Estilo y Narración II

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se habla spanglish

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Es la era del 10% off, las sales y el triple pack. El spanglish reina en los letreros.El inglés eleva estatus y salpica el idioma nativo, reemplazando palabras y conjugando verbos nuevos.A la hegemonía de la ciencia y la tecnología hay que sumarle la hegemonía de la publicidad anglófila. Opinan (y se lamentan) los expertos.

Por Óscar Contardo / junio de 2006 (Artes y Letras – El Mercurio)

Un día cualquiera en la mañana en determinado centro comercial el ambiente se siente rubio, o más bien rubia. Por un asunto de caridad cristiana y debido a que nadie está libre, se evitará dar el nombre del sitio (de hecho en adelante se evitarán todos los nombres comerciales). Se dirá sólo lo justo. Por ejemplo, que el lugar está más cerca de la cordillera blanqueada por las últimas nevazones que del esmog que cubre allá abajo al resto de los capitalinos. El ambiente también se siente anglo, aunque no británico, sino más bien mediterráneo,una fantasía de dátiles y un dejo del aletargamiento caribeño, habría que agregar. Tal vez tropical, indeed.

Britney language
Las palmeras y los tonos pastel lo ponen a medio camino entre California y Florida, el estado, no la comuna. Porque acá, más que el idioma de Shakespeare, lo que se ve es el idioma de Britney o de las “Rubias de Bergford” (Ed. Vergara). Nada de “liquidaciones”, “rebajas” o “baratas”. Ninguna castiza palabra de más de dos sílabas que frene la posibilidad de entrenarse en un idioma ultramarino, de vocales más suaves y consonantes menos duras. “Seil no sale”, le dice la nana al niño que junta letras de las vitrinas. Educar es educar y no es lo mismo un verbo en imperativo que un sustantivo extranjero.

El recorrido está salpicado de frases cortas, fórmulas fáciles que vinculan la compra a la promesa de una satisfacción de ahorro (10 % off! En el caso de la tienda del diseñador dominicano) o de un mejor futuro (Dress to live, en el caso de la marca de pantalones caqui). Es invierno, feel the winter fashion! (anuncia una modelo con cara de frío). No es que el centro comercial descrito sea un enclave con aspiraciones bilingües. La ambición spanglish se esparce de mar a cordillera, como la moda o las bacterias.

Kilómetros más abajo y más al sur, siguiendo la línea de la cordillera, cambian los tonos capilares pero no las frases en inglés, que como islotes salpican letreros y vitrinas. A veces son archipiélagos. Let’s go militar rocking! interpela una vidriera de ropa juvenil, invitando a arriesgarse con una tenida de camuflaje ideal para sábado en la noche, según se desprende del adorno de lentejuelas. La tienda de música clasifica las tendencias en category. Hay un estante para black music, otra para indie (bandas independientes) y una para spanish music (¡!), que corresponde a discos en castellano. Suena exótico anunciar el propio idioma en otra lengua, teniendo en cuenta que la tienda está en pleno paradero 14 de Vicuña Mackena. Súper interesting.

Si los avances de la tecnología y la ciencia se han transformado en un campo casi privativo del inglés, expandiéndose en el resto de las lenguas con mayor o menor energía de adaptación, la publicidad impulsa en nuestro país con particular intensidad la utilización de trozos del idioma. A veces partículas. Átomos que no exijan mayor conocimiento de gramática, lo que no estaría nada de mal, sino que crean la fantasía de un estatus distinto (superior). Es una suerte de spanglish de letrero catalizado por una idea ancestral (no sólo chilena) de que arrimarse a una lengua extranjera de bandera imperial surte de beneficios para el estatus propio, lo acerca al poder, lo hace mejor.

El spanglish de letrero se entreteje con un goteo de palabras en la oratoria (una habilidad se da mezquinamente en Chile) y se expresa en diversas vertientes. Desde la adolescente hiperventilada que para demostrar que algo le complica exclama hello! (síntesis de ¿qué te sucede? y ¡ubícate!), hasta el académico que habla de paper (ensayo) y abstract (resumen), pasando por el economista que simplemente no puede concebir su vida sin engolosinarse con expresiones como offshore o retail (ojo, nunca tienen traducción porque siempre hay una connotación y sentido que en el castellano es imposible de lograr, según los numerosos estudios hechos en el college correspondiente).

Si la RAE tiene sus procedimientos de incorporación de palabras, en el ámbito de la sociabilidad democrática es dificil establecer normas. Cambia según el grupo, el ambiente y el país. Gonzalo Saavedra, profesor de periodismo de la PUC, señala cómo los españoles tienden a condenar el spanglish de los sudamericanos (poniéndolos en un mismo saco) aun cuando ellos usan el parking, comen bacon (lo esciben beicon eso sí) y a la sobreventa de pasajes le dicen overbooking sin que se les trabe la lengua. “Cada uno ve el spanglish en la boca ajena”, sentencia Saavedra.

Fútbol en el living
Habría que agregar que a nadie le molesta demasiado los trazos de spanglish heredados de generaciones anteriores. La escritora Marta Blanco desafía encontrar a alguien que diga balompié, en lugar de fútbol, “sala” en vez de living o sarao para referirse a un cóctel. Fenómenos más puntuales y con un dejo floclórico hicieran que el guachamán costero hiciera olvidar completamente el watchman que lo originó, y que el huaipe encontrara su hogar lejos del to wipe que lo vio nacer.

La diferencia estaría en que en otros tiempos el trasvasije habría sido menos intenso y más horizontal. Con una imposición gráfica menos notoria y más ligada a la sociabilidad espontánea que a la imposición publicitaria (basta pensar que el gran desarrollo de la industria publicitaria en Chile no tiene más de treinta años).

El publicista Antonio Sarroca ha hecho sus mea culpas. Cuenta que hace algunos años en un congreso de la Achap exhibió un video que mostraba imágenes de marcas y letreros en inglés acompañadas de la canción “Born in the USA”, de Springsteen, sólo que todas las tomas habían sido paridas en Santiago de Chile.

“En Chile las denominaciones light, full, sale, off, free, extreme, pack, holding y cientos de otras se utilizan para darles un plus a los productos o servicios”, añade Sarroca. El publicista especula que tamaña apertura lingüística no se da igual en mercados como el argentino o el brasileño y apuesta al argumento del amor propio nacional; “ellos tienen una autoestima que les permite prescindir del american way of life”. Lo cierto es que, salvo excepciones, las frases publicitarias en inglés pertenecen a tiendas y marcas locales. Las campañas de las trasnacionales por lo general se traducen y las que mantienen el inglés lo hacen tanto en Francia como en Chile o Uganda. No se trata entonces de una invasión impuesta desde fuera, sino que de un encantamiento propio bastante común en rubros como la moda, los cosméticos y la tecnología (Triple pack!)

Sobre los efectos y alcances que tiene el spanglish de letrero para nuestro castellano autóctono hay opiniones divididas. Desde las que ponen acento en la capacidad de la lengua propia a asimilar y enriquecerse con las importaciones foráneas, hasta las que hacen hincapié en lo artificioso de reemplazar vocabulario existente por otro de un idioma que apenas se domina.

José Luis Samaniego, la voz de la Academia
José Luis Samaniego, decano de Letras de la Universidad Católica y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, responde algunas preguntas sobre la influencia del inglés en el habla chilena.

-¿Es comparable a la importancia que llegó a tener el francés en el siglo XIX?

“Me atrevería a afirmar que no es comparable. En el siglo XIX el francés fue la lengua de la diplomacia y estaba de moda entre la gente culta, pero su influencia en el español fue muchísimo menor. La lengua francesa aportó mayor número de préstamos al español en el siglo XVIII, cuando el primer rey Borbón ocupó el trono de la monarquía española. Fueron muchísimos los términos franceses que se incorporaron a la lengua española, sin que hoy tengamos conciencia de ello”.

-¿Cómo ha sido visto por las diferentes academias de la lengua española el avance del inglés?

La Asociación de Academias de la Lengua Española tiene criterios claros al respecto. Distingue entre aquellos préstamos del inglés que se incorporan al español, porque no existe en nuestra lengua el término; generalmente, se trata de nombres que corresponden a ciencia y a tecnología, la que se exporta junto con la designación léxica. La tendencia en este caso es asimilar ese término españolizando su pronunciación e, incluso, su ortografía. En cambio, si se trata de términos procedentes del inglés innecesarios por existir en español los términos apropiados, la idea es rechazarlos. Sobre esta materia se acaba de publicar un diccionario titulado “Diccionario Panhispánico de Dudas”.

-¿Se puede hablar de la idea de “pureza” de un idioma?

“Depende de lo que se entienda por pureza idiomática. No creo que exista ninguna lengua moderna de las habladas hoy en el planeta que sea enteramente pura. En el caso del español, lengua procedente del latín, tiene incorporado en su léxico términos griegos, árabes, franceses, italianos, léxico de las lenguas precolombinas de América, etc., sin nombrar siquiera los términos procedentes del inglés. La pureza idiomática creo que en el día de hoy es preferible dejarla para la sintaxis y no para el léxico”.

-¿Cuáles son los ejemplos de anglicismos que a usted más le molestan?

“Sólo por ilustrar nombraré un par de ejemplos, el mal uso de los términos “drama” y “dramático”, tan en boga en nuestros días y que corresponden a una mala traducción del inglés. Un segundo ejemplo que a mí me resulta antipático, no sé si por lo que significa, es el famoso “lobby”. Asimismo, los términos “ranking” y “rating”, tan de moda últimamente”.

Hablar de retail, paper o darling crea la fantasía de un estatus superior.

Marta Blanco
La escritora y columnista Marta Blanco está entre quienes no ven mayor peligro en la importación de anglicismos.

Blanco no se hace problemas. “No les veo asunto a estos remilgos frente a las lenguas mechadas. Por cierto, ya nadie se queja de no saber latín excepto los eruditos. Ya no es necesario”.

Para la escritora, quienes usan el inglés por un asunto de estatus “serían los llamados antiguamente esnobs, palabra inglesa que según algunos se usó para decir sensa nobilitate. Hoy ya no se debería juzgar por estos cánones que acusan beaterías y estrecheces mentales. Si me hablan en inglés o en otra lengua, no me molesta si entiendo lo que me dicen. No decimos bicicleta de montaña, sino mountain bike. Y aunque chicle venga del náhuatl, no les hacemos asco”.

“Un ciudadano del siglo XXI usará lenguas cruzadas inevitablemente. No habremos progresado moralmente desde Sócrates, pero le aseguro que en materia de lenguas ni una se salva de ser intervenida. No me causa asombro, sino esperanza. Me gustaría leer el Corán no traducido. Hay que entrarle el diente a lo ignorado. Quizás qué dice Mahoma. Es probable que fuera más pacifista que Gandhi y sus discípulos hayan distorsionado su speech”, puntualiza la escritora.

Guillermo Blanco
El escritor Guillermo Blanco es un antiguo crítico de la cada vez más frecuente incorporación de palabras inglesas al habla cotidiana y acusa que su uso desmedido en la publicidad por donde se lo mire “es un índice de siutiquería”.

“Si la gente quiere que la convenzan en idiomas ajenos, es una aspiración de siútico. Si los publicistas creen que deben acudir a esos recursos, la suya es una visión siútica. Y si los dos tienen razón, quizá vivamos en un país de siúticos sin remedio”.

Blanco piensa que la influencia del inglés actualmente no tiene comparación con la que tuvo el francés en el siglo pasado. “Sospecho que la gente que entonces ‘hablaba en francés’ era porque además ‘hablaba francés’… por lo menos algo. No es la impresión que da el papagayeo que oímos a menudo. Y no sólo en la tele”.

El escritor admite que hablar de “pureza” del idioma no es acertado, aun más en una sociedad tan interconectada. “Los idiomas nunca han sido puros. Siempre evolucionan. Las palabras rechazadas hoy, pueden ser aceptadas -y aceptables- mañana”.

Andrea Palet
La periodista y directora editorial de Ediciones B acusa de ignorancia a quienes tienden a reemplazar una expresión castellana por otra inglesa. Sostiene que se trata de un fenómeno nuevo, que invierte la manera tradicional en que han ido cambiando las lenguas. “El idioma es uno de los logros más democráticos de las sociedades humanas. Históricamente, surge del pueblo, evoluciona por consenso tácito -casi nunca por decreto- y se impone a las élites. El latín derivó en las lenguas romances sin intervención del poder político o religioso. Las gramáticas y las academias de la lengua no se ocupan de decidir cómo hay que hablar, sino de cómo se habla. Hoy hay un cambio en esa lógica evolutiva”. La periodista afirma que por primera vez son las élites las que difunden una nueva forma de hablar. “Y resulta ser más vulgar y contaminada. Aquí se impone por dos razones: el complejo de inferioridad ante una cultura dominante, ergo una lengua dominante en el mundo de los negocios y las relaciones internacionales; y el prestigio errado del habla rimbombante, del lenguaje aparentemente especializado. Ambas razones revelan amaneramiento, apocamiento e ignorancia. Me molesta porque el empobrecimiento del lenguaje no es un problema de forma, sino de fondo, una renuncia intelectual”, concluye.

Ilan Stavans
Ilan Stavans es mexicano, vive en Estados Unidos y es experto en lenguas y cultura hispánica. Actualmente es profesor de español en el Amherst College. Entre sus publicaciones se cuenta “Spanglish: The Making of a New American Language”. Stavans explica que el tema de los anglicismos es recurrente entre lingüistas y lexicógrafos tanto en el mundo anglosajón como en el de habla hispana. “A mi gusto, la manera más completa de abordar el tema es de forma interdisciplinaria. El lenguaje nunca está divorciado de otras dimensiones. Toma, por ejemplo, el deporte de actualidad. En el fútbol los anglicismos son muchos. La palabra “fútbol” en sí es un anglicismo; había una época en que se decia balompié”.

-¿Es comparable la invasión de anglicismos en estos tiempos en América Latina a la de otras épocas?
“Ya desde el siglo XIX nuestros intelectuales -Rubén Darío, por ejemplo– se quejaban del alto índice de anglicismos en el idioma español. Un estudio detallado de las ediciones del Diccionario de la Real Academia muestra cómo luego de la Segunda Guerra Mundial el porcentaje de anglicismos incluidos se incrementa a velocidad asombrosa. De hecho, se me ocurre que si elimináramos todos los anglicismos de la última edición del DRA, probablemente perderíamos entre el cinco y el siete por ciento de las entradas. Esto me sirve para aseverar que el spanglish de ninguna manera es un fenómeno exclusivo de los EE.UU.”.

– ¿Los norteamericanos se quejan de las palabras en español que se transformaron en uso cotidiano en EE.UU.?
“El auge del spanglish en EE.UU. tiene que ver con la explosión demográfica de la minoría hispánica (ya somos casi 44 millones). El flanco conservador se queja de la contaminación que sufre el español del inglés y, en menor escala, el inglés del español. Otros vemos el fenómeno como parte del ciclo vital de las así llamadas lenguas en contacto”.

-¿Es cool o da estatus hablar con español salpicado en EE.UU.? ¿O definitivamente es un idioma de pobres?
“Hoy por hoy, el spanglish es utilizado por diferentes clases sociales en EE.UU., desde psicólogos y comentaristas deportivos hasta políticos y maestros. En los setenta su uso se limitaba a la clase obrera. Hoy incluso la gente que no es de herencia hispana salpica sus frases con términos o expresiones en español para sentirse al día”.

En cifras

2%
Según una encuesta elaborada por la Universidad de Chile en 2004, ése es el porcentaje de chilenos que domina con fluidez el inglés.

5%
de los estudiantes chilenos de cuarto medio logran comprender preguntas en inglés sobre ideas centrales de temas cotidianos.

20%
de los estudiantes universitarios chilenos tendrían nula destreza en inglés hablado.

22
son las Academias de la Lengua Española en el mundo.

130
Ese el número de anglicismos permanentes rastreados por el Observatorio de Neologismos de la RAE en la prensa iberoamericana.

90.000
vocablos tiene la lengua española.

Written by Marisol García

August 1, 2009 at 11:37 pm

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