Estilo y Narración II

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Ibiza: La pista de baile del mundo

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Ibiza acoge en verano a dos millones de turistas que encuentran fiesta noche y día. Más de 20 discotecas ofrecen la música de los mejores pinchadiscos del mundo. Lujo y turismo de aluvión en la isla blanca.

Por MANUEL CUÉLLAR / EL PAÍS – 06-08-2006

Un destello de luz estroboscópica descubre que el cuero del corpiño está estampado con el logotipo de Louis Vuitton. Las botas altas del joven que lo luce también son de cuero y sus guantes hasta el codo. Cuatro dominatrices le acompañan. Fustas, tachuelas, plataformas. Maquillaje negro excesivo en los ojos. Cadenas del grosor de una maroma cuelgan del techo. Una enorme lámpara de araña de cristal desafía la ley de la gravedad suspendida sobre sus peinados victorianos. Los altavoces escupen la música de Body Rockers. Un pinchadiscos, un guitarrista y un cantante hipnotizan a más de un millar de personas con un nuevo estilo que se podría denominar rock-house. Bienvenidos a la sala Pachá de Ibiza, una de las discotecas con más estilo de una isla que, a partir de hoy, pasa de tener 111.107 habitantes a recibir más de dos millones de turistas hasta el final de agosto. Un desembarco increíble para la llamada isla blanca. Más de 14 kilómetros de ancho y 42 de largo con 72 playas en las que la música no se detiene. Es la pista de baile más grande y apreciada del mundo.

Fritz Pangratz dirige desde 1992 la sala Space. Otro de los buques insignia en la movida ibicenca. “No existe una concentración de clubes, pinchadiscos y tendencias igual en el mundo”, afirma con seguridad germánica. Pangratz puede presumir de que Space haya sido elegida durante dos años consecutivos la mejor discoteca del mundo en la Winter Music Conference, la feria musical de todos los inviernos en Miami. “Ahora el dance y la electrónica son más conocidos que hace 10 años, y el sector se ha profesionalizado muchísimo. Está más especializado”, asegura.

El tirón musical de Ibiza ha llegado a tal punto que hasta la hija del cantante Mick Jagger organiza, los viernes y también en Pachá, su propia fiesta. Puro glamour y pura vanguardia. Jade Jagger se hace llamar Jezebel como dama de ceremonias de esta fiesta en la que pueden verse a personajes como la multimillonaria y polémica Paris Hilton o el actor Kevin Spacey.

Esta noche, The Global Room (una de las cinco salas de Pacha) parece haberse trasladado a Brooklyn o al Bronx. Bailarines de hip-hop evolucionan contratados por la hijísima, que ha declarado: “Ibiza tiene una base de house, pero las raíces melódicas de la isla están en el hippy rock”. Es decir, la isla blanca quiere evolucionar hacia la superación del cliente de discoteca de aluvión, principalmente británico, que coge un vuelo barato con entrada incluida a una discoteca, se pega la fiesta a base de consumir éxtasis o cocaína y regresa de vuelta a Manchester sin haber pisado una habitación de hotel.

El paradigma de esta forma de entender Ibiza sigue vivo en muchos de los más de 20 clubes diseminados por la isla. El diario británico The Independent lo llama el “ciclo del clubber”. Gente que se va de fiesta por la noche, continúa en los after hours por la mañana y la tarde, y vuelve a comenzar la espiral la noche del día siguiente. Fritz Pangratz lo explica: “Es cierto que donde hay una masa de gente tan importante, hay problemas. Pero son problemas que nunca podrán resolverse, ni el propio Ayuntamiento, ni la policía, ni los propios hospitales están preparados para un fenómeno así”.

Lo que no se le escapa a nadie que esté metido en este negocio es que muchos de sus clientes aguantan marchas descomunales con ayuda química. Un portavoz de la sección de estupefacientes de la policía asegura que en Ibiza “ha subido el consumo de speed (una droga basada en la anfetamina) probablemente porque su precio es menor que el gramo de cocaína”. Pero la droga reina sigue siendo el éxtasis en todos sus derivados. Según este mando policial, “en agosto de 2005 se decomisaron más de 33.000 pastillas, y más de 3.200 papelinas de cristal y LSD”.

A las cuatro y media, cinco amigas de Londres se divierten ajenas a la parte sórdida de la noche. Para ellas todo es lujo y esplendor en una de las terrazas privadas de Pachá. Un gorila de dimensiones épicas y pinganillo en la oreja vigila que la despedida de soltera de Natalie no se vea enturbiada por ningún desconocido. Tienen una esquina de la terraza con una mesa en la que hay un par de botellas de champaña francés, zumos y refrescos de cola light. Junto a ellas, una chica con aspecto de geisha en biquini se contonea dentro de una copa gigantesca llena de agua en la que se lee Moët & Chandon. Samantha, una de las amigas de la futura esposa, cuenta que todas trabajan en inversiones bancarias. Lo dicen con sus narices a la altura que les permiten estar unas sandalias de Jimmy Choo, unos vestidos de noche de Miu Miu y complementos de Chanel, Dior y Prada desparramados por uno de los sofás más exclusivos de la isla. Tras solicitar la lista de precios y pedir información sobre los espacios privados de la discoteca, se descubre que la fiesta de las tiburonas de los negocios asciende a unos 1.500 euros sin barra libre.

Space es mucho más democrática. “Aquí no tenemos zonas privadas, ni para VIP como en otros locales”, afirma una responsable de comunicación de la sala, “queremos que nuestros clientes sientan que todos son iguales”. Ahora bien, Space en números logra poner los pelos de punta. Allí trabajan 330 personas, por la discoteca pasan durante toda la temporada de verano 350.000 personas y en cualquier día normal cuenta con 50.000 vatios de sonido y 70.000 de luz repartidos en cinco zonas diferenciadas.

A las 10.45 del sábado Johana, una joven asturiana de 24 años, hace autoestop en la carretera que une la capital con playa D’En Bossa. “Trabajo en la discoteca Amnesia y anoche tuvimos la sesión Made in Italy y ahora voy a la matinal del Space. Es un rollo servir copas toda la noche y no poder participar en la fiesta”, asegura. Para estos males está la Matinée, que a las once, cuando llega la camarera, ya lleva funcionando tres horas. La terraza acristalada del Space está atestada de público que arenga al pinchadiscos Iordee para que dé más caña a los platos que maneja. Los estilismos entran en la categoría de la normalidad. Pero también los hay imposibles: minishorts con calentadores, camisetas customizadas con dudoso gusto, bolsos de colores chillones… Y muchas gafas de sol. La luz de la mañana entra a raudales por las lunas del Space. Mucho chico sin camiseta luce músculo mientras los aviones sobrevuelan la terraza, a pocos metros de altura, camino del aeropuerto.

Brasilio Deoliveira es, a sus 60 años, el promotor de una de las mejores fiestas que se hacen en Space. Tiene lugar los miércoles por la noche y se titula Home of La Troya. Es una sesión eminentemente gay en la que una drag queen ejerce de dama de ceremonias. Deoliveira presume de haber sido el que “trajo la música a Ibiza” en los años setenta. Es una institución en la isla, pues él abrió en 1978 la mítica discoteca KU. “En los ochenta quise transformar esta isla llenándola de música, traje a más de 200 grupos a la discoteca”, asegura, y afloran nombres como Spandau Ballet, Duran Duran, Matt Bianco, James Brown, Five Young Cannibals, Alaska o Mecano. Él también fue el que trajo a Ibiza la fiesta Manumission, que en sus orígenes era un circo de tintes sexuales y una fiesta de la carne habitada por una fauna de pelos cardados y abanicos. “En Ibiza están las mejores discotecas del mundo y tiene playas muy buenas. Es el mejor sitio para olvidar 11 meses de curro y todo es el resultado de 30 años de trabajo en la isla de la música”.

En los últimos cinco años algo ha cambiado en la movida ibicenca. Los clubes ingleses ya no son los reyes, ahora cientos de clubers adoran a unos dioses que ponen música y a un hedonismo que se prolonga, sin tiempo para dormir, durante tres meses de verano.

Written by Marisol García

August 18, 2009 at 4:04 pm

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