Estilo y Narración II

Just another WordPress.com weblog

Andando La Habana

leave a comment »

De la opulencia siempre quedan sólidas huellas: palacios, jardines, avenidas, estadios, monumentos. De la miseria, la desesperanza y las enfermedades quedan apenas versiones, historias, cuentos y manipulaciones que van perdiendo con el tiempo credibilidad ante la evidencia indesmentible de la riqueza perdida.

Por Alejandro Kirk. Desde La Habana / La Nación, Domingo 24 de Septiembre de 2006

Las magníficas residencias de El Vedado, el nervio central de La Habana, construidas a inicios del siglo pasado, o aquellas un poco más recientes de Miramar, dan cuenta de un esplendor que sólo puede alimentar uno de los vicios más cubanos: la nostalgia.

Y cómo no. Porque la verdad es que da lástima y curiosidad transitar por El Vedado. Inquietan el deterioro de los vitrales, los mármoles quebrados, las paredes descascaradas, los jardines descuidados de aquellas mansiones tropicales donde, sin necesidad de poseer demasiada imaginación, uno puede pararse afuera y ver el espejismo de aquellas grandes fiestas, acariciar la suavidad de las maderas nobles, los mármoles italianos, el bronce.

Es fácil pasear la imaginación por aquellas bibliotecas, admirar los cuadros y las vigas de roble, todo iluminado con los brillos discretos del cristal, mientras desde algún rincón te seduce la cadencia dulce y contagiosa del son, ejecutado por una orquesta de verdad –con flautas traversas, piano, contrabajos, timbales, trompetas y violines– y bailado con elegancia por aquellas imbatibles caderas cubanas de sociedad.

EL VALOR DE LAS COSAS

Ante eso, ¿quién se va a acordar de la negrita que servía los mojitos? ¿Del jardinero que cortaba el césped? ¿De la que sudaba en la cocina, que jamás bailó su danzón en aquellos parquets que sólo pisaba para limpiar? Eso no interesa, porque para ver la diferencia entre pobres y ricos no hay que viajar a ningún lado.

El Vedado y Miramar, la precariedad de Centro Habana, y el enjambre que rodea a los turistas en La Habana Vieja, son terreno abonado para las crónicas superficiales.

Lo de la negrita y el jardinero, dirá a esta altura algún intelectual progre, no sin su cuota de razón, es un argumento lacrimoso, gastado: estamos agotados de oír que en Cuba hay salud para todos, educación para todos, deporte para todos. Entonces, si es tan bueno, ¿por qué se van? Propaganda bolchevique, ideología anticuada. ¿Será cierto lo que dice el opositor Eloy Gutiérrez Menoyo, que la igualdad finalmente llegó a Cuba para que aquellos placeres no fueran ya para unos pocos sino para ninguno? ¿O tiene, más bien, fundamento aquel taxista ladronzuelo que sentenció: “En un país pobre no hay riqueza para repartir, se debe repartir la pobreza”?

En Cuba casi todos sienten nostalgia por aquel pasado rutilante, muy posiblemente porque se imaginan participando ellos mismos de aquella fiesta, chorreados en daiquiri, cortejando damiselas coquetas o galanes prometedores, viajando a casa en un convertible, envueltos en lino blanco y seda negra. No del otro lado. Porque, sencillamente, en esta Habana de 2006 nadie se imagina a sí mismo lustrándole los zapatos a un mafioso o limpiándole todos los días la caca a un patrón. No a uno cubano, al menos.

Y esa es, señoras y señores, damas y caballeros, este reportero cimarrón se atreve a afirmar, la trampa mortal de Cuba.

NEOBALSEROS

Claudia es linda, gestual e inteligente; también es una periodista semidesempleada. Por opción: renunció a la prensa oficialista, la única que existe. Su esposo es artista, asimismo semidesempleado. En confianza, en casa, mientras cocinamos malamente una pasta con mariscos chilenos enlatados, dan rienda suelta a sus frustraciones. No lo ocultan: desean que Fidel se muera. Me congelan con eso, siento el tabú.

–¿Y después qué?

–Después seremos los primeros neobalseros, porque cuando lleguen los de Miami esto no lo aguanta nadie.

Me sorprendo (yo, el reportero) mientras revuelvo la salsa, hecha con una cebolla que nos prestó una vecina casi transparente, dueña de un perro diminuto, y un vulgar aceite de maravilla.

“Balseros sin rumbo, porque ahí sí que no habrá dónde ir”, acota Mauro, el esposo, mientras empuja un vaso de Bucanero, la cremosa cerveza cubana.

“Con Fidel no se puede y sin Fidel tampoco”, pienso. Como con las mujeres. Callo, sin embargo. Les recito las cifras optimistas que había escuchado esa misma tarde del ministro de Economía, José Luis Rodríguez, en el centro de prensa de la Cumbre de Países No Alineados. Pero Claudia y Mauro están blindados.

Rodríguez actúa más como economista de la Cepal que como el clásico ministro cubano. Viene de la universidad, y lo suyo son las cifras, más que las consignas. Y dice, con números, que la economía va bien.

Tras el descalabro de 1991, con el fin abrupto de la Unión Soviética, la economía cubana se vino abajo. De allá venían prácticamente todo el combustible y los insumos industriales. Y hacia allá iba el azúcar, hasta entonces el espinazo económico del país. Según cálculos oficiales, en 1993 la dieta cubana bajó a la mitad de las calorías y proteínas. Como lo admite el propio Fidel, en su entrevista de cien horas con el periodista hispano-francés Ignacio Ramonet, en ese momento “nadie daba un peso” por la revolución cubana.

OTRA ECONOMÍA

Se inició así el llamado “período especial”, que en 1994 tuvo su primer estallido social, con la crisis de los balseros. Era habitual, en aquellos días de dieta feroz, ver familias enteras camino del mar, con embarcaciones hechas de neumáticos y maderas. Se iban a la playa con bolsas, bidones, sándwiches y niños, y empezaban a remar rumbo al norte. Nadie los atajó durante muchos meses, y nadie sabe a ciencia cierta cuántos se perdieron en el mar. Porque los 135 kilómetros que separan a Cuba de las costas norteamericanas se pueden hacer tranquilamente en dos días, o se puede morir en marejadas, corrientes y ataques de los tiburones.

El estímulo a tales viajes era, y es, la “Ley de Ajuste Cubano” de Estados Unidos, que otorga automáticamente la residencia a los cubanos que pisan territorio estadounidense. Un privilegio que no tiene nadie más, como bien saben los miles de haitianos, salvadoreños, mexicanos, chilenos que buscan también otro estilo de vida mediante la inmigración ilegal.

El “período especial” no se recuerda en Cuba con ligereza. No se bromea con eso. Sin grandes recursos naturales, los líderes cubanos se lanzaron, casi a tientas, a explorar el turismo, hoy la fuente principal de ingresos del país. Temeraria opción que, ellos sabían, iba a llevar de vuelta a la isla algunas de las “lacras” que habían convertido a Cuba en el burdel del Caribe en los años ’50. Y así fue.

Pero desde 1994 hasta 2004, dijo el ministro, la economía cubana creció a un ritmo promedio de 5% anual, llegando a 11,8% en 2005. En 2006, el primer trimestre registró un crecimiento del 12,5%, encabezado por el rubro de las exportaciones (29,5%).

En 2005, el valor del producto bruto cubano alcanzó los niveles de 1989, manifestó Rodríguez, pero aclaró que no es un regreso. Desde entonces, dijo, cambiaron la estructura productiva y la propiedad de la tierra. Ahora hay una poderosa industria de servicios, turismo, software, medicinas, se encontró petróleo y se proyecta la exportación de biocombustibles, el futuro de la caña de azúcar. Y se busca la eficiencia energética, porque el petróleo soviético de entonces era ilimitado y casi gratis, y el venezolano de ahora no tanto.

CUBA EN TREN

Estuve en Cuba la última vez el año 2000, pero de turista. En 1998 recorrí el país en tren, y nada escribí, por no violar el compromiso de la visa, válido tanto en Cuba como en Estados Unidos. Hoy puedo contar la diferencia entre ese país aún azotado por el “período especial” y este otro actual, más sofisticado, más gordo y con más automóviles. Sobre todo, con menos jineteras en la calle, las muchachas que en aquel entonces lo abordaban a uno sin rubor, aunque estuviera acompañado. Un logro no menor.

Tampoco hay bicicletas. No como en 1998. ¿Por qué? “Porque para los cubanos la bicicleta recuerda la pobreza, los trabajos del período especial”, explica Dalia Acosta, la enérgica corresponsal de la agencia IPS en La Habana.

La presencia venezolana se siente. Hay quienes comparan a Venezuela con la hegemonía que ejerció alguna vez la URSS. El Presidente venezolano aclaró en la ONU que su país suministra a la isla diariamente 90 mil barriles de petróleo, que Cuba paga con los 20 mil médicos, equipos médicos y medicamentos que hoy atienden gratis a millones de venezolanos en los barrios populares, como parte de la Misión Barrio Adentro. Hugo Chávez se preguntó cuál de los dos productos vale más.

Un manto de escepticismo parece cubrir a Cuba. El transporte público en La Habana, por ejemplo, es una tragedia cotidiana de la que no se habla en los foros porque no es uno de los “grandes temas”. La enfermedad de Fidel ronda, pero no abruma. ¿Fatalismo acaso? ¿O temor? Las durezas de “resolver” cada día la vida parecen más apremiantes.

Cuando asesinaron al “Che” Guevara en Bolivia en 1967, Fidel dijo en un discurso que el guerrillero era el ideal de ser humano: “¿Cómo queremos que sean nuestros hijos? Queremos que sean como el ‘Che’”. Desde entonces, “seremos como el ‘Che’” es la consigna de los niños cubanos.

Y el “Che” es legendario en Cuba no sólo por su heroísmo, sino por la espartana austeridad con que vivía, por su renuncia a todos los pequeños privilegios, incluido el abastecimiento de alimentos para su familia. Hoy, el reproche más común a los dirigentes es que no son como él. No creen que roben fortunas, ni que tengan cuentas en Suiza. No. Sólo que no comparten las insatisfacciones comunes. Como crítica, suena leve, pero es devastadora en una sociedad que se precia de ser, y es, digna y solidaria; un rasgo que hace gigantesca la corta distancia que separa la Cuba de La Habana y aquella de Miami.

Written by Marisol García

August 18, 2009 at 4:06 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with ,

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: