Estilo y Narración II

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El tema choroyes

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Por Leonardo Sanhueza / Las Últimas Noticias

El uso de la palabra “tema” es algo que poco a poco se está volviendo invivible. Hasta hace no mucho el vocablo significaba para todos lo que significó desde siempre, pero de un momento a otro se derramó como un comodín lingüístico. No sé cuántas veces he escuchado expresiones del tipo “es que el tema no es ése” o “eso ya no es tema para mí”: frases en que “tema” puede estar significando “cosa”, “problema”, “asunto”, “objetivo”, “clave”, “punto”, “meollo”, “clímax”, “ítem”, etcétera: todo, salvo “tema”.

El otro día un modisto señalaba la importancia del “tema corbata” y un locutor de radio contaba un chiste picante acerca de un hombre al cual el “tema” ya no le funcionaba como en la juventud. El último y más extravagante significado que se le ha asignado a la palabra es “matrimonio”: el sujeto televisivo al que apodan el Peluche, tras un quiebre conyugal que ha tenido más fanfarrias que un casamiento, declaró haber pensado que “el tema iba para toda la vida”.

De cuando en cuando surgen modas, torceduras de la lengua o francas aberraciones que terminan afirmándose o diluyéndose, pues así funcionan y se mantienen vivos los idiomas, pero la metamorfosis de “tema” tiene una peculiaridad extralingüística, casi sociológica: mientras más seria se pretende la conversación, más veces se la usa. Para darse cuenta de ello basta escuchar unos minutos, o unos segundos, o el lapso que dé la paciencia, a Fernando Paulsen. Dice “tema” con la misma frecuencia con que un grillo dice “crí-crí”. Un grillo puede sonar hasta bonito en la noche de los solitarios con su monocorde (y monotemático) lamento, pero un periodista serio, que habla del acuerdo de Kioto o de los vericuetos de Fondo Monetario Internacional como quien se refiere a una partida de cacho entre sus amigos, hace esperar de él un repertorio más amplio y adecuado a las necesidades de expresión.

La palabra “tema” solía ser sólida, de acero etimológico, pero se ha vuelto siútica y vulgar, tanto como el spanglish. Para decir “tema” se usa el mismo aire, el mismo impulso sicológico, que para decir “más menos”. Son remilgos arribistas del lenguaje, papas calientes en el habla, imposturas rascas, fuleras, pretenciosas. Son una marca de quienes sienten indiferencia por los mecanismos de la lengua y son despectivos hacia las palabras porque creen tener ideas u opiniones o vivencias tan contundentes que están por sobre todo lo demás.

Antes se decía “cada loco con su tema” para significar la diversidad de discursos humanos y para ponderar las excentricidades en un todo abigarrado. Esa diversidad ya no existe o es mal vista. No se celebra la identidad individual, sino la monodia colectiva o, a lo sumo, un canon de choroyes con el disco rayado. Lo que se lleva es ser parecidos, iguales, uniformes en la choreza, como los adolescentes que, en la exacerbación de su jerga o de sus rebeldías en la indumentaria, tratan de ser distintos pero sólo consiguen ser una masa compacta, grisácea y onomatopéyica.

Written by Marisol García

July 28, 2009 at 8:23 pm

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