Estilo y Narración II

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¿Cuándo caímos tan bajo?

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Por Antonio Gil / Las Últimas Noticias / Jueves 8 de Marzo de 2007

Como si no bastaran el fin de las fugaces vacaciones y la fatídica llegada de marzo, y como si no fueran suficientes las veinte mil penurias infligidas por el Transantiago y sus laberínticas pruebas, por estos días los medios de comunicación, partiendo por éste, nos toman por asalto y nos ofenden las escasas neuronas que nos quedan con la imagen de un tal Dueñas y el relato de sus disputas del más ínfimo y oligofrénico nivel con un chistosito homofóbico y su descuajeringada cuadrilla de saltimbanquis y tetonas.

Resulta que hoy ellos llenan toda la realidad. Todo el imaginario popular se rebalsa con su chismorreo tóxico. Se trata de sujetos a los que, debemos confesar, no conocíamos y por fortuna seguimos sin conocer, pero que se nos ponen por delante, majaderamente, en los matinales de la televisión y en otros deshuesados programas como una verdadera vergüenza, incluso para nuestra desvergonzada y prostibularia Farandulandia.

¿Cuándo y por qué caímos tan bajo los chilenos? Seamos francos: ni en los peores días de la dictadura militar el circo fue tan pobre como lo es en esta democracia, que se ha convertido, tristemente, en el mandato del márketing básico, de las encuestas de opinión y de la tiranía de unos medios donde cualquier pelafustán, cualquier baboso balbuceante, sube al podio para proclamar a los cuatro vientos su propia estupidez y de paso la de un país entero que, a falta de otra cosa, lo escucha con devoción. ¿Realmente tenía que ser todo tan dramáticamente rasca? ¿De dónde aparecen de tanto en tanto estos pajarracos, estas mezclas raras de proxenetas provincianos y matoncitos subnormales de colegio de curas, a los que transformamos tan alegremente en budas iluminados? ¿En qué momento dejamos abierta la tapa del resumidero para permitir que emergieran estas gordas sanguijuelas dándose ínfulas estelares con sus comentarios de filósofos de fuente de soda y sus insufribles arrogancias de cafiches de San Camilo? ¿Cuánta electricidad gastan mensualmente los pobres de Chile viendo y escuchando las toneladas de huevonerías -si nos permiten el concepto- que día a día vierten sujetos como ese tal Dueñas y sus enchanchecidas y sollozantes mujeres?

Entendemos que existe una cultura popular, ligera y simple, pero plena, la que es vital para la distensión y el divertimiento de las gentes. Siempre y en todas partes ha sido así, y siempre ha estado cargada de picardía, de sensualidad e incluso de obscenidad, lo que no tiene en sí nada de malo. Hasta los argentinos lo saben hacer. Lo inaceptable es la imbecilidad que se nos vende a diario como la única temática posible, tontería sobre la cual se debate largamente, como si no hubiese otro mundo que esa pelea de guarenes de cola pelada que, en medio del calor de marzo, convierte a la dulce patria en algo muy parecido a un repentino y bien vomitado ataque a la vesícula.

Written by Marisol García

August 18, 2009 at 4:23 pm

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