Estilo y Narración II

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el español de los manuales técnicos

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Por Alex Grijelmo *del libro Defensa apasionada del idioma español.

Los manuales de instrucciones que acompañan a los electrodomésticos y a los aparatos informáticos resumen muy bien una serie de problemas de lenguaje bastante comunes: la incapacidad de comunicarse, el desprecio hacia el idioma español, la adoración al ídolo anglosajón, la arrogancia de quien tiene el poder -en este caso el poder comercial y económico-, el arrinconamiento del pueblo y de sus palabras más sencillas. Y de nuevo aparece así la barrera psicológica que pretende arrojar a los consumidores hacia los infiernos de la ignorancia, para que crean que cualquier problema que genere luego el aparato será producto de su nesciencia, jamás de la empresa fabricante, jamás porque el comprador no haya sido advertido con todo rigor y precisión sobre los problemas que plantea la máquina.

La primera vez que hube de descongelar mi nuevo frigorífico, de marca Bosch, en julio de 1998, me asaltaron unas dudas terribles, porque el folleto de instrucciones obligaba a que el aparato estuviera “categóricamente apagado”. Me preguntaba si en tal expresión anidaba un concepto peculiar, técnico, una manera Concreta de apagar el frigorífico y vi que las instrucciones no respondían a mi problema principal una vez que terminé su lectura: no sabía si el frigorífico debía estar simplemente apagado (aunque fuera categóricamente), para lo cual bastaba Con accionar un interruptor de su parte frontal superior, o si la expresión “categóricamente apagado” significaba que debía desenchufarlo, para lo cual había de mover su pesada mole y sacarlo de los muebles de cocina en los que está encajado, con gran esfuerzo físico y agobio mental por mi parte. Más aún: me preguntaba si el hecho de emprender tal acción “categóricamente” no debía conducir a quitar la corriente eléctrica en toda la casa.

Resulta chocante que incluso los fabricantes españoles redacten sus manuales en un idioma extraño, lleno de estiramientos y perífrasis. Por ejemplo, la firma de electrodomésticos Teka, radicada en Santander, explica lo siguiente en la página 13 del folleto para su horno de cocina: “Si después se observa que en el esmalte del horno existen residuos de comida en pequeñas proporciones, éstos son eliminados poniendo a funcionar el horno en vacío a 250 grados durante una hora según el grado de suciedad”.

Tal parece que quien se encargó de redactar estos manuales hubiera cobrado por palabra, porque en cada párrafo sobran unas cuantas. Así sucede con los “residuos” de comida “en pequeñas proporciones”, puesto que si no se tratara de restos en pequeñas proporciones no podríamos hablar de residuos. Estaríamos ante el hecho de que alguien se hubiera olvidado un muslo de pollo en el horno.

Y hay que poner a funcionar “el horno en vacío”, fórmula que quizá da más sensación de dominio de la técnica que si encendemos simplemente el “horno vacío”.

Pero Teka parece estar adornándose con plumas ajenas. Porque algunas de sus frases jamás las escribiría un español, salvo que estuviese traduciendo del inglés. Por ejemplo, la ya reproducida: “Si después observa que en el esmalte del horno existen residuos de comida en pequeñas proporciones, éstos son eliminados poniendo a funcionar. ..”. Nadie redactaría así en nuestro idioma, sino de este modo: “Si después observa… restos de comida, éstos se eliminan poniendo a funcionar …”

¿Quién fabrica los hornos de la empresa santanderina Teka? ¿Están haciéndonos creer que salen de Cantabria y en verdad se fabrican con explotación de niños en Taiwan?

Pero siempre que nos tropezamos con la torpeza lingüística de alguien que escribe para comunicar algo -como en el ejemplo inicial de la impermeabilización de las antenas-, encontramos también que lo comunicado no alcanza precisión alguna. Porque la referida frase que obliga a poner el horno “a 250 grados durante una hora según el grado de suciedad” carece de sentido. O bien lo mantenemos a esa temperatura durante una hora, o bien lo decidimos según el grado de suciedad (falta saber además si la suciedad nos condicionará la temperatura o el tiempo, o ambas cosas).Pero las dos medidas a la vez parecen incompatibles. ¿Y entonces qué hacemos para limpiar el maldito horno?

También derrocha palabras el autor del manual de las licuadoras Blender, que recomienda “retirar el enchufe del tomacorriente”, acción que debe de ser algo parecido a “desenchufar”. Después advierte este librillo sobre lo que hay que hacer “si el motor reduce su régimen de velocidad “, un hecho seguramente relacionado con que el motor se pare.

Lo peor es que el organismo que vela por la calidad de los productos en España, Aenor (Asociación Española de Normalización), certifica en un documento adjunto que el electrodoméstico adquirido tiene una “calidad comprobada “. Pero mal podrá evaluar Aenor la calidad de los manuales de instrucciones -de los que de todas formas no se ocupa-, cuando su propio documento explica al comprador: “Si encontrara algún defecto o anomalía, Aenor establece que el fabricante disponga de un procedimiento de reclamaciones”.

Para empezar, vemos ya una falta de concordancia: si encontrara, establece. Había dos posibilidades correctas: “si encontrara, establecería”: o “si encuentra, establece”. Se opta por la errónea que consiste en mezclar ambas. Pero de cualquier forma el significado carece también de sentido, al decir en rigor: si encontramos algún defecto, Aenor establece que el fabricante disponga de un sistema de reclamaciones. Así que si no encontramos un defecto Aenor lógicamente no establece nada, y el fabricante no está obligado a contar con ese procedimiento. Con lo cual le haremos una faena a otro que sí encuentre problemas, porque al no haberlos tenido nosotros el fabricante queda exento de atender la reclamación de nadie más.

La redacción correcta habría sido ésta: “Aenor establece que el fabricante disponga de un procedimiento de reclamaciones, por si encuentra un defecto o anomalía”. Porque la primera parte de la oración no depende de la segunda. Ahí el redactor que cobra por palabras se ha perdido cierta cantidad, al olvidarse del término “por” que ha de añadirse en la nueva versión.

Pero quien elaboró el libro de instrucciones de las ollas a presión Monix sí anduvo espabilado para sumar palabras a sus honorarios. Véase esta frase en la que se dice cuatro veces lo mismo: “Ahorra combustible y tiempo tratando los alimentos en brevísimo espacio de tiempo: hierven más rápidamente y se cuecen en pocos minutos”. Su texto añade en otro punto, por si no hubiera quedado claro lo relativo al ahorro de tiempo, que “toda mujer moderna la utiliza, porque proporciona economía diaria de tiempo”.

Y; como ocurre inexorablemente cuando alguien usa el lenguaje sin reflexionar sobre él, los males no se quedan sólo en desastres lingüísticos. Notemos que el manual indica “toda mujer moderna la utiliza “. ¿Y los hombres no? Una vez más se da por sentado que sólo deben cocinar las mujeres y sus hijas.

A veces las instrucciones del fabricante le hacen sentirse a uno imbécil por no saber evaluar el PH o el HF del agua, cosa que, al parecer, todo el mundo hace a simple vista sin que nadie le explique cómo. Dice así el manual de Byse Electrodomésticos, empresa radicada en Navarra, sobre el correcto funcionamiento de un lavavajillas (también llamados “lavaplatos”): “Si el agua que va a entrar en el aparato tiene una dureza superior a 13 HF es necesario añadir sal en el depósito”.

Y para que nos demos cuenta del mérito que atesoran estas máquinas y valoremos el que un día tras otro estén ahí a nuestro servicio, sin reparar en domingos ni festivos, a los fabricantes les gusta explicar en sus manuales que los aparatos “trabajan “, quizá porque el verbo “funcionar” les suena mecánico y resta mérito a la marca. Así, la olla a presión Monix “trabaja con tanta facilidad que sobrepasa cualquier otro método de cocina “, con lo cual averiguamos además que las ollas son mucho más que un utensilio: son incluso un método.

Más adelante hablaremos de las deformaciones del lenguaje que imponen políticos, jueces o economistas. Los fabricantes de aparatos diversos no les quedan a la zaga.

Véase, si no, esta manipuladora expresión que emplea Ufesa en el manual de un tostador 1T-7654, y supongo que también en otros prospectos:

“El uso de accesorios no recomendados por el fabricante puede ser peligroso”.

El peligro es siempre potencial, y la posibilidad de que se produzca un hecho negativo va incluida en el propio término. Así, generalmente no se dice que un perro “puede ser peligroso”, puesto que si puede ser peligroso ya lo es. El peligro no consiste en una desgracia cierta, sino sólo en su posibilidad. Pero aquí el empresario no podía haber escrito: “El uso de accesorios no recomendados por el fabricante es peligroso”. Porque nadie podrá sostener que un tornillo no instalado por un electricista de la propia firma comercial supone algún tipo de riesgo. Por eso el mal retruécano “puede ser peligroso” salva al fabricante de tamaña aseveración pero al final introduce en el usuario el miedo a tocar el aparato sin avisar a los técnicos de la propia marca que se lo ha vendido, y comprarles también los repuestos.

En ocasiones estos manuales dan cierta risa, siempre que uno haya llorado a menudo por los atropellos que se cometen con nuestro idioma y esté curado de tristezas. El libro de instrucciones del temporizador de un sistema de riego creado para que las macetas estén contentas en nuestra ausencia espeta ya desde el primer párrafo:

“Usted disfrutará muchos años de servicio y satisfacción”. ¿Pues no era para regar las plantas? ¿Y las plantas, qué; nadie se acuerda de su disfrute? En fin, el caso es que “operando el regulador” (la palabra “operar” triunfa en todos los manuales) se mantendrá el riego “ya sea que usted esté en su casa o no”. Y lo mejor viene luego: “El regulador de riego WaterMaster cuenta con un dispositivo de anulación manual que le permite regar todas las zonas en secuencia, o, regar manualmente una a la vez”.

Para regar “una a la vez” no hacía falta tanta industria, ¿no?

Pero sí para lo que se avecina:

“En los casos de paredes blandas o muy duras, si fuera necesario se pueden usar sujetadores expandibles”.

Eso sí que explica que el cliente disfrute muchos años “de servicio y satisfacción ” como se había anunciado al principio.

Y por si fuera poco, la instalación cuenta además con “un cable eléctrico del calibre 16 para agregar longitud”. La perífrasis quizá se ha escrito así con el fin de, ya entrados en materia ambigua, no decir ni “alargar” ni mucho menos “hacerla más larga”.

En cuanto a la instalación, no ha de sorprender que en estas actividades confusas hayan de adoptarse siempre precauciones: “No permita “, advierte, “que la pila tome contacto con la faja del terminal”.

Y por si llegara una emergencia de cualquier tipo en tal acto, el mecanismo consiente, eso sí, “descontinuar el riego bajo el modo manual”.

Una vez que se aplica este sistema, “el riego ha sido detenido temporariamente”.

La expresión no mejora después, porque “el cable se puede instalar bajo tierra, aunque, para mayor protección, se le puede pasar por adentro de un caño de plástico grueso y después enterrarlo”. También se pueden “entrar cambios”, “ordenar un nuevo modelo “, y “saltear un día”.

El manual de la licuadora Blender, fabricada por Hamilton Beach, no tiene desperdicio:

“Si utiliza el artefacto en la cercanía de niños, debe vigilarlos muy de cerca”. (Parece una obviedad que, estando cerca los niños, los vigilaremos de cerca. ¿Pero cómo preparar entonces el batido?) .

“No opere ningún artefacto que tenga el cordón o el enchufe dañado, si no funciona correctamente, se ha dejado caer o está dañado de cualquier otra forma “. (No consta que ningún aparato se deje caer, en plan insinuante, así como diciendo…; bueno, sólo si está dotado de sujetadores expandibles).

“No permita que el cordón cuelgue de la mesa o del mostrador, o que toque superficies calientes, incluyendo la estufa”. (Menos mal que nos avisan de que entre las superficies calientes se incluye la estufa, que si no la habríamos minusvalorado injustamente).

“Mantenga las manos y utensilios fuera del envase mientras está licuando, para evitar la posibilidad de lesiones personales severas” (magnífica la aclaración de que las lesiones son personales, a lo mejor porque también se puede lesionar a una silla; pero desconcierta que las lesiones vayan a resultar “severas” con nosotros como los maestros que suspenden mucho).

“Retire la pieza central de la tapa cuando licúe líquidos calientes”. (El comprador se verá aquí ante un reto insalvable, que le dará idea de su terrible incompetencia para hacer lo que el manual espera de él: a ver quién licua un líquido, aunque sea caliente).

“Enseguida saque la base de la caja quítele el papel que la protege”. (Se adivina que detrás de ese “enseguida” debió de existir en algún tiempo un “tan pronto como”; pero hace falta imaginación).

Y también las máquinas están sujetas a los problemas de la gente, porque el manual de Blender explica lo que hay que hacer “en caso de paro repentino del aparato”. Y mucho cuidado con dejar olvidadas las cuchillas en una vitrina: “Si las cuchillas en movimiento son expuestas accidentalmente, pueden causar daños”.

Unos frigoríficos fabricados en Navarra por Byse Electrodomésticos incluyen en su libro de instrucciones algunos sabios consejos: “Evitar categóricamente exponer la unidad a llama libre o a fuentes de ignición” (mostrando de nuevo el gusto por la expresión “categóricamente”, aun tratándose de distinta marca de la citada más arriba); “cuando cese de utilizar una unidad obsoleta, por favor, tome la precaución de rendirla inservible inmediatamente”; “desmonte el cierre o destruya su funcionamiento”; “confíe siempre el desabastecimiento de una unidad inservible a la competencia de su servicio de desguace municipal “. (¿Y si nuestro servicio de desguace municipal no tiene nadie que le haga la competencia?).

Incluso un simple tapón hermético para guardar líquidos sin que se deterioren necesita de intrincadas explicaciones.

Dice así el manual de Vacuvin, fabricado en Holanda: “Consista de una bomba de vacío y uno o varios tapones de vacío que le permiten vaciar una botella de vino empezada de aire, de modo que se conservará el sabor por un largo tiempo. Los materiales los mejores obtenibles, junto con nuestros sistemas estrecticos de control de calidad garantizan que quedará Usted muy satisfecho con su adquisición”. (Las erratas son las del original) .

El frigorífico Liebherr, fabricado en Alemania, incorpora a sus adelantos tecnológicos 105 faltas de ortografía en 14 páginas. La campana extractora Thermor se ha llevado con su potente aspiración nada menos que 74 acentos que deben de haber volado al aproximarse las tres cuartillas al aparato. La lavadora WWA 8852 de General Electric ofrece un infame manual de 13 páginas al que faltan 128 acentos y sobran 46. y además se explica con estilo: ¿Qué hacer con una mancha?: “Trate las manchas nada más ocurrir, antes de que puedan establecerse “. ¿Y si encoge la ropa? Hay solución “a largo plazo”: “Compre toallas mayores para dejar sitio al encogimiento”.

La lavadora de Zanussi tiene por su parte “mandos escamoteables”; y si se quiere limpiar el filtro hay que girar la manilla “en sentido antihorario”. El horno de Balay se expresa como los pieles rojas de las películas: “Para extraer el alimento hacer uso del mango desmontable, roscándolo en el espadín”. Este aparato no conecta, sino que “conexiona “, y está dotado de un “interruptor minutero”. y si desea ponerlo en marcha habrá de seguir estas instrucciones: “Para cualquier operación con el horno, además de posicionar el termostato en la temperatura elegida, deberá programar la duración de la misma colocando el mando en el número que representa la duración en minutos que queremos esté funcionando el horno”. El extractor Thermor aconseja “mantener la campana en funcionamiento hasta bien después de haber terminado la cocina”; y nos advierte del peligro de que la campana y un quemador funcionen “contemporáneamente”. ¿y qué hay que hacer con un filtro sucio?: “Lavar y secar sin torcer”. La secadora Bosch anima al cliente: “Le deseamos mucha alegría con el cuidado económico y cuidadoso de su ropa “. Esta secadora “por motivos de seguridad está equipada con un dispositivo de seguridad “. Pero al final tanta cautela tautológica se queda en un consejo muy poco técnico: “No meter la mano en el tambor girando”.

El manual de la lavadora ÖKO AEG incitará a los más apáticos detectives: ¿Qué mensaje cifrado se habrá querido transmitir aquí?: “Asegure mi manguera de desagüe. Si me instalará debajo de una encimera en la cocina o el cuarto para trabajos domésticos, será necesario después de haberse desmontado el tablero de la mesa de trabajo se monte, de acuerdo con las instrucciones de la instalación y conexión, una chapa intermedia debidamente conectada a tierra en calidad de protección contra el contacto con piezas bajo corriente eléctrica”. Así durante 72 páginas 1.

Más enrevesado aún se nos presenta el libro de instrucciones de una cortadora de césped marca Briggs & Stratton. He aquí algunas de sus frases:

“Cómo usar las figuras del manual: 1-9. Refiérase a las figuras en el interior de los cuadros. 1-13. Refiérase a los componentes del motor de la figura. A-D. Refiérase a los repuestos en el interior del cuadro anterior”. “El motor Briggs & Stratton que usted compró con su equipo fue fabricado con el material más fino en una facilidad de fabricación”. “Los motores Briggs & Stratton no deben ser usados en vehículos con menos de cuatro ruedas. Ellos incluyen bicicletas motorizadas, productos de aviación y Vehículos todo Terreno” (¿serán las bicicletas motorizadas muy distintas de las motocicletas?). “Además, Briggs & Stratton no aprueba que sus motores sean usados en eventos competitivos” (¿alguien está organizando carreras de cortadoras de césped?). “Podrían ocurrir fallas si no se sigue esta advertencia ocasionando muerte, heridas graves, incluyendo parálisis, o daños a la propiedad” (pues parece mucho más grave la obligación de “seguir esta advertencia ocasionando muerte”: sería mejor seguir la advertencia sin ocasionar nada).”No opere el motor en un área encerrada”. “No almacene, derrame o use gasolina cerca a una llama abierta ni cerca a aparatos tales como estufas, hornos o calentadores de agua los cuales usan luz piloto o que puedan crear chispa”. “No compruebe la chispa si se removió la bujía “. “No golpee la volante con un martillo o con un objeto duro ya que esto podría ocasionar que se astillara la volante durante la operación”. “Use las herramientas correctas para darle servicio al motor”. “No opere el motor sin mofle”, “Si el motor vino equipado con deflector en el mofle, inspecciónelo periódicamente”. “Consulte las instrucciones de bodegaje”2.

¿Es éste el idioma al que nos quieren llevar los que defienden el resquebrajamiento del español, los que celebran esos palabrones que se adentran en Internet, los que hablan de acabar con la dictadura de las academias y los lingüistas? ¿Acaso tiene que ver algo este lenguaje con el que emplea el pueblo llano, con el que ha sido esculpido en las mejores obras de la literatura mundial, realmente supera en algo a una obra escrita hace cientos de años como El Lazarillo de Tormes? ¿Existe en algún lugar esta manera de hablar, llena de clones y deformaciones genéticas; hay alguien que ame este idioma contaminado y, por tanto, irrespirable? ¿Sólo el hecho de haber dado con un nombre gracioso, spanglish, justifica esta mezcla del agua con el vino?

Los manuales de instrucciones nos proyectan hoy en día un documental que permite ver en la pantalla cómo resultaría en la realidad el idioma que empieza a formarse en las cabezas de algunos irresponsables, el idioma traducido por ordenador. Los culpables de esos libros de instrucciones y quienes vitorean los “avances” del lenguaje frente a los retrógrados inmóviles coinciden en acumular desidias, ignorancias, incompetencias… y, sobre todo, el desprecio a sus semejantes. Qué importa si quienes han comprado un electrodoméstico entienden o no las palabras que se les muestran, qué importa si esta jerigonza genera distancias, incomprensiones… incluso accidentes. Qué importa si alguien no sabe lo que es un mofle, ni el PH, ni categóricamente.

¿Cómo puede consentir el mundo hispanohablante esta tomadura de pelo? ¿Por qué no nos indignamos ante tamaña estafa?

¿Se mostraría tan descuidado un fabricante argentino, mexicano, chileno, español, guatemalteco, colombiano, peruano… que quisiera conquistar el mercado estadounidense?

El servilismo ante el inglés nos lleva a bajar el listón de la calidad que exigimos a quienes lo usan. Nos llegan los electrodomésticos del mundo sajón -o a través de él- y por eso ya tenemos bastante con que funcionen. Alegrémonos de que existan y podamos comprarlos. Y si se trata de un producto fabricado en el mundo hispano, no consideremos que el escaso interés de la firma por comunicarse con sus clientes pueda darnos pistas sobre la seriedad de la marca, no. Creamos ingenuamente que el idioma carece de importancia, que no refleja nunca lo que hay detrás, que nadie altera el valor de las palabras en su propio beneficio. Pensemos que grandes fábricas multinacionales como las citadas apenas ganan dinero y por ello no pueden distraer tan ingentes cantidades como se necesitarían para pagar a la legión de filólogos que seguramente hacen falta para escribir en correcto español.

Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:33 pm

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