Estilo y Narración II

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Periodismo y verborrea

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Es fácil concluir que hay apatía y sentirse por encima del vulgo, criticarlo todo sin mojarse el poto, pero los comentarios indican lo contrario, que hay interés, pasión y ganas de participar.

Por Alejandro Kirk / La Nación – Chile

Fin de año es época de balances. Para un periodista opinar es arriesgado y con frecuencia ilegítimo. La trampa de pontificar está siempre tendida: ¿en qué momento sale la bilis y olvida uno de que el periodismo, incluso el de opinión, tiene sus reglas? ¿Cuándo y cómo se pone uno encima de los demás? ¿Y con qué méritos?

Por eso estoy agradecido de que La Nación haya incorporado en su página web el derecho de los lectores a opinar. Hay ahora quien le baje el moño a uno, lo ponga de vuelta sobre la tierra, y hasta le aseste una calificación, a menudo brutal.

Hasta hace un año, fui siempre reportero. O sea, me he ocupado de cubrir temas y procurar todos los datos relevantes, exponer el contexto y representar lo más honestamente posible la diversidad. Aunque la objetividad es utópica, un aspecto casi religioso de este oficio es -o debería ser- que el reportero no meta su opinión de contrabando, y que escriba con independencia. Esta meta se consigue generalmente con precisión, sin adjetivos y ahorrando palabras.

Pero para llegar hasta ahí es imprescindible tener una opinión propia, enfrentar los temas desde una perspectiva informada, estudiar las cifras, tener un cierto rigor científico, tratar de desmentir aquello de que la cultura de los periodistas es un extenso océano con apenas quince centímetros de profundidad.

De otro modo, se reproduce el triste espectáculo -cotidiano hoy en el periodismo mundial- de reporteros que no parecen capaces de enfrentar a personeros necios. En esto, como en opinar de manera provocativa, hay siempre un miedo justificado a las represalias, a perder la pega, o a no encontrarla. Muchos colegas reducen su misión a propagar lo que dicen “las fuentes”, que son casi siempre las mismas personas.

Una columna de opinión no exime del rigor. Al contrario. Opinar es levantar un tema o un ángulo poco conocido, exponer un punto de vista alternativo, o provocativo, enlazar temas sin estridencias. Un maestro en esto es mi compañero de página, Antonio de la Fuente.

En cambio, yo en octubre escribí una columna intimista sobre el Ché Guevara, los revolucionarios arrepentidos, el consumismo; una mezcolanza confusa que no iba al grano, y que fue oportunamente detectada. Nelson, de Valparaíso, fue implacable: “parece que no solamente el Ché Guevara hablaba tonteras”.

La semana pasada, cuando confesé que no voto ni quiero que me obliguen a hacerlo, hubo toda clase de comentarios, la mayoría llenos de sensatez y responsabilidad. Cuando hace un tiempo critiqué los noticiarios de televisión, me sorprendió la avalancha de descontento que existe sobre este medio.

Es fácil concluir que domina la apatía y sentirse -como espetaron varios- por encima del vulgo, criticarlo todo sin mojarse el potito, pero los comentarios indican lo contrario, que existe interés, pasión y ganas de participar. Lo que falta, entonces, es más espacio. Yo sólo puedo agradecer y desear a todos un feliz y comprometido 2008.

Written by Marisol García

July 28, 2009 at 8:07 pm

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