Estilo y Narración II

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errores frecuentes

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1. Leído en una noticia sobre tráfico: «El conductor resultó herido en una de sus manos.»

Está claro que el conductor no podía resultar herido en mano ajena, pero, puestos a precisar, tal vez se nos pudiera haber dicho que resultó herido «en una de sus dos manos», pues cabe la posibilidad (por muy remota que ésta sea) de que el conductor fuera manco, o la —aún más remota— de que tuviera tres manos o más.

El abuso del posesivo (por contagio del inglés) puede conducir a estos disparates. Limítese el narrador al clásico «en una mano», si ignora si fue «en la mano derecha» o «en la izquierda».

2. Titular de una noticia reciente: «El ministro del Interior, ignorando las denuncias, asciende a general a Galindo.»

Otro contagio del inglés. El ministro conocía las denuncias contra Galindo pero lo ascendió «fingiendo ignorarlas», o mejor aún «despreciándolas».

3. Leído en alguna parte, a propósito del conflicto pesquero con Marruecos: «No perdimos la honra y los barcos.»

Me parece que habría que decir «no perdimos la honra ni los barcos», o mejor aún «no perdimos ni honra ni barcos». La chapucera frase me hizo recordar a mi abuela María, que, en invierno, cuando nevaba, solía aconsejarme que, para salir a jugar a la calle, no me olvidara del «ástico» (el elástico, o sea el jersey) «ni» de los «morceguis» (los borceguíes, las botas). Mi abuela no tenía «letras», pero se acordaba de la gramática aprendida en la escuela elemental de aquél pueblo de Navarra. Ella nunca se olvidaba de la conjunción negativa «ni» —que ahora se está perdiendo a pasos de gigante—, ni tampoco del sentido común.

4. Oído en el Telediario: «La zona mediterránea, donde la estabilidad, hhhummm…, de la estabilidad de la cual, hhhummm…, de su estabilidad depende la estabilidad del resto de Europa…».

Cualquier hispanohablante medianamente culto y dotado de una mínima fluidez verbal (fuera o no ministro de Asuntos Exteriores) hubiera dicho de corrido: «La zona mediterránea, de cuya estabilidad depende la del resto de Europa…». Pero ya se ve que en España no abunda este tipo de hablantes, ni siquiera entre los ministros. El término «cuyo, cuya» será pronto una antigualla olvidada.

5. Anuncio televisivo: «No se pierda tóoodooos los números de la revista X».

Era digno de ver el ejercicio de expresión fonética y corporal que nos ofrecía una conocidísima y muy notable actriz para transmitirnos desde la pantalla el mensaje que había intentado plasmar en el papel, ¡sin saber cómo!, el autor del anuncio: que no nos perdiéramos «ningún número» de la revista.

6. El disparate anterior es de un tipo muy frecuente; he aquí otro ejemplo: «Todas las setas venenosas no deben comerse».

¿Quiere esto decir que la mayoría de las setas venenosas son comestibles? Veamos la misma frase, puesta del revés: «No deben comerse todas las setas venenosas»; es decir, no hay que abusar, conviene dejar alguna, ¿tal vez para que se la coma otro?
No juguemos a infringir las reglas del lenguaje, expresión del razonamiento lógico, y menos al hablar de setas. Por algo nadie ignora que lo primero que hay que leer de un libro de setas es la fe de erratas.

7. Argumento de una película, «La otra Margaret», publicado hace tiempo en EL PAÍS en un anuncio a toda plana: «Un estafador de poca monta planea sustituir a una joven vagabunda por una aristócrata desaparecida». ¡Pues vaya negocio!

La explicación que se me ocurre es que algún ignorante metido a traductor confundió los verbos ingleses «to substitute for» y «to substitute by», cuyos significados son totalmente opuestos. En efecto, en la cartelera del mismo día se nos aclara que el estafador ha encontrado a una delincuente, casi una chiquilla, que, convenientemente entrenada, podría pasar por la desaparecida Lady Margaret.

8. Leído en la sección de Deportes de EL PAÍS: «No fue una decisión que yo pedí. Al contrario, no me parecía correcta y deportiva».

Son palabras de un gran campeón español de automovilismo, merecedor de que el periodista hubiera revisado la expresión gramatical de unas declaraciones hechas —sin duda— en un momento de disgusto y nerviosismo. El periodista (poniéndose en el lugar del lector) debió hacer la siguiente reflexión: si el entrevistado había pedido esa decisión ¿por qué no está ahora de acuerdo con ella? Si no le parece «correcta y deportiva» ¿cabe la posibilidad de que le parezca correcta pero no deportiva, o deportiva pero no correcta?

Está clarísimo el modo de traducir fielmente el pensamiento del campeón: «No fue una decisión que yo pidiera. Al contrario, no me pareció correcta ni deportiva».

Written by Marisol García

August 4, 2009 at 12:02 am

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