctica y la presencia en estructuras no específicamente comparativas es un signo de cristalización léxica de un término, podríamos advertir indicios en casos como éste:

más mala que la señorita Rothermeyer [antipática ama de llaves, personaje de la novela y serie televisiva de dibujos animados Heidi] [LPM]

Pues bien, he podido oír recientemente cómo una amiga, hablando de la canguro de una familia comentaba:

—Esa chica, ¿no es un poco señorita Rothermeyer?

El funcionamiento de una comparación

¿Cómo operan estas comparaciones populares (y, ciertamente, muchas de las tradicionales)?

Un elemento curioso de las expresiones con codas prototípicas es que funcionan aunque el receptor no conozca el término de la comparación. Supongamos que oímos las siguientes expresiones (inventadas):

más agudo que un flastrón *

más pesado que el Duque de Vega *

¿Qué contenido semántico transmiten estas expresiones? Creo que simplemente la intensificación: “muy agudo” y “muy pesado”. El fenómeno puede llegar al extremo de que existe un término especializado —(el) Carracuca— especializado en figurar en codas prototípicas de cualidades no definidas, si bien mayoritariamente despectivas. Para Seco, Andrés y Ramos (1999), “se usa como término de comparaciones con que se pondera una cualidad o una situación negativas”[20]. He aquí una serie de ejemplos de su uso ordenados cronológicamente:

CARRACUCA (MAS PERDIDO QUE):
fras. fam. prov.: la persona que está perdida y sin remedio ni esperanza de ningún género [Gaspar, 1853]].

más feo que Carracuca [1914, Felipe Trigo en CORDE]

más muerto que Carracuca [1925, Anónimo en CORDE]

peor que Carracuca [1927, Eugenio Noel en CORDE]

con más hambre que Carracuca [1959, Cela apud Seco, Andrés y Ramos, 1999]

más visto que Carracuca [1971, Max Aub en CORDE]

es más feo que el Carracuca [V]

más viejo que Carracuca [Moliner, y cuatro apariciones en CREA]

más listo que Carracuca [Moliner]

está más perdío que Carracuca [Glosario Aguileño]

Tiene más hambre (o miedo) que Carracuca [Sitiuco de Cantabria]

Ya en Autoridades figuraba “CARRACO, CA. adj. Viejo, achacoso, e impedido, que por la pesadez de la edad, o los achaques se mueve con dificultad”, con lo que creo que está claro el origen de la expresión y el sentido inicial.

Decíamos que el desconocimiento del término de la comparación no obsta para que el oyente extraiga el sentido básico. Sin embargo, para el que está sobre aviso, la frase

se ha quedado todo más tranquilo que la cafetería de Fama el día del examen [G]

une al contenido ponderativo una imagen humorística: Fama era una serie televisiva sobre una escuela de danza, que transcurría en gran parte en una cafetería abarrotada de gente.

Igual ocurría con las comparaciones tradicionales: no hace falta saber nada del personaje para entender:

más orgulloso que Don Rodrigo en la horca [S]

que equivale a un “muy orgulloso” acompañado de un rasgo expresivo.

Hay casos en los que al nombre del personaje se añade una coda explicativa, pero casi siempre su única función es la intensificación del efecto humorístico:

más guarra que la Tani, que se compró una casa redonda para no barrer las esquinas [LPM]

Por último, no se puede descartar la utilización de la estructura de coda prototípica para el fin contrario: no usar un término para asignar alguna de las cualidades de que es portador a otro, sino al revés. Véanse estas frases (inventadas):

Sobrio como un notario *

Preciso como un taxidermista *

El propósito de estas frases es, por una parte, intensificar el adjetivo (señalado en negrita), pero por otra puede ser asignar al término (en azul) las cualidades que aquél expresa.

Tipos de términos

El término de la comparación puede ser simple o complejo: un término puede ser simple aunque conste de varias palabras

Tiene menos curvas que una pista de aterrizaje [G]

Sin embargo, cuando aparecen modificadores o circunstancias hablaremos de término complejo:

Eres más inutil que una moto con puertas [L].

eres más difícil que hacerle un jersey a un pulpo [G]

Los términos complejos son básicamente de tres tipos, por una parte el que llamaremos intersección Ø:

perros clip_image001.gif (1546 bytes) objetos verdes

Más raro que un perro verde [L]

En este tipo el recurso es presentar una cualidad o circunstancia del término de la comparación que contradice alguna de sus constituyentes semánticos. Otros ejemplos: “más despistado que un pulpo en un garaje” [LPM], “te estiras menos que una goma de madera” [G]. Se encuentra también en otras lenguas, como en el siguiente ejemplo francés, más raro que un:

mouton à cinq pattes [D]

El segundo tipo es la inclusión: la cualidad o circunstancia del término refuerza el constituyente que se quiere resaltar:

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Más bajito que el Fary de rodillas [LPM]

En este caso, el artista el Fary, prototipo de baja estatura, se refuerza con otra circunstancia disminutoria. Otro caso:

Ójala te quedes más calvo que Mister Propper [sic] tras un holocausto nuclear [L].

El tercer tipo es la selección: para la comparación se señala una parte o una circunstancia concreta del término:

Más arrugado que sobaco de elefante [VC]

No, que no soy tan delicado como judío en viernes [Minsheu, 1599]

Recursos

En las comparaciones populares innovadoras se observa el recurso a la intensificación. Al extendido

Es más feo que pegar a un padre

se puede añadir otro elemento:

Es más feo que pegar a un padre con un calcetín sudao [LPM]

y aun otro:

Es más feo que pegar al padre con un calcetín sudao y pedirle la paga [L]

Un ejemplo del español de América:

Más malo que pegarle a su mamá (Venezolano) [VC]

Más malo que pegarle a la mamá y a la abuelita en la iglesia el Día de la Madre (Chileno) [VC]

Es muy frecuente ver utilizado otro recurso: la dilogía del término que se compara (acabamos de ver “feo” en sentido físico y en el moral). El juego con la dilogía es muy frecuente en las comparaciones populares:

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un bar con una camarera más maciza que las lentillas de la Dama de Elche [G]

Tiene usted la cara más dura que una pila de Duracel [G] [la cual, según su publicidad, “dura y dura…”]

mas simple que el mecanismo de un botijo [aplicado a una persona, LPM]

Este es un recurso que vemos activo desde hace mucho tiempo. Valga como ejemplo esta composición de Quevedo que está entre los límites de la creación literaria y la popular (aportada por Sbarbi, 1887):

Los diez años de mi vida
Los he vivido hacia atrás,
Con más grillos que el verano,
Cadenas que el Escurial […]

Y, evidentemente, como podemos ver por este último ejemplo, el encadenamiento de comparaciones produce un peculiar efecto estilístico. He aquí otro ejemplo:

Ella es más vieja que Metusalén, más arrugada que una pasa, más sucia que una mosca, más seca que un palo; diente y muela como por la mano; la boca, sumida como ojo de culo [Minsheu, 1599]

Los repertorios

Para concluir, diremos dos palabras sobre la organización de los repertorios de comparaciones. A falta de una edición digital, que dé acceso a todos los elementos [21], los repertorios impresos deben hacer uso de una ordenación principal e índices complementarios. Y en el caso de las comparaciones, ¿por qué ordenar?: ¿por la cualidad comparada, o por el término?

Sommer & Sommer (1991) es uno de los casos mejor resueltos. Las comparaciones están ordenadas por categorías temáticas (que se exponen en un tesauro inicial de 22 páginas), de cuyo cuidado pueden dar fe los siguientes ejemplos [22]:

ABANDONO

Véase también RECHAZO

ADULTERIO

Ver: MATRIMONIO

CARA(S)

Véase también: MEJILLAS, COLOR FACIAL, DETALLES FACIALES; EXPRESIONES FACIALES; […]

Dentro de cada categoría, las citas están ordenadas alfabéticamente por la primera letra de la frase. Hay que señalar que al estar agrupados temática (y no léxicamente), el elemento comparado no siempre aparece por la palabra que da nombre al tema; por ejemplo, bajo BRILLO está tanto:

Ojos brillantes como el fuego (Nadine Gordimer)

como

El rostro iluminado como una hoguera de alegría (Carl Sandburg)

Las citas llevan adjunto el nombre del autor, y no marcan de ningún modo ni lo comparado ni el término (las negritas de los ejemplos son nuestras).

Por último, la obra incluye casi 50 páginas de índice de autores que permiten rastrear las citas que pertenecen a cada escritor.

El Pedazo de diccionario… (Grijánder, 1997) opta por ordenar alfabéticamente por la cualidad o el objeto comparado, que además aparece subrayado:

Tienes peor carácter que el Pitufo Gruñón

Este ejemplo está alfabetizado, por tanto, en la C.

Una ventaja de esta obra es que en todos los casos la expresión lleva aneja la descripción del contexto (televisivo) en el que surgió la comparación:
“Era más larga que la infancia de Heidi” Lucas presenta el Telepeich. El Reportero Torpedo describe la limousine que traslada a Isabel Pantoja.

Varela y Kubarth (1994) (que es una recopilación de muchos tipos de unidades fraseológicas) ordenan acertadamente según palabras clave, con la siguiente jerarquía: nombres propios, sustantivos, adjetivos, participios concertados, etc. (:XII-XIII).

Por extraño que pueda parecer, lo más frecuente en recopilaciones de frases hechas (como la de Candón y Bonnet, 2000, que tiene también todo tipo de expresiones) es organizarlas sencillamente por la primera letra de la frase, artículos incluidos, aunque en este caso un índice final permite recuperar elementos del interior de las expresiones. Le Vieux Coq (2003) ordena también alfabéticamente, aunque el hecho de que esté en una página web permite buscar directamente cualquier palabra de nuestro interés; marca en color el término y a veces lo comparado; además, asigna a cada ejemplo el origen en una determinada área geográfica. Mezcladas con las comparaciones estrictas hay frecuentes refranes y frases hechas: “Más es el ruido que las nueces”.

Iribarren (1955), por último, no ordena de ninguna manera clara (aunque los útiles índices de Romera, 1993 eviten que el consultante de la obra se encuentre más perdido que “el arca de Indiana Jones” [G]).

Bibliografía
Fuentes
Autoridades (1739) [2001], Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana (edición facsímil en Real Academia Española, 2001)
Bernat Vistarini, Antonio y Cull, John T. (1999), Enciclopedia de emblemas españoles ilustrados, Madrid, Akal [reseña]
Caballero y Rubio, Ramón (1942) [1947]. Diccionario de modismos de la lengua castellana. Buenos Aires, Librería El Ateneo. 2d ed.
Candón, Margarita y Elena Bonnet (2000), A buen entendedor…Diccionario de frases hechas de la lengua castellana, Madrid, Del Taller de Mario Muchnik.
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[V] Varela, Fernando y Kubarth, Hugo (1994), Diccionario fraseológico del español moderno, Madrid, Gredos [reseña]
Bibliografía complementaria
Casares, Julio (1950), Introducción a la lexicografía moderna, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Millán, José Antonio (1999) “¡Y yo en la tuya! El insulto y el genio de las lenguas”, Revista de libros (Madrid), enero de 1999, y versión muy ampliada [por línea] .
Romera, José María (1993) [1994] “Estudio introductorio” e índices de Iribarren (1955).
Sáez del Álamo, Luis Ángel (1999), “Los cuantificadores: las construcciones comparativas y superlativas”, en Bosque y Demonte (dirs.), Gramática descriptiva de la lengua española, Madrid, Espasa Calpe [reseña], Vol 1, cap. 7.
[1] En 1990-1992 publiqué en el madrileño Diario 16 una serie de artículos de divulgación lingüística, llamada “Humeda cavidad” (he aquí dos de los artículos que aparecieron en ella: uno y otro). Tuve suerte de poder llevarla a cabo, porque la prensa española —a diferencia de la norteamericana, inglesa, francesa o italiana— no suele acoger secciones sobre cuestiones de lengua. La serie apareció recopilada en Húmeda cavidad, seguido de Rosas y puerros, Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1996.
Una de las pocas personas que me manifestó su pesar porque la serie desapareciera fue precisamente D. Manuel Seco. Para él va este intento de recuperar el espíritu y el placer de esa época.
[2] Como reconocen Sbarbi (1887), al dedicarles un estudio aparte; Iribarren (1955), asignándoles una sección independiente en su obra (tras la primera parte de “Dichos proverbiales y modismos de uso corriente” viene la segunda: “Comparaciones populares”), e incluso Lo peor de Internet (1999, 2001), reservándoles el apartado “Exageraciones” [sic]. Sin embargo, lo más normal es incluirlas sin distinción en repertorios generales de fraseología (así, Candón y Bonnet, 2000, o Varela y Kubarth, 1994).
[3] Dejaremos de lado las ponderativas con tan… que, aunque han generado los populares tantanes: “Era un niño tan, tan, tan feo que la madre en vez de darle el pecho le daba la espalda” (Con el pie derecho, 2001).
[4] Usaremos las siguientes siglas para aligerar la referencia a la fuente de las comparaciones: D: Duneton y Claval; G: Grijánder; GI: Girard; I: Iribarren; L: Lopeor; LPM: Luque, Pamies y Manjón; S: Sbarbi; S&S: Sommer & Sommer; V: Varela y Kubarth; VC: Le Vieux Coq. Los diccionarios se recogen por su abreviación habitual: DRAE, Moliner….
[5] Marcamos de negrita la cualidad comparada, de cursiva el término de la comparación y de VERSALITAS las partículas comparativas.
[6] “Hacerse el zorro. Aparentar ignorancia ó distraccion” [S].
[7] De ellos los más abundantes son los animales (Girard, 1989).
[8] Algunos animales proceden también de las Escrituras: “Como cordero al matadero” [GI].
[9] Las hemos espigado a través de la edición en CD-ROM (Moliner, 1999], buscando las respectivas palabras de mayúscula y activando en los filtros “distinción de mayúsculas” (las frases hechas o modismos aparecen marcadas tipográficamente con versal y versalita en esta obra). Sin embargo, y por error del programa, no se detectan los COMO, MÁS, … con inicial versal, que sin duda elevarían algo la cuenta (por ejemplo, no se detecta MÁS BLANDO QUE UNA BREVA, s.v. breva). Tampoco se puede hacer la búsqueda con comodines ?ÁS, que produce erróneamente el mensaje: “Palabra o expresión no encontrada”.
[10] Según la edición electrónica (Millán y Millán, 1995), buscando las respectivas palabras con la “Búsqueda de formas complejas” y luego seleccionándolas manualmente.
[11] Traducción nuestra.
[12] De hecho, su libro es la continuación de otra recopilación (que no he podido consultar): As One Mad With Wine.
[13] Tal vez habría llegado el momento de retomar el estudio de la creación verbal popular, liberándolos de los intereses de los folkloristas y paremiólogos de antaño, de muchos recopiladores vacuos de hoy, y relacionándolos con el estudio de la llamada “cultura popular”.
[14] Véase sobre el tema Millán (1999). Para una recopilación (aunque de confección muy descuidada), Luque, Pamies y Manjón (2000).
[15] Un ejemplo de recopilación temática en Lo peor (2001).
[16] Tienen la forma de un juramento religioso, pero su segundo elemento es no sólo laico, sino trivial: un personaje de cómic, un programa de televisión o una marca comercial: “Te lo juro por Los mundos de Yupi” [G].
[17] Unos 700 recoge Torrente 2 (2001)
[18] Más de un centenar (entre tradicionales y nuevas) reúne Luque (2000); unas 800 recoge Grijánder (1977) y más de 1.100 Lo peor (2001).
[19] Prólogo a Grijánder, 1997, pág. 6, o más bien: “Peazo de Prólogo (por la gloria de Pit Sampras)”.
[20] La primera caracterización lexicográfica es de 1918: “Personaje ideológico del vulgo, y al que se aplican varias frases despectivas para parangonarlo con alguna persona” [Rodríguez Navas]. Creo que yerran Varela y Kubarth (1994) al no indicar el carácter despectivo (su único ejemplo, feo, lo es): “Que posee en grado superlativo la cualidad expresada por el adjetivo”. Aunque ausente de la primera edición del Moliner, sí está en la segunda (1998): “Se usa en expresiones comparativas informales que ponderan el alto grado en que es aplicable a alguien una calificación despectiva”. Sin embargo el último de sus ejemplos no lo es: más listo…
[21] … Al menos teóricamente: hay muchas ediciones digitales que por alguna razón incomprensible niegan el acceso a elementos que sin embargo están técnicamente disponibles.
[22] Todos en traducción nuestra.
Creada el 7 de marzo del 2003

Written by Marisol García

July 25, 2009 at 11:18 pm

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