Estilo y Narración II

Just another WordPress.com weblog

escribir en viaje

leave a comment »

Por Juan Pablo Meneses

Hace unos días me preguntaron si tenía algún libro que fuera mi compañía en todos los viajes. Primero dije que no, que no hay un único libro que ande llevando cada vez que me tomo un taxi a un aeropuerto y luego en el check-in y más tarde en la sala de espera y después en el asiento del avión. Y de ahí en taxi al hotel. Y de ahí a la habitación con vista a la ciudad. Y de ahí a los paseos por el destino viajero hasta regresar a casa. Después, por cierto, me he dado cuenta de que la respuesta era equivocada. Podría haber dicho, por ejemplo, que hay un libro con el que salí de Chile y que me acompaña hasta hoy. Debe ser el único que siempre llevo cuando me mudo de casa, de barrio, de ciudad o país. Un libro que me compré en febrero del 93 (lo escribí en la segunda página) y que no he dejado en ninguna mochila, ni en alguna caja, ni menos he regalado; los tres destinos clásicos de los libros de alguien que pasa mucho tiempo viajando y sin casa fija más allá de un año. Si bien no lo llevo en cada viaje, sería un exceso, siempre lo he tenido más a la mano que el resto. No pasa mucho tiempo sin que lo vuelva a leer y he llegado a pensar, por ridículo que parezca, que aunque viva en el hotel más perdido del planeta teniendo ese libro cerca, sobre la mesa o en el cajón del velador, todo tiene algo más de sentido y hasta las más terribles catástrofes tienen su momento de paz. El libro se llama “A partir de Manhattan” y es del poeta chileno Enrique Lihn. Fue publicado en 1979 por Ediciones Ganymedes, de Valparaíso, cuando el autor cumplió 50 años. Los poemas del libro, como dice Lihn al comienzo, fueron escritos entre febrero y diciembre de 1978. Años negros, tan negros como la tapa negra del libro, en una de cuyas esquinas aparece Enrique Lihn con sombrero de copa mirando a la cámara por sobre unos anteojos de aumento. “A partir de Manhattan” tiene varias particularidades. De partida, es un libro de poemas, es decir, una publicación destinada al fracaso más absoluto, al olvido prematuro, al ninguneo de los “nuevos consumidores de cultura”, como le llaman los expertos de márketing de las grandes editoriales a los compradores de novelas best sellers. La otra gracia, la que más me gusta, es que es un gran libro de viajes. Gracias a que se ganó una beca Guggenheim, Enrique Lihn pudo viajar a todos los lugares que describe en el libro. Poemas in-situ, que dan una nueva mirada a ciudades hiper reconocidas y escritas. Ahí está, por ejemplo, el Nueva York de su poema “Vieja en el subway”: La piel es ya de trapo y empaqueta la carne/ desmigajada como si fuera estopa o aserrín./ La cabeza ha dejado de alzarse sobre el cuello rígido/ y curvo como un asa; pero viaja en el subway/ a velocidades incomprensibles para ella. O en el caso de “Una canción para Texas”, donde se lee: Bajo la luna de Texas, más grande que en cualquier otro cielo del mundo/ Donald se mirará, meditabundo, la punta de sus botas puntiagudas/ Puede que piense con toda seriedad en emigrar/ a una región menos vasta/ donde haya lugar para un pequeño proyecto. O en “Voy por las calles de un Madrid secreto”: Voy por las calles de un Madrid secreto/ que en mi ignorancia sólo yo conozco: nadie que lo conoce lo ve así. En la página 53 se lee: Nunca salí del horroroso Chile/ mis viajes que no son imaginarios/ tardíos sí – momentos de un momento- / no me desarraigaron del eriazo/ remoto y presuntuoso. En tiempos en que los programas de viajes de la televisión nos presentan, en planos rápidos, a conductores que sólo se dedican a lanzar una interminable (y aburrida) seguidilla de adjetivos como maravilloso, espectacular, imperdible, soñado, inigualable, fantástico, genial, asombroso, alucinante, buenísimo; Lihn muestra la otra cara del viaje. Esa otra cara que nunca debió estar fuera de un buen relato viajero, aunque los expertos en el negocio de la entretención (muy equivocados, creo), estén convencidos de que la gente viajará más y lo pasará mejor si todo lo que nos muestran del destino de turno son loas indiscriminadas e impunes. Pero aunque se quiera tapar el sol con tres dedos, esa otra cara existe, y se puede resumir fácil: cualquier lugar está habitado y compuesto por personas, y las personas tienen problemas, dudas, frustraciones y sueños, aún cuando vivan en mitad de un sitio soñado, grosso, guau. Lihn fue un maestro de esa otra parte de los viajes aun cuando – y obviamente- muchos de los ejemplares de esa única edición de “A partir de Manhattan” sigan acumulando polvo en las librerías de viejos de Santiago y Valparaíso.

Written by Marisol García

August 18, 2009 at 4:00 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: