Estilo y Narración II

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frases insoportables

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(Del blog Nada Que Aportar)
Las frases hechas, los cliché, son ya una institución en nuestro periodismo. Un infaltable. Un must de cualquier periodista que se precie. Y quiera preciarse, claro. Aunque no son sólo los periodistas quienes las utilizan. Pero ya habrá tiempo para eso. Aquí, en una primera parte, sólo cinco ejemplos de los periodistas chilenos. Póngale nombre –o cara –a la frase. Seguro que puede.

Al final del día. Uff, esta frase es espantosa. ¿Por qué, después de hablar una sarta impresionante de idioteces, terminan con que “al final del día lo importante es…”? Simplemente repulsiva. Pese a su evidente asquerosidad, es muy requerida por infinidad de periodistas, especialmente “entrevistadores estrella”. Es recurrentemente escuchada en programas de radio, desconozco la razón.

El flagelo de la droga. Frase cliché por excelencia. ¿Por qué no simplemente “la droga”? O, si se quiere poner énfasis, “la maldita droga”. Con más énfasis, “la puta droga”. Pero no más “flagelo”, por favor. Esta frase se ha convertido en sí misma en un flagelo. Un asco.

El vital elemento. OK, se entiende que es el agua. Incluso puede ser un buen recurso para no repetirse tanto. Pero todo tiene un límite. Y ese límite está antes del despacho en plenas inundaciones, con los periodistas informando que “el vital elemento ingresó a la casa”. Eso es mucho. Ni hablar de cuando usan esta expresión informando de algún ahogado. Simplemente de mal gusto. Por último, y para variar un poco, hablen del “mortal elemento”. Digo yo.

Dantesco incendio. Ufff. Qué derroche de cultura literaria. Como diciendo “ojo, que yo sé de clásicos de la literatura”. Por lo demás, no sé qué opinaría Dante. Pero citando a doña Rosa (véase gato-mono) “sea lo que sea no era nada bueno”. Lo que pensaría Dante, claro.

El malogrado. Ésta es impresionante. Con sólo oírla pienso en choques, atropellos, temporales. Pero ojo, que se puede ir mucho más allá. Pudo ser muerte natural, dormirse plácidamente y pasar al más allá entre sueños de algodón. Eso no lo salva a uno de ser malogrado. Para mí esta frase tiene una sola cara, que no revelaré aquí. Pero el malogrado asociado a esa cara murió electrocutado por un cable en plena vía pública. Mala suerte. También los hay atropellados por un camión de valores. Eso sí es ser malogrado.

Por qué no decirlo. Terrible frase. Si no lo va a decir, no lo dice. Si lo quiere decir, bueno, va y lo hace. Pero eso de advertir previamente que se va a decir algo fuerte, chocante, una afirmación potente, para terminar diciendo cualquier estupidez. Espantoso.

Llama poderosamente la atención. ¿Por qué la alusión al poder? ¿Resabios del pasado? ¿Complejos? Me cuesta entender que algo no pueda, simplemente, llamar la atención. Así a secas, sin poderes de ninguna especie.

Convengamos que. ¿Por qué esta muletilla insoportable? Por lo demás, siempre va seguida, vaya a saber uno por qué, de la frase más obvia, evidente y que genere mayor consenso en la historia reciente. O sea, no hay que convenir con nadie, porque todos están de acuerdo. Son ilaciones, por poner algo relativamente actual, del tipo “convengamos que no es bueno que los carabineros asesinen de un balazo a los niños que molestan a sus hijos”.

Así las cosas. Terrible frase hecha, que no dice nada. Absolutamente nada. Pero, vaya a saber uno la razón, los periodistas la utilizan con fruición. Detestables, tanto la frase como quienes la ocupan.

No es menos cierto. ¿Menos cierto que qué? ¿Les habrán enseñado a los ilustres comunicadores que palabras como “más” o “menos” se ocupan en comparaciones? Esta debe ser de las frases que más me indignan, por lo espantoso e ilógico de su construcción.

Meteórico ascenso. Lo que se llama una paradoja. Hasta donde yo sé –corríjame un astrónomo si me equivoco –los meteoritos bajan, no suben. Entonces, ¿cómo es eso de “meteórico ascenso”? Incomprensible. ¿No será que en vez de meteoritos, la frase se refiere al meteorismo? Vaya a saber uno.

Hoy por hoy. Qué asco. ¿No basta con decir “hoy”? Lo peor es que no falta el ingeniero con humor de tal, o el puro y simple gracioso que responderá “hoy al cuadrado”. El sólo hecho de dar pie a un chiste de esa naturaleza hace que la frase sea detestable.

Una verdadera tragedia. Ya. ¿Y cuáles son las falsas tragedias, oiga?

Lo que es. Peor todavía, “todo lo que es”. Se han visto enlaces en directo en los que periodistas –con estudios universitarios completos, por cierto –cuentan que están “en todo lo que es la marcha…” ¡¡¿¿En todo lo que es??!! Ufff. Luego de eso, pasan a revisar todo lo que son las imágenes de los disturbios. No hay salud.

El muerto fallecido. Sí, es real. No precisamente de uso común, pero se ha visto. Despacho en directo, micrófono en mano y la periodista del canal del angelito se despacha la frase. De culto. Menos mal no llegó al extremo del “malogrado muerto fallecido”. Hubiera sido mucho.

De proporciones. Indica, básicamente, que el periodista no sabe de qué está hablando. ¿De qué proporciones, por Dios? El equivalente a “vengo llegando, está todo en llamas, pero ni idea de muertos, daños ni nada, no sé” es simplemente “el incendio de proporciones”. Cabe recordar que, como se explicara en la primera parte, el incendio, para ser realmente impresionante, debe ser dantesco. He oído, incluso, la expresión “dantescas proporciones”. Una joya.

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:16 pm

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