Estilo y Narración II

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aborrezco las palabras

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FERNANDO ROYUELA – EL PAÍS – 12/09/2009

Aborrezco las palabras líder, excelencia, proactivo, desafío, reto, misión, visión, retroalimentación y oportunidad. El vocabulario empresarial globalizado penetra poco a poco en el habla coloquial y estandariza los comportamientos sociales. El colonialismo lingüístico no es nuevo bajo el sol. Las culturas tecnológica o económicamente poderosas siempre han pretendido imponer sus estilos. El lenguaje es un medio idóneo para ello. Pero detrás de las palabras se esconden agazapadas las ideas y en cualquier momento de descuido van y saltan a la yugular. Mediante el uso del lenguaje la certeza puede transmutarse en duda y es capaz la mentira de revestirse de verdad. Es también en el lenguaje donde el totalitarismo intolerante encuentra el rostro de su amabilidad.

Las detesto. Excelencia me suena a vasallaje absolutista, desafío a despido inminente y retroalimentación a novela de Orwell. Cuando oigo hablar de líder me imagino un caudillo a caballo jaleado por una masa amorfa, carne de cañón. Yo fui educado en el valor de la individualidad, en la diferencia como rasgo representativo de la persona, en el criterio frente a la sumisión y ahora estas palabras, este lenguaje mendaz y regresivo choca en mis oídos a todas horas con la fuerza del uso social. Descreo de las verdades reveladas y por eso el lenguaje que las difunde me produce escozor. ¿Misión, visión? Fanatismos verbales a la orden del día que van determinando los comportamientos de quienes los acatan sin reparos. ¿Misión? Sí, Jeremy Irons en las selvas americanas con la música de fondo de Ennio Morricone. ¿Visión? También; aquel superhéroe de mi infancia con rayos en los ojos para devastar a los malvados. Este lenguaje repleto de eufemismos malévolos que en el mundo empresarial globalizado impera pervierte los valores y tira por tierra la dignidad del trabajador. Es el eufemismo al servicio del management, el lenguaje a disposición del despotismo directivo. Pero ya se sabe; contra el eufemismo: tabú. Ser proactivo equivale a acatar, a obedecer, a resignarse. Desafío implica amenaza de despido, y reto supone trabajar el doble por la mitad. Un afamado directivo retaba a sus subordinados a que cada vez que acudieran al trabajo reflexionasen sobre lo que irían a hacer en ese día para mejorar su desempeño con respecto al de sus competidores. En otras palabras, les trasladaba mediante el uso del lenguaje el contenido implícito a su propio cometido, a su propia gestión. Al delegar la obligación de triunfo se transfiere al mismo tiempo la responsabilidad sobre el fracaso y por lo tanto las consecuencias negativas a él implícitas. Es una cuestión emocional al fin y al cabo en la que el lenguaje participa aportando el sectarismo necesario: “¡Somos los mejores, somos los mejores, vamos a triunfar!”. Desde luego. Es el triunfo de la imposición por la repetición: el mantra; la matraca, la oración. Las palabras son a veces trampas insalvables, bombas de racimo que arrasan la decencia de los demás. Este lenguaje que se va imponiendo sin remedio legisla a la postre una nueva relación laboral no sustentada en la ley como expresión de la voluntad popular sino en la mera imposición empresarial. En tiempos de sometimiento, de miedo, de necesidad, el lenguaje se vuelve peligroso. Los significados se diluyen y un mundo espurio aparece ante nuestros ojos de repente. Hay que tener mucho cuidado con las palabras y no porque las cargue el diablo, sino porque a la postre son las que inventan la realidad. –

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© EDICIONES EL PAÍS S.L. – Miguel Yuste 40 – 28037 Madrid [España] – Tel. 91 337 8200

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Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:39 pm

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‘Archisílabos’ a tutiplén

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Por AURELIO ARTETA – EL PAÍS 05/02/2010

A los archisílabos les espera larga vida entre nosotros. Me lo temía al observar que no ha desaparecido del mercado lingüístico ni uno sólo de los varios cientos ya divulgados; o cuando se constata, al contrario, la fruición con que los hablantes los siguen creando o paladeando.

Funcionarios, periodistas, políticos, profesores universitarios y expertos de todo pelaje andan empeñados en inventar o escoger palabras largas que suplanten a otras de igual significado, aunque más breves. Pero la certeza del triunfo del archisílabo la tuve el día en que escuché una diferenciación en boca de un académico de la Lengua…, justo en el momento en que él mismo reprobaba la moda del archisílabo.

Si hasta aquí ha llegado la marea, a lo mejor es momento de entregar otra nueva remesa de estos términos hinchados y con los que buscamos hincharnos. Dado el caso citado, ¿empezaremos con los que se estiran gracias a coser el sufijo -ción a ese cuerpo tenido por raquítico? Pues en esa bolsa se meten en los últimos tiempos la tutorización en vez de la ‘tutoría’, la matización por el ‘matiz’, la exceptuación en lugar de la ‘excepción’, la habituación que es nada más que ‘costumbre’ o ‘hábito’, o la afectación cuando quiere decirse ‘afección’ o ‘daño’. La mayoría prefiere hoy la suposición al ‘supuesto’, la titulación al ‘título’, la finalización al ‘final’ y la ejercitación al ‘ejercicio’. Es verdad que, de momento, sólo los más pedantes emplean la secuenciación por la ‘secuencia’, la postulación por el ‘postulado’, o la transversalización por vaya usted a saber…, pero la dolencia es contagiosa y todo llegará. El policía ya no le pregunta a uno por su ‘domicilio’, sino por su domiciliación, igual que el funcionario no nos pide el ‘certificado’, sino la certificación.

Bien es verdad que a muchos archisílabos les ayuda la ignorancia de las lenguas clásicas por parte de quienes los acuñan o seleccionan. Y por ahí se nos cuelan la asertación para decir ‘aserción’ o ‘aserto’, así como coaligación para referirse a una ‘coalición’ o la amenaza de excomulgación, no de ‘excomunión’, que lanzaron el otro día contra nuestro presidente del Congreso. Nos enteramos de que el pesquero español sufrió una interceptación de los piratas, porque casi ningún informador sabe construir ‘intercepción’. Los señores de la industria, que antes obtenían ‘financiación’ y ahora hablan de financiarización (¿), nos obsequian un día con la flexibilización de sus plantillas y al otro con una desaceleración de sus ventas. Mientras ellos exigen la desregula(riza)ción, los sindicatos claman contra la fragilización del empleo. Lo de la modelización, francamente,aún no lo he pillado. En cambio, es notorio que la ‘síntesis’ ya va para sintetización, la ‘mediación’ asciende a intermediación, el ‘ocultamiento’ muda en invisibilización y hay partidos políticos que acusan a otros de parcialización (quiero suponer que de ‘sectarismo’). ¿Entienden entonces por qué el creador del Padre Brown bramaba contra “el polisílabo, ese enorme y viscoso ciempiés…”?

Salta a la vista que otra familia de estos crecidos vocablos florece a una con el gusto por la abstracción que por aquí arrasa, pese al índice de fracaso escolar. En cuanto nos dejan, abandonamos la ‘esencia’ para ir directos a la esencialidad, la ‘sustancia’ para atender más bien a la sustantividad, la ‘circunstancia’ para refugiarnos en la circunstancialidad y hasta la ‘diferencia’ palidece ante la diferencialidad.

Las formaciones políticas se disputan la centralidad, no simplemente el centro, y el Gobierno propone políticas de sostenibilidad porque ya no valen las de ‘sostenimiento’. Si antes la regla tenía su ‘excepción’, ahora tiene su excepcionalidad. Habrán de saber que la novela actual no cultiva el género de la ‘ficción’, sino el de la ficcionalidad y los mejores novelistas, perdida la ‘sutileza’, derrochan sutilidad. Hay muchos que se entregan a su afición con cierta habitualidad, cuando antes se dedicaban a ello con alguna ‘frecuencia’. Bastantes lectores se atienen a la literalidad de lo escrito, en lugar de atenerse a la ‘letra’. Y si ustedes leyeran despacio los prospectos técnicos, se enterarían de que sus aparatos cuentan con un dispositivo de conectividad, o sea, de ‘conexión’; e incluyen mejoras de usabilidad, pero no de ‘uso’…

Unos cuantos verbos (y sus derivados) han sufrido también estiramientos faciales que no siempre les favorecen. Para referirse a ‘toma de conciencia’, se ha pasado desde el feo concienciar de mis tiempos mozos a los aún más horrísonos concientizar y a su correspondiente concientización. Ya tiene también sus añitos el subjetivizar, que nada añade a ‘subjetivar’, salvo una sílaba; más recientes son el basamentar por ‘basar’ o el direccionar en lugar de ‘dirigir’ (y con ello el direccionamiento en el sentido de ‘dirección’ espacial). Si ya conocíamos el posicionar, ahora decimos reposicionar para resituar o recolocar; lo mismo que al dimensionar han de seguirle el redimensionar y el redimensionamiento. ‘Plasmar’ se ha esfumado ante el materializar, que vale tanto para cumplir un proyecto como para meter un gol. Imaginen el brillante juego de participios que todo esto permite. Igual que el descenso de temperaturas será siempre generalizado y nunca ‘general’, lo jerarquizado ha desplazado a ‘jerárquico’, lo individualizado a ‘individual’ y lo globalizado a ‘global’.

Junto a múltiples expresiones verbales ya apuntadas en anteriores entregas, se nos vienen encima neologismos temibles. De algunos con los que he topado no sabría dar su versión aproximada, como el confesionalizar o el sectorizar. De otros sólo sé lo que me cuentan: que en Lógica el precioso implicatar alude a ‘implicar’ o ‘suponer’ e implicatación a ‘supuesto’; o que la jerga judicial y la bancaria han estampado el aperturar porque ‘abrir’ les sabía a poco.

Las variedades de archisílabos son inagotables para un oído al acecho. El mío ha captado este último año que el ‘desplome’ está dejando paso al desplomamiento, que al ‘refuerzo’ muchos prefieren un buen reforzamiento o que un conflicto entre amigos no produce su ‘distancia’, sino su distanciamiento. Conozco a quienes, lejos de haber recibido un buen ‘trato’ en aquel hotel, recibieron un buen tratamiento. El objetivo ‘final’ resulta más pomposo si se vuelve finalista, aun cuando el ‘analista’ se queda corto frente al analizador y el ‘mediador’ o ‘intermediario’ frente al intermediador. Eso sí, al ‘colaborador’ algunos le llaman colaborativo, y, por si les interesa, los faros de mi nuevo coche son adaptativos, no ‘adaptables’. Se habrán fijado que nuestro ejército no cuenta con tantos soldados, sino con tantos efectivos.

Hoy tiende a convertirse todo ‘aislamiento’ en aislacionismo, lo mismo que cualquier ‘reducción’ es fruto de un premeditado reduccionismo o que la ‘oposición’ siempre hace un perverso oposicionismo. Algo tendrán que ver con el saber del ’empresario’ -emprendedor, ya me entienden- los cursos de emprendurismo, así como el incrementalismo con el que acabo de tropezar seguro que alude a algún ‘aumento’. Me barrunto que sumatorio es como un ‘sumario’ pero más largo, de igual modo que la ‘recopilación’ ha dado en recopilatorio. Y puedo asegurarles, en fin, que hay asignaturas universitarias cuyos temas no componen un programa ‘disciplinar’, sino un programa disciplinario.

Ya lo dejó escrito Chesterton: corren tiempos en que “no importa lo que digas mientras lo digas con palabras largas y cara larga”. No les digo más.

© EDICIONES EL PAÍS S.L. – Miguel Yuste 40 – 28037 Madrid [España] – Tel. 91 337 8200

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:28 pm

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frases insoportables

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(Del blog Nada Que Aportar)
Las frases hechas, los cliché, son ya una institución en nuestro periodismo. Un infaltable. Un must de cualquier periodista que se precie. Y quiera preciarse, claro. Aunque no son sólo los periodistas quienes las utilizan. Pero ya habrá tiempo para eso. Aquí, en una primera parte, sólo cinco ejemplos de los periodistas chilenos. Póngale nombre –o cara –a la frase. Seguro que puede.

Al final del día. Uff, esta frase es espantosa. ¿Por qué, después de hablar una sarta impresionante de idioteces, terminan con que “al final del día lo importante es…”? Simplemente repulsiva. Pese a su evidente asquerosidad, es muy requerida por infinidad de periodistas, especialmente “entrevistadores estrella”. Es recurrentemente escuchada en programas de radio, desconozco la razón.

El flagelo de la droga. Frase cliché por excelencia. ¿Por qué no simplemente “la droga”? O, si se quiere poner énfasis, “la maldita droga”. Con más énfasis, “la puta droga”. Pero no más “flagelo”, por favor. Esta frase se ha convertido en sí misma en un flagelo. Un asco.

El vital elemento. OK, se entiende que es el agua. Incluso puede ser un buen recurso para no repetirse tanto. Pero todo tiene un límite. Y ese límite está antes del despacho en plenas inundaciones, con los periodistas informando que “el vital elemento ingresó a la casa”. Eso es mucho. Ni hablar de cuando usan esta expresión informando de algún ahogado. Simplemente de mal gusto. Por último, y para variar un poco, hablen del “mortal elemento”. Digo yo.

Dantesco incendio. Ufff. Qué derroche de cultura literaria. Como diciendo “ojo, que yo sé de clásicos de la literatura”. Por lo demás, no sé qué opinaría Dante. Pero citando a doña Rosa (véase gato-mono) “sea lo que sea no era nada bueno”. Lo que pensaría Dante, claro.

El malogrado. Ésta es impresionante. Con sólo oírla pienso en choques, atropellos, temporales. Pero ojo, que se puede ir mucho más allá. Pudo ser muerte natural, dormirse plácidamente y pasar al más allá entre sueños de algodón. Eso no lo salva a uno de ser malogrado. Para mí esta frase tiene una sola cara, que no revelaré aquí. Pero el malogrado asociado a esa cara murió electrocutado por un cable en plena vía pública. Mala suerte. También los hay atropellados por un camión de valores. Eso sí es ser malogrado.

Por qué no decirlo. Terrible frase. Si no lo va a decir, no lo dice. Si lo quiere decir, bueno, va y lo hace. Pero eso de advertir previamente que se va a decir algo fuerte, chocante, una afirmación potente, para terminar diciendo cualquier estupidez. Espantoso.

Llama poderosamente la atención. ¿Por qué la alusión al poder? ¿Resabios del pasado? ¿Complejos? Me cuesta entender que algo no pueda, simplemente, llamar la atención. Así a secas, sin poderes de ninguna especie.

Convengamos que. ¿Por qué esta muletilla insoportable? Por lo demás, siempre va seguida, vaya a saber uno por qué, de la frase más obvia, evidente y que genere mayor consenso en la historia reciente. O sea, no hay que convenir con nadie, porque todos están de acuerdo. Son ilaciones, por poner algo relativamente actual, del tipo “convengamos que no es bueno que los carabineros asesinen de un balazo a los niños que molestan a sus hijos”.

Así las cosas. Terrible frase hecha, que no dice nada. Absolutamente nada. Pero, vaya a saber uno la razón, los periodistas la utilizan con fruición. Detestables, tanto la frase como quienes la ocupan.

No es menos cierto. ¿Menos cierto que qué? ¿Les habrán enseñado a los ilustres comunicadores que palabras como “más” o “menos” se ocupan en comparaciones? Esta debe ser de las frases que más me indignan, por lo espantoso e ilógico de su construcción.

Meteórico ascenso. Lo que se llama una paradoja. Hasta donde yo sé –corríjame un astrónomo si me equivoco –los meteoritos bajan, no suben. Entonces, ¿cómo es eso de “meteórico ascenso”? Incomprensible. ¿No será que en vez de meteoritos, la frase se refiere al meteorismo? Vaya a saber uno.

Hoy por hoy. Qué asco. ¿No basta con decir “hoy”? Lo peor es que no falta el ingeniero con humor de tal, o el puro y simple gracioso que responderá “hoy al cuadrado”. El sólo hecho de dar pie a un chiste de esa naturaleza hace que la frase sea detestable.

Una verdadera tragedia. Ya. ¿Y cuáles son las falsas tragedias, oiga?

Lo que es. Peor todavía, “todo lo que es”. Se han visto enlaces en directo en los que periodistas –con estudios universitarios completos, por cierto –cuentan que están “en todo lo que es la marcha…” ¡¡¿¿En todo lo que es??!! Ufff. Luego de eso, pasan a revisar todo lo que son las imágenes de los disturbios. No hay salud.

El muerto fallecido. Sí, es real. No precisamente de uso común, pero se ha visto. Despacho en directo, micrófono en mano y la periodista del canal del angelito se despacha la frase. De culto. Menos mal no llegó al extremo del “malogrado muerto fallecido”. Hubiera sido mucho.

De proporciones. Indica, básicamente, que el periodista no sabe de qué está hablando. ¿De qué proporciones, por Dios? El equivalente a “vengo llegando, está todo en llamas, pero ni idea de muertos, daños ni nada, no sé” es simplemente “el incendio de proporciones”. Cabe recordar que, como se explicara en la primera parte, el incendio, para ser realmente impresionante, debe ser dantesco. He oído, incluso, la expresión “dantescas proporciones”. Una joya.

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:16 pm

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