Estilo y Narración II

Just another WordPress.com weblog

contra la redundancia

leave a comment »

La redundancia es el resultado de vicios previos: la falta de rigor, la flojera, el descuido. Si aparecen con tanta frecuencia en los textos periodísticos, por ejemplo, no es más que por un apuro que motiva recurrir a lo primero que se tiene en la cabeza. Vimos ya que la frase hecha y el cliché suelen ser sacadores de apuro. Desde un punto de vista semántico, la redundancia peca por exceso. Entre un cine “absolutamente repleto” y otro “repleto”, no existe diferencia técnica, por lo tanto no cabe aplicar palabras de más como en el primer caso. Expresiones ya instauradas, que se encuentran en todas partes, son redundancias sobre las cuales un mínimo de reflexión obligaría editar, incluyendo “tenía lágrimas en los ojos” (¿dónde más, si no?), “una muerte fatal”, “un nuevo récord” (por algo es récord), “volver a repetir” (¿por cuarta vez?), “se asomó afuera”, “es una utopía inalcanzable”, “falso pretexto”, etc.

Son tan frecuentes, que las redundancias ya pueden clasificarse según su tipo. Las redundancias de preposición, agregan palabras a ideas ya claras, como “se enmarca dentro” o “dirige hacia”. Las redundancias de adverbios, agregan datos obvios e inútiles, y casi siempre se arman con palabras terminadas en –mente: “llovía verdaderamente fuerte”, “la autoridad valoró positivamente la medida” (la valoración es de por sí positiva), “el recinto estaba completamente repleto” (no puede estarse repleto de modo parcial)”, “es absolutamente imposible” (dos absolutos juntos; ¿para qué?) o “suele ser frecuente que…” (siendo que la frecuencia está dada por su condición de hábito).

Debemos tener cuidado con adjetivar o asociar ciertos sustantivos con palabras cuyo significado ya está contenido en éstos. Es inútil escribir redundancias como “mañana se le hará la autopsia al cadáver”, “soy la peor de todas”, “contó con la aprobación unánime de todos los diputados”, “sector monopolizado por una sola empresa”, etc. Nótese que, en todas esas frases, retirar una o dos palabras no alteraría en lo absoluto la idea central. En fin, un buen ejercicio para evitar redundancias propias es detectarlas en otros. Una lectura superficial de la prensa tropezará sin demasiada dificultad con nuevas empresas que “nacen” (todo lo que nace es nuevo), celebridades que “de nuevo vuelven” a la pantalla y encarnan al “principal protagonista” de una determinada teleserie, etc.

La redundancia verbal es un plano de errores quizás más sutil, pues resulta tentador descuidar los verbos que acompañan ciertos sustantivos cargados de potencialidad. Una palabra como “sospecha” implica varias situaciones en sí, y acompañarla de verbos conjugados en potencial es, con frecuencia, innecesario. “Las sospechas apuntan al mayordomo, quien podría haber asesinado a su jefe”, queda mejor como: “Las sospechas de asesinato apuntan al mayordomo”; pues es más directo. También los verbos ‘temer’ e ‘intuir’ implican ya potencialidad. “Tememos que los autores podrían haber huido” es una frase mal construida. Mucho mejor: “Tememos que los autores hayan huido”. El temor no es ante la posibilidad de que el hecho ocurra, sino ante la ocurrencia del hecho en sí.

También verbos como ‘predecir’, ‘provocar’, ‘alertar’ o ‘adivinar’ cargan con un supuesto de adelanto. Por ello, no es necesario aclarar que “se predijo previamente” o que se “se les alertó con anticipación”. Mucho más completo sería escribir el tiempo exacto que medió entre la alerta y el hecho, algo así como “se predijo seis meses antes” o “se les alertó el jueves pasado”. Del mismo modo, verbos como ‘renovar’, ‘recurrir’, ‘reiterar’ o ‘repetir’, implican ya una —valga la redundancia— repetición. No es por ello necesario escribir frases como “volvió a repetirlo”, “renovó un mes más de contrato” o “de nuevo reiteró lo dicho”.

Existen ciertas muletillas que agregan palabras donde éstas no son necesarias en lo absoluto. Son, por lo demás, cacofónicas e irritantes cuando se cuelan en frases que terminan sonando ridículas, como “estamos frente a lo que es La Moneda”, “viajaremos a lo que es la zona de Florida” o “le pagaré al que es mi arrendador”. Lo mismo sucede con “en donde”: “lo llevaron a la cárcel, en donde procedieron a interrogarlo”.

Más sutil aún es la redundancia de posesivos (no es necesario escribir “me lesioné mi pierna”, sino sólo “me lesioné la pierna”). Eso sí, pueden usarse frases obvias que son legítimas, en la medida que enfatizan una cierta idea, como “lo vi con mis propios ojos” o “lo recogí con mis manos”. Se entiende el afán hiperbólico que anima estas expresiones.

Otras redundancias frecuentes. En negrita, la palabra que sobra:

—“el cinco por ciento de todos los niños sufre de asma” (la expresión de porcentajes se hace, siempre, sobre un total),

—“ejemplos concretos”,

—“elevadas cimas”,

—“estrictamente privado”,

—“primera prioridad”,

—“principal protagonista”,

—“plenamente identificado”,

—“fue un incendio provocado” (todos los incendios lo son. Es mejor, “fue un incendio intencional”),

—“miel de abeja”,

—“persona humana”,

—“perfil humano”,

—“volar por el aire”,

—“etc., etc., etc.”.

Written by Marisol García

September 1, 2009 at 6:43 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with ,

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: