Estilo y Narración II

Just another WordPress.com weblog

Kenita Larraín: “Soy claustrofóbica a los baúles”

leave a comment »

La chilena de “Bailando por un sueño”, que dejó plantado en el altar a Iván Zamorano para casarse con el Chino Ríos, sabe lo que es sufrir: se ahoga cuando la encierran en un auto. Y en las pirámides de Egipto.

Por Hernán Firpo / 01.06.2008 / Clarín-Espectáculos

Alrededor de este escritorio hay una pequeña agitación porque Kenita es la chilena que dejó clavado en el altar al futbolista Iván Zamorano y se casó con el Chino Ríos, tenista-divisa de su país. Para que lo entienda mamá: como dejar a Maradona para irse con Vilas.

“Choque esos cinco”, pide Kenita, despanzurrada en el sillón del hotel. “Buen ejemplo.”

¿Qué no sabemos de Kenita? ¿Hay algo más detrás de esos atléticos romances? Hacia allí orientamos la charla, después de Tinelli y lo bien que se la pasa con toda esa gran familia de soñadores, y qué buena onda se respira, ¿sabes? (dice respira e inhala como si ShowMatch tuviera alguna clase de fragancia).

Kenita no es la hija de ningún Quilapayún orgulloso que, enterado de la noticia, miró el tubo de siete agujeros, moqueó su alegría y dijo: se llamará Kenita. Ella es María Eugenia y por alguna razón que explica y no entendemos, en Chile, a las María Eugenia se les dice Kena, Kenita.

—¿Vos formarías parte del intercambio artístico que tenemos con el país hermano? ¿Nosotros mandamos a Rocío Marengo y ellos te mandan a vos?

—El mercado argentino recién se está abriendo para los chilenos. Igual que el año pasado fui la chica Conrad y ahora voy a ser la única chilena en un desfile hot en Punta del Este, también soy la primera chilena en ShowMatch.

—Mucho no se sabe de vos, aparte de que fuiste una suerte de Plan B cuando se cayó lo de Cecilia Bolocco.

—Yo tuve una reunión antes de que empezaran a negociar con Bolocco. Una vez que apareció la posibilidad de ella, se congeló lo mío y cuando dijo que no, se reanudaron las conversaciones conmigo.

—Se llegó a decir que la Bolocco había pedido unos 600 mil dólares por mes. ¿A vos cuánto te pagan?

—Yo vine por el vuelto, ja, ja, ja, y estoy agradecida. Ojalá tuviéramos un animador así en Chile. Con esa chispa, con la rapidez de Marcelo.

¿Qué hay de cierto sobre la relación con Tinelli?

¡¿Con quién?! Te estás confundiendo de personaje, me parece. ¿A quién has venido a ver?

¿O con Palermo era?

¡¿Palermo?! ¿Qué es?

En este caso, quién. Es uno rubio, alto, que juega en Boca.

Lo oí nombrar, ah.

¿O Nalbandian era ?

Me suena. Tenista (se ríe y hace burbujas con la pajita en el jugo de mango). Mi etapa de relaciones con deportistas está cerrada.

¿De qué nos estamos perdiendo si sólo hablamos de esto?

Es gracioso. En Chile están todo el tiempo con esto. Acá son más jugados. Se habla más de sexo. Un segundo. Perdoname: ¿puede ser una ensalada de tomates cherry, zanahoria, aceitunas verdes y zapallo italiano? Acá importa mucho cómo es tal o cuál en la cama y allá no, todavía no.

Como que les quedó un toque de queda mental después de Pinochet.

Ustedes son más liberales.

¿Pero qué nos estamos perdiendo de Kenita? ¿Qué deberíamos saber?

Tantos temas…

Dejame ver: a que te gustaría tener una fundación benéfica.

Me encantaría. Yo allá trabajo harto con eso. El año pasado organicé eventos para ayudar a los damnificados del terremoto de Perú. No me olvido más.

¿Qué más?

Soy ingeniera comercial, hice publicidades desde los nueve años, fui animadora, hice revista, humor, un pequeño papel en España donde conocí a Fabián Mazzei (acordamos no hablar más de hombres)… Soy versátil.

Si estuvieras en una isla desierta y sólo te dejaran llevar libros de Isabel Allende, ¿te molestaría no leer y quedarte viendo las palmeras?

Claramente la leería. Ella tiene su estilo, pero prefiero a Coelho. Hay un libro que me acompaña cada día, Guerrero de la luz. Perdona —otro ademán a la moza—: ¿me puedes traer unas lentejas?

¿Por qué estás comiendo todo esto?

Me hice vegetariana. Hace algunos años viajé a Egipto y descubrí que no podía entrar a las pirámides. Tenía claustrofobia. No una claustrofobia a los ascensores o habitaciones oscuras…

Claustrofobia a las pirámides.

Y a las maletas de auto.

A las maletas… ¿los baúles?

Eso.

Pero no es muy común viajar en baúles…

Esto no se lo he contado a nadie. Con lo de Iván (Zamorano, el futbolista), eran días con la prensa en la puerta de casa. Un día quise salir a un mall para comprarme un perro. Una amiga manejó el auto y yo me metí en el baúl para escaparme de ustedes. Casi me muero.

Claustrofobia a baúles y pirámides. ¿De eso se trata?

Me metí en unos talleres de crecimiento personal y con el profesor organizamos un viaje a Egipto, mi segundo viaje. Antes fui a un programa de televisión donde me invitaron a hacer una regresión y ahí supe que me habían enterrado viva. Yo creo en otras vidas. Sentí que me estaba ahogando. Terrible. Hice un tratamiento y fui a Egipto.

¿Y?

¿Puedes creerlo?, entré a las pirámides.

Me falta entender el momento en que te hiciste vegetariana.

Durante mi segundo viaje estaba en un crucero por el Nilo y me sirvieron pollo, mi plato preferido. Quise agarrarlo pero no pude. Algo pasó.

Written by Marisol García

August 18, 2009 at 4:32 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with ,

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: