Estilo y Narración II

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los hechos de la vida

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Absolutamente todos los grandes escritores de América latina fueron alguna vez periodistas. Aunque los Estados Unidos han reivindicado para sí la invención o el descubrimiento del nuevo periodismo, o de las “novelas de la vida real”, es en América latina donde nació el género y donde alcanzó su grandeza. Y es en América latina, sin embargo, donde se insiste en expulsarlo de los periódicos y confinarlo a los libros.

Por Tomás Eloy MartInez | *Este artículo-conferencia fue publicado en el sitio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Hace tres décadas, durante el apogeo de la investigación de The Washington Post sobre el caso Watergate, lo que ya entonces se conocía como nuevo periodismo alcanzó su punto de máxima influencia y credibilidad. Se puede disentir con lo que después hicieron Carl Bernstein y Bob Woodward, autores de aquellos memorables relatos impecablemente investigados, pero no con la decencia, la tenacidad, la eficacia en la información y la calidad en la narración que exhibió el Post al anudar los hilos de aquella historia.

Desde entonces, el periodismo narrativo ha tropezado y ha caído más de una vez, en los Estados Unidos y en otras latitudes, acaso por haber olvidado que narración e investigación forman un solo haz, una alianza de acero indestructible. No hay narración, por admirable que sea, que se sostenga sin las vértebras de una investigación cuidadosa y certera, así como tampoco hay investigación válida, por más asombrosa que parezca, si se pierde en los laberintos de un lenguaje insuficiente o si no sabe cómo retener a quienes leen, la oyen o la ven. Solas, una y otra son sustancias de hielo. Parta que haya combustión, necesitan ir aferradas de la mano.

Los problemas que afectan la calidad del periodismo, sea o no narrativo, son más o menos los mismos tanto en este continente como al otro lado del Atlántico. Desentrañar por qué han sucedido y pueden seguir desencadenándose es el tema de mi reflexión de esta tarde. Mal podré exponer de dónde venimos si no reconozco primero el camino hacia donde vamos.

Véase lo que sucedió con la historia de Watergate, en la que dos periodistas jóvenes, en pocos meses, alcanzaron notoriedad universal al desatar algunos nudos de corrupción y abuso de poder. Todo empezó por algo en apariencia insignificante: un robo en las oficinas del partido político de oposición. Y terminó con un hecho notable: la renuncia forzada del presidente de los Estados Unidos. El punto de partida era ínfimo; el resultado, en cambio, fue espectacular.

Una lectura superficial de ese fenómeno hizo que muchos llegaran a conclusiones también superficiales. Si un incidente pequeño podía, por obra y gracia de los medios, transfigurarse en una historia mayor, entonces –pensaron algunos– había que salir en busca del escándalo. El periodismo narrativo parecía perfecto para alcanzar ese fin. Los dramas bien contados podían conmover e hipnotizar a millones. En cuanto a la investigación, se llegó a pensar que era legítimo tejer trampas aquí y allá, corregir sutilmente la dirección de ciertos hechos, agrandar otros, inventar testigos, multiplicar las gargantas profundas. Así fue convirtiéndose en mercancía lo que es, esencialmente, un servicio a la comunidad. Se confundió a los lectores, espectadores y oyentes con una muchedumbre de alfabetos a medias, cuya inteligencia equivalía a la de un niño. En ese juego, el periodismo perdió mucha de su credibilidad y casi toda su respetabilidad.

Me di cuenta por primera vez de que algo grave estaba sucediendo cuando, en el Festival de Cine de Cartagena de Indias de 1997, un periodista novato, empuñando un micrófono como si fuera la pistola Beretta de James Bond, se acercó a Gabriel García Márquez y le preguntó si era verdad que iban a filmar en Hollywood su último libro. “¿Cuál libro?”, preguntó García Márquez, con genuina curiosidad. “Pues cuál va a ser, el último”, dijo el jovencito. “¿Y cuál es el último?”, insistió el autor que meses antes había publicado Noticia de un secuestro, a sabiendas de que se venía lo peor. “Pues cuál va a ser: ése que llaman Cien años de soledad”, explicó el muchacho, con un aplomo que nunca vi en Norman Mailer ni en Tom Wolfe. No he sabido más del interrogador, que fue enviado aquella noche de regreso a la escuela, pero todos los días veo a muchos que se le parecen en las pantallas de televisión de mi país, Argentina, o en las radios que cazo al vuelo cuando doy vueltas por América latina.

Suele evocarse con melancolía y con la admiración que se siente por lo que no se tiene aquel periodismo revolucionario de los tiempos en que empezó todo, hacia fines de los años cincuenta. Creo decididamente que ese periodismo no era tan bueno como el que se podría hacer ahora, porque hay más talentos que entonces y, los que hay, están intelectualmente mejor preparados. Lo que sucede es que hemos caído, todos a la vez, en las trampas de la fiesta neoliberal, y no sólo van quedando pocos lugares donde publicar lo que se quiere escribir, sino que a la vez (y lo uno va con lo otro) cada vez hay menos empresarios dispuestos a arriesgar la paz de sus bolsillos y la de sus relaciones creando medios donde la calidad de la narración vaya de la mano con la riqueza y la sinceridad de la información.

Informar bien cuesta mucho dinero, porque requiere invertir un tiempo para el que a veces no basta una sola persona, e informar con honestidad roza con frecuencia intereses ante los que se preferiría estar ciego.

A diferencia de lo que sucedía hace un siglo, el periodismo es un árbol con más ramas de las que se ven. Hace ocho décadas nació, incipiente, el periodismo de las radios, hace medio siglo el de la televisión y hace poco más de una década el periodismo de Internet. Casi durante el mismo tiempo se ha pronosticado la decadencia y caída del periodismo gráfico, que ha ido asumiendo formas inesperadas, como para desmentir los vaticinios fúnebres de las encuestas. En la reunión que celebró la Asociación Mundial de Periódicos en Seúl, a fines de mayo pasado –donde la preocupación central fue la proliferación de los webblogs como ejercicios descontrolados de periodismo–, se examinó una predicción sobre la muerte de los medios masivos publicada por The Wilsonian Quaterly, una revista de la Universidad de Princeton. Allí se sostenía que, dado el acelerado avance de la revolución tecnológica, el periodismo tradicional sucumbiría en el año 2040. Con sorna, el presidente de la compañía de The New York Times, Arthur Sulzberger, respondió: “Ya que tratamos de ser precisos, ¿por qué no somos todo lo precisos que el periodismo nos permite? ¿Por qué decir que moriremos en 2040? Digamos, más bien, que moriremos el 16 de abril de 2040, y que eso sucederá a las seis de la tarde. ¿No les parece?”.

Lo que está enfermando a la profesión periodística es una peste de narcisismo. Lamento coincidir en ese punto con el australiano Rupert Murdoch, que tanto daño ha causado comprando medios sólo para degradarlos y venderlos después, pero el narcisismo –del cual el propio Murdoch es un buen ejemplo– se advierte ahora casi a cada paso. Una inmensa parte de las noticias que se exhiben por televisión están concebidas sólo como entretenimiento o, en el mejor de los casos, como diálogos donde las preguntas no están sustentadas por información. Y entre las radios y los periódicos se ha creado un atroz círculo vicioso, que empieza –o termina, puesto que se trata de un círculo– con entrevistas que las radios hacen a personajes destacados por los periódicos, para que éstos publiquen, a su vez, las reacciones de esos personajes, y así hasta el infinito.

La fiebre exhibicionista ha creado escándalos como el de Janet Cooke, la periodista que ganó un Pulitzer en 1981 por una serie publicada en el mismo Washington Post del caso Watergate por contar la historia de un niño de ocho años que se inyectaba heroína con el consentimiento de la madre. La historia era falsa y Janet Cooke tuvo que devolver el premio, pero ya había cometido el grave daño de contarla muy bien, con lo que sembró la semilla de una plaga que dio muchos frutos desde entonces. En 1998 el semanario The New Republic despidió a Stephen Glass, su editor principal, porque lo descubrió inventando datos, citas o personas en 27 de sus 40 últimos artículos. El más famoso y letal de todos fue el fruto que nos dio a comer Jayson Blair, reportero estrella de The New York Times, quien entre los años 2002 y 2003 investigó por todos los Estados Unidos una docena de noticias apasionantes sin moverse de su escritorio, plagiando el trabajo de otros o rellenando los huecos informativos con delirios de su propia invención. Al afán de la gloria fácil Blair unió el pecado de la pereza, que es el pecado capital de todo buen periodista, y con el solo arte de su indolencia descabezó de un soplo a la plana mayor de editores de su periódico.

El periodismo narrativo les parece a muchos el atajo más fácil y productivo hacia la fama y quién sabe cuántos Jayson Blairs de este mundo caen en la tentación de hacerlo como fuera mal o peor, para progresar rápido en la profesión, pero también hay que advertir que esos orgullos individuales prosperan porque suelen estar alimentados por la codicia de editores que los estimulan para aumentar las cifras de venta o los ratings de audiencia o los favores del mercado.

A veces los editores no caen por codicia sino –aunque suene extraño– por ingenuidad. Les llega una pequeña historia en apariencia bien contada, pero llena de tics que son imitación de cronistas con un lenguaje propio, y la publican para cumplir con la cuota obligatoria de narración, sin verificar si esa historia refleja una tragedia mayor o se reduce, simplemente, a una anécdota que aspira a ser pintoresca. Eso también aleja a los lectores, porque en el fondo es entretenimiento trivial, medalla para saciar el narcisismo de alguien que ha soltado en ese relato sus gotitas de talento imaginario, sin averiguar en qué contexto social suceden las cosas, o si lo que está narrando sucede a la vez en muchas otras partes. Las cinco o seis W del periodismo convencional no tienen ya que ir en el primer párrafo, pero tienen que aparecer en alguna parte, porque son la columna vertebral de todo buen texto: dónde, cuándo, cómo, para qué, por qué, quién.

Por supuesto, hay periodistas brillantes a los que nadie les ha encontrado mancha alguna, Para mí, un modelo a imitar es el de Seymour Hersh, escritor del semanario The New Yorker, que fue el primero en desenmascarar las atrocidades del ejército norteamericano en Vietnam al contar la matanza de los aldeanos de My Lai y el primero también en sacar a la luz los abusos de la cárcel de Abu Ghraib. Seymour Hersh ha salido airoso de todos los intentos por desprestigiarlo, y ha demostrado, una vez y otra, que el mejor periodismo narrativo se fundamenta en la investigación. Esa señal de eficacia superlativa sólo es posible cuando los textos se trabajan con tiempo y con recursos. Con esa filosofía están creciendo en influencia periódicos como The New York Times, Los Angeles Times, El País de Madrid, The Washington Post y el Guardian, de Londres, que publican por lo menos siete a doce grandes piezas de relato todos los días, y entre ellas no cuento las de las páginas de Deportes, donde casi todo está narrado.

Los diarios de América latina son, en su mayoría, reticentes a ese cambio mayúsculo. Conozco a empresarios que se afanan en competir con la televisión e Internet, lo que me parece suicida, publicando píldoras de información ya digeridas u ordenando infografías para explicar cualquier cosa, como si tuvieran terror de que los lectores lean. Ese esquema ni siquiera tiene éxito en los diarios gratuitos, que son el gran éxito comercial de la última década. Metro internacional, como se sabe, lanza 56 ediciones en 16 lenguas, y se distribuye en 17 países y 78 ciudades, con una distribución total diaria de 15 millones de ejemplares, pero ha fracasado en Buenos Aires porque todo lo que decía ya estaba desde un día antes en la televisión. El experimento funciona bien donde más narración hay, como sucede en los Metro de Londres y de Frankfurt.

La necesidad de cortejar a los poderes de turno para asegurar el pan publicitario ha convertido a muchos periódicos que nos hicieron abrigar esperanzas de cambio en meros reproductores de lo que dicen los edictos de los gobiernos u ordenan las empresas de propaganda. Crear una agenda propia es otra de las obligaciones fundamentales del periodismo como acto de servicio a la comunidad, pero hasta The New York Times se olvidó de esa lección elemental cuando empezaron los abusos de la cruzada contra el terrorismo, y las historias de muertos en Irak o de torturas en Abu Ghraib y en Guantánamo fueron lavadas por muchas aguas antes de saltar desde sueltos menudos en la décima página a crónicas bien informadas en la primera.

Quisiera concentrarme ahora en el periodismo escrito, porque es allí donde nació un oficio que, a pesar de tantos embates, todavía está impregnado de pasión y de nobleza. Un periodista que confía en la inteligencia de su lector jamás se exhibe. Establece con él, desde el principio, lo que yo llamaría un pacto de fidelidades: fidelidad a la propia conciencia y fidelidad a la verdad. Alguna vez dije que a la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el escándalo sino con la investigación honesta; no se la aplaca con golpes de efecto, sino con la narración de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con la información precisa. El periodismo no es un circo para exhibirse, ni un tribunal para juzgar, ni una asesoría para gobernantes ineptos o vacilantes, sino un instrumento de información, una herramienta para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta.

Hacia comienzos de los años ’90, cuando mi país, la Argentina, navegaba en un océano de corrupción, la prensa escrita alcanzó un altísimo nivel de confianza al denunciar con lujo de pruebas y detalles las redes sigilosas con que se tejían los engaños. Eso convirtió a los periodistas en observadores tan eficaces de la realidad que se confiaba en ellos mucho más –y con mucha mayor razón– que en los dictámenes de los jueces. Pero la carnada del éxito atrajo a cardúmenes voraces, y casi no hubo periodista novato que no se transformara de la noche a la mañana en un fiscal vocacional a la busca de corruptos. Los focos de corrupción aparecieron por todos lados, por supuesto, pero la marea de denuncias fue tan caudalosa que los episodios pequeños acabaron por hacer olvidar a los grandes y el sol quedó literalmente tapado por la sombra de un dedo. Disimulados entre los ladrones de diez dólares, los grandes corruptos se escaparon con facilidad por los agujeros que había abierto el ejército de improvisados fiscales.

En América latina nació, como dije más de una vez, la crónica, que es la semilla del periodismo narrativo, pero salvo la tenacidad de unas pocas revistas valientes, esa herencia amenaza con quedar postrada en la negligencia y el olvido. La historia de la crónica comienza con Daniel Defoe y su Diario del año de la peste, pero el origen de la crónica contemporánea está en los textos que José Martí enviaba desde Nueva York a La Opinión Nacional de Caracas y a La Nación de Buenos Aires en la década de 1880. Está, casi al mismo tiempo, en los estremecedores relatos de Canudos que Euclides da Cunha compiló en Os Sertoès, en los cronistas del modernismo, como Rubén Darío, Manuel Gutiérrez Nájera, Julián del Casal, y en los escritores testigos de la Revolución Mexicana. A esa tradición se incorporarían más tarde los reportajes políticos que César Vallejo escribió para la revista Germinal, las reseñas sobre cine y libros de Jorge Luis Borges en el suplemento multicolor del vespertino Crítica, en los aguafuertes de Roberto Arlt –que elevaron la tirada del diario El Mundo a medio millón de ejemplares cuando la población total de la Argentina era de diez millones–, los medallones literarios de Alfonso Reyes en La Pluma, los cables delirantes que Juan Carlos Onetti escribía para la agencia Reuter, las minuciosas columnas sobre música de Alejo Carpentier y las crónicas sociales del mexicano Salvador Novo.

Todos, absolutamente todos los grandes escritores de América latina fueron alguna vez periodistas. Aunque los Estados Unidos han reivindicado para sí la invención o el descubrimiento del nuevo periodismo, de las factions o de las “novelas de la vida real”, como suelen denominarse allí los escritos de Truman Capote, Norman Mailer y Joan Didion, es en América latina donde nació el género y donde alcanzó su genuina grandeza. Y es en América latina, sin embargo, donde se insiste en expulsarlo de los periódicos y confinarlo sólo a los libros.

Tal vez hay una confusión sobre lo que significa narrar, porque es obvio que no todas las noticias se prestan a ser narradas. Narrar la votación de una ley en el senado a partir de los calcetines de un senador puede resultar inútil, además de patético. Pero contar algunas de las tribulaciones del presidente pakistaní Pervez Musharraf para entenderse con sus hijos talibanes mientras oye las razones del embajador norteamericano, o describir los disgustos del presidente George W. Bush errando un hoyo de golf en Camp Davis mientras cae una bomba equivocada en un hospital de Jalalabad es algo que se puede hacer con el lenguaje escrito mejor que con el despojamiento de las imágenes.

Por último, no quisiera dejar de lado un principio que los profesionales de estas latitudes suelen olvidar con frecuencia: el valor y la importancia que tiene la defensa del nombre propio. Por lo general, un periodista no dispone de otro patrimonio que su nombre, y si lo malversa, lo malvende o lo pone al servicio de cualquier poder circunstancial, no sólo se cava su fosa sino que también arroja un puñado de lodo sobre el oficio.

Volví a leer no hace mucho, en un periódico de Buenos Aires, una historia de juventud que había olvidado y que, sin embargo, fue la brújula inesperada que rigió, desde entonces, mucho de lo que he hecho en la vida. En marzo de 1961 yo era el responsable principal de las críticas cinematográficas en el diario La Nación y muy pronto, por el rigor que trataba de poner en mi trabajo, me gané el resentimiento de un sinfín de intereses creados. Llevaba ya dos años en esa tarea cuando el diario decidió que, dada la presunta combatividad de mis textos, yo debía firmarlos para demostrar que era responsable de ellos. Primero lo hice con mis iniciales, luego con mi nombre completo. Un año después, los distribuidores de películas norteamericanas decidieron retirar al unísono sus cuotas de publicidad de La Nación, exigiendo, para devolverlas, que el diario pusiera mi pellejo en la calle. La Nación no hacía esas cosas, por lo que al cabo de resistir valientemente la sequía durante una semana, el administrador del periódico me convocó a su despacho. “Usted sabe que es un empleado”, me dijo. “Por supuesto”, le respondí. “¿Cómo se me ocurriría pensar otra cosa?” “Y, como empleado, tiene que hacer lo que el diario le mande.” “Por supuesto –convine–. Por eso recibo un salario quincenal.” “Entonces, a partir de ahora, uno de los secretarios de redacción le indicará lo que tiene que escribir sobre cada una de las películas.” “Con todo gusto –repliqué–. Espero que retiren entonces mi firma.” “Ah, eso no –dijo el administrador–. Si retiramos las firmas, parecería que el diario lo está censurando.” Hubiera tenido cien respuestas para esa frase, pero la que preferí fue una, muchísimo más simple. “Entonces, no puedo hacer lo que usted me pide. Mi trabajo está en venta, mi firma no.”
En Hiroshima, 1965

Al día siguiente me enviaron a la sección Movimiento Marítimo, en la que debía anotar los barcos que entraban y salían del puerto. Tres días más tarde me di cuenta de que no servía para contable y renuncié. Durante un año entero estuve en las listas negras de los propietarios de periódicos y tuve que sobrevivir dando clases en la universidad. En esa época había los trabajos alternativos que ahora están borrados del mapa.

Volví a La Nación como columnista permanente en 1996. Tres años después, a instancias de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano di una charla de mediodía a todos los redactores de ese diario en el que había comenzado mi vida profesional. Habría dejado caer en el olvido todo lo que dije sí, al día siguiente, el jefe de la redacción, a quien le comenté el incidente de 1961 cuando ambos éramos corresponsales en París, no me hubiera alcanzado un resumen de doce puntos con el que quisiera terminar este monólogo. Ya imaginan ustedes cuál era el primer punto:

1) El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un texto insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo.

2) Hay que defender ante los editores el tiempo que cada quien necesita para escribir un buen texto.

3) Hay que defender el espacio que necesita un buen texto contra la dictadura de los diagramadores y contra las fotografías que cumplen sólo una función decorativa.

4) Una foto que sirva sólo como ilustración y no añada nada al texto no pertenece al periodismo. A veces, sin embargo, una foto puede ser más elocuente que miles de palabras.

5) Hay que trabajar en equipo. Una redacción es un laboratorio en el que todos deben compartir sus hallazgos y sus fracasos, y en el que todos deben sentir que, lo que le sucede a uno les sucede a todos.

6) No hay que escribir una sola palabra de la que no se esté seguro, ni dar una sola información de la que no se tenga plena certeza.

7) Hay que trabajar con los archivos siempre a mano, verificando cada dato, y estableciendo con claridad el sentido de cada palabra que se escribe. No siempre, sin embargo, los diccionarios son confiables. Dos de los mejores que conozco, el de María Moliner y el de la Real Academia, sólo corrigieron en 1990 la vieja definición de la palabra día. Hasta entonces, seguían dándola como si aún viviéramos bajo el imperio de la Inquisición. Día, se podía leer, es el espacio de tiempo que tarda el sol en dar una vuelta completa alrededor de la Tierra.

8) Evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero.

9) La clase política, la clase empresaria y, en general, los sectores con poder dentro de la sociedad, tratan de impregnar los medios con noticias propias, a veces añadiendo énfasis a la realidad. El periodista no debe dejarse atrapar por las agendas de los demás. Debe colaborar para que el medio cree su propia agenda.

10) Hay que usar siempre un lenguaje claro, conciso y transparente. Por lo general, lo que se dice en diez palabras siempre se puede decir en nueve, o en siete.

11) Encontrar el eje y la cabeza de una noticia no es tarea fácil. Tampoco lo es narrar una noticia. Nunca hay que ponerse a narrar si no se está seguro de que se puede hacer con claridad, eficacia, y pensando en el interés de lector más que en el lucimiento propio.

12) Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. El periodismo es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro.

Written by Marisol García

July 28, 2010 at 5:46 pm

You write to make an impact: A tribute to Steven Wells

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By Everett True

You write to make an impact.

You write to entertain.

You write to put your message across.

You write, using whatever tools at your disposal. Entertain. You’re a music critic. ENTERTAIN. This is the entertainment industry, after all.

You write to make people remember what you’ve written and to act upon it. You write because you believe that you can change the world. If you didn’t believe that, you wouldn’t be writing. You’re a music critic and you don’t like something? DESTROY IT. Destroy it. If you love you also hate. So…DESTROY.

Engage, argue, inform, irritate…but above all entertain.

I first met Steven Wells – when? I have no idea. It was the early 80s, he was Seething Wells. I’d seen him winding up audiences from on stage – in squats and at colleges, in support to the fiery polemic of rock bands such as The Redskins and Poison Girls – with his own home-brewed brand of ‘ranting poetry’. It was hilarious. It was rapid-fire. It was male and brash and SHOUTED IN CAPITAL LETTERS.

I was intimidated. I thought there was no way our paths would cross – especially when he became Susan Williams and started winding up the NME’s readership in similar fashion: liberals hate the sight of a man who views everything in black and white, who doesn’t necessarily but argues vociferously and brilliantly that he does, who believes that everything he believes is right, who is able to prick at the pompous and polarise everyone he comes into contact with.

Swells was funny and opinionated and smart enough to realise his limitations and work within them. He did it for himself. He was from the fanzine world. He was a tastemaker critic for sure. People took notice of his opinions, and acted upon them. And let’s stop this whole “brilliant music writer with no real interest in music” line before it gets too out of hand, shall we? ‘Course Swells loved music: he just didn’t think responsibility should begin and end in the studio, knew that everything exists within a much broader context.

Swells was a tastemaker. He informed people’s opinions, challenged them, led them, changed them…most of this by default, by sheer force of his personality and peerless ability to entertain. If something was wrong, it was wrong. Didn’t matter what anyone else thought. ‘Course, Swells might then change his mind the next day. ‘Course he was immature.

We did eventually meet. We shared a love for exclamation marks, capital letters, immediate communication, impassioned sloganeering, comic books and the Three Johns/Mekons axis. We wrote several articles together – including a cover story for NME on fanzines where every second word was in UPPER CASE. Indeed, he ended up being my closest ally at the paper (and I never quite understood why: he was so brilliant and funny and infuriating – larger than life, for damn sure – while I had difficulty stringing a sentence together). He was a tower of strength for me, something I never forgot.

Later, we were rivals – me, as a notorious Melody Maker critic during the 90s: him, working his inspired devilry, still at NME. And that’s where we left it. I remained so jealous of him. He achieved so much. He touched so many. He defined and fulfilled his potential.

WHY WRITE ABOUT MUSIC?

WHY WRITE ABOUT MUSIC? WHY WRITE ABOUT MUSIC?

The generation of music critics I grew up among believed in the power of their words, their ability to change everything. Why shouldn’t they have? Everything was still centralised, power resided within the hands of the most confident or privileged or smart, punk had happened a few years before – proof it was possible for the insurrectionists, the immature and needy, to change people’s lives with a few well-chosen words and chords. Crucially, folk paid attention.

Never trust a critic who claims to be objective or impartial. At the least, they haven’t thought through what they’re doing.

Everyone was a tastemaker back then, and those that weren’t quickly got forgotten. The four papers (NME, Sounds, Melody Maker, Record Mirror) that comprised the UK music press at the start of the 80s were just about the only place you could learn about music (of any sort)…the American critics reneged on their responsibilities the moment they started demanding a college education.

This was the environment where myself and Swells received our schooling: constant argument, evaluation, examination, politicised and personal… if you didn’t create a persona for yourself, you stood no chance. It was a goldfish eat goldfish world. WHY WRITE IF YOU’RE NOT GOING TO CREATE AN IMPACT?

Swells saw the NME as a natural platform for his ranting. It was open to outsiders. It commanded a massive weekly audience. It was immediate. It prided itself on its polyglottic identity made up of diffuse critical approaches – sociological (looking at the effect music has on its audience), gonzo (what gives the finished story authenticity is the journalist’s involvement), analytical, reportage, music as consumer guide, and so on.

It’s been written since his death that Swells is best known for his writings at NME during the 80s. Not true. During the 80s, as brilliant and inspirational as he often was, he was operating at a paper that championed writers of his ilk. It wasn’t until most of the UK tastemakers fucked off towards the end of the decade that Swells really shone: as the NME’s one truly opinionated voice, he stood alone – whatever readers thought of his taste in music. He was unafraid because he didn’t know how else to behave.

Taste-maker critics are like Gods.

Believe in us, and we have the power to change worlds. Stop believing in us and we cease to exist. Do the public really require – or even want – a faceless ‘meta’ critic, the lowest common denominator of countless opinions, where all opinion is reduced to a mean average mark? Isn’t that taking all the fun away? Perhaps we could reduce all literature to a maths primer while we’re at it, and make sure rock bands all sound like Coldplay.

I guess the outpourings of grief surrounding Steven’s death all have something in common.

1) We’ll never see his like again.

2) We would like to see his like again but we won’t.

3) We miss those days of the tastemaker critic and isn’t the NME (etc.) a weaker publication for the passing of them?

Obviously we’re talking a certain demographic – specifically, the people who read Steven Wells – but there’s a hell of a consensus going down. Not one of the hundreds of comments and blogs I’ve read since Swells’ death has indicated that this perceived change in critical approach might be in any way considered a positive. And yet, considering the occupation of many of those posting (fellow critics working within a tastemaker-free environment), surely it must? Surely, it must.

Written by Marisol García

July 28, 2010 at 5:43 pm

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the guide for a record reviewer

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Ten bits of advice from someone without a clue – the Neil Kulkarni guide to being a record-reviewer…
By Neil Kulkarni

1. Love language. To the point where you wonder where it stops and you begin.

2. Realise where you stand. Not in relation to the record but in relation to the record business. You’re something less than the shit crapped out by the maggot that feasts on the shit crapped out by the rabid dog that is the music biz – if at any point you start thinking that what you are doing ‘matters’ in a bizness sense you’re fucked, if at any point you reckon you’re anything more than a piddling-peon in place to rubber-stamp or reject product, then think again. The biz will use you if you say what they want, if you don’t they won’t – be mentally clear about your own utter irrelevance before you even start or be ready for a steady diet of disappointment your whole working life. Might seem such pre-emptive knee-chopping action on your ambition might wither the writing down to meekness – quite the reverse: only by first accepting your inability to change pop, your lonely impotence amid the cogs and gears, do you realise that your words shouldn’t be measured, considered, or anything approaching reasonable. The self-abasing degrading shame of being a critic doesn’t paralyse, it frees you up to write what the fuck you want rather than what you feel the ‘job’ demands, disconnects you from anything approaching favours, but keeps your overarching pomposity (for if you don’t have this what the fuck are you doing being a writer anyhoo?) in check. You have no favours to grant, no friends to keep, no partner to find, absolutely nothing to lose except your own idea of yourself, your own relationship with your style, taste and ego. This has nothing to do with whatever PR has sent you the record, whatever ‘readership’ your publisher is aiming for or any ‘help’ you can give to a band or artist you deem worthy of your reverse-Midas messing. This is between you and the plastic and the mirror you have to look at yourself in and nothing else. There is no career ladder. Only a downward spiral from the first thrill of seeing your name in print.

3. Be honest about your own dishonesty. Don’t lie, or at least make damn sure your lies are real. Delusions of grandeur aren’t gonna fly unless they’re not delusions, unless you can make the words vibrate with enough energy to create yourself the illusion of godliness. Tricky thang to create – conviction, the feeling reading that no matter how purple the prose it is still ineluctably connected with the life and soul of the writer. But record reviews are not really places to ‘affect’ anything – make sure your affectations are life-sized and real before you start unpacking them across the page. If you’re going to be a primping self-obsessed prima donna in print then make damn sure that self-image is intact and whole and the drama you’re throwing out and around yourself is rock solid, is firmly based in the time and space you find yourself right fkn now. If you’re going to shame yourself do it shamelessly. If you don’t regret what you’ve written after you’ve written it, or find in revisiting past work an occasional INTENSE embarassment (and equally intense pride) you’re probably not doing your job properly. But if ALL you feel is a faint embarrassment (and equally faint pride) then you’ve been writing needily, you’ve been writing to get friends you’re never going to meet, and you’re the next editor of the NME. Congratulations.

4. Teenagers. Read. By which I mean devour. Listen. By which I mean hollow yourself out until you only exist in the spaces between the pop you love. Then, try and find yourself again, or at least create something tangible in the gaps. Find the unique thing you have to say, the unique way you have of saying it, and hone the fucker until you can hear yourself talking on the page, until you can recognise yourself a line in. Your voice is easier found with a chip on your shoulder and a pain in your heart. Think about those writers who you feel weren’t just writing for you but who come to live in your life, a constant over-the-shoulder presence yaying or naying the choices you make. If you don’t want to be that important to your readers get out the game.

5. Getting song titles and lyrics right can be less important than nailing your feelings, your real feelings that occur before your mind has a chance to process them, the feelings a record puts in your brain and body before you feel the need to justify or back-up those instant instincts. If you can’t think of anything to say about a record you’re in the wrong place. Ditch this bitch of a non-job and get yourself a plumbing degree, s’where the money and the happiness is.

6. Stop dithering. You should be able to lash down a 600 word record review in an hour. Read it, change it, read it again, change it again – keep going until it’s inarguable. Be the most brutal editor you know – knocking shit down from EVERYTHING YOU THINK to a HINT of what you think will give you only the choicest shit, the toughest sense, the most committed nonsense. When writing always think Ed Gein – cut out the fanny.

7. Listen only to those colleagues whose writing you respect. Ignore pips on shoulders or being overawed by another’s ‘position’. Be willing to write anything for anyone but always try and pleas(ur)e yourself. In this day and age you have less and less to lose.

8. Be poetic be prosaic but if you’re gonna crack wise, be funny – remember what Fitzgerald said about exclamation marks being ‘like laughing at your own joke’ – if you’re gonna wank-off be concise. Get to the heart of your dreams and delusions quickly and convincingly – don’t waste time apologising or stage-setting. And if at any point you look on a paragraph and think ‘Mark Beaumont could’ve written this’ stab yourself in the eyes cut off your hands and drown yourself in the bath for the sake of Our Lord Jesu Christus himself. For the children dammit.

9. A difficult one this but NEVER Google yourself. Ignore compliments, avoid slaps on the back. Suck up criticism, it’s probably half-right. Be unfailingly polite and well-mannered in all your communications with PRs and labels (nothing’s quite so repulsive as a rude-cunt hack), watch what bridges you’re burning and keep on keeping on.

10. Accept that everything you say will be forgotten and ignored but write as if you and your words are immortal. Don’t just describe but justify – make sure the reader knows WHY the record exists whether the reasons are righteous or rascally. And always remember you’re not here to give consumer advice or help with people’s filing. You’re here to set people’s heads on fire.

Written by Marisol García

July 28, 2010 at 5:42 pm

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errores habituales de Spanglish (cognates)

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A
“a nivel de” a escala de, en el ámbito, en el medio, en el contexto, equivalente a (o simplemente “en” o “para”)
absolutely not en absoluto
abstract resumen
(to) access acceder (NO “accesar”)
(to) acknowledge asentir, confirmar, acusar recibo
acknowledgement asentimiento, confirmación, acuse de recibo
actual real, efectivo (actual es “present” o “current”)
addition ampliación, suma, adición
adecúa adecua (acento en la e, no en la u; adecuar se conjuga como averiguar)
advice consejos (aviso es “warning”, “notice”)
affaire afer
agenda orden del día (agenda es “diary”)
aggressive audaz, dinámico, emprendedor
(to) allocate (space) asignar (espacio; NO “alocar”, ni “alocatear”)
(to) allocate (a variable) ubicar (una variable)
(to) annotate comentar (anotar es “to register”)
applet apli, programilla
application form solicitud
(to) apply solicitar, aplicar una función (pero NO “aplicar” para un puesto)
application form (formulario de) solicitud
appointment nombramiento
approximation (con frecuencia) enfoque, punto de vista o acercamiento, mejor que aproximación
argument discusión, argumento de función (en otro caso, argumento es “plot”)
arity grado
array formación (en América Latina, arreglo)
“asola” asuela
assessment evaluación (NO asesoría)
(to) assist ayudar (asistir es “attend”)
(to) assume suponer (NO asumir, que es aceptar un compromiso)
assumption supuesto, hipótesis
(to) attach adjuntar (un fichero), enlazar (con un servidor)
(to) attack a problem abordar un problema
(to) attend asistir (a una charla, por ejemplo)
authenticate autenticar
authentication autenticación
B
back-end dorsal (de un compilador, por ejemplo)
background segundo plano, fondo
backtracking retroceso
badge credencial
(to) balance equilibrar
bias sesgo, predisposición, preferencia
(to) bind ligar, enlazar, juntar, encuadernar
binding ligadura
bookmark marcador
(to) boot autoarrancar (NO “botar”), iniciar, arrancar
boot autoarranque, inicio, arranque
browser hojeador
built-in incorporado
buffer memoria intermedia, tampón, búfer, buffer
bug gazapo
burst ráfaga
bursty a ráfagas
C
byte-code código intermedio, código J (en el lenguaje Java)
cache antememoria, cache
calendar agenda, calendario
call for papers solicitud o petición de ponencias, comunicaciones o artículos,
callback retrollamada
cancel suprimir, cancelar, abortar
candid franco, sincero (NO cándido)
(to) capture (an idea or a notion) captar (no capturar)
capability tique, vale, credencial, aptitud, posibilidad, capacidad, permiso, autorización
carpet alfombra (carpeta es “folder” 🙂
(to) catch (a signal) atrapar (una señal)
(to) check comprobar, verificar, revisar (NO “chequear”)
check in registro
(to) click hacer clic
cluster grupo, conjunto, colección, racimo
collar cuello (collar es “necklace”)
command orden, mandato (NO “comando”)
“comparativa” comparación
compromise acuerdo, término medio (compromiso es “commitment”)
conductor revisor, cobrador (conductor es “driver”)
conference congreso (conferencia es “talk” o “long distance phone call”)
confrontation enfrentamiento (NO confrontar, que es cotejar)
consistent coherente, congruente, consecuente, compatible, conforme, … (NO consistente)
consistent with compatible con, de conformidad con, de acuerdo con
consists of consta de
constipated estreñido (estar constipado es “to have a cold”)
constraint restricción (NO “constricción”)
contention contienda
context clause cláusula de contexto
context-free grammar gramática independiente (NO libre) del contexto
controller controlador
convenient oportuno (conveniente es “a good idea”)
copias ejemplares (de un número de una publicación)
correctness corrección (NO “correctitud”)
court juzgado, tribunal (corte es donde viven los reyes)
(to) cover informar (NO “cubrir”)
credit crédito, mérito
crime delito (crimen es “murder”)
“cumplimentar” normalmente, rellenar o completar (formularios)
customized ajustable
D
daemon duende
data mining minería de datos
deadlock interbloqueo, abrazo mortal
dealer concesionario
debugger depurador
deception engaño (decepción es “disappointment”)
(to) decline rehusar, rechazar, no aceptar, decaer
(to) decode descifrar (NO decodificar, NI decifrar, NI descodificar)
decodificador descodificador
(to) decrypt descifrar (criptología, sin embargo, es correcto)
(by) default predefinido, predeterminado, prefijado, por omisión (NO por “defecto”)
degree título (NO grado)
delete eliminar, borrar, suprimir
deployment despliegue, implantación
(to) dequeue sacar de la cola, “descolar” (NO desencolar, que es despegar, quitar el pegamento o cola)
(to) disable inhibir (NO “deshabilitar”)
disclaimer limitación de responsabilidad
(to) discuss conversar, hablar, analizar, debatir, estudiar, discutir (esto es también “argue”)
“disgresión” digresión
disorder alteración, afección, enfermedad (NO desorden)
(to) display mostrar (NO “displayar” o “displayear”)
display mostrador, visor (de los relojes, calculadoras, etc), pantalla
diversion distracción, desviación (diversión es “fun”, “entertainment”)
domestic flight vuelo nacional, vuelo interno
dramatic drástico, espectacular, llamativo (rara vez dramático)
(clock) drift deriva (de o entre relojes)
drive accionamiento
driver manejador
(to) drop off desechar
E
editor redactor jefe (editor es “publisher”)
education enseñanza (educación es “politeness”, “manners”)
educational educativo (NO educacional)
e-mail correo e.
e-mail (message) mensaje (electrónico)
el presente … este …; el … actual
embedded empotrado, encastrado, incrustado, embutido, inmerso (NO embebido)
(to) emphasize recalcar, subrayar, resaltar, poner o hacer hincapié o énfasis (NO enfatizar)
“en base a” en función de, consecuentemente, en razón de, a partir de, basándose en …
(to) enable habilitar
(to) encrypt cifrar (criptología, sin embargo, es correcto)
(to) enqueue poner en (la) cola, “acolar”, “adcolar” (NO encolar, que es pegar con cola)
(to) enter introducir, poner (NO “entrar”)
entity ente (entidad es la esencia del ente)
(table) entry casilla, lugar, posición, fila, entrada (de tabla)
envy envidia (envío es “dispatch”)
evidence prueba (NO evidencia)
exclusive distinguido
(to) expire caducar
expiration date fecha de caducidad
(to) extend ampliar, añadir, extender
extension ampliación, añadido, adición, extensión
event suceso, acto, reunión (técnica… congreso, simposio, taller…), acontecimiento, notificación, evento (pero cuidado, que evento es, primordialmente, “suceso inesperado”)
eventually finalmente, tarde o temprano, irremediablemente (eventualmente es “by chance”, “possibly”, es decir, ‘!justo lo contrario!…)
exit salida (éxito es “success”)
extravagant derrochador (extravagante es “eccentric”, “odd”)
F
facilities prestaciones, servicios, instalaciones, medios, herramientas, dispositivos, mecanismos (rara vez, facilidades)
failure fallo
fair equitativo, justo
fairness equidad, justicia
fan in, fan out factor de ramificación (de entrada o de salida)
fault defecto, culpa (falta es “lack”, “mistake”)
fault-tolerant tolerante de fallos (no “a fallos”)
feature aspecto, característica, cualidad, peculiaridad, particularidad, rasgo, atributo, condición
floppy disk disquete
floppy disk drive disquetera
flowchart diagrama de flujo, flujograma, organigrama
(to) flush evacuar
font tipo (de letra) (NO “fuente”)
foreground primer plano, frente
(to) forward reenviar, redirigir
(message) frame trama (de mensaje)
(page) frame marco (de página; en memoria virtual)
freeware software libre (NO gratis)
front-end frontal (de un compilador, por ejemplo)
funeral entierro (funeral es “memorial service”)
G
gateway pasarela
gentle suave (gentil es “courteous”)
gracious cortés (gracioso es “funny”)
greedy ávido
H
handicap inconveniente
heap montón, cúmulo, montículo
highlighted resaltado, realzado
hoax bulo, camelo, falsa alarma, montaje, engaño, “bola”, tomadura de pelo
home page página frontal, portada, página base, inicial, principal, raíz
honest honrado (NO honesto, que es “de cintura para abajo”, el presidente de la RAE dixit 🙂
host anfitrión
hotlist lista de preferencias
hot line teléfono de asistencia, teléfono de emergencia
I
(to) ignore no hacer caso, descartar, soslayar, no tener en cuenta (ignorar es “not to know”)
(computer) imaging imagimática
(to) indent sangrar (NO indentar)
indentation sangrado, sangría
index índice de palabras
(to) index indexar, indizar
ingenious ingenioso (NO ingenuo)
(to) initialize iniciar (NO “inicializar”)
instance ejemplar, copia (instancia es “application (form)”)
instantiation creación de ejemplares o copias
(to) intend proponerse (intentar es “to try”)
interface (la) interfaz
intoxicated borracho (“intoxicado” es “suffering from food poisoning” o en casos graves simplemente “poisoned”)
intranet intrarred
illusion irreal (ilusión es “hope”, “dream”)
J
jetlag inadaptación horaria
jitter temblor (en tiempo real crítico)
jumper puente
J-code código J
K
kernel núcleo
L
large grande (de tamaño) (largo es “long”)
leap second segundo intercalar
lecture conferencia (lectura es “reading”)
legacy systems sistemas legados
library biblioteca (NO librería, que es bookshop)
(to) link enlazar
link enlace, vínculo, conexión, nexo
linker enlazador
liveness vitalidad, viveza
livelock interbloqueo activo
location lugar, ubicación (NO localización)
lock cerrojo
log historial, registro crónologico, bitácora, libro de registro
loop-back autoconexión
luxury lujo (lujuria es “lust”)
M
mailing envío por correo
mainframe gran ordenador, servidor corporativo, ordenador central
mandatory obligado (NO “mandatorio”)
marketing mercadotecnia
marshalling aplanado (“flattening”)
map correspondencia, asociación, asignación, representación
(to) map asociar (con), traducir (en), disponer (sobre), representar (como), asignar (a), proyectar (en), (NO “mapear”)
(to) match casar, concordar
media medios
media-rich rico en medios
meeting reunión (NO encuentro)
(group) membership filiación (del grupo)
membership (service) (servicio de) afiliación
minutes acta (también minutos)
misery tristeza (miseria es “poverty”)
(to) monitor supervisar, vigilar, controlar, guiar, dirigir
motorist conductor de coche (motorista es “motorcyclist”)
N
“nemónico” nemotécnico (sustantivo, nemotecnia)
netiquette ciberurbanidad, cibercortesía
networked reticular
nibble cuarteto (cuatro bits… un nibble es un little “bite” 🙂
(to) nominate designar, proponer (NO “nominar”)
nominated designado
nomination designación
notice anuncio (noticia es “warning”)
O
object-oriented mediante objetos, con objetos.
occurrence aparición (ocurrencia es chiste, comentario gracioso)
outline bosquejo, boceto, pinceladas
out of service no funciona, estropeado, parado (NO “fuera de servicio”)
overflow desbordamiento
(procedure) overloading (procedimientos) homónimos
P
panel (discussion) debate, mesa redonda
paper casi siempre, artículo (de revista) o ponencia (de congreso), NO “papel”
parents padres (parientes es “relatives”)
(to) pass aprobar (examen), pasar
(communication) party participante, parte, extremo
password contraseña
patch actualización, revisión, corrección
patron patrocinador (patrón es “pattern”)
pen-styles plumillas
“performancia” (según el contexto) prestaciones, rendimiento, actuación …
petrol gasolina (petróleo es “(crude) oil”)
piggybacking a cuestas (NO “lomo de cerdo”)
pin patilla, terminal, conector
pipe tubería
pixel píxel
play back pregrabado
plug and play enchufar y listo
policy regla, norma, plan, política
polinomial polinómico (NO polinomial)
(to) poll sondear, consultar
pool banco
(to) pop-up emerger
(to) port transportar, adaptar, portar
(a) port, porting (un) transporte, (una) adaptación, (un) porte
portability portabilidad, facilidad (que no “facility” 🙂 de transporte o adaptación
portable portable
(easily) portable portátil
“posicionar” colocar, ubicar
“posicionamiento” posición, colocación, ubicación, punto de vista, postura, actitud, pose.
(to) postpone aplazar, postergar
(to) preempt expulsar, desbancar, expropiar, desalojar
preemptive expulsivo/a
(to) pretend fingir (pretender es “to intend”, “to claim”)
(to) prevent impedir (NO prevenir)
privacy intimidad, discreción
(la) problemática (aunque acaba de admitirse por la Real Academia, mejor) postura, actitud, pose. X problemas
(to) preserve conservar (preservar es proteger, resguardar anticipadamente a una persona, animal o cosa de algún daño o peligro)
preservative conservante (NO preservativo 😉
(to) presume suponer
(to) proceed continuar
proceedings actas (de congreso)
(to keep a low) profile pasar desapercibido (NADA que ver con “perfil bajo”
programming in Ada programación en Ada (!ojo al gerundio sustantivado!)
(to) promote favorecer, promocionar, ascender, promover
(to) prompt apremiar
prompt apremio, invitación
prompt character carácter de apremio
proprietary de propiedad, registrado, como en “proprietary rights” (propietario es “proprietor”),
(to) prove demostrar (probar es “to taste”, “to try”)
proxy delegado, representante
“pulsar” oprimir, apretar
“publicitar” anunciar (“to publicize”)
pulse dialing marcado decádico
purpose fin, propósito
prime time horario estelar
Q
qualifications títulos (académicos) (calificación es “grade”)
quality assurance aseguramiento de la calidad
query consulta
question pregunta (NO cuestión, que es “topic” o “issue”)
R
rack bastidor
ralentizar mejor retardar
range campo, dominio (NO rango)
rapporteur narrador
rationale justificación razonada, “argumentario”
(to) realize darse cuenta, comprender, hacerse cargo de, (realizar, aunque suele ser mejor “to carry out”)
“recopilatorio” recopilación
(to) register anotar
(to) reify (icate) cosificar, reificar (?)
relocation reubicación, recolocación
“remarcable” notable, digno de mención, singular, extraordinario
(to) remember to do acordarse de hacer
(to) remember doing recordar cuando se hizo
repository repositorio, depósito, almacén, depositario
requirements requisitos (NO requerimientos)
record registro, anotación
(to) record registrar, anotar
(to) remove borrar, quitar, retirar, extraer, llevarse (NO remover, que es “to stir”)
removable (unit) (unidad) extraíble
reply respuesta (NO réplica)
report informe (NO “reporte”)
(to) report informar (NO “reportar”)
reset restauración
(to) reset restaurar
resignation dimisión (resignación también, depende del contexto)
(to) resume continuar (resumir es “to summarize”)
router encaminador, enrutador
(to) run (a program) ejecutar (un programa, NO correr un programa)
run-time tiempo de ejecución
S
save guardar (mejor que salvar)
scalability escalabilidad
scalable escalable
(to) scan escrutar, explorar, barrer, analizar, escudriñar
(a) scan (un) escrutinio, (una) exploración, etc.
scanner escáner (RAE), analizador léxico
scenario contexto, panorama, circunstancia (rara vez escenario)
script guión
scholar un estudioso (escolar es “schoolboy/girl”)
school of fish banco (NO escuela) de peces
seamless inconsútil, perfectamente integrado
search búsqueda
self-conscious vergonzoso, tímido (consciente es “responsible”, “conscious”)
seminar cursillo (normalmente, NO seminario)
sensible sensato (sensible es “sensitive”)
sender/receiver emisor/receptor
(to) search (data) buscar en (los datos)
(to) search for (data) buscar (datos)
serious grave, serio
(in) shambles destartalado
shareware software de libre evaluación
shell intérprete de órdenes, concha (en UNIX)
shock susto (choque es “crash”)
similarity similitud (NO similaridad)
site lugar, sitio, sede
skill destreza, conocimiento (práctico)
slot ranura
(table) slot casilla, lugar, posición, fila, entrada (de tabla)
smilies smilyes (el plural es una excepción)
sophisticated avanzado (sofisticado es falto de naturalidad, afectado, falso, complicado)
(to) sort ordenar
sponsor patrocinador
(to) sponsor patrocinar (NO “esponsorizar”)
sponsoring patrocinio
stand caseta
standard norma, estándar
standards normas, estándares
standby en reserva (o espera) activa, disponible
standing nivel
starvation inanición, hambruna
state of the art estado de la técnica, estado del arte, de la tecnología, o del desarrollo, avanzado, moderno, de avanzada tecnología
stranger desconocido (extraño es “strange people”, “weird”), forastero (extranjero es “foreigner”)
stub resguardo, cabo
(to) stop to do parar para hacer
(to) stop doing dejar de hacer
(to) succeed tener éxito (suceder es “to happen”)
subject asunto (no tema)
(to) substitute A by B sustituir A por B
(to) substitute A with B sustituir A por B
(to) substitute A for B sustituir B por A
(to) subsume incluir, englobar, contener, subsumir
summary resumen
“supervivir” sobrevivir
(to) support apoyar, mantener (soportar es “to bear/put up with”)
switch (of a program) opción
sympathetic compasivo (simpático es “nice”, “pleasant”)
T
table of contents índice
tailored a medida, adaptado
tentative (adjetivo) propuesta, posible, provisional (NO “tentativo”). Intentar también cambiar el verbo a “proponer”.
telecommute teletrabajo
tested probado (NO testeado)
thread hebra, flujo de control o flujo de ejecución
throughput productividad
timeliness puntualidad
time-out plazo (expirado)
topic cuestión, asunto (NO “tópico”, que es asunto manido, “cliché”, “common place”)
touch tone dialing marcado multifrecuencia
(to) trace rastrear (un programa)
traceability capacidad (o posibilidad) de rastreo, de seguimiento o de análisis
trackball bola de seguimiento (“seguibola”)
trustee fiduciario
tutorial cursillo
U
underflow agotamiento
unique único (en el mundo) (único es “only”)
user-friendly convivencial
utility utensilio, herramienta
V
(to) validate homologar, validar
validated homologado
validation homologación, validación
versus contra, frente a (en castellano, versus significa hacia)
“visionar” ver, revisar, presenciar
“visionado” imagen, visión, revisión
“visualizar” ver, mostrar (a menos que sea “representar mediante imágenes ópticas fenómenos de otro carácter” o “hacer visible lo que no puede verse a simple
vista”, o algo así.
W
watermark marca de agua, filigrana
weighted ponderado
WWW o Web (Multi)Malla Mundial ((M)MM)
X
X-window system sistema (de ventanas) X. Es singular, no plural.



Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:44 pm

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diez errores frecuentes de revisores y traductores

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© 1996, Xosé Castro, Madrid (xose@xcastro.com)

Lista sumaria de errores con los que tropezamos con frecuencia traductores y revisores:

Oír y escuchar. Cada vez se usa más el segundo verbo con el sentido del primero. Como dice el lingüista Martínez de Sousa, para oír sólo es necesario tener oídos sanos, pero para escuchar, debe prestarse atención, debe “querer oírse”.
García Yebra lo resuelve al recordar una anécdota que le sucedió mientras daba una conferencia: «En cierto momento, se levantó una señora que estaba al fondo del aula y dijo “Señor García, aquí atrás no se le escucha”. García respondió: “Si han venido a la conferencia es porque me escuchan, lo que pasa es que no me oyen”. Estos son unos ejemplos de mal uso extraídos de la prensa española de esta semana: *Se escucharon unos disparos, *Podían escucharse voces supuestamente fantasmales.

El “tema“de siempre. Un viejo conocido de todos. La palabra tema se ha convertido en una muletilla que sustituye, en función del contexto, a estas palabras: problema, asunto, cuestión, duda, razón, esquema, proposición, etc.: *Los ministros tratarán el tema del paro (problema); *Ése es el tema: votar o no votar (dilema, cuestión). Hay que recordar, además, que cuando la palabra tema va en femenino, como en el refrán Cada loco con su tema, sólo puede referirse a una obstinación, manía u obcecación por algo.

El y/o. El lío, diría yo. No es raro leer en la prensa anuncios como este que recorté hace poco de un diario español: “Buscamos traductores y editores (sic) con dominio de inglés y/o francés”. Con independencia del barbarismo -más grave por tratarse de una agencia de traducciones- de llamar editores a los revisores, es obvio que sobra esa anglicada conjunción y/o (and/or), que debería ser una simple “o”. La connotación de la cópula española “o” no tiene un carácter tan excluyente como la inglesa “or”, es decir: si escribimos “inglés o francés” no excluiremos de la selección de candidatos a los traductores que sepan ambos idiomas.

Es por ello/esto… Por qué será que… Dos circunloquios. Como anécdota, recuerdo ahora que un dúo cómico español, llamado “Martes y Trece”, además de parodiar a Julio Iglesias, Rocío Jurado y a cualquier famoso que se pusiera a tiro, criticaban con mucho humor la forma de hablar de esta gente… y del resto. Hicieron de la frase “Es por ello” su lema durante un tiempo. También le dieron un buen repaso al abuso del “gerundio de boletín” (citado en un número anterior de Apuntes) durante una temporada en la que sólo se expresaban con gerundios: “Bueno, nosotros yéndonos que teniendo prisa, eh”.
Me he acordado de estos dos circunloquios que se encuentran con a veces en las traducciones porque estoy escuchando la canción “Eliminación de los feos” del Gran Combo de Puerto Rico, cuyo estribillo reza: “¿Y por qué será que los eliminan?”. Pues esta fabulosa canción se ahorraría un par acordes si dijeran “¿Y por qué los eliminan?”. Lo mismo le pasa a una canción del dúo Donato y Stefano en la que dicen “Es por eso que estando contigo, me siento como en verano”; con un “Por eso cuando estoy contigo…” bastaba.

Incluso, inclusive e incluido. Un error abundante en el lenguaje hablado. Los dos primeros son adverbios y proceden del latino inclusus, pero actualmente no significan lo mismo. “Incluso” significa “con inclusión, inclusivamente”, y “hasta, aun” cuando actúa como preposición: Incluso los hombres participaron; Le gustan los animales e incluso las plantas. “Inclusive” es un adverbio con un significado claro y único: “incluyendo el último objeto nombrado”: Debe elegir un número del 1 al 9, ambos inclusive; Desde la época de Felipe III a Carlos III inclusive. Inluido es el participio del verbo incluir y significa “algo que está contenido dentro de otra cosa”. Usos incorrectos: *Inclusive mi padre me lo advirtió; *Hay que tirarlos todos, inclusive el blanco.

Múltiple/s. Adjetivo abundante en traducciones técnicas del inglés que está desplazando a adjetivos españoles como varios, diversos, muchos, etc. Su empleo no es erróneo, pero lo cierto es que en español no tenemos por qué restringirnos a este único término. Es normal ver este tipo de frases en manuales de informática: Puede imprimir múltiples copias; El programa acepta múltiples formatos, etc. ¿Alguno de ustedes que está leyendo esto suele decirle, por ejemplo, a un compañero de oficina: “imprímeme múltiples copias”?
Además, cuando múltiple se convierte en un elemento compositivo, es decir, en el sufijo multi-, debe formar una palabra en singular con su correspondiente plural: multimillonario/s, multinacional/es. Formas incorrectas: *programa multiusos.

Honesto, honrado y sincero. Los que traducimos material destinado a televisión y teatro lo vemos muy a menudo: *Creo honestamente que no es para ti; *Seré honesta contigo: lo detesto; *Es una mujer honesta; siempre dice lo que piensa. En primer lugar, veamos qué dice el diccionario:

HONESTO, TA. (Del lat. honestus.) 1. adj. Decente o decoroso. |
2. Recatado, pudoroso. |
3. Razonable, justo. |
4. Probo, recto, honrado. |
5. Véase estado honesto.

El falso amigo inglés honest nos engaña con frecuencia. Poco tiene que ver ser sincero con ser decente o, por lo menos, ser sincero no es inherente a ser decente. Generalmente, los adjetivos sincero, franco, llano, directo o explícito pueden servirnos para traducir este adjetivo: Para serte sincero…; Te seré franco…; Francamente, no sé qué decir, etc. Respecto a otros contextos, es mejor ver qué dice el diccionario:
HONRADO, DA. (Del lat. honoratus.) 1. p. p. de honrar. |
2. adj. Que procede con honradez. |
3. Ejecutado honrosamente. |
4. fig. Véase barba honrada.

HONRADEZ. (De honrado.) 1. f. Rectitud de ánimo, integridad en el obrar.
Como puede comprobarse, las definiciones de honrado y honradez coinciden con las de los términos ingleses honest y honesty. Nuestros términos honesto y honestidad, en cambio, se corresponden con modest y modesty.

Pasarse de la raya… inglesa. Este es uno de los errores que encuentro con mayor frecuencia en traducciones de inglés a español. La raya inglesa no existe como tal en español y dado que es una estructura foránea debe traducirse siempre por el equivalente que proceda: punto, coma, dos puntos o punto y coma. Ejemplos: The taste of victory – a fine wine (El sabor de la victoria: un buen vino). En los manuales técnicos también suele aparecer en párrafos en los que se dan instrucciones o describen elementos:
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Eficaz, eficiente y efectivo. El adjetivo effective es otro falso amigo, que no significa efectivo, sino eficaz o eficiente. Empleamos “eficaz” principalmente para seres inanimados y “eficiente” para seres animados, dado que la eficiencia es una virtud o facultad más propia de seres vivos.

Opcional y optativo. Los traductores de computación/informática principalmente hemos introducido el barbarismo opcional como equivalente de optativo en el habla, cuando no son sinónimos. Curiosamente, como ocurre en tantas otras situaciones del idioma, en distintos sectores se expresan de distinta manera cosas que son idénticas: así, mi hermano ha elegido dos asignaturas optativas (optional subjects), pero la definición de pantalla en Windows es opcional. Asimismo, si mi televisor se estropea, llamaré al Servicio de asistencia técnica, pero si se estropea mi Windows 95, tendré que llamar (al menos aquí en España) al departamento de Soporte técnico de Microsoft Ibérica. Paradójico.

Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:42 pm

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el español y la variación intralingüística

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Por Elvira Cámara Aguilera
En este trabajo, se presenta un enfoque del proceso traductológico como acto intercultural en textos de carácter general, centrándose en las distintas variedades lingüísticas del español hacia las que puede verterse un texto en una lengua origen determinada. Con tal fin, se analizan brevemente algunos conceptos como cultura meta y variación intralingüística. Finalmente, se ilustra nuestra argumentación con varios ejemplos prácticos extraídos del ámbito literario, por un lado, y del periodístico y empresarial, por otro.

1. La traducción como acto intercultural

El modelo funcionalista de la traducción o teoría del skopos fue introducido por primera vez por Hans J. Vermeer en 1978, para quien toda traducción está sujeta a un fin último (skopos) que debe cumplir el texto en la cultura meta. En este sentido, dicha teoría establece toda una serie de factores a tener en cuenta a la hora de traducir y los sitúa por orden de relevancia. En ellos se incluye la persona que realiza el encargo de traducción así como el fin y destinatario último de la misma, ocupando un segundo plano el texto origen. Mason hace hincapié en la importancia de la coherencia con el nuevo destinatario y para ello se apoya en Reiss y Vermeer: «the translation must be kohärent with the situation of the target reader» (2000: 1). La traducción constituye un fenómeno social que no puede realizarse al margen de la sociedad a la que va destinada. No debemos olvidar que la traducción es el puente que une a dos culturas y que permite conocer a una cultura desde otra diferente. Por tanto, a pesar de las diferencias culturales, el receptor sólo tiene su cultura como referente para entender otra. Es su lengua, y el uso peculiar que haga de ésta, el vehículo para materializar la percepción de la otra vertiente.

    1. Cultura meta

Mason va más allá y habla de cultura meta, concepto clave en el estudio que aquí abordamos:

.. in many cases, … translators will wish their output to conform to the expectations of users and to be accepted as viable instances of the established practices of the target culture (2000: 18).

Viaggio tiene una visión muy concreta y particular de la traducción: se trata de un tipo de comunicación interlingüística e intercultural que necesita de un mediador que comprenda esos dos ámbitos conceptuales ya que cada ser humano es único y representa una cultura idiosincrática.

We are among those for whom translation is a subtype of interlingual, intercultural and mediated communication, a language game intervening when the participants in the communicative event require a mediator conversant with the different languages and cultures involved – including, where relevant, individual cultures, because besides belonging to a more general, shared culture, every human being is an idiosyncratic ‘culture’ (1998: 180).

2. Las variedades lingüísticas del español

Para centrar nuestro artículo vamos a considerar, por un lado, de manera genérica, el español hablado en Latinoamérica (que cuenta con su multiplicidad de variedades) y el español peninsular o de España (que a su vez cuenta con las suyas).

2.1 El concepto de equivalencia

Para abordar este punto, recurriremos a las diversas acepciones del término que aportan los principales diccionarios de lengua española, entre las que destacamos: “igualdad en el valor, estimación, potencia o eficacia de dos o más cosas”. “Valer. Tener una cosa el mismo valor que otra que se expresa … Igual. Significar.” Si nos centramos en la primera definición, podemos destacar dos aspectos: por un lado el de igualdad en el valor, y por otro el de igualdad en la eficacia. Si nos centramos en la segunda, tendremos como resultado que una palabra será equivalente a otra cuando signifique lo mismo. En este punto del razonamiento, y teniendo en cuenta que nos estamos refiriendo a traducción, nuestro enfoque puede ir por dos caminos: el de la equivalencia entre el término de la lengua origen A y su correspondiente en la lengua de destino B; el de la equivalencia entre el término de la cultura origen A y su correspondiente en la cultura de destino B.

Nord presenta «el concepto tradicional equivalencista y el concepto funcionalista radical» (conf. Nord en Hurtado 97 ss.) para finalmente aportar el suyo propio, que es una mezcla de ambos modelos y lo justifica diciendo:

… He combinado los dos modelos, estableciendo como principios guiantes tanto la funcionalidad, i. e. la aptitud del texto para un determinado fin, como la lealtad, i. e. el respeto a las intenciones y expectativas no sólo del autor original sino también del cliente que ha encargado la traducción y de los lectores en la cultura meta Todos ellos tienen su concepto determinado de lo que es o debe ser una traducción, y como pertenecen a dos culturas diferentes puede ocurrir que sean conceptos divergentes. El traductor es el único que conoce ambos lados, el de la cultura base y el de la cultura meta, y es su tarea «mediar» entre ambas. (100)

El concepto de equivalencia tal y como lo plantea Nord es lo suficientemente amplio como para abordar el problema de las variedades lingüísticas existentes dentro de un mismo idioma, como es el caso del español. No obstante, el profesor Francisco Salvador, prestigioso especialista en variedades del español, señala que no contemplar la multiplicidad de variedades del español puede alejar o distorsionar el acto comunicativo (1993: 674). Si atendemos al concepto de cultura meta (y no así al de lengua), una traducción dará lugar a distintas versiones finales, que se presentarán justificadamente diferentes y garantes del concepto de equivalencia entendido como igualdad en la eficacia. El hecho de compartir una lengua no implica compartir todo lo que la rodea o circunscribe. Las costumbres, el clima, la situación geográfica, su situación económico-política, etc. inciden directamente en el lenguaje, lo moldean y adaptan, personalizándolo y dando lugar a su propia idiosincrasia. Es cuando el lenguaje se muestra más vivo que nunca, respondiendo a las necesidades de los que lo usan, generando nuevos vocablos o aportando nuevos conceptos a los ya existentes. Esa muestra de lengua viva que supone la existencia de variedades en español no debe ser un inconveniente para la traducción en sus dos vertientes: teórica y práctica. Por el contrario, debe servir de muestra de respeto hacia la pluralidad, circunstancia que inevitablemente abandera la traducción al hundir sus raíces en la diversidad lingüística y cultural. En este sentido, queremos mencionar la labor de la Real Academia Española de la Lengua que, si bien tiene aún mucho camino por recorrer, inició su andadura con la creación desde 1871 de sus correspondientes en los países de habla hispana y sus academias asociadas en Norteamérica, Argentina y Uruguay. En el preámbulo de su vigésima primera edición se dice textualmente:

La Real Academia Española ha querido contribuir a la celebración del V Centenario del descubrimiento de América publicando una nueva edición … de su DICCIONARIO usual. … Ha solicitado insistentemente la Academia la cooperación de sus hermanas correspondientes y asociadas para dar mayor cabida … a las peculiaridades léxicas y semánticas vigentes en cada país. Gracias a tal colaboración ha sido posible revisar y enriquecer en la presente edición el contingente americano y filipino.

Constituye, sin duda, un paso importante en el reconocimiento de la idiosincrasia lingüística y cultural de más de trescientos millones de personas unidos por un mismo idioma.

Tomemos algunos ejemplos:

Agenciero: adj. Guat. y Perú agencioso. // 2. Cuba y Méj. Agente de mudanzas. // 3. Argent. Lotero. // 4. Vulg. Chile. Prestamista, prendero.

Aguaje: m. aguadero, sitio donde suelen beber los animales silvestres. // 2. Col., Ecuad., Guat. y Nicar. Aguacero. // 3. Chile y Perú. Variación de color de las aguas marinas, por razones diversas. // 4. Fig. Sto. Dom. Y Venez. Alarde, aspaviento. Hizo un AGUAJE y se fue. // 5. Sto. Dom. Mentira, afirmación falsa que se dice para impresionar. // 6. Perú. Palmácea de fruto comestible, que crece en los pantanos de la selva amazónica.

Aguamiel: f. Agua mezclada con alguna porción de miel. // 2. Amér. La preparada con caña de azúcar o papelón. // 3. Méj. Jugo del maguey, que, fermentado, produce el pulque.

Apendejarse: prnl. Col., Pan. y Sto. Dom. Hacerse bobo, estúpido. // 2. Cuba, Nicar. y Sto. Dom. Acobardarse.

Apensionar: tr. desus. Pensionar, imponer algún gravamen o pensión. // 2. prnl. Col., Chile, Méj. y Perú. Entristecerse, apesadumbrarse.

Cariño: m. inclinación de amor o buen afecto que se siente hacia una persona o cosa. // 2. Por ext. Manifestación de dicho sentimiento. // 3. Añoranza, nostalgia. // 4. Esmero, afición con que se hace una labor o se trata una cosa. // 5. Col. C. Rica, Chile y Nicar. Regalo, obsequio.

Dragonear: intr. Amér. Ejercer un cargo sin tener título para ello. DRAGONEA de médico, de comisario. // 2. Amér. Hacer alarde, presumir de algo. // 3. Tr. desus. Argent. y Urug. Enamorar, cortejar, requebrar.

Droga: Nombre genérico de ciertas sustancias minerales, vegetales o animales, que se emplean en la medicina, en la industria o en las bellas artes. // 2. Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno. // 3. Medicamento. // 4. Desus. Fig. embuste, ardid, engaño. Ú. En Argentina. // 5. Fig. Col. y Ecuad. Persona o cosa que desagrada o molesta. // 6. Canarias, Navarra, Méj. y Amér. Merid. Deuda, a veces la que no se piensa pagar.

Tiznado: p.p. de tiznar (manchar de tizne, hollín u otra materia semejante). // 2. Adj. Amér. Central. Borracho, ebrio.

Estos términos, escogidos al azar, muestran la existencia de las variedades lingüísticas que venimos defendiendo y, al mismo tiempo, ponen de manifiesto la importancia de contemplar la diversidad de significado si se quiere garantizar la eficacia comunicativa de cualquier lengua.

3. Ejemplos prácticos

3.1 La variación intralingüística en traducción literaria. Dos versiones de Ulysses en español: la variedad argentina y la variedad peninsular

Desde la vertiente literaria de la traducción, encontramos el ejemplo de un clásico en lengua inglesa, Ulysses, que fue traducido por José Salas Subirat y publicado por vez primera en español en 1945 por una editorial argentina. En 1976 se realizaría una nueva traducción, siendo iniciativa esta vez de una editorial española y el traductor también español José Mª Valverde. Ambas traducciones conviven en el mercado separadas por «más de treinta años de distancia, y separadas también por dos variedades distintas del idioma, la peninsular y la argentina» (Santoyo 1998: 48). El profesor Santoyo, de la Universidad de Salamanca, nos aporta más información relevante al respecto al comprobar que en 1996 se publicó una nueva edición española de Ulysses por parte de la editorial Planeta realizada por Eduardo Chamorro y que es en cierto modo una reedición de la traducción realizada por la editorial argentina y cita textualmente:

Basándose en que Salas «comete frecuentes y a veces inexplicables descuidos y cae en localismos propios del habla porteña»; basándose en que «hay que corregir los errores de la traducción de Salas, a veces tan flagrantes como cuando se salta líneas del original“; basándose en que Salas limita “la exuberancia verbal y estilística» de Joyce, Eduardo Chamorro ha preparado para la editorial Planeta una revisión total de la traducción de Salas. «El resultado … es una nueva traducción, si tenemos en cuenta que Chamorro ha modificado, según sus cálculos, el 50% del texto de Salas» … (1998: 48).

La cita que acabamos de presentar puede resultar brusca e incluso irrespetuosa por parte de Chamorro pero también podría haber ocurrido al revés. A mi modo de ver, es bastante ilustrativa del sentimiento que puede generar en el lector de una vertiente y otra del Atlántico, al no serntirse indentificados con el tipo de lenguaje, estilo, expresión, etc. en una obra que están leyendo en su propia lengua. Esto pone de manifiesto, una vez más, la necesidad y obligación de pensar y tener muy presente al lector o lectores últimos del texto a traducir.

3.2 La variación intralingüística en textos periodísticos

Acabamos de exponer un ejemplo de variación intralingüística en traducción literaria. Vamos a pasar ahora a otra vertiente de la traducción adentrándonos en el mundo de actualidad reflejado en la traducción de artículos o noticias para diarios de reconocido prestigio internacional.

Latinoamérica se presenta como un mercado por explotar en el mundo globalizador de la prensa internacional según The New York Times (Sprung 2000: 14). Con estos fundamentos, la revista Time decide invertir en Latinoamérica justificando, además, la eficiencia de la inversión al poder cubrir toda la zona sólo en dos lenguas: español y portugués (14). Conducidos por la cautela, los responsables descartan la posibilidad de publicar la revista Time en estas lenguas y prefieren introducirse en forma de suplemento dentro de los periódicos de mayor relevancia: «Time would supply content -final pages in the local language- while the partner would provide the printing and distribution» (14). Estos diarios serían:

Ámbito Financiero Argentina

Folha de Sao Paulo Brasil

Reforma/El Norte México

El Tiempo Colombia

La Tercera Chile

El Nacional Venezuela

El Comercio Ecuador

El Diario de Hoy El Salvador

Gestión Perú

Listín Diario República Dominicana

Siglo XXI Guatemala

La Prensa Panamá

Lo más relevante para el presente trabajo y que aquí queremos subrayar es que dicho suplemento sería un «local-language supplement» y así lo manifiestan los autores del artículo:

The personal involvement of these decision-makers illustrates the importance Time gave the local-language supplement from the start. They decided not only on the overall direction and positioning of the supplement, but also on editorial content and its translation into Spanish and Portuguese …

Once the decision was made to bring Time to Latin America in local languages, the first challenge was in designing a publication (Sprung 2000: 16).

Pero los responsables de este proyecto no sólo se plantean algo tan importante para el éxito o fracaso del mismo como el empleo de las variedades correspondientes, sino que, como todo buen proyecto que se precie, realizan un estudio del mercado y del potencial lector. Esta circunstancia queda implícita en el relevante hecho de reconocer y apostar por la publicación en 11 variedades diferentes del español. Se quiere preservar «the magazine’s look-and-feel» (14) manteniendo temas característicos de la revista pero a su vez «to appeal to a broad range of readers with varied interests» (16). Time construye toda una serie de estrategias comerciales para ir introduciéndose poco a poco en el todavía «virgen» mercado latinoamericano y para ello inicia su labor con el lanzamiento de una edición en lengua inglesa adaptada para América Latina, continúa con el suplemento descrito anteriormente ya en español y portugués, a continuación se apoya en CNN en español (que describiremos con más detalle a continuación) y finalmente refuerza su actuación mediante la edición conjunta con la cadena de televisión de páginas web en la variedad local correspondiente (26).

Para terminar vamos a presentar de forma breve la actividad (lingüísticamente hablando) de la cadena de televisión CNN en español, y vamos a ilustrar nuestra argumentación con un ejemplo que, cuando menos, puede resultar curioso para los lectores.

Telenoticias, la CNN en castellano, que emite para Europa, Latinoamérica y parte de Estados Unidos, tuvo que elaborar un libro de estilo, de obligado cumplimiento para sus redactores y presentadores (Jiménez y Martínez 1995: 24); del mismo modo, la agencia EFE española, tras enviar el siguiente texto a sus corresponsales en Latinoamérica, tuvo que plantearse la necesidad de crear un “filtro” de toda la información procedente de España antes de ser publicada en los países iberoamericanos.

NOTICIA DE PRENSA EN ESPAÑA:

La policía española echó un capote al gobierno español y logró por fin, sin gastar un cartucho, coger en Laos a Luis Roldán. Se da así por terminado un tema que ha sacado de sus casillas a la totalidad de los españoles. El ex director de la Guardia Civil, un héroe con los pies de barro para muchos y para otros un desgraciado, ya está entre rejas. El titular de Justicia dio por terminada la aventura de este personaje que a punto ha estado de pringar a los más altos cargos socialistas. El ministro no se cortó y, delante de toda la prensa, a punto estuvo de brincar de alegría. Roldán, por su parte, declaró no sentirse responsable de todo lo que ha provocado con su huida y se dispuso a recibir de buen grado el apartamento amueblado que le espera en la cárcel de Ávila. Además, en tono coloquial, dijo que no estaba dispuesto a pagar el pato.

VERSIÓN EN LATINOAMÉRICA:

La policía española puso un preservativo al gobierno español y logró por fin, sin gastar su virginidad, joder en Laos a Luis Roldán. Se da así por terminado un tema que ha sacado de sus retretes a la totalidad de los españoles. El ex director de la Guardia Civil, un héroe con los pies de mierda para muchos y para otros un pobre cornudo, ya está entre rejas. El titular de Justicia, dio por terminada la aventura de este personaje que a punto ha estado de contagiar una enfermedad venérea a los más altos cargos socialistas. El ministro no se cagó y, delante de toda la prensa, a punto estuvo de eyacular de alegría. Roldán, por su parte, declaró no sentirse responsable de todo lo que ha vomitado con su huida y se dispuso a recibir de buen grado el apartamento burdel que le espera en la cárcel de Ávila. Además, en tono coloquial, dijo que no estaba dispuesto a pagar el orinal.

El ejemplo anterior puede parecer, sin duda, un exponente exagerado de la inequivalencia intralingüística pero resulta bastante ilustrativo, dentro de un contexto determinado, hasta qué punto es necesario cuidar la cultura meta hacia la que se traduce, englobando bajo el término cultura el aspecto lingüístico.

4. Conclusiones

Considerar la traducción como el proceso por el cual se vierte el contenido de una lengua origen en otra término resulta demasiado simplista, a tenor del estudio aquí presentado. Por el contrario, este proceso debe implicar tener en consideración el texto que se traduce y las intenciones del autor, pero también las intenciones y expectativas del cliente y de los nuevos destinatarios en la cultura meta. Para ello es clave partir de los conceptos de cultura y de variación intralingüística que nos permitirán delimitar la univocidad del sentido estrechamente unido a las variedades lingüísticas existentes dentro de una misma lengua. Si hasta ahora se había contemplado la posibilidad de que un mismo texto en lengua origen diese lugar a una pluralidad de textos en la lengua término como empresa inviable, es precisamente desde el ámbito empresarial desde el que se lleva a cabo el que podría considerarse como el primer trabajo de tales magnitudes. La consideración de once variedades lingüísticas diferentes del español así como la variedad brasileña del portugués por parte de Time, pone de manifiesto la importancia del experimento realizado y suponen una llamada de atención a traductores y teóricos en un ámbito aún por explorar.

Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:41 pm

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el español de los manuales técnicos

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Por Alex Grijelmo *del libro Defensa apasionada del idioma español.

Los manuales de instrucciones que acompañan a los electrodomésticos y a los aparatos informáticos resumen muy bien una serie de problemas de lenguaje bastante comunes: la incapacidad de comunicarse, el desprecio hacia el idioma español, la adoración al ídolo anglosajón, la arrogancia de quien tiene el poder -en este caso el poder comercial y económico-, el arrinconamiento del pueblo y de sus palabras más sencillas. Y de nuevo aparece así la barrera psicológica que pretende arrojar a los consumidores hacia los infiernos de la ignorancia, para que crean que cualquier problema que genere luego el aparato será producto de su nesciencia, jamás de la empresa fabricante, jamás porque el comprador no haya sido advertido con todo rigor y precisión sobre los problemas que plantea la máquina.

La primera vez que hube de descongelar mi nuevo frigorífico, de marca Bosch, en julio de 1998, me asaltaron unas dudas terribles, porque el folleto de instrucciones obligaba a que el aparato estuviera “categóricamente apagado”. Me preguntaba si en tal expresión anidaba un concepto peculiar, técnico, una manera Concreta de apagar el frigorífico y vi que las instrucciones no respondían a mi problema principal una vez que terminé su lectura: no sabía si el frigorífico debía estar simplemente apagado (aunque fuera categóricamente), para lo cual bastaba Con accionar un interruptor de su parte frontal superior, o si la expresión “categóricamente apagado” significaba que debía desenchufarlo, para lo cual había de mover su pesada mole y sacarlo de los muebles de cocina en los que está encajado, con gran esfuerzo físico y agobio mental por mi parte. Más aún: me preguntaba si el hecho de emprender tal acción “categóricamente” no debía conducir a quitar la corriente eléctrica en toda la casa.

Resulta chocante que incluso los fabricantes españoles redacten sus manuales en un idioma extraño, lleno de estiramientos y perífrasis. Por ejemplo, la firma de electrodomésticos Teka, radicada en Santander, explica lo siguiente en la página 13 del folleto para su horno de cocina: “Si después se observa que en el esmalte del horno existen residuos de comida en pequeñas proporciones, éstos son eliminados poniendo a funcionar el horno en vacío a 250 grados durante una hora según el grado de suciedad”.

Tal parece que quien se encargó de redactar estos manuales hubiera cobrado por palabra, porque en cada párrafo sobran unas cuantas. Así sucede con los “residuos” de comida “en pequeñas proporciones”, puesto que si no se tratara de restos en pequeñas proporciones no podríamos hablar de residuos. Estaríamos ante el hecho de que alguien se hubiera olvidado un muslo de pollo en el horno.

Y hay que poner a funcionar “el horno en vacío”, fórmula que quizá da más sensación de dominio de la técnica que si encendemos simplemente el “horno vacío”.

Pero Teka parece estar adornándose con plumas ajenas. Porque algunas de sus frases jamás las escribiría un español, salvo que estuviese traduciendo del inglés. Por ejemplo, la ya reproducida: “Si después observa que en el esmalte del horno existen residuos de comida en pequeñas proporciones, éstos son eliminados poniendo a funcionar. ..”. Nadie redactaría así en nuestro idioma, sino de este modo: “Si después observa… restos de comida, éstos se eliminan poniendo a funcionar …”

¿Quién fabrica los hornos de la empresa santanderina Teka? ¿Están haciéndonos creer que salen de Cantabria y en verdad se fabrican con explotación de niños en Taiwan?

Pero siempre que nos tropezamos con la torpeza lingüística de alguien que escribe para comunicar algo -como en el ejemplo inicial de la impermeabilización de las antenas-, encontramos también que lo comunicado no alcanza precisión alguna. Porque la referida frase que obliga a poner el horno “a 250 grados durante una hora según el grado de suciedad” carece de sentido. O bien lo mantenemos a esa temperatura durante una hora, o bien lo decidimos según el grado de suciedad (falta saber además si la suciedad nos condicionará la temperatura o el tiempo, o ambas cosas).Pero las dos medidas a la vez parecen incompatibles. ¿Y entonces qué hacemos para limpiar el maldito horno?

También derrocha palabras el autor del manual de las licuadoras Blender, que recomienda “retirar el enchufe del tomacorriente”, acción que debe de ser algo parecido a “desenchufar”. Después advierte este librillo sobre lo que hay que hacer “si el motor reduce su régimen de velocidad “, un hecho seguramente relacionado con que el motor se pare.

Lo peor es que el organismo que vela por la calidad de los productos en España, Aenor (Asociación Española de Normalización), certifica en un documento adjunto que el electrodoméstico adquirido tiene una “calidad comprobada “. Pero mal podrá evaluar Aenor la calidad de los manuales de instrucciones -de los que de todas formas no se ocupa-, cuando su propio documento explica al comprador: “Si encontrara algún defecto o anomalía, Aenor establece que el fabricante disponga de un procedimiento de reclamaciones”.

Para empezar, vemos ya una falta de concordancia: si encontrara, establece. Había dos posibilidades correctas: “si encontrara, establecería”: o “si encuentra, establece”. Se opta por la errónea que consiste en mezclar ambas. Pero de cualquier forma el significado carece también de sentido, al decir en rigor: si encontramos algún defecto, Aenor establece que el fabricante disponga de un sistema de reclamaciones. Así que si no encontramos un defecto Aenor lógicamente no establece nada, y el fabricante no está obligado a contar con ese procedimiento. Con lo cual le haremos una faena a otro que sí encuentre problemas, porque al no haberlos tenido nosotros el fabricante queda exento de atender la reclamación de nadie más.

La redacción correcta habría sido ésta: “Aenor establece que el fabricante disponga de un procedimiento de reclamaciones, por si encuentra un defecto o anomalía”. Porque la primera parte de la oración no depende de la segunda. Ahí el redactor que cobra por palabras se ha perdido cierta cantidad, al olvidarse del término “por” que ha de añadirse en la nueva versión.

Pero quien elaboró el libro de instrucciones de las ollas a presión Monix sí anduvo espabilado para sumar palabras a sus honorarios. Véase esta frase en la que se dice cuatro veces lo mismo: “Ahorra combustible y tiempo tratando los alimentos en brevísimo espacio de tiempo: hierven más rápidamente y se cuecen en pocos minutos”. Su texto añade en otro punto, por si no hubiera quedado claro lo relativo al ahorro de tiempo, que “toda mujer moderna la utiliza, porque proporciona economía diaria de tiempo”.

Y; como ocurre inexorablemente cuando alguien usa el lenguaje sin reflexionar sobre él, los males no se quedan sólo en desastres lingüísticos. Notemos que el manual indica “toda mujer moderna la utiliza “. ¿Y los hombres no? Una vez más se da por sentado que sólo deben cocinar las mujeres y sus hijas.

A veces las instrucciones del fabricante le hacen sentirse a uno imbécil por no saber evaluar el PH o el HF del agua, cosa que, al parecer, todo el mundo hace a simple vista sin que nadie le explique cómo. Dice así el manual de Byse Electrodomésticos, empresa radicada en Navarra, sobre el correcto funcionamiento de un lavavajillas (también llamados “lavaplatos”): “Si el agua que va a entrar en el aparato tiene una dureza superior a 13 HF es necesario añadir sal en el depósito”.

Y para que nos demos cuenta del mérito que atesoran estas máquinas y valoremos el que un día tras otro estén ahí a nuestro servicio, sin reparar en domingos ni festivos, a los fabricantes les gusta explicar en sus manuales que los aparatos “trabajan “, quizá porque el verbo “funcionar” les suena mecánico y resta mérito a la marca. Así, la olla a presión Monix “trabaja con tanta facilidad que sobrepasa cualquier otro método de cocina “, con lo cual averiguamos además que las ollas son mucho más que un utensilio: son incluso un método.

Más adelante hablaremos de las deformaciones del lenguaje que imponen políticos, jueces o economistas. Los fabricantes de aparatos diversos no les quedan a la zaga.

Véase, si no, esta manipuladora expresión que emplea Ufesa en el manual de un tostador 1T-7654, y supongo que también en otros prospectos:

“El uso de accesorios no recomendados por el fabricante puede ser peligroso”.

El peligro es siempre potencial, y la posibilidad de que se produzca un hecho negativo va incluida en el propio término. Así, generalmente no se dice que un perro “puede ser peligroso”, puesto que si puede ser peligroso ya lo es. El peligro no consiste en una desgracia cierta, sino sólo en su posibilidad. Pero aquí el empresario no podía haber escrito: “El uso de accesorios no recomendados por el fabricante es peligroso”. Porque nadie podrá sostener que un tornillo no instalado por un electricista de la propia firma comercial supone algún tipo de riesgo. Por eso el mal retruécano “puede ser peligroso” salva al fabricante de tamaña aseveración pero al final introduce en el usuario el miedo a tocar el aparato sin avisar a los técnicos de la propia marca que se lo ha vendido, y comprarles también los repuestos.

En ocasiones estos manuales dan cierta risa, siempre que uno haya llorado a menudo por los atropellos que se cometen con nuestro idioma y esté curado de tristezas. El libro de instrucciones del temporizador de un sistema de riego creado para que las macetas estén contentas en nuestra ausencia espeta ya desde el primer párrafo:

“Usted disfrutará muchos años de servicio y satisfacción”. ¿Pues no era para regar las plantas? ¿Y las plantas, qué; nadie se acuerda de su disfrute? En fin, el caso es que “operando el regulador” (la palabra “operar” triunfa en todos los manuales) se mantendrá el riego “ya sea que usted esté en su casa o no”. Y lo mejor viene luego: “El regulador de riego WaterMaster cuenta con un dispositivo de anulación manual que le permite regar todas las zonas en secuencia, o, regar manualmente una a la vez”.

Para regar “una a la vez” no hacía falta tanta industria, ¿no?

Pero sí para lo que se avecina:

“En los casos de paredes blandas o muy duras, si fuera necesario se pueden usar sujetadores expandibles”.

Eso sí que explica que el cliente disfrute muchos años “de servicio y satisfacción ” como se había anunciado al principio.

Y por si fuera poco, la instalación cuenta además con “un cable eléctrico del calibre 16 para agregar longitud”. La perífrasis quizá se ha escrito así con el fin de, ya entrados en materia ambigua, no decir ni “alargar” ni mucho menos “hacerla más larga”.

En cuanto a la instalación, no ha de sorprender que en estas actividades confusas hayan de adoptarse siempre precauciones: “No permita “, advierte, “que la pila tome contacto con la faja del terminal”.

Y por si llegara una emergencia de cualquier tipo en tal acto, el mecanismo consiente, eso sí, “descontinuar el riego bajo el modo manual”.

Una vez que se aplica este sistema, “el riego ha sido detenido temporariamente”.

La expresión no mejora después, porque “el cable se puede instalar bajo tierra, aunque, para mayor protección, se le puede pasar por adentro de un caño de plástico grueso y después enterrarlo”. También se pueden “entrar cambios”, “ordenar un nuevo modelo “, y “saltear un día”.

El manual de la licuadora Blender, fabricada por Hamilton Beach, no tiene desperdicio:

“Si utiliza el artefacto en la cercanía de niños, debe vigilarlos muy de cerca”. (Parece una obviedad que, estando cerca los niños, los vigilaremos de cerca. ¿Pero cómo preparar entonces el batido?) .

“No opere ningún artefacto que tenga el cordón o el enchufe dañado, si no funciona correctamente, se ha dejado caer o está dañado de cualquier otra forma “. (No consta que ningún aparato se deje caer, en plan insinuante, así como diciendo…; bueno, sólo si está dotado de sujetadores expandibles).

“No permita que el cordón cuelgue de la mesa o del mostrador, o que toque superficies calientes, incluyendo la estufa”. (Menos mal que nos avisan de que entre las superficies calientes se incluye la estufa, que si no la habríamos minusvalorado injustamente).

“Mantenga las manos y utensilios fuera del envase mientras está licuando, para evitar la posibilidad de lesiones personales severas” (magnífica la aclaración de que las lesiones son personales, a lo mejor porque también se puede lesionar a una silla; pero desconcierta que las lesiones vayan a resultar “severas” con nosotros como los maestros que suspenden mucho).

“Retire la pieza central de la tapa cuando licúe líquidos calientes”. (El comprador se verá aquí ante un reto insalvable, que le dará idea de su terrible incompetencia para hacer lo que el manual espera de él: a ver quién licua un líquido, aunque sea caliente).

“Enseguida saque la base de la caja quítele el papel que la protege”. (Se adivina que detrás de ese “enseguida” debió de existir en algún tiempo un “tan pronto como”; pero hace falta imaginación).

Y también las máquinas están sujetas a los problemas de la gente, porque el manual de Blender explica lo que hay que hacer “en caso de paro repentino del aparato”. Y mucho cuidado con dejar olvidadas las cuchillas en una vitrina: “Si las cuchillas en movimiento son expuestas accidentalmente, pueden causar daños”.

Unos frigoríficos fabricados en Navarra por Byse Electrodomésticos incluyen en su libro de instrucciones algunos sabios consejos: “Evitar categóricamente exponer la unidad a llama libre o a fuentes de ignición” (mostrando de nuevo el gusto por la expresión “categóricamente”, aun tratándose de distinta marca de la citada más arriba); “cuando cese de utilizar una unidad obsoleta, por favor, tome la precaución de rendirla inservible inmediatamente”; “desmonte el cierre o destruya su funcionamiento”; “confíe siempre el desabastecimiento de una unidad inservible a la competencia de su servicio de desguace municipal “. (¿Y si nuestro servicio de desguace municipal no tiene nadie que le haga la competencia?).

Incluso un simple tapón hermético para guardar líquidos sin que se deterioren necesita de intrincadas explicaciones.

Dice así el manual de Vacuvin, fabricado en Holanda: “Consista de una bomba de vacío y uno o varios tapones de vacío que le permiten vaciar una botella de vino empezada de aire, de modo que se conservará el sabor por un largo tiempo. Los materiales los mejores obtenibles, junto con nuestros sistemas estrecticos de control de calidad garantizan que quedará Usted muy satisfecho con su adquisición”. (Las erratas son las del original) .

El frigorífico Liebherr, fabricado en Alemania, incorpora a sus adelantos tecnológicos 105 faltas de ortografía en 14 páginas. La campana extractora Thermor se ha llevado con su potente aspiración nada menos que 74 acentos que deben de haber volado al aproximarse las tres cuartillas al aparato. La lavadora WWA 8852 de General Electric ofrece un infame manual de 13 páginas al que faltan 128 acentos y sobran 46. y además se explica con estilo: ¿Qué hacer con una mancha?: “Trate las manchas nada más ocurrir, antes de que puedan establecerse “. ¿Y si encoge la ropa? Hay solución “a largo plazo”: “Compre toallas mayores para dejar sitio al encogimiento”.

La lavadora de Zanussi tiene por su parte “mandos escamoteables”; y si se quiere limpiar el filtro hay que girar la manilla “en sentido antihorario”. El horno de Balay se expresa como los pieles rojas de las películas: “Para extraer el alimento hacer uso del mango desmontable, roscándolo en el espadín”. Este aparato no conecta, sino que “conexiona “, y está dotado de un “interruptor minutero”. y si desea ponerlo en marcha habrá de seguir estas instrucciones: “Para cualquier operación con el horno, además de posicionar el termostato en la temperatura elegida, deberá programar la duración de la misma colocando el mando en el número que representa la duración en minutos que queremos esté funcionando el horno”. El extractor Thermor aconseja “mantener la campana en funcionamiento hasta bien después de haber terminado la cocina”; y nos advierte del peligro de que la campana y un quemador funcionen “contemporáneamente”. ¿y qué hay que hacer con un filtro sucio?: “Lavar y secar sin torcer”. La secadora Bosch anima al cliente: “Le deseamos mucha alegría con el cuidado económico y cuidadoso de su ropa “. Esta secadora “por motivos de seguridad está equipada con un dispositivo de seguridad “. Pero al final tanta cautela tautológica se queda en un consejo muy poco técnico: “No meter la mano en el tambor girando”.

El manual de la lavadora ÖKO AEG incitará a los más apáticos detectives: ¿Qué mensaje cifrado se habrá querido transmitir aquí?: “Asegure mi manguera de desagüe. Si me instalará debajo de una encimera en la cocina o el cuarto para trabajos domésticos, será necesario después de haberse desmontado el tablero de la mesa de trabajo se monte, de acuerdo con las instrucciones de la instalación y conexión, una chapa intermedia debidamente conectada a tierra en calidad de protección contra el contacto con piezas bajo corriente eléctrica”. Así durante 72 páginas 1.

Más enrevesado aún se nos presenta el libro de instrucciones de una cortadora de césped marca Briggs & Stratton. He aquí algunas de sus frases:

“Cómo usar las figuras del manual: 1-9. Refiérase a las figuras en el interior de los cuadros. 1-13. Refiérase a los componentes del motor de la figura. A-D. Refiérase a los repuestos en el interior del cuadro anterior”. “El motor Briggs & Stratton que usted compró con su equipo fue fabricado con el material más fino en una facilidad de fabricación”. “Los motores Briggs & Stratton no deben ser usados en vehículos con menos de cuatro ruedas. Ellos incluyen bicicletas motorizadas, productos de aviación y Vehículos todo Terreno” (¿serán las bicicletas motorizadas muy distintas de las motocicletas?). “Además, Briggs & Stratton no aprueba que sus motores sean usados en eventos competitivos” (¿alguien está organizando carreras de cortadoras de césped?). “Podrían ocurrir fallas si no se sigue esta advertencia ocasionando muerte, heridas graves, incluyendo parálisis, o daños a la propiedad” (pues parece mucho más grave la obligación de “seguir esta advertencia ocasionando muerte”: sería mejor seguir la advertencia sin ocasionar nada).”No opere el motor en un área encerrada”. “No almacene, derrame o use gasolina cerca a una llama abierta ni cerca a aparatos tales como estufas, hornos o calentadores de agua los cuales usan luz piloto o que puedan crear chispa”. “No compruebe la chispa si se removió la bujía “. “No golpee la volante con un martillo o con un objeto duro ya que esto podría ocasionar que se astillara la volante durante la operación”. “Use las herramientas correctas para darle servicio al motor”. “No opere el motor sin mofle”, “Si el motor vino equipado con deflector en el mofle, inspecciónelo periódicamente”. “Consulte las instrucciones de bodegaje”2.

¿Es éste el idioma al que nos quieren llevar los que defienden el resquebrajamiento del español, los que celebran esos palabrones que se adentran en Internet, los que hablan de acabar con la dictadura de las academias y los lingüistas? ¿Acaso tiene que ver algo este lenguaje con el que emplea el pueblo llano, con el que ha sido esculpido en las mejores obras de la literatura mundial, realmente supera en algo a una obra escrita hace cientos de años como El Lazarillo de Tormes? ¿Existe en algún lugar esta manera de hablar, llena de clones y deformaciones genéticas; hay alguien que ame este idioma contaminado y, por tanto, irrespirable? ¿Sólo el hecho de haber dado con un nombre gracioso, spanglish, justifica esta mezcla del agua con el vino?

Los manuales de instrucciones nos proyectan hoy en día un documental que permite ver en la pantalla cómo resultaría en la realidad el idioma que empieza a formarse en las cabezas de algunos irresponsables, el idioma traducido por ordenador. Los culpables de esos libros de instrucciones y quienes vitorean los “avances” del lenguaje frente a los retrógrados inmóviles coinciden en acumular desidias, ignorancias, incompetencias… y, sobre todo, el desprecio a sus semejantes. Qué importa si quienes han comprado un electrodoméstico entienden o no las palabras que se les muestran, qué importa si esta jerigonza genera distancias, incomprensiones… incluso accidentes. Qué importa si alguien no sabe lo que es un mofle, ni el PH, ni categóricamente.

¿Cómo puede consentir el mundo hispanohablante esta tomadura de pelo? ¿Por qué no nos indignamos ante tamaña estafa?

¿Se mostraría tan descuidado un fabricante argentino, mexicano, chileno, español, guatemalteco, colombiano, peruano… que quisiera conquistar el mercado estadounidense?

El servilismo ante el inglés nos lleva a bajar el listón de la calidad que exigimos a quienes lo usan. Nos llegan los electrodomésticos del mundo sajón -o a través de él- y por eso ya tenemos bastante con que funcionen. Alegrémonos de que existan y podamos comprarlos. Y si se trata de un producto fabricado en el mundo hispano, no consideremos que el escaso interés de la firma por comunicarse con sus clientes pueda darnos pistas sobre la seriedad de la marca, no. Creamos ingenuamente que el idioma carece de importancia, que no refleja nunca lo que hay detrás, que nadie altera el valor de las palabras en su propio beneficio. Pensemos que grandes fábricas multinacionales como las citadas apenas ganan dinero y por ello no pueden distraer tan ingentes cantidades como se necesitarían para pagar a la legión de filólogos que seguramente hacen falta para escribir en correcto español.

Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:33 pm

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cuidado con los diccionarios

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Por Tomás Eloy Martínez

Para LA NACION | 21/12/2002 | Página 29 | Opinión


CASI todos los escritores, buenos y malos, afinan sus instrumentos con la ayuda de los diccionarios, y por lo general los primeros que se leen son los que nunca se olvidan.

Como ningún diccionario es inofensivo -así como ninguna palabra es inocente-, todos ellos delatan, por lo general, los prejuicios, los usos y las incertidumbres de la época en que se escriben. Quizás el mejor medio para conocer a una nación es lo que hace ella con su lenguaje.

Durante las tres o cuatro primeras décadas del siglo pasado, la mayoría de los diccionarios hispanos copiaba el de la Real Academia y éste, a su vez, no había mejorado mucho desde la primera edición del Diccionario de Autoridades, que data de 1732, en la que “negro” alude no sólo a las personas que carecen de “la blancura que corresponde”, sino que también, en femenino, se aplica a las mujeres “que están en la cocina”.

El Sol y la Tierra
En ese mismo diccionario, la definición de “día” no admite los descubrimientos de Copérnico y Galileo, y se sigue llamando así al “espacio de tiempo que el Sol gasta con el movimiento diurno, desde que sale de un meridiano hasta que vuelve al mismo, dando una vuelta entera a la Tierra”. El mismo error fatal iba a cometer, dos siglos más tarde, María Moliner, la mejor hacedora de diccionarios que haya conocido la lengua española, quien murió en 1981 sin corregir el dislate, ahora reparado por sus herederos.

María Moliner tampoco quiso definir las que se conocen como malas palabras. Vivió la mitad de la vida en la España de Franco y sufrió casi de la misma ceguera religiosa. Hoy, en un país más moderno y abierto, no la aquejarían esos prejuicios.

El racismo que se advertía en el primer Diccionario de Autoridades sigue siendo, sin embargo, más difícil de quebrar.

Argentinos

Hace pocas semanas cayó en mis manos un laborioso tratado de los términos latinoamericanos a los que el uso ha teñido con prejuicios raciales y étnicos. El autor es Thomas M. Stephens, un lingüista de reputación internacional, que por fortuna trabaja en mi universidad, Rutgers, en una oficina que está a cinco pasos de la mía. Stephens lleva más de veinte años anotando cada movimiento peyorativo de las lenguas castellana y portuguesa en papeles o fichas sueltas, que luego ordena con la delicadeza de un buen cirujano.

Al parecer, no hay otro modo de hacer un buen diccionario que ejercitando la paciencia, el oído y confiando en la buena suerte. Las computadoras sirven para clasificar y purificar ese trabajo de locos, pero sólo cuando ya está hecho.

Stephens consiguió algunas definiciones sorprendentes, muchas de ellas donde menos lo esperaba. “Salto atrás”, por ejemplo, es un término que se usa sólo en Venezuela, con intención siempre despectiva, para referirse a la persona de color más oscuro que el de sus padres.

Más curiosa aún es la definición de “argentino”, que caracteriza a quienes tratan de mantenerse al margen de los problemas o no aceptan responsabilidad por ellos. Cuando le pregunté a Stephens si esa atribución de negligencia no se debería quizás a la costumbre, tan frecuente en Buenos Aires, de responder “soy argentino” para indicar “nada tengo que ver” o “soy inocente”, me dijo que había oído la definición en varios lugares de la península de la Florida y aun entre empleados del Congreso, en Washington.

Su propio libro, cuyo título completo es “Dictionary of Latin American Racial and Ethnic Terminology”, ayuda, sin embargo, a desentrañar el origen del vocablo. Viene de un diccionario de uruguayismos y, en efecto, es el derivado natural del comentario “¿Yo? ¡Argentino!”, expresado tantas veces como una broma familiar y ahora convertido en acusación dañina.

Ciertas palabras avanzan dentro de un contexto, terminan en otro, y a veces no tienen destino en los diccionarios. Es lo que le sucede, por ejemplo, al verbo “retacear”, que se usa sólo en la Argentina e indica que alguien no está recibiendo lo que merece. Hacia comienzos de noviembre tuve una larga conversación sobre el tema con Víctor García de la Concha, presidente de la Real Academia, quien conoce de memoria todos los diccionarios castellanos, definiciones incluidas. Nunca había oído la palabra “retacear”, pero podía rastrear el término con sólo una llamada telefónica. A los cinco minutos ya lo había encontrado.

Tenía doce entradas en los archivos de datos de la Real Academia, que están al alcance de cualquiera, y todas esas entradas correspondían a títulos de diarios argentinos. Tal vez aparezca en la edición unificada del nuevo diccionario de la lengua, que los académicos de España y la América Hispana planificaron este último noviembre, en San Juan de Puerto Rico.

Cabe temer que ni siquiera ese noble proyecto se libre de los prejuicios de raza y clase, que tantos estragos causan en las palabras. Los he encontrado hasta en el reciente “Diccionario del español actual”, escrito por Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, que pasa por ser uno de los mejores.

Aunque los ejemplos que elige para los usos de cada vocablo son casi siempre irreprochables, de pronto se le escapan definiciones como las de “negro”, que parecen tomadas de algún manual escrito por el doctor Goebbels: “Persona cuyos caracteres raciales son piel oscura, labios gruesos, nariz achatada, pelo negro y crespo y prognatismo”. Tampoco a los puertorriqueños les va muy bien, porque la cita que los caracteriza menciona a “jóvenes drogadictos” de esa nacionalidad.

Otro sentido

Con frecuencia, el abuso de una palabra la convierte en otra cosa, como lo señaló el luminoso venezolano Simón Rodríguez, a quien sólo se conoce como maestro de Simón Bolívar pero que fue mucho más que eso: un ideólogo del lenguaje sólo comparable a Bello o a Sarmiento.

En 1828, Rodríguez escribió en “Sociedades americanas” que ciertos vocablos, como “libertad”, malversados por el poder de turno, ya no querían decir lo mismo que en 1810, cuando las colonias españolas estaban en pleno alzamiento contra el imperio. Casi ninguna de las promesas de entonces había sido cumplida.

Casi todos los golpes militares de América latina se llamaron a sí mismos democráticos, como hizo el presidente venezolano Hugo Chávez con el que dio en 1992 contra Carlos Andrés Pérez. Muchos de quienes lo eligieron con todas las de la ley en 1999 hoy apoyarían a ciegas otro golpe de Estado que lo derribase, también en nombre de la democracia.

Los seres humanos matan o mueren a veces por ideas o vocablos que no para todos significan lo mismo.

Si los autores de diccionarios se detuvieran ante cada palabra para medir su fragilidad y prever las mudanzas a que estará sometida, tal vez jamás terminarían de escribir uno.

Un adjetivo o un verbo suelen contener más energía que un átomo de uranio, y eso se sabe sólo cuando estallan.


Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:29 pm

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Rayas, signos y otros palitos

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© 1999, Xosé Castro Roig

En mi faceta como revisor de traducciones del inglés al español, encuentro errores de ortografía recurrentes, sobre todo pertinentes a ciertos signos auxiliares, abreviaturas y otras marcas (técnicas o no). Con el tiempo he ido recopilando y redactando ciertas normas para dar respuesta rápida y sencilla a las dudas y fallos más comunes entre los traductores. Esa es la intención de este breve artículo. Confío en que sea de utilidad para aquellos profesionales que trabajan con el idioma, ya sean traductores o no.

Nota: en el artículo se ha preferido emplear la nomenclatura del ortógrafo José Martínez de Sousa, y se advierte al lector de que ciertos nombres aquí citados pueden variar —no así su definición o función ortográfica— según el autor que se consulte.

1. Raya (—).

Este signo (m hyphen o m dash en inglés, por tener la longitud de esa letra) también es denominado menos y se escribe en Windows presionando Alt + 0151 en el teclado numérico. Es importante no confundirlo con el guión (-) ni con el menos (–) pues sus funciones son distintas. Las funciones principales de la raya son:

a) acotar oraciones incidentales;
b) indicar los interlocutores de un diálogo;
c) sustituir palabras mencionadas inmediatamente antes (en una bibliografía, por ejemplo).

En el caso (a), ambas rayas van unidas a la oración incidental sin espacios intermedios (véase ejemplo), pero la de apertura debe ir precedida de un espacio, y la de cierre debe ir seguida de otro. En el caso (b), es decir, cuando indica un interlocutor en un diálogo, irá unida al texto. En el caso (c), como en la bibliografía de este artículo, deberá ir seguida de un espacio pues sustituye a un nombre omitido.

Ejemplos de (a):
No regresará —pensé yo— hasta el próximo año.

Uso incorrecto:
No regresará -pensé yo- hasta el próximo año.
No regresará –pensé yo– hasta el próximo año.

Ejemplo de (b):
—¡Qué golpe! —exclamó María mientras caía.

Uso incorrecto:
-¡Qué golpe! – exclamó María mientras caía.
– ¡Qué golpe!- exclamó María mientras caía.

1.1. Anglicismo ortográfico de la raya.

Es desgraciadamente frecuente ver empleada la raya como sustituto de punto y coma, coma, dos puntos, punto y seguido, o paréntesis en traducciones del inglés al español. Generalmente se produce este error al abrir una raya y no cerrarla (sin querer denotar un inciso en un diálogo).

Ejemplos de incorrección:
El manual contiene varias secciones —Montaje, Configuración e Instalación.
Disquete—Soporte magnético para almacenar datos.
Reparación de la máquina—Piezas renovables.

Uso correcto:
El manual contiene varias secciones: Montaje, Configuración e Instalación.
Disquete: soporte magnético para almacenar datos
Reparación de la máquina (piezas renovables).


2. Menos (–).

Este signo (n hyphen o n dash en inglés, por tener la longitud de esa letra) es algo más corto que la raya y más largo que el guión. Algunos autores también lo denominan semimenos (Sousa), así que debe tenerse especial cuidado para no confundirlo con la raya al consultar algún libro de ortografía. Tiene la misma anchura que otros signos matemáticos (% + ÷ – * =) y se usa en operaciones aritméticas y números negativos. Se escribe en Windows presionando Alt + 0150 en el teclado numérico.

Ejemplos:
Conservar entre 35º y –25º
El resultado sería 12 + 5 –24 = –7

Uso incorrecto:
Conservar entre 35º y -25º
El resultado sería 12 + 5 -24 = -7

Algunos autores utilizan este signo en lugar del guión para indicar números de capítulos y secciones, ilustraciones, etc., pues el guión puede resultar demasiado corto.

Ejemplo con menos:
En la página 5–1 podrá ver la ilustración 2–6.

El mismo, con guión:
En la página 5-1 podrá ver la ilustración 2-6.

3. Guión.

En los teclados de máquina de escribir y computadora hay una tecla para este signo (-), algo más grueso que la raya y el menos, y la mitad de largo que este último. Estas son sus funciones principales:

a) unir palabras compuestas o que tienen entre sí algún grado de dependencia;
b) relacionar unas con otras dos o más palabras, números, etc.;
c) indicar la división de una palabra que no cabe entera en la línea o renglón.

3.1. Errores frecuentes.

Tanto en textos creados en español como traducidos de otros idiomas, el error más frecuente es usar el guión en todas las funciones que corresponden a la raya y al menos. Como el caso de las mayúsculas sin acentuar, su origen se debe, en parte, a una complejidad técnica que se daba en los procesadores de texto antiguos, donde no era fácil tener acceso a este tipo de símbolos mediante una combinación sencilla de teclas.

3.2. Sobre el uso anglicado del guión.

A diferencia del inglés, el guión en español separa más que une (suele verse enfrentamiento Manchester-Liverpool, pero alianza francogermana). Por eso debe tenerse especial cuidado al traducir términos ingleses que incluyen este signo porque en aquella lengua tiene una connotación de unión que se omite o varía al traducirlos al español.

Ejemplos:
postparto, posventa, postoperatorio, ex ministro,
ex presidente, rehacer, reconstruir, prenatal, prehistoria, etc.

Uso incorrecto:
post-parto, post-venta, post-operatorio, ex-ministro
ex-Presidente, re-hacer, re-construir, pre-natal, pre-historia, etc.

4. Temperatura.

El símbolo de grado (también sirve como letra O voladita en abreviaturas de ordinales 1.º, 13.º…) se escribe presionando la tecla situada a la izquierda del 1 (en los teclados españoles) o presionando la combinación Alt + 167 en el teclado numérico (Windows). El símbolo del grado va unido a la cifra si ésta va sola, o unida al tipo de grado si se incluye. Si se enumeran varias cifras, no es necesario añadir el símbolo a todas. Si son negativos, deberán llevar un menos antepuesto. Las palabras abreviadas con a u o en voladita, deben incluir el punto abreviativo (P.º del Prado, 2.º lugar) a no ser que el tipo de letra empleada subraye esas letras (Po del Prado, 2o lugar).

Ejemplos:
Haga un giro de 35 o 20º.
Esta mañana el termómetro marcaba –18 ºC.

5. Horas.

En algunos países hispanohablantes se emplea el sistema estadounidense (p.m. y a.m.) y, en otros, el sistema de veinticuatro horas. En cualquier caso, las horas no pueden separarse con comas, pues no son cifras decimales sino sexagesimales (los segundos sí son decimales y pueden llevar coma). Aunque el iso emplea los dos puntos para separar las horas (¿por influencia del inglés?) es más propio usar el punto en español. A diferencia de los decimales, en el caso de las horas es correcto añadir los dos ceros si se trata de una hora en punto, para evitar ambigüedad o imprecisión.

Ejemplos:
Quedamos a las 15.26 con tu hermano.
Vino a las 6.24 p.m.
No llegará hasta las 15.00.
Comí a las 3.00 de la tarde.
20 h 25 min 12,6 s

6. Fechas.

El orden normal en nuestro idioma es día + mes + año, tanto si se escribe todo con letras como si se combina números y letras, o sólo números. En países donde coexistan varios formatos de hora o donde la influencia de otro idioma sea grande, puede ser recomendable escribir los meses en números romanos. Tanto en las fechas como en cualquier otro contexto numérico, es incorrecto añadir un cero delante de los números de una sola cifra (no en vano tenemos la expresión Vales menos que un cero a la izquierda). Los nombres de los meses —igual que los de las estaciones y los días de la semana— se escriben en minúsculas.

Ejemplos:
7 de septiembre de 1901
7/septiembre/1901
7-9-1901
7/9/1901
7.9.1901
7-IX-1901

Anglicismos:
septiembre 7, 1901
septiembre 7 de 1901

Uso incorrecto:
07-09-1901

7. Decimales.

Hay tres errores típicos en la traducción del inglés al español de los números decimales:

a) Uso incorrecto de separador de miles o decimales. Si la traducción va destinada a todos los países hispanohablantes, debemos hacer uso de la coma decimal y el punto como separador de miles, por ser mayoritarios. Si va destinado a un país específico, deberemos adaptarnos a su formato de separación de decimales y millares.

b) Uso incorrecto del cero. Se ven —desgraciadamente— con cierta frecuencia expresiones como 5,00 o 09 en traducciones del inglés. Ambas son incorrectas. En español, el cero tras un separador decimal (coma o punto, según el país hispanohablante) es superfluo. Del mismo modo, es innecesario preceder una cifra con uno o varios ceros.

Sólo deberían dejarse esos ceros iniciales o decimales en casos concretos en los que un programa informático exige al operario que introduzca un número específico de cifras para poder ejecutar una acción, o en traducciones donde convenga destacar que la cifra será sometida a una operación aritmética, o en tablas numéricas verticales donde se consigue una mayor legibilidad al alinear números con el mismo número de cifras.

c) Adaptación incorrecta al sistema métrico. Aunque es común en el sistema inglés expresar con potencias inversas de 2 los números decimales, en español es impropio escribirlos con fracciones o quebrados (véase el ejemplo).

Uso incorrecto:
5½ pies; 3¼ cm; 2 1/8 pulgadas

Uso correcto:
5,5 pies; 3,25 cm; 2,125 pulgadas

Así pues, sería un grave error expresar las cantidades de este modo en español (ya sea sistema métrico o sistema inglés) pues es ajeno a nuestro idioma y, para muchos lectores, ininteligible. Además, para abundar en la confusión que este formato produce, si un número va seguido de un quebrado o fracción (en la aritmética en español) se sobreentiende que hay un signo de multiplicar implícito, y no un signo de suma como en el caso del inglés (5 + ½ y no 5 × ½).

Por último, es conveniente recordar aquí que los números de cuatro cifras no deben llevar separador de miles pues no hay duda sobre su lectura en ningún caso (nací en 1954; me dio 1245 dólares para el viaje). Por uniformidad y alineación con otros números, puede ser conveniente usar el separador de millares en columnas numéricas, cuentas, listas de precios, contabilidad, etc.

8. Unidades de medida.

No deben confundirse con las abreviaturas, pues éstas llevan punto y las unidades de medida no. Siempre debe haber un espacio entre la cifra y la unidad de medida.

Ejemplos:
2 kg, 3,5 mm, 2 h 5 min, 6 dl, 9 km, 9 m, 6 s, 5 m, etc.

Uso incorrecto:
2 Kg., 3Kg, 3,5mm, 2,8 m.m., 1,2 mm., 2 hrs., 5 mins., 3 segs., 8 Km., 5 mts.,

Conviene recordar aquí que los correctores ortográficos de Microsoft contienen muchos errores y, así, consideran incorrecto escribir kg o km sin punto, entre otras cosas (aunque aceptan como válidas Kg., Km., kg. y km.). Al corregir la ortografía de algún documento, extreme las precauciones para evitar introducir fallos donde no los había.

En traducciones con mucha profusión de cifras dentro de párrafos de texto, conviene introducir un espacio fijo (Ctrl + Mayús. + Espacio en Word para Windows) entre la cifra y la unidad para que, sean cuales fueren los cambios que se hagan en el diseño de la página, nunca quede separada la cifra de la unidad al final de una línea.

Otro error frecuente en las traducciones (especialmente técnicas) del inglés se produce cuando el traductor piensa que como el texto original incluye cifras en pies y pulgadas junto con su equivalencia en sistema métrico, debe dejar su traducción en ese mismo formato. En EE.UU. suelen redactarse así los manuales para facilitar, precisamente, la traducción y el uso de sus productos fuera del país, pero es labor del traductor borrar todas las cifras que no estén en el sistema métrico tras comprobar que están bien convertidas. Excepto Birmania y Estados Unidos de América, todos los países del mundo han adoptado el sistema métrico o lo compaginan con otro, en un porcentaje menor. No hay razón para conservarlo en las traducciones al español.

9. Otros signos y convenciones.

El signo de porcentaje —como las unidades de medida— se escribe separado de la cifra con medio cuadratín (20 %; 5,5 %). Y como con aquellas, se puede evitar que cifra y signo queden separados al final de una línea introduciendo entre ambos un espacio fijo (Ctrl + Mayús. + Espacio en Word para Windows). Dado que los procesadores de texto ordinarios no tienen un símbolo de medio cuadratín, es aconsejable hacer una macro que convierta los espacios entre el número y el signo en un espacio fijo con dos puntos menos de tamaño que el resto del texto.

Es muy recomendable emplear este signo para mantener unidas cifras, unidades y expresiones que no convenga dejar separadas al final de una línea (Windows 95, 12 mm, etc.). También se puede utilizar un guión inseparable en Word (Ctrl + Mayús + -) que ayuda a mantener unidas al final de una línea las expresiones unidas con guión (cd-rom, franco-belga, etc.)

Si se instala el programa Mapa de caracteres (Character Map) de Windows 95, se puede encontrar el icono de acceso en la carpeta Accesorios (Accessories). Este pequeño programa muestra una lista de los códigos ANSI de varios signos auxiliares comunes. En Word, también podemos usar la función Insertar® Símbolo (Insert® Symbol).

Otros signos de uso común:
Alt + 166 = ª
Alt + 167 = °
Alt + 174 = «
Alt + 175 = »
Alt + 171 = ½
Alt + 0133 = …

La coma antes de conjunción
Es común ver en traducciones del inglés el uso erróneo de la coma. En inglés, la coma reemplaza en cierta medida a la conjunción; en castellano, no.

Uso correcto:
resistores, transistores y condensadores

Uso incorrecto:
resistores, transistores, y condensadores

En listas de componentes, en inglés la coma es conjuntiva:
(C3, C5, C8-C12)

Esta lista de condensadores en castellano sería:
(C3, C5 y C8-C12)

10. Las comillas.

Las propias del español son las latinas (« »), no debemos olvidarlo. Así pues, es conveniente hacer uso de ellas ahora que los medios informáticos nos lo facilitan. Las comillas altas o inglesas (” “) sólo deben utilizarse para encerrar textos que estén ya entre comillas latinas. Las comillas simples (‘ ‘) pueden usarse para entrecomillar texto dentro de fragmentos que estén entre comillas inglesas —que a su vez estén entre latinas— o en un párrafo no entrecomillado para citar palabras, sintagmas o frases en su valor conceptual o como explicación o definición de otros.

Ejemplos:
«Ejercicio: analizar el titular “Bobbit perdió sus ‘atributos’ más preciados”.»

Algunos colegas piensan que nunca puede haber punto dentro de las comillas o dentro de un paréntesis. Para ver más detalles sobre esta cuestión de fácil respuesta, será mejor consultar cualquiera de los libros incluidos en la bibliografía de este artículo, aunque aquí van algunos ejemplos a modo de avance:

Ejemplos:
Compre ahora nuestro producto. (No lo deje para mañana; quizá sea tarde.)
Compre ahora nuestro producto (quizá mañana sea tarde).
Me dijo: «no pienso volver a verte» y se largó.
Me lo dijo bien claro: «No pienso volver a verte.»

11. El signo &.

Es una duda común entre los profesionales que trabajan con el idioma. Su nombre en español es et, pues es una deformación gráfica del vocablo latino j . En inglés se denomina ampersand, como deformación de and per se and. Se pronuncia Y, pues a tal conjunción sustituye. No es cierto que sea un símbolo inglés, ya que del latín pasó a muchos idiomas, incluido el español, aunque su uso en nuestra lengua es superfluo pues no resulta económico (a diferencia de otros idiomas) ya que la conjunción Y tiene una grafía más breve y sencilla. Según Buonocore, «la traducción del signo & es y, and, et, und, etc., según el idioma sea el español, inglés, francés [o latín] o alemán». En textos españoles antiguos pueden hallarse la forma &c o & cétera.

12. Negrita, cursiva y mayúsculas.

Sobre estos formatos de letra podría escribirse un libro entero, pues es abundante su mala utilización en traducciones, especialmente del inglés al español. Me limito a aconsejar la lectura de algunos como los que cito en la bibliografía. Es conveniente saber que su uso en nuestro idioma es distinto del inglés en varios contextos. Podría ya tildarse de plaga lingüística el abuso de las iniciales en mayúsculas cuando se traducen del inglés títulos, capítulos, secciones, publicidad, lemas y otras expresiones (v. gr., Bienvenido A Su Televisión Amiga). Asimismo, no es idiomática en español la escritura de párrafos enteros en mayúsculas (frecuentes en contratos ingleses) para destacar partes especialmente relevantes del texto, pues en español se usaría texto en negrita, cursiva o subrayado, según procediera.

13. Puntos suspensivos.

Este signo se obtiene en Windows presionando Alt + 0133 en el teclado numérico. Los puntos suspensivos son tres y siguen la misma norma que otros signos ortográficos. Van siempre unidos a la palabra que los antecede y seguidos de un espacio (excepto en el caso d). Algunas de sus funciones principales son:

a) marcar interrupciones en un discurso;
b) indicar una pausa que precede a una sorpresa para el lector;
c) expresar emoción, titubeo, expectación, etc.;
d) omitir datos que se creen conocidos por el lector dentro de una enumeración;
d) sustituir palabras o fragmentos de palabras que el autor no quiere mencionar.

Ejemplos:
Y así seguimos hasta que… En fin, hasta que ganamos.
Y cuando llego él, apareció… ¡su esposa!
Sí… claro… buf, qué horror.
Son abundantes los topónimos árabes en América: Guadalupe, Guadalajara…
Queríamos ponerle un nombre común, como María, Ana, Beatriz…
Me llamó hijo de p…
El maldito … siempre estaba fastidiándonos.

Combinación de los puntos suspensivos con otros signos:
… a la orilla del mar, por fin.
Las principales etnias negras —bantúes, masais, hutus…— llegaron después.
¿Debería divorciarme?…
¡No tires, me vas a romper la…!
Sobre el siglo XVI […] los flamencos admitieron […] la superioridad comercial…

Uso incorrecto:
Sí………. claro….. cómo no………..
No sé si decírselo …
No supe decírselo. . . no me atreví. . .
Qué sé yo …el hambre.

Como se puede deducir de estos ejemplos, los puntos suspensivos siguen siendo tres aunque vayan con signos de admiración e interrogación, que tienen su propio punto. Asimismo, si se cita un texto en el que se omiten algunos fragmentos, deberán incluirse puntos suspensivos entre corchetes. Si una frase comienza con puntos suspensivos porque se omite intencionadamente el comienzo, los puntos deben ir seguidos, como en otros casos, de un espacio. La combinación de puntos suspensivos con etcétera es redundante y debe evitarse.

14. Admiraciones y fórmulas de cortesía.

Aunque el tópico dice que los hispanos tendemos a ser más apasionados que los anglosajones, es curioso que no nos admiremos tanto como para escribir ¡¡Gracias por comprar este producto!! o ¡¡Bienvenido al programa!!. Nuestros modos son algo más sobrios en estos casos y suelen limitarse a Gracias por comprar este producto o Bienvenido, que no dejan de ser corteses por no ser exclamados.

Del mismo modo, en español está implícita una deferencia cortés hacia el lector mediante el tratamiento de usted o el estilo impersonal. Por eso, resulta algo ajeno —y a veces ostentoso— leer frases como Sea tan amable de esperar un momento o Haga usted el favor de esperar, allí donde un simple Espere habría transmitido la misma sensación de corrección y respeto. Es más, si forzamos una afectación excesiva y artificial en el trato podemos llegar a transmitir una sensación contraria, entendida entre líneas: Sea usted tan amable de esperar un momento (no me dé la lata y no se impaciente, eh). No en vano, al hablar español solemos ser más correctos y formales cuanto más enojo queremos demostrar al interlocutor al que queremos pedir algo.

Cuidado al traducir estas construcciones. En estos casos es mejor —paradójicamente— moderarse que exagerar.

Conviene recordar que cuando los signos de admiración e interrogación aparecen al final de una frase, no es necesario incluir punto y seguido o punto final porque va incluido en el signo.

Uso correcto:
¿Me llamaste? La verdad es que no te oí.
¡Cállate! ¿No ves que estoy hablando yo? Qué niño más travieso.

Uso incorrecto:
¿Me llamaste?. La verdad es que no te oí.
¡Cállate!. ¿No ves que estoy hablando yo?. Qué niño más travieso.

Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:25 pm

Errores ortotipográficos en la traducción al español

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© 1999, Xosé Castro Roig y Lucía Rodríguez Corral

Frecuencia de fallos en las traducciones Esta ponencia surgió a raíz de la frecuencia con la que se encuentran ciertos fallos de ortotipografía en traducciones al español, especialmente del inglés al español. Algunos traductores —o quizá todos nosotros en alguna ocasión— tomamos los signos de puntuación del texto original como delimitaciones físicas de nuestro trabajo. Por negligencia, cansancio o inexperiencia, constreñimos nuestra redacción a los límites impuestos por la estructura sintáctica del texto de origen: hablo de la división de párrafos, la estructura de la listas numeradas, el punto y seguido, los dos puntos, paréntesis, citas, etc. Para aquellos traductores que encasillan literalmente su traducción en la estructura de frases y párrafos del texto original, los nuevos programas de gestión de memorias de traducción (como Trados o Déjà Vú) no hacen más que empeorar las cosas porque estos emplean tales signos de puntuación como acotadores de segmentos, como unidad de medida al fin y al cabo. Bien es cierto que estos programas permiten variar estas medidas, pero son un obstáculo más para el traductor descuidado. La ortotipografía en la traducción Puede definirse la ortotipografía como «la materia que trata la correcta acentuación y puntuación de los textos, además de la correcta utilización de ciertos signos complementarios». Ausencia de documentación Sobre estas importantes cuestiones existen algunos buenos libros, pero no tantos como sería deseable, sobre todo en formato de vademécum o manual de consulta rápido para redactores, traductores y escritores. Disparidad de criterios En los últimos tiempos hemos asistido, creo yo, a un desprestigio de la ortografía, calificada por algunas personas (incluso insignes) como una materia caprichosa y de reglas algo aleatorias, quizá olvidando que la ortografía nace de la necesidad de diferenciar palabras, dar ritmo a las frases y facilitar la lectura; no fue impuesta por ninguna oscura organización sino que fue fruto de la necesidad lógica de redactores y lectores en el transcurso de los siglos. En general, las propuestas extremistas de simplificación de la ortografía (como sustituir la letra Q y la C, cuando es oclusiva, por K) suelen caer en el olvido pues «pecan de aquello de lo que se quejan»: intentar imponer unas reglas estrictas al idioma, que es propiedad y patrimonio de todos. La ortografía actual es más sencilla y precisa que la del siglo pasado y, seguramente, la de la próxima centuria siga la tradiciónRespuesta de la Academia La Real Academia debió de enterarse de que yo venía a dar una ponencia sobre este tema a San Luis, porque hace poco publicó la Ortografía de la lengua española, que me ha venido de perlas para documentar algunos de los puntos expuestos. La principal característica de este excelente y esperado manual es que es la primera Ortografía española consensuada por todas las Academias de la lengua española. En 45 minutos es difícil abarcar todos los puntos. El objetivo no es hablar tanto de cuándo se deben usar ciertos signos de puntuación (para lo cual, os remito a los libros que citaré al final) sino de cómo deben utilizarse. No pretendo dar todas las reglas ortográficas sino destacar sólo algunas en las que suelen cometer más errores los traductores. Mi intención es exponer algunos de los principales consejos prácticos para todo redactor, especialmente traductor, y que esta charla sirva como base para seguir aprendiendo y profundizando en el conocimiento de nuestra lengua. Comillas Existen tres tipos de comillas: las latinas o españolas («»), las altas o inglesas (“”) y las simples (‘ ‘). Las comillas típicas del español son las latinas o españolas (« »). Las altas o inglesas (” “) se emplean cuando se incluyen citas dentro de una frase ya entrecomillada con las primeras. Las comillas simples se utilizan para encerrar significados o aclaraciones sobre el sentido de un término o frase. Errores en las comillas:

1. Juan dijo: “Este “laburo” me tiene frito”.

2. Resolvió la cuestión ‘in situ’.

3. Fui a ver “La guerra de las galaxias”. Uso correcto: 1. Juan dijo: «Este “laburo” me tiene frito». 2. Resolvió la cuestión in situ. 3. Fui a ver La guerra de las galaxias. Letras mayúsculas Se suelen utilizar en títulos de libros (portadas), cabeceras de publicaciones (diarios…), siglas y en los verbos de contratos y documentos jurídicos o administrativos (EXPONE, SOLICITA). Como es obvio, la acentuación de las letras mayúsculas es exactamente igual que la de las minúsculas. En otros tiempos hubo dificultades técnicas que impedían acentuar adecuadamente las mayúsculas, pero eso no significa que la norma haya cambiado. Paradójicamente, a nadie se le ocurriría, por ejemplo, dejar de poner la diéresis al escribir lengüeta en mayúsculas. Hace años me uní a la apuesta personal de Alberto Gómez Font (del Departamento de Español Urgente de la Agencia efe): si alguien me muestra un libro de texto oficial de cualquier país hispanohablante en el que se diga que las mayúsculas no se acentúan, yo lo invito a unas cervezas. Las normas de estilo dictan que, cuando hay frases en mayúsculas dentro de un párrafo, deben emplearse las versalitas (small caps) y no las mayúsculas. Errores mayúsculos:

1. La Ciudad Y Los Perros, de Vargas Llosa.

2. Alvaro llegó de Africa el viernes pasado.

3. Lo leí en El Heraldo De Córdoba. Uso correcto:

1. La ciudad y los perros, de Vargas Llosa.

2. Álvaro llegó de África el viernes pasado.

3. Lo leí en El Heraldo de Córdoba. Otro error no citado: en los contratos estadounidenses (especialmente en los contratos de licencia de programas informáticos) es habitual usar las mayúsculas para destacar los párrafos más importantes de un contrato. Esto no es propio en español, donde se prefiere usar la negrita o aplicar otro estilo diacrítico distinto de las mayúsculas. Siglas y acrónimos Las siglas se forman con las letras iniciales de las palabras y no tienen por qué formar una palabra pronunciable: OTAN, FMI, CD-ROM, etc. Se escriben siempre en mayúsculas y, generalmente, sin puntos, especialmente cuando pasan a formar palabras (acrónimos): láser, inri, Mercosur… Los acrónimos son, pues, palabras formadas a partir de siglas, que tienden a escribirse en minúsculas y a las que se aplica las normas de acentuación y formación de plural normales en otras palabras. Las siglas forman plural por duplicación de sus letras. Un caso típico es el de EE. UU., sigla empleada en varios países para designar los Estados Unidos de América, que debe escribirse con un espacio entre ambos pares de letras. Estrictamente, EE. UU. es una sigla en plural y por eso debe llevar punto abreviativo y espacio, como FF. CC., CC. OO., RR. HH., SS. MM. No está de más recordar que, tanto en español como en inglés, es incorrecto formar el plural de las siglas añadiendo un apóstrofo seguido de s, a pesar de que es un uso muy extendido. Errores de las siglas:

1. CD-Rom.

2. EE.UU., E U A, f.f.c.c., etc.

3. CD-ROM’s.

Uso correcto:

1. CD-ROM.

2. EE. UU., EUA, FF. CC., etc.

3. Los CR-ROM, unos CR-ROM o, en todo caso, CD-ROMs (véanse las excepciones personales, a continuación).

Aunque la formación de plural en las siglas que acabo de explicar sea la normativa, los traductores técnicos sabemos que esto es imposible de cumplir en diversos contextos. La proliferación de siglas para designar elementos y objetos en documentos técnicos nos fuerza, en algunos casos, a utilizar plurales de siglas porque no es posible añadir un artículo que aclare el número del sustantivo (las TRFU, unas TRFU). En esos casos, yo soy partidario de saltarme la regla académica —dada la extensión que tendrían nuestras traducciones si lo hiciéramos— y agregar una s minúscula al final de la sigla para formar el plural (TRFUs).

Excepciones personales:

1. Este módulo está compuesto de: TRFUs, HRTOs y FSTs

La raya Se usa, principalmente, para indicar oraciones incidentales e indicar aperturas de parlamentos en diálogos. Errores de la raya: 1. Son dos ciudades — Roma y Venecia. 2. La traducción — Una ciencia empírica 3. Come—dijo ella—o llegaremos tarde. 4. Disquete—soporte de almacenamiento… 5a. Me temo -comentó Juan- que da igual. 5b. Me temo –comentó Juan– que da igual. Uso correcto: 1. Son dos ciudades: Roma y Venecia. 2. La traducción, una ciencia empírica. 3. Come —dijo ella— o llegaremos tarde. 4. Disquete: soporte de almacenamiento… 5a y 5b. Me temo —comentó Juan— que da igual. En el primer ejemplo se ilustra un uso anglicado de la raya. En inglés, este signo se emplea a menudo dentro de un párrafo sin que se corresponda con otra raya de cierre. En esos casos, debe traducirse por el signo de puntuación en español que corresponda: dos puntos, punto y coma, raya (doble), coma, paréntesis, etc. Veamos ahora el segundo ejemplo: es muy común el uso de la raya en inglés para separar títulos, oponer el número de un capítulo a su título (Capítulo 1—Configuración) cuando en español es más propio usar otros signos (dos puntos, coma, punto y coma…). En el tercer ejemplo, se observa que la raya de apertura debe ir unida a la palabra que precede e ir a su vez precedida de un espacio y, la raya de cierre, debe ir unida a la última letra y seguida de un espacio. Es decir, se intercala en una frase igual que los signos de interrogación y exclamación. Otra forma anglicada (cuarto ejemplo) es la del uso de la raya como equivalente directo de los dos puntos en glosarios, listas de palabras, listas de descripciones, etc. La raya se escribe, en Windows, pulsando Alt+0151 en el teclado numérico. Nunca debemos usar el guión o un guión duplicado como sustitución de la raya (ejemplos 5a y 5b). El guión

El guión se usa para separar palabras compuestas (p. ej., argentino-chileno) y dividir palabras al final del renglón.

En inglés hay una tendencia a utilizar guiones que nosotros no debemos calcar en español. En ocasiones, en nuestro idioma, el guión separa más que une. Para que una palabra sea válida en español, no hace falta que esté en el diccionario, basta con que haya sido creada ateniéndose a las reglas correctas de formación de vocablos. Así, rellamar, rehabituar, etc. son palabras correctas que no se encuentran en algunos diccionarios y que en español no necesitan guión, aunque sus equivalentes en inglés puedan llevarlo. Obviamente, quedan incluidas en esta regla expresiones, perífrasis y sustantivos formados con guión en inglés, pero que no llevan guión en español: previously-approved changes, easy-to-read manual, 2- or 3-hourErrores del guión: co-ordinar, ex-presidente, re-llamar, El signo menos (–) Es un signo más corto que la raya (—) y más largo que el guión (-). Tiene la misma anchura que el signo más (+) y otros signos aritméticos. Es conveniente usarlo cuando se escriben números, fórmulas u operaciones aritméticas pues tiene la misma anchura que ellos. El signo menos se obtiene pulsando Alt+0150 en el teclado numérico (en Windows). Ejemplos:

1. Separación de fechas:

    • Juan Rulfo (1918–1986) fue un gran… (el guión puede llegar a verse muy pequeño, especialmente si se emplean letras de anchura no proporcional).

2. Intervalos de páginas o numeraciones:

    • Págs. 2–25, 2–14…

3. Números negativos y operaciones aritméticas:

    • –5 ºC, –2000 pesos, 4 ÷ 2 × 6 = 12

Signos (I) El signo & se llama et, no ampersand, que es su nombre inglés (derivado de ‘and per se and’). Su forma es, de hecho, la de la conjunción latina et (j ) convertida en un solo signo. En español tiene poco uso porque su función, ser una cópula breve, nunca podrá superar la brevedad de la conjunción española y. No es cierto que su uso sea anglicado, aunque el español resurgió con fuerza por influencia del inglés (por ejemplo, en nombres de empresas como Goodman & Sons). Antiguamente, la abreviatura de etcétera se escribía &c. o j c. de ahí que alguna gente, por confusión (incluso en algunos escritos de la Academia) diga que tal signo se llama etcétera. Signos (II) La barra sirve, entre otras cosas, para separar fechas; también tiene una función preposicional en algunas unidades de medida combinadas. En inglés es habitual escribir ciertas unidades de medida combinadas con este formato: mph (miles per hour), gpm (gallons per minute). En español debemos usar la barra.

Ejemplos de la barra:

1. Fechas: 2/1993, 19/5/84, 19/V/94

2. Unidades de medida:

    • km/h y no mph
    • m/s y no mps

Signos (y III) El signo # se puede llamar ‘número’ o ‘cantidad’. Y digo «se puede» porque es un signo inglés, aunque muy utilizado en muchos países hispanohablantes (llamado gato en México porque recuerda al juego que en España denominamos Tres en raya). Lo cierto es que, en general, en español se prefiere el uso de abreviaturas como núm. o n.º. En algunos países hispanohablantes no se entiende este signo como equivalente de la palabra número, así que debemos evitar su uso si nuestra traducción va destinada a varios países de habla hispana:

1. Pieza n.º 5 y no pieza #5.

2. N.º tel. y no # tel. Abreviaturas y unidades de medida Las abreviaturas se distinguen de las unidades de medida en varios aspectos. La principal diferencia entre abreviaturas y unidades de medida es que aquellas llevan siempre un punto abreviativo que indica, precisamente, su carácter de palabra abreviada. Otra diferencia es que sólo las abreviaturas pueden formar plural. Las unidades de medida son de número invariable. Asimismo, las abreviaturas admiten mayúscula, si es que su posición en la frase así lo precisa, mientras que las unidades de medida siempre van en minúscula. Ejemplos de abreviaturas y unidades de medida:

1. Recorrió varios kms. hasta llegar.

Aunque las abreviaturas deben utilizarse únicamente cuando sea necesario por problemas de espacio (no es un recurso estilístico recomendable), podemos abreviar, dentro de un texto, como en este caso, una unidad que tiene su propio signo. Hablamos de kilómetros, pero lo tratamos como sustantivo, no como unidad de medida.

2. Tels. y faxes.

En este ejemplo se observa una abreviatura (que se distingue por el punto abreviativo) en plural. Como ya se ha señalado, las unidades de medida son de número invariable.

3. P.º, 1.ª, M.ª (no Ma.), 1.er

Ciertas palabras y números pueden abreviarse haciendo uso de letras en voladita. Generalmente, no más de tres. En algunos países, por influencia del inglés, se abrevian palabras comunes (como María o número) con la forma inglesa: inicial mayúscula, vocal y punto. No es lo habitual en español. Cuando la letra en voladita va subrayada, no hace falta el punto abreviativo: 1a.

4. n.º , núm. pero no No. o #.

Cuando se abrevia usando una letra en voladita también hay que incluir el punto abreviativo. Las abreviaturas, como cualquier otra palabra, van en mayúsculas o minúsculas, según si están dentro del texto o al principio de una frase. Hay cierta costumbre (por influencia del inglés) de calcar la abreviatura de la palabra número.

5. km/h, m/min, 20 kg, 12 kB, 10 MB

6. 12 h, 14 min

7. Bar más cercano: 5 m Las unidades de medida de los tres últimos ejemplos no llevan punto. El punto

Debe tenerse cuidado al combinarlo con ciertos signos de puntuación: ( ), «», ¡!, ¿?, …

Las Academias han sorprendido a propios y extraños al indicar en su nueva Ortografía que el punto debe ir siempre fuera de las frases entrecomilladas, de paréntesis y otro tipo de acotaciones. Otros autores recomiendan usar el punto dentro de esos signos cuando la frase no es subordinada.

Después de los signos de admiración e interrogación nunca se pone punto porque se entiende que está incluido en el signo. Lo mismo ocurre con los puntos suspensivos, que se explican a continuación. Puntos suspensivos Se obtienen pulsando ALT+0133 en Windows, de modo que ocupan el mismo espacio que un carácter y no corremos riesgos de que se alteren al darle formato al documento. Siempre son tres puntos seguidos y sin espacios intermedios; solo tres. Ejemplos de puntos suspensivos:

1. Tú, yo, la luna, el sol, tus ojos…

Sirve para omitir intencionadamente una parte del discurso, sugerir un final impreciso, denotar el paso del tiempo entre expresiones.

2. Su mujer […] una santa y él […] un tarado Cuando los usamos para indicar que se ha omitido parte del texto lo habitual es ponerlos entre corchetes y, a veces, aun entre paréntesis. 3. … y se fue, como una ola. Si una frase empieza con puntos suspensivos para sugerir un principio truncado, debe introducirse un espacio entre el signo y la primera palabra. Hay que tener cuidado de no abusar de este signo; ese efecto de imprecisión que transmite puede dar la sensación de que el que lo escribe parece no tener nada claro en su redacción. El otro día leí un mensaje en el que la autora empleaba 15 veces este signo. No sabía si afirmaba o dudaba hasta de su sombra. Vocablos latinos A veces se mete todo el idioma latino en un solo saco, pero a la hora de escribir ciertos vocablos, debemos diferenciar los vocablos latinos aceptados en nuestra lengua (españoles, por tanto) de los latinismos, considerados expresiones de una lengua extranjera en la nuestra. Aquellos se escriben en redonda y se rigen con las reglas de acentuación del español. Estos se escriben en cursiva. El inglés ha suscitado la confusión en algunos traductores despistados. Así, asistimos a la llegada de anglicismos ocultos tras una máscara latina. Es el caso de status quo (statu quo), versus (contra, frente, comparación; generalmente abreviado como vs.), memorandum (palabra normalmente abreviada como memo y que debe traducirse en muchos casos —no siempre— como nota, circular, indicación, pues un memorándum suele ser algo más formal en español). Esta última palabra resulta graciosa. Hace poco vi un programa informático que ofrecía, literalmente, «una función para memos», vamos, que permitía escribir notas para recordar ciertas tareas. Algo insultante, si lo leemos así, pero muy práctico. Memo debía de ser el traductor y el que aprobó la traducción. Ejemplos:

1. Vocablos latinos españoles: in situ, ad líbitum, currículum, a posteriori, prima facie, motu proprio, sub júdice, grosso modo…

2. Latinismos y giros: Alea jacta est, do ut des, Aquila non capit muscas, etc. Vocablos extranjeros Ocurre lo mismo que con los vocablos latinos. Hay ciertos extranjerismos ya integrados en español y adaptados a nuestra escritura, aunque a veces, la pronunciación adaptada se parezca al original lo que un huevo a una castaña, como en el caso de búnker, bumerán, bungaló o elite (que la mayoría escribe élite y así se quedará). Luego están los extranjerismos de nuevo cuño. La Academia aconseja dejarlos en cursiva y sin acentuar si aún no han sido adaptados. En el caso de la palabra marketing, la Academia prefiere dejarla escrita como en inglés (en redonda pues ya la reconoce, aunque aconseja, como es lógico, el uso de mercadotecnia), pero algunos hablantes la acentúan aplicándole las normas de acentuación (márketing). Ejemplos:

1. El impeachment es un proceso que…

2. Viajé a Nueva Escocia y luego a Misuri.

3. Hablar con anglicismos suena cool.

4. Márketing frente a márquetin.

Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:23 pm

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