Estilo y Narración II

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chilenos feos, argentinos rudos

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Por Jorge Letelier y Jorge Morales / Mabuse – mayo 2006.

En la pasada polémica sobre la crítica de Eduardo “Quintín” Antín a La sagrada familia en una de sus crónicas de cobertura del BAFICI en la revista web TP: Trabajos prácticos (“Del chileno feo a la japonesa linda. Nastase, la estrella del día”), tuvimos un curioso e inesperado papel. El afamado crítico argentino (ex director de El Amante y el BAFICI) nos señaló como los responsables de haberlo “ensartado” con la ópera prima de Sebastián Campos. Quintín había leído en Mabuse los elogios a La sagrada familia (LSF) y por la confianza –según dice en la nota- que le merecía nuestro medio, fue a ver la cinta. Como ya se sabe, a Quintín no le gustó nada LSF y en menos de cinco líneas la hizo pedazos, despreciándola como película y a Campos como director. Aunque a la hora de enjuiciar, Quintín se caracteriza por ser despiadado y pontificar (de ahora en adelante para él no hay nada que discutir sobre LSF, es una mierda y punto), lo que pareció más insultante para Campos –que menospreció e ironizó sobre los pergaminos del argentino cayendo en la misma actitud destemplada de nuestros viejos cineastas- fue que, en estricto rigor, Quintín no hizo una crítica formal de LSF. En realidad, eso no es del todo cierto. Quintín hizo una crítica corta, apurada, inmediata, adrenalínica, muy de cobertura de festival, pero crítica al fin. Con más palabras es seguro que Quintín repetiría exactamente los mismos juicios, sólo explicaría con más claridad cada uno de los conceptos que vertió en el primer texto, pero la sentencia final sería igualmente devastadora.

Nuestro compañero Gonzalo Maza en Analízame dice que Quintín “quizás conozca al primer Ruiz, pero no está muy al tanto de Sergio Bravo o Pedro Chaskel o Patricio Kaulen. No es su culpa, me imagino. Muchos chilenos y críticos de cine chilenos no están muy al tanto de Sergio Bravo o Pedro Chaskel o Patricio Kaulen. Directa o indirectamente, LSF es tributaria de ese cine”. Es probable, pero tampoco importa. Algunas de las películas que vemos muchas veces las criticamos sin conocer demasiado el contexto en que fueron realizadas o el pasado cinematográfico del país que provienen. Cada película tiene una historia, una deuda, una patente, una inspiración que nos puede resultar totalmente desconocida, y sin embargo, podemos llegar a amarla u odiarla como obra única, indocumentada, en el aquí y ahora. Más aún, podemos construir un imaginario personal a partir de esa realidad lejana.

Lo que hay que entender es que la trascendencia de LSF no es tema para Quintín, es un tema nuestro. A nosotros nos importa el debut de Campos, a nosotros nos interesa el papel que ocupará en nuestra historia y qué pueda pasar con el cine chileno después de esta película. Quintín vio LSF como vio cualquier otro filme del festival y escribió lo que consideró pertinente en vista de que no le encontró mérito alguno. Estamos convencidos que es mejor que haya una crítica negativa por el que –se quiera o no- es el máximo referente de la crítica en Argentina (y si nos apuran hasta de la crítica de habla hispana) a que en su paso por BAFICI LSF le provocara indiferencia. De hecho, nos agrada que Quintín nos haya hecho caso y haya ido a ver la película en un festival que tiene más de 400 cintas donde perfectamente pudo haberla dejado pasar.

Por otro lado, la artificiosa polémica con que Las Últimas Noticias etiquetó las palabras de Quintín, estimulando un ambiente confrontacional con Campos (que según reveló el propio director en su blog se originó en un comunicado de prensa de la Universidad Alberto Hurtado que ocupó el ‘entuerto’ para promocionar su diplomado de cine en vista de que Quintín y Campos harían sendas charlas en el mismo), mostró una vez más la clásica costumbre chilena de esperar la sentencia extranjera para validar la juicio nacional, y mirar sólo el conflicto en su pequeñez y no en sus dimensiones más estimulantes de debate (curiosamente la promoción del “escándalo” nació en el mismo espacio –la Universidad- que debería cautelar e incentivar ese diálogo). Ascanio Cavallo en su comentario de la revista El Sábado de El Mercurio, había manifestado de manera mucho más clara y con más elementos su desconfianza a los méritos de LSF, pero ningún medio recogió esa postura disidente ni tampoco la molestia escrita a Cavallo por Carlos Flores (director de la Escuela de Cine donde estudió Campos), que defendió a LSF, eso sí, con más con pasión y fanatismo que con el rigor que dan sus años de experiencia como cineasta o profesor. Pero bastó que en un párrafo Quintín la pulverizara, para que rápidamente aguzáramos las tintas.

Para los seguidores de Quintín (que no son pocos en Chile), su opinión puede romper el monolítico bloque creado por la prensa en torno a las virtudes de LSF. Pero honestamente sería hasta un reto que a partir de la bravuconada conceptualmente mal elaborada de Quintín, empezáramos a diseccionar estéticamente la cinta de Campos.

Si bien El Amante, la revista de cine fundada por Quintín, no fue un modelo para Mabuse, fue una inspiración. Nos inspiraba la pasión, libertad y análisis de sus textos. Pero nos separaba (y nos sigue separando) esos incendiarios ataques a otros críticos o medios que tuvieran opiniones distintas a las de ellos porque no creemos que el camino de construcción y solidificación de un espacio pase por la burla y destrucción del resto, y El Amante tenía suficientes méritos y aciertos para perder el tiempo “corrigiendo” el camino de los demás, por muy ignorantes e idiotas que estos les parecieran a Quintín y Cía. Pese a esas diferencias, y a la arrogancia y soberbia de algunos de sus críticos, siempre la hemos considerado una revista muy valiosa como a Quintín, un paradigma de la crítica latinoamericana. Por lo que lamentamos el alejamiento de Quintín de El Amante, así como –en nuestras mismas páginas- alegamos por su abrupta salida del BAFICI, nos alegramos con su regreso en TP y nos sentimos gratificados de haber contado con su confianza. Sin embargo, y aunque perdamos la poca fe que le quede por nosotros, queremos reiterar que no podemos estar más en desacuerdo con él sobre LSF.

Sin duda que las películas cambian desde el lugar en que se las mire. Y quizás estamos demasiado obnubilados con la cinta de Campos (o quizás es el ejercicio inverso: demasiado decepcionados del resto de nuestro cine) que nos cuesta ver sus defectos, y que un alegato menor y rústico como el de Quintín despierta pasiones. No vamos a recapitular ahora todos los aciertos que tiene LSF ni a repetir porqué confiamos en lo que pueda hacer Campos. Pero aún así, y pese a que no todos en Mabuse tenemos la misma opinión ni pasión por la película, la mayoría pensamos que aunque LSF no sea una obra maestra ni capital, es la película que necesitábamos para que se remezca el ambiente, para que todo el polvo acumulado de tanta comedia picaresca comercial que nos consumió un cuarto de siglo, desaparezca para siempre. LSF abrió el apetito, enfrentó a los críticos, generó polémicas (serias y ridículas), hizo mucho ruido como lo hacen las películas que tienen algo que decir (porque arriesgan a costa de perder), y lo más importante, nos hizo hablar de cine. LSF tiene actitud. Es cine urgente, rudo, maltrecho e incorrecto. Pero es puro cine. Cine de “chileno feo”.

Written by Marisol García

July 28, 2009 at 9:07 pm

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