Estilo y Narración II

Just another WordPress.com weblog

el reportaje

leave a comment »

El reportaje, concebido por muchos como el género mayor del periodismo, hizo su aparición en Colombia y en varios países latinoamericanos en las dos primeras décadas del siglo XX como consecuencia del cambio de algunas técnicas para recolectar la información que utilizaban los periódicos desde finales del siglo XIX.

Por Anuar Saad Saad y Jaime de la Hoz Simanca * / Sala de Prensa

La confluencia entre periodismo y literatura fue el gran generador del reportaje: la narración y descripción de hechos con visos de historias dieron vida a una nueva forma de obtener y relatar noticias, como lo afirma Juan José Hoyos en su artículo “Los pioneros del Reportaje en Colombia”.

“Esa forma, sin embargo, no recibía aún el nombre de “reportaje”, aunque ya en las redacciones existía la palabra repórter, tomada de la tradición del periodismo anglosajón. El nuevo género sólo vino a ser conocido con el nombre de “reportaje” después de varias décadas, mientras tanto, en muchos casos, se usaba la misma palabra para designar a la entrevista –la interview de los periódicos norteamericanos. La confusión se mantuvo hasta la década del 40 cuando las revistas Cromos y Estampa empezaron a diferenciar claramente los relatos que publicaban, y advertían a los lectores, en la entradilla o en el antetítulo del texto, si este era una crónica, una información o un reportaje.” (1)

A pesar de ello, la confusión seguía —y sigue hasta hoy— en muchos casos para la diferenciación cierta y clara entre el reportaje y la crónica. Es muy frecuente que trabajos presentados como crónica sean reportaje, y a la inversa. Esta discusión, que parece no tener fin, debe ser reemplazada en nuestro concepto por la de la calidad misma de los trabajos, en vez de ceñirse si pertenece a un género u otro. Una historia bien contada, rica en detalles, narración y descripción, que genere estados de ánimo en el lector, será exitosa. Sin embargo, el tiempo, los especialistas y muchos académicos, se han aventurado a señalar “diferencias claras entre reportaje y crónica”, por un lado, y entre “entrevista y reportaje”, por otro.

Es aceptado, por ejemplo, que el reportaje requiere de una mayor preparación y documentación para su elaboración y que tiene como eje, casi siempre, un hecho noticioso. Que su publicación no puede ser atemporal: un reportaje no puede quedar “colgado” por tiempo indefinido, porque su tema puede agotarse o, lo que es peor, puede ser publicado por otro medio. La crónica, en cambio, nació de la narrativa sobre “los pequeños temas”, que bien podían tener muy poco de noticioso, pero sí entretenían, educaban e informaban a la comunidad. Se asegura que el reportaje “robó” de la crónica su peculiar estilo narrativo y lo adaptó al relato de noticias, previo trabajo de reportería: investigar el suceso en un exhaustivo trabajo de campo en el que se deben recopilar testimonios, citas, fechas, datos, lugares, nombres, cifras, anécdotas, diálogos, descripciones, colores, etc.

Esto indica a todas luces que el rigor del reportaje supera al de la crónica en cuanto a contenido informativo, precisión en los detalles y en la verosimilitud. La crónica, que tiende a ser exageradamente subjetiva, puede parecer a veces cuentos cortos. O columnas de opinión. O artículos. En fin. El reportaje no solo debe ser verdadero “sino que tiene que parecerlo”, como afirma en su libro Periodistas literarios el escritor norteamericano Norman Simms. (2)

En cuanto a su similitud con la entrevista, muchos autores y periodistas han salvado la discusión con el argumento de que “la entrevista, por sí sola, no es un género. Es más bien la herramienta del periodista para desarrollar uno”. Esto, en el caso del reportaje, es totalmente cierto. Una gran entrevista terminará convertida en reportaje con sólo matizar algunos aspectos de la misma: recreación del ambiente, descripción del personaje, llevar el diálogo, etc. Pero también es cierto, que la interview norteamericana —preguntas y respuestas— aún se mantiene en los trabajos clásicos de periodistas como Orianna Fallaci, que con preguntas magistrales “desnuda” a su interlocutor sin salirse de la entrevista pura.

En la actualidad el reportaje, la crónica y la entrevista son de los géneros más apetecidos por todo público: lectores, televidentes o radioescuchas. Cada uno puede tener su particular estilo de redacción y sus reglas claras para el buen desarrollo, pero no son “reglas de fuerza”: los géneros, en su evolución, pueden —y deben— fusionarse para dar a la luz géneros más modernos, de avanzada, a la par con el exigente gusto del lector de hoy. Un buen reportaje debe mantener la rigurosidad en la investigación, pero debe narrar al mejor estilo de crónica y recolectar información y testimonios con base a las buenas entrevistas.

Lo más importante, al final, es la adecuada aplicación de las técnicas de redacción y, como siempre, el apropiado estilo que cada uno le imponga a su escrito en el que debe sobresalir la creatividad, la narración y la descripción con que vamos a relatar cualquier hecho noticioso.

El reportaje constituye el segundo texto de la serie Biblioteca Moderna de Periodismo. Además de algunos elementos teóricos que servirán de guía para una interpretación cabal del género; y aparte algunas instrucciones para su elaboración, hemos ahondado en la puesta en escena de innumerables ejemplos con trabajos antológicos y diversos en su estructura, con el propósito que sean “diseccionados” con bisturí en mano. Ese sería no sólo un ejercicio divertido, sino que servirá para desentrañar, para muchos, el soplo misterioso que esconde la historia contada.

Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde la aparición del reportaje, sobre lo cual existen variadas afirmaciones. Es más: aún subyacen interrogantes como el que se formula el periodista peruano Juan Gargurevich, autor del libro Géneros periodísticos. El mismo responde, a su manera:

“Hay quienes ubican reportajes a mediados del siglo pasado… y quienes afirman que fueron las revistas las que dieron forma al periodismo interpretativo, para ser después incorporado por el diarismo. Seguramente ambos tienen razón, pues no existen inventos en el periodismo: su forma actual es producto de un desarrollo, decíamos, muy dinámico y de persistente exploración.”

Y agrega: “Debe reconocerse el rol de Time en esta apasionante cacería de nuevas formas de expresión periodística y especialmente de sus creadores, Henry Luce y Briton Hadden, que la concibieron en 1922… En Europa, el periodismo interpretativo y de gran ilustración tuvo su gran desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial y especialmente cuando apareció la revista francesa París-Match. En América Latina, la primera gran revista de reportajes fue aparentemente O´Cruzeiro Internacional, editada en Brasil y en castellano, y con un esquema de organización muy parecido al de Life en Español, pues ambas basaban su información en publicaciones en su idioma (portugués e inglés, respectivamente) y añadían temas especiales de interés general a la vez que retiraban algunos que parecían tener sólo aceptación local”. (3)

Hasta ahí la interesante anotación de Gargurevich. No obstante, a la par que las revistas, los diarios también incursionaban en el género, y, particularmente en Colombia, a mediados de los años cincuenta, el reportaje aparecía ya como un relato consolidado con técnicas modernas, tal como lo hemos señalado.

Este número de la Biblioteca Moderna, dedicado al reportaje, incluye innumerables ejemplos de entrada y de remate, y varios reportajes completos, al final, con el respectivo comentario de los autores. Y el cuidado en la selección tiene que ver con la intención de mostrar trabajos que, en su estructura, están hoy vigentes en las más prestigiosas revistas, y en los diarios de mayor representatividad en América Latina. Así, pues, buen provecho…

El reportaje: retorno a las raíces

El renacimiento del reportaje en estos tiempos modernos de exigencia frente al periodismo escrito nos remite, obligatoriamente, a quien es considerado como el gran cultor de la reportería en Colombia: Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura y creador del Taller de Periodismo Iberoamericano.

El apasionamiento de Gabo ha estado centrado en un aspecto vital del periodismo: el reportaje. El género, según él, habría que considerarlo como literario, con la única diferencia de que aquél trabaja con materiales de la realidad, es decir, con hechos ocurridos que, en la mayoría de los casos, dan lugar a la noticia. De allí su sentencia: “El reportaje no es más que la noticia completa”.

El Taller Iberoamericano ha servido, entre otras cosas, para el rescate de un género perdido, desde hace algunos años, en las páginas de los diarios de América Latina. La exigencia de los lectores, el avance tecnológico y la consolidación de la expresión literaria, han permitido que el reportaje haya vuelto por sus pasos hasta ser, en estos momentos, una especie de “salvación” de los grandes medios escritos.

Además del mismo García Márquez, escritores como Tomás Eloy Martínez, Germán Castro Caycedo y Alma Guillermoprieto, se han dedicado a recorrer gran parte del continente exponiendo puntos de vista sobre el reportaje y enfatizando en la necesidad de su expresión cotidiana. Ello explica el novísimo arsenal teórico y las renovadas técnicas en el tratamiento de los hechos noticiosos, tomando como base el reportaje.

Existen innumerables maneras de abordar el reportaje. Y muchos autores han establecido definiciones que constituyen puntos de partida para una aproximación a la manera como en estos tiempos modernos se manifiesta a través de los medios. Pero lo único cierto es que han sido la literatura y el cine los ingredientes que han aportado de manera incuestionable a su fortalecimiento.

Incluso, en torno a los orígenes del género en mención, es claro que la consolidación de la técnica cinematográfica contribuyó, sin duda alguna, a la formación del reportaje, considerado como una expresión periodística que va más allá de los esquemas que caracterizaban los relatos que, hoy, están constituidos en antecedentes o géneros paralelos. Y esa influencia, por así llamarlo, tiene que ver con las llamadas técnicas para la estructuración.

Hitchcok, genial director y maestro del suspenso, refiriéndose al manejo del tiempo cinematográfico, afirma que “el cine es la vida misma sin los momentos aburridos”. Según ello, el mejor instrumento narrativo vendría a ser la elipsis, que permite obviar situaciones que no son pertinentes a la narración. Ello explica los saltos temporales y la eliminación de escenas improductivas. Para entenderlo mejor imaginémonos una historia cinematográfica que transcurre en tres décadas con el propósito de ser presentada en dos horas de tiempo real de proyección cinematográfica. Tal el caso de las grandes sagas bíblicas o históricas épicas, etc.

De igual manera, la literatura ha sido otro elemento importante para que el reportaje obtuviera una transformación radical en su estructura. Sobre todo, a partir de la aparición del famoso boom latinoamericano, el cual permitió la “invención” de técnicas narrativas en el texto escrito que habrían de ponerse al servicio del reportaje.

No obstante, el reportaje mantuvo dos raíces sin las cuales no podría existir: la entrevista y la crónica. La primera —como se sabe— constituye la base para la escritura y puesta en escena de los géneros vanguardia del periodismo. En cuanto a la crónica, el elemento narrativo de la misma representa el gran aporte al reportaje; pero, sin los juicios ni valoraciones morales que caracterizan a aquélla.

En cuanto a los orígenes, otros autores coinciden en situar al reportaje en los albores del siglo XX, en Estados Unidos “cuando las pujantes revistas estadounidenses de circulación masiva hacían un periodismo de denuncia social (conocido como muckraker en inglés) en oposición al sensacionalismo de los periódicos de la época. John K. Turner, por ejemplo, publicó en ese tipo de revistas su estupendo reportaje sobre México del porfiriato, ‘México bárbaro’, y John Reed haría lo mismo primero en ‘México insurgente’ y luego en su obra maestra: ‘Diez días que estremecieron al mundo”. (4)

En Colombia, de acuerdo con la investigación adelantada por Daniel Samper Pizano, la aparición del reportaje se remonta al decenio del 50. “… la entrada franca del reportaje moderno se produce con una generación de periodistas que reúnen las condiciones para impulsar el género. Son personas a quienes interesa más la reportería que la columna personal, que han crecido bajo la influencia del cine, que han leído a los novelistas norteamericanos, con su tremendo impacto de doble vía sobre el periodismo, y que, sobre todo, conocen el valor de un modelo llamado Ernest Hemingway”. (5)

Hoy, parece que asistimos al renacimiento del reportaje. Con nuevos ingredientes, por supuesto. Pero con el mismo sabor que produce una buena prosa enriquecida con información veraz y unos contextos que obedecen más a la capacidad creadora del reportero y a su estilo, que a un esquema preconcebido.

______
Notas:

1 Investigación del periodista y escritor Juan José Hoyos sobre los pioneros del reportaje en Colombia y publicada por la revista Folios de la Universidad de Antioquia en diciembre de 1997.

2 En el prólogo del libro “Periodistas Literarios” Norman Simms explica en detalle porqué el periodista no debe perder jamás la veracidad, a pesar de los recursos literarios.

3 El texto de Juan Gargurevich, editorial Pablo de la Torriente, La Habana, Cuba, dedica un amplio espacio al género del reportaje y es producto de varios seminarios dictados por el autor en su natal Lima y en La Habana.

4 La afirmación es de José Luis Benavides y Carlos Quintero. Aparece en el texto “Escribir en prensa. Redacción Informativa e Interpretativa”, de editorial Alhambra, México, primera edición, 1997.

5 Daniel Samper Pizano adelantó una rigurosa investigación sobre la reportería en Colombia que le facilitó escribir el aleccionador prólogo que aparece en “Antología de Grandes Reportajes”, Intermedio Editores, 1990.

* Anuar Saad Saad es comunicador social – periodista, especialista en Comunicación para el Desarrollo, en Barranquilla, Colombia. Director del Centro de Publicaciones de la Universidad Autónoma del Caribe y catedrático de Redacción Periodística de la Facultad de Comunicación Social.
* Jaime de la Hoz Simanca es economista, periodista y escritor. Catedrático de la Universidad Autónoma del Caribe y de la Universidad del Norte.
* Ambos son colaboradores de Sala de Prensa. Este trabajo conjunto es la introducción del libro El reportaje, uno de los seis libros que integran la obra “Biblioteca Moderna de Periodismo”, que estará al alcance de periodistas, académicos y estudiantes a partir de la primera semana de febrero, cuando en Colombia conmemoran el “Día del Periodista”.

Written by Marisol García

August 4, 2009 at 9:15 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: