Estilo y Narración II

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Spinetta y la iglesia del rock

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Por Federico Monjeau / diario Clarín

Salvo raras excepciones, entre ellas mi colega Pablo Schanton, la crítica de rock forma con su objeto una especie de iglesia o cofradía. Es notable comprobar hasta qué punto esa crítica eterniza un rasgo infantil propio del género. No es que la crítica de música clásica esté mucho mejor posicionada: los críticos de conciertos nos enfrentamos casi a diario al problema que supone comentar un hecho comúnmente rutinario, además de doblemente efímero (porque ya ocurrió y porque la música es efímera en sí misma). El crítico debería poder inscribir ese hecho en una trama cultural más amplia; pero esto no siempre es fácil de hacer, y es así como prolifera nuestro extraordinario reservorio de frases hechas y adjetivaciones sin medida.

La crítica de rock por lo general desperdicia la posibilidad de reflexión sobre una fascinante materia en combustión, que cuenta con una movilidad propia del teatro o del cine y que interviene decisivamente en la imaginación de las personas. Y no lo hace porque el sistema del rock expulsa la crítica (también aquí hay excepciones, entre ellas Fito Páez, rara avis librepensadora en la comunidad del rock). Sólo en estos términos pueden comprenderse las diatribas lanzadas sobre un crítico laico por uno de los grandes líderes de la iglesia, Luis Alberto Spinetta, en la patética conferencia de prensa del jueves; la violencia de inspiración escatológica como único recurso discursivo frente a una crítica de su nuevo disco publicada el día anterior, una crítica que ni siquiera era adversa, sino que estaba realizada fuera de los términos lingüísticos y emocionales de la iglesia.

Es todavía más patético que un crítico-fiel, que no duda en calificar la aparición de ese disco como “uno de los acontecimientos culturales del año”, se apresure a precisar a los lectores de Página 12 la identidad del crítico agraviado —a quien Spinetta no nombró directamente— y que reproduzca al detalle los insultos, terminando de poner el objetivo en la mira y empleando la primitiva artillera de Spinetta para dirimir algún tipo de competencia profesional. No otro puede ser el motivo de la reproducción de estúpidas obscenidades o banalidades como “no se puede escribir cinco minutos y hacer mierda un trabajo de meses”.

Un artículo de un diario no puede escribirse en meses, aunque el tiempo de una crítica puede ser el tiempo de una vida. Nadie le pide racionalidad al autor de Silver Sorgo. Lo que interesa aquí no es el nivel argumentativo de un artista, sino lo que el patético episodio celebrado por sus fieles revela sobre el estado de la crítica de rock en la Argentina; sobre una tradición de revista Pelo, endogámica y provinciana en la que afortunadamente Schanton no se inscribe.

Written by Marisol García

July 28, 2009 at 8:24 pm

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