Estilo y Narración II

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literatura para periodistas

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Por Mario Castillo Hilario*

El periodismo y la literatura aún tienen relaciones controvertidas. Se dice que el primero es la deformación de la segunda y viceversa. Cuando una información periodística está redactada con creatividad se la acusa de literaria, subjetiva, complicada y poco eficaz para la comunicación; y cuando una novela está escrita de manera sencilla, sin las sofisticadas técnicas y figuras literarias, y refleja un hecho con realismo, se la acusa de periodística, de no poseer valor estético.

Existe todavía un empeño por señalar las diferencias entre periodismo y literatura, entre lenguaje periodístico y lenguaje literario, cuando, en realidad, lo que resulta más útil, más actual, es apuntar lo que ambos tienen en común.

Antecedentes
La historia del periodismo y la literatura nos demuestra que entre ambos ha existido y existe una mutua influencia. El hecho de que muchos escritores han devenido en periodistas; periodistas, en escritores; o en periodistas y escritores a la vez, constituye un buen ejemplo. Para no pocos literatos, el periodismo ha sido un taller que los preparó en la disciplina, la rapidez y el manejo del lenguaje, y ha sido también una inagotable fuente de historias. Y en el caso de los hombres de prensa, ha ocurrido algo similar. La literatura siempre los ha salvado a la hora de contar hechos, inclusive cuando éstos eran periodísticamente intrascendentes (recuerde esas crónicas cuyo único valor radica en la forma cómo están contadas).

En muchos casos, la frontera entre periodismo y literatura se ha presentado confusa, oscura, inintelegible. Se pueden leer novelas que cuentan hechos periodísticos y escritas con lenguaje sencillo, tanto como reportajes y crónicas bien escritas, verdaderas joyas literarias. La historia tiene para probar lo afirmado “Decameron” de Boccaccio, “A distant Mirror” de Bárbara Tuchman y “Nicholas Nickleby” de Charles Dickens. Podemos continuar con relatos de Daniel Defoe, Balzac, Proust, Ernest Hemingway, Josep Pla, Mariano José de Larra, John Reed, y otros.

“Diez días que estremecieron al mundo” del norteamericano John Reed, por ejemplo, es periodística y literariamente admirable. El autor de “México en armas” refleja un trozo de la historia, exactamente los primeros días de la Revolución Rusa de 1917, pero no se queda en la pura acumulación de hechos periodísticamente importantes, sino que los cuenta y los interpreta vívida e intensamente.

Otro ejemplo de lo difícil que puede ser marcar los límites del periodismo frente a la literatura es el Nuevo Periodismo norteamericano que, según Tom Wolfe, uno de sus ilustres representantes, “consistía en ofrecer una descripción objetiva, completa, más algo que los lectores siempre tenían que buscar en las novelas o en los relatos cortos: la vida subjetiva o emocional de los personajes”. Y como muestra está “A sangre fría” de Truman Capote. Esta novela, que es a la vez un gran reportaje, cuenta las causas, consecuencias, circunstancias y procedimientos de cuatro asesinatos ocurridos en Holcomb, un pequeño pueblo de Kansas, en 1959. El mérito del novelista-periodista está en que no sólo reflejó la realidad tal cual, sino, además, en que usó las técnicas periodísticas.

América Latina también tuvo grandes escritores que al mismo tiempo destacaron como periodistas: José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, Rubén Darío, Miguel Angel Asturias, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, Octavio Paz, Julio Cortázar. De todos ellos el autor de “Relato de un náufrago” es el más conocido por sus geniales crónicas y reportajes.

Periodismo-literatura
Hace algunos años, Tomás Eloy Martínez, prestigiado escritor y periodista argentino, se preguntó en una conferencia: “Con qué palabras narrar, por ejemplo, la desesperación de una madre a la que todos han visto llorar en vivo delante de cámaras? ¿Cómo seducir, usando un arma tan insuficiente como el lenguaje, a personas que han experimentado con la vista y con el oído todas las complejidades de un hecho real?” Y enseguida, él mismo se respondió: “Ese duelo entre la inteligencia y los sentidos ha sido resuelto hace varios siglos por las novelas”.1

La respuesta del autor de “Santa Evita” revela la conclusión que puede extraerse de la relación periodismo- literatura. El periodismo debe aprovechar de la literatura (como lo ha hecho) recursos, técnicas para narrar hechos noticiosos .Y la literatura debe hacer lo mismo, como que también ha venido haciéndolo. Este mutuo enriquecimiento, ahora más que nunca, es una necesidad para el periodismo impreso. Como se ha dicho tantas veces, una de las características de la sociedad actual es el predominio de lo audiovisual, de la cultura de la imagen; de modo que una de las formas que tiene la prensa escrita para afrontar esta realidad es la narración.

Entre la narración literaria y la narración periodística sólo cambian la veracidad de las historias y los objetivos. Mientras que el periodismo tiene la obligación de contar hechos reales solamente, la literatura generalmente cuenta hechos ficticios; y mientras el periodismo tiene como objetivo la comunicación; la literatura, la estética.

Técnicas
“Shireen Basha tiene unos ojos grandes y vivos, pero algunas veces su mirada dulce parece convertirse en fuego. Con tan sólo once años, Shireen ha vivido de cerca el sufrimiento de los suyos, demasiado cerca para una niña que quiere estudiar, y ser maestra de otros niños como ella. Su hermano, Ahmed, tiene 26 años, y lleva seis postrado en una estrecha cama, en la penumbra de una habitación desnuda y húmeda, cuyo único mueble es un vetusto aparato de televisión que Ahmed apenas puede ver. Ahmed está paralizado. Sus esqueléticas piernas no pueden mover su joven y llagado cuerpo. Me cuentan sus familiares que Ahmed recibió dos tiros de un soldado israelí. El militrar le ordenó acercarse, Ahmed no oyó ni pudo decir nada; nació sordomudo. Dos disparos a bocajarro le dejaron tendido en el suelo por varias horas, y en una cama por el resto de su vida. Shireen y Ahmed viven en el campo de refugiados palestinos de Al-Amari, no muy lejos de la localidad cisjordana de Ramallah, y testigo de numerosos enfrentamientos entre palestinos y el ejército israelí.”2

Este es el primer párrafo de una crónica sobre las otras víctimas de la guerra entre israelíes y palestinos . Y como se habrá leído, el autor, Alberto Letona, ha recurrido a una técnica frecuentemente utilizada por los periodistas, que consiste en contar un problema social, un hecho periodístico, a partir de la experiencia individual, un poco siguiendo lo que Hegel primero y después Borges escribieron: la suerte de un hombre resume, en ciertos momentos esenciales, la suerte de todos los hombres. Para que la crónica citada tenga unidad y coherencia, el periodista colombiano recurrió a lo que la literatura ha descubierto a fin de armonizar personajes, escenarios y acciones.

“Boris Vallejo. El cholo que migró a los Estados Unidos. Solamente era un muchachón talentoso. Veinte años. Llevaba cincuenta dólares en el bolsillo. Es ahora un hombre casi mitológico. Lo respetan hasta la reverencia los militantes irreverentes de la Generación X gringa. Las delirantes ilustraciones de Boris se encuentran en almanaques. Todos los años. También en las portadas magnéticas de muy malas novelas. “Se venden muy bien y te aseguro que se deben a mis carátulas. Los coleccionan, for heaven’s sake”. Embrujan los afiches de las películas más increíbles. “Elia Kazan me llamó a Hollywood. Jane Fonda fue mi modelo para Barbarella. Steven Spielberg me pagó lo que pedí. ¡Shit! Brother, ni digas cuánto. Te creería un maniaco con delirios de grandeza.¿Qué? Que ya te creen un maniaco con delirios de persecución. Bueno: Fueron seis ceros!”. En Internet. “Tú estás pelado y yo tengo la melena completamente blanca. Estoy ahí, con una gran sonrisa de mongo y una espada sin filo en la mano. Bien loquibambio, ¡my goodness, say!. Hay doscientas setenta ilustraciones de Boris en una site de Internet. Hay una serie de tarjetas postales. Hay las mujeres más maravillosas del mundo. Hay los monstruos más espantosos que brotan del fango de sus pesadillas. “Todavía me despierto empapado de sudor, you know”.3

Este párrafo es el primero de una crónica de Christian Vallejo. El periodista peruano usó un recurso que el periodismo ha tomado de la literatura y que lo ha desarrollado bastante bien.

Contar con oraciones cortas facilita la lectura y la comprensión. Ernest Hemingway lo entendió cabalmente: “emplee frases cortas”, recomendaba. Sin duda, las oraciones largas que contienen varias ideas no ayudan cuando se quiere comunicar con eficacia. “El lector se atraganta si se le obliga a captar varios pensamientos a la vez”4. Se sabe que de una oración de más de 30 palabras el lector sólo comprende el 33% de su contenido, mientras que de una de 20 palabras, el 90%. Es por ello que los periodistas hemos sacrificado algunos signos de puntuación y privilegiado otros, como se nota en el ejemplo citado. “La necesidad imperiosa de decir la mayor cantidad de cosas en un mínimo de espacio, hace que el punto y seguido se convierta en el monarca de la puntuación. Una idea completa entre punto y punto, por corta que sea, expresa todo lo que hay que expresar”.5

Así como los ejemplos señalados, podemos encontrar más: sobre los puntos de vista, las mudas de tiempo y de espacio, etcétera. Pero no solamente muestras literarias en relatos periodísticos, sino también técnicas periodísticas en textos literarios. Por consiguiente, antes que entretenernos en precisar diferencias, habría que resaltar coincidencias, fundamentales para el aprendizaje y la enseñanza de la redacción periodística.

Literatura como materia
Es frecuente escuchar de importantes periodistas ácidas críticas a los jóvenes egresados de las facultades y escuelas de periodismo. “La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía y dificultades para la comprensión reflexiva de textos”,6 afirmó Gabriel García Márquez.

Por su parte, Tomás Eloy Martínez ha sido menos severo, pero igualmente revelador. “Casi todos los periodistas están mejor formados que antes, pero tienen -habría que averiguar por qué- menos pasión: conocen mejor a los teóricos de la comunicación pero leen mucho menos a los grandes novelistas de su época”.7

Lamentablemente, en todas las críticas como las que hemos recordado hay una gran verdad: los jóvenes que recién terminan la escuela o la universidad no escriben bien ¿Por qué? La respuesta dejémosla para el final; veamos primero cómo aprendieron los que sí saben.

Escribir no es fácil: hay que superar etapas con disciplina y esfuerzo. Un conocido escritor del Boom decía “antes de ser un buen escritor hay que ser un buen lector”. Más certero no pudo haber sido, porque nadie que se sepa ha saltado la primera etapa. Lectura y escritura se presentan como dos fases sucesivas. García Márquez, en el primer capítulo de “Vivir para contarlo”, escribió: “acababa de abandonar la facultad de derecho al cabo de seis semestres dedicados por completo a leer y recitar de memoria la poesía irrepetible del Siglo de Oro español. Había leído ya, traducidas y en ediciones prestadas, todos los libros que me habrían bastado para aprender la técnica de novelar(…) iba a cumplir veintitrés el mes siguiente”.

Si revisamos la biografía de cada uno de los periodistas que han destacado escribiendo relatos periodísticos, no necesariamente de los que acabaron haciéndose escritores, nos encontraremos con que todos han tenido y tienen especial preferencia por la literatura.

Todo lo señalado debería motivar una revisión de los planes de estudio de las escuelas y las facultades de periodismo, o como se llamen. Se podría empezar incorporando un curso de literatura para estudiantes de periodismo o algo parecido, donde la literatura no sea un fin en sí mismo sino un medio para lograr la buena redacción. Precisemos mejor esta propuesta.

En primer lugar, la asignatura de literatura no debería tener como objetivo la formación de escritores ni conocedores de las teorías literarias ni expertos en historia de la literatura; porque sería imposible cumplir en dos o tres horas semanales durante uno o dos semestres y porque nadie va a una escuela o facultad de periodismo para hacerse escritor. Entonces, debería tener como objetivo formar periodistas que sepan escribir y nada más.

En segundo lugar, el objetivo propuesto se alcanzará sólo si se desarrolla en los estudiantes competencias para narrar hechos periodísticos ¿Y cómo desarrollarlas? Como lo ha hecho todos los que aprendieron a escribir: leyendo, imitando y creando, en ese orden. Por lo tanto, el contenido de la materia debería adaptarse. Abarcar desde Homero hasta los jóvenes promesas del Crack o los irreverentes seguidores de Bukovski, pasando por los clásicos de la Edad Media o del Boom, sería inútil, absolutamente improductivo. Determinado número de novelas y cuentos que les permitan a los alumnos rescatar técnicas narrativas indispensables para la redacción periodística sería suficiente. Y antes que estudiar las corrientes o movimientos, la producción de un escritor o la biografía del mismo, deberían concentrarse en la lectura y la narración con las técnicas aprendidas.

_____Notas:

1 “Periodismo y narración: desafíos para el siglo XXI”. Tomás Eloy Martínez. (Conferencia pronunciada ante la Asamblea de la SIP el 26 de octubre de 1997 en Guadalajara México”.2. “Tierranon sancta” . Alberto Letona. Crónica publicada en el No 13 de la revista Gatopardo. Colombia 2001.3. “Alias Boris Vallejo” .Christian Vallejo. Crónica publicada en el diario La República el 5 de julio de 1998″4. “El estilo periodístico”. (AA.VV.) 1988. Universidad Católica de Chile. Pág. 73.5. Ibidem.Pág. 86.6. “El mayor oficio del mundo”. Gabriel García Márquez. Diario El País. 20 de octubre de 1996.7. Ob. cit. Tomás Eloy Martínez.
* Mario Castillo Hilario es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Exdirector del semanario Página 20 y actual profesor de la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión del Perú. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.

Written by Marisol García

July 25, 2009 at 10:59 pm

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