Estilo y Narración II

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Esas pequeñas cosas

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Por Álex Grijelmo

Hemos empezado más o menos puntuales, tiene mérito tratándose de un acto que congrega a tantas personas, pero los periodistas solemos ser impuntuales, sobre todo los periodistas que escribimos en los periódicos, no tanto en que llegamos a los actos, a las entrevistas tarde -cosa que también- sino que cuando el lector compra el periódico, ya las noticias que ahí figuran han estado a su alcance durante el resto del día anterior.

Si nosotros llegamos tarde a una comida, a una cena, no podemos presentarnos diciendo: “¡Hola! Aquí estoy, vamos a cenar, hombre”. Se espera que cuando alguien llega tarde a una cita por lo menos tenga una frase ingeniosa para hacerce perdonar, o una buena disculpa, aunque sea inventada.

Los periódicos están llegando tarde todas las mañanas sin ninguna buena frase con la que disculparse. Éste es un problema que tiene trascendencia en la estructura informativa, y trascendencia también de ética.

Es verdad que los periódicos dan alguna exclusiva alguna vez, pero esto no pasa la mayoría de los días. Las noticias que vemos en las portadas de los diarios, mucho más las que encontramos en las páginas interiores nos dan información que ya estuvo a nuestro alcance mediante la televisión el día anterior, la radio, los nuevos medios electrónicos, incluso el teletexto en el televisor; nos llegan ya las noticias -los titulares- al celular. ¿Qué puede aportar un periódico que llega ya con noticias tan viejas? ¿Cómo es posible que estemos llegando todos los días tarde contando cosas que ya se conocían y que no dispongamos de buenas frases para que nos disculpen?

La respuesta a esta competencia que nos han abierto los demás medios y que ahora se ha recrudecido con los medios digitales está en que la prensa debe ahondar sobre todo en los géneros interpretativos para ofrecer algo distinto de lo que ya ha tenido el público por otros medios, y sobre todo debe ahondar en sus propias exigencias éticas para ser un referente ético para los demás medios de comunicación.

Ésta es la buena disculpa que podemos ofrecer cuando llegamos tarde. Es decir, para ser un buen interpretador de la realidad, para que el público nos conceda ese papel, primero tenemos que garantizar ante ese público nuestra coherencia ética, para que esa coherencia ética nos permita interpretar con honradez, porque la interpretación es el periodismo escrito del futuro, según mi opinión.

Quiero hablar de la ética de las pequeñas cosas, de esa ética que tenemos que defender en los periódicos para ser creídos.

En muchos foros se habla de los grandes problemas éticos de los periodistas y nos planteamos hechos que alguna vez se producen y es verdad que hay periodistas que sufren la lacra del terrorismo, del acoso de los narcotraficantes y eso genera problemas éticos, de acuerdo. Se ha hablado abundantemente de eso y no voy a insistir. También se nos suele plantear muchas veces: qué pasa si el Papa compra una empresa y tú trabajas en ella; sí, hay unos problemas teóricos maravillosos para resolver, pero luego en nuestra vida cotidiana los problemas éticos son otros y quiero hablar de esos pequeños problemas éticos que a veces se nos escapan entre los dedos.

Para empezar quiero referirme a los géneros periodísticos. A veces los periodistas nos creemos que esto de los géneros periodísticos es algo que se han inventado los catedráticos para hacernos sufrir y para obligarnos a entender unas estructuras que, total, tampoco tienen tanta importancia. Pues sí son importantes los géneros periodísticos: la técnica en relación con la ética. Para empezar debemos ser conscientes que los periódicos tienen dos lenguajes, el lenguaje de las palabras y el lenguaje del diseño; este último nos da una jerarquización de las noticias, el público sabe interpretar que una información importante va a cinco columnas, a seis columnas -según el tamaño del periódico-; una menos importante va a una columna, y entendemos que el diseño nos aporta también un contenido, da una jerarquización, valora las informaciones. También hay periódicos que tienen familias de letras distintas según las secciones y ponen sobre el papel distintos elementos tipográficos que tienen también un significado. Creo que la diferenciación tipográfica puede convertirse en una garantía para el público y puede servirnos para diferenciar los géneros informativos de manera que el lector pueda defenderse ante ellos.

Los géneros informativos según yo los entiendo deben darnos pistas sobre el grado de presencia del informador en esa noticia, o en esa información o en ese reportaje; podemos establecer que la presencia del informador es cero -nunca es cero, porque extraemos una parte de la realidad y ya en ese momento intervenimos-, pero tenemos más o menos una convención, la noticia tiene la presencia cero del periodista y el artículo de opinión tiene la presencia diez, donde el periodista expresa sus opiniones libremente. Entre esa presencia cero y esa presencia diez hay unos cuantos géneros que nos dan un distinto grado de presencia, de intervención personal del periodista en lo que está escribiendo. Podemos establecer -es una convención, se puede discutir, por supuesto- que la presencia cero del periodista es la documentación, un texto de documentación, y que se aporta algo que incluso ha ocurrido tiempo atrás y que se escribe como complemento, la documentación puede tener una presencia cero del periodista. La noticia, también cero: contamos un suceso sin implicar algún juicio, alguna descripción, alguna interpretación: “Dos personas fallecieron ayer al chocar dos automóviles en la carretera tal tal”, es una información donde la presencia del periodista es mínima.

En realidad la información pura podemos entender que tiene poca presencia del autor. Obviamente en la noticia sí se pueden dar mayores presencias de los periodistas y es aquí donde tenemos que empezar a levantar la guardia. Nosotros como autores de lo que escribimos en los periódicos y también darle al lector la oportunidad de levantar la guardia; el lector ya sabe que en un artículo de opinión se expresan los criterios de una persona libremente y que eso es sólo la opinión de una persona que firma. En cambio cuando el lector está ante una noticia da por hecho que son unos hechos comprobados que no están sujetos a una opinión. En la noticia puede haber una presencia personal también mediante la mera narración de los hechos. Recuerdo que una vez mi amigo y admirado Juan José Millás me contó una anécdota de un periodista de sucesos en una redacción que estaba escribiendo la noticia de una persona muerta encontrada en el fondo de un pozo; él escribió: “El cadáver fue hallado en un pozo de 12 metros de altura”, y el redactor jefe le dijo: “Hombre, serán 12 metros de profundidad”. “Bueno, es que yo siempre escribo las informaciones desde el punto de vista del muerto”. Claro, la perspectiva es muy importante.

Written by Marisol García

August 13, 2009 at 5:50 pm

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