Estilo y Narración II

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Rayas, signos y otros palitos

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© 1999, Xosé Castro Roig

En mi faceta como revisor de traducciones del inglés al español, encuentro errores de ortografía recurrentes, sobre todo pertinentes a ciertos signos auxiliares, abreviaturas y otras marcas (técnicas o no). Con el tiempo he ido recopilando y redactando ciertas normas para dar respuesta rápida y sencilla a las dudas y fallos más comunes entre los traductores. Esa es la intención de este breve artículo. Confío en que sea de utilidad para aquellos profesionales que trabajan con el idioma, ya sean traductores o no.

Nota: en el artículo se ha preferido emplear la nomenclatura del ortógrafo José Martínez de Sousa, y se advierte al lector de que ciertos nombres aquí citados pueden variar —no así su definición o función ortográfica— según el autor que se consulte.

1. Raya (—).

Este signo (m hyphen o m dash en inglés, por tener la longitud de esa letra) también es denominado menos y se escribe en Windows presionando Alt + 0151 en el teclado numérico. Es importante no confundirlo con el guión (-) ni con el menos (–) pues sus funciones son distintas. Las funciones principales de la raya son:

a) acotar oraciones incidentales;
b) indicar los interlocutores de un diálogo;
c) sustituir palabras mencionadas inmediatamente antes (en una bibliografía, por ejemplo).

En el caso (a), ambas rayas van unidas a la oración incidental sin espacios intermedios (véase ejemplo), pero la de apertura debe ir precedida de un espacio, y la de cierre debe ir seguida de otro. En el caso (b), es decir, cuando indica un interlocutor en un diálogo, irá unida al texto. En el caso (c), como en la bibliografía de este artículo, deberá ir seguida de un espacio pues sustituye a un nombre omitido.

Ejemplos de (a):
No regresará —pensé yo— hasta el próximo año.

Uso incorrecto:
No regresará -pensé yo- hasta el próximo año.
No regresará –pensé yo– hasta el próximo año.

Ejemplo de (b):
—¡Qué golpe! —exclamó María mientras caía.

Uso incorrecto:
-¡Qué golpe! – exclamó María mientras caía.
– ¡Qué golpe!- exclamó María mientras caía.

1.1. Anglicismo ortográfico de la raya.

Es desgraciadamente frecuente ver empleada la raya como sustituto de punto y coma, coma, dos puntos, punto y seguido, o paréntesis en traducciones del inglés al español. Generalmente se produce este error al abrir una raya y no cerrarla (sin querer denotar un inciso en un diálogo).

Ejemplos de incorrección:
El manual contiene varias secciones —Montaje, Configuración e Instalación.
Disquete—Soporte magnético para almacenar datos.
Reparación de la máquina—Piezas renovables.

Uso correcto:
El manual contiene varias secciones: Montaje, Configuración e Instalación.
Disquete: soporte magnético para almacenar datos
Reparación de la máquina (piezas renovables).


2. Menos (–).

Este signo (n hyphen o n dash en inglés, por tener la longitud de esa letra) es algo más corto que la raya y más largo que el guión. Algunos autores también lo denominan semimenos (Sousa), así que debe tenerse especial cuidado para no confundirlo con la raya al consultar algún libro de ortografía. Tiene la misma anchura que otros signos matemáticos (% + ÷ – * =) y se usa en operaciones aritméticas y números negativos. Se escribe en Windows presionando Alt + 0150 en el teclado numérico.

Ejemplos:
Conservar entre 35º y –25º
El resultado sería 12 + 5 –24 = –7

Uso incorrecto:
Conservar entre 35º y -25º
El resultado sería 12 + 5 -24 = -7

Algunos autores utilizan este signo en lugar del guión para indicar números de capítulos y secciones, ilustraciones, etc., pues el guión puede resultar demasiado corto.

Ejemplo con menos:
En la página 5–1 podrá ver la ilustración 2–6.

El mismo, con guión:
En la página 5-1 podrá ver la ilustración 2-6.

3. Guión.

En los teclados de máquina de escribir y computadora hay una tecla para este signo (-), algo más grueso que la raya y el menos, y la mitad de largo que este último. Estas son sus funciones principales:

a) unir palabras compuestas o que tienen entre sí algún grado de dependencia;
b) relacionar unas con otras dos o más palabras, números, etc.;
c) indicar la división de una palabra que no cabe entera en la línea o renglón.

3.1. Errores frecuentes.

Tanto en textos creados en español como traducidos de otros idiomas, el error más frecuente es usar el guión en todas las funciones que corresponden a la raya y al menos. Como el caso de las mayúsculas sin acentuar, su origen se debe, en parte, a una complejidad técnica que se daba en los procesadores de texto antiguos, donde no era fácil tener acceso a este tipo de símbolos mediante una combinación sencilla de teclas.

3.2. Sobre el uso anglicado del guión.

A diferencia del inglés, el guión en español separa más que une (suele verse enfrentamiento Manchester-Liverpool, pero alianza francogermana). Por eso debe tenerse especial cuidado al traducir términos ingleses que incluyen este signo porque en aquella lengua tiene una connotación de unión que se omite o varía al traducirlos al español.

Ejemplos:
postparto, posventa, postoperatorio, ex ministro,
ex presidente, rehacer, reconstruir, prenatal, prehistoria, etc.

Uso incorrecto:
post-parto, post-venta, post-operatorio, ex-ministro
ex-Presidente, re-hacer, re-construir, pre-natal, pre-historia, etc.

4. Temperatura.

El símbolo de grado (también sirve como letra O voladita en abreviaturas de ordinales 1.º, 13.º…) se escribe presionando la tecla situada a la izquierda del 1 (en los teclados españoles) o presionando la combinación Alt + 167 en el teclado numérico (Windows). El símbolo del grado va unido a la cifra si ésta va sola, o unida al tipo de grado si se incluye. Si se enumeran varias cifras, no es necesario añadir el símbolo a todas. Si son negativos, deberán llevar un menos antepuesto. Las palabras abreviadas con a u o en voladita, deben incluir el punto abreviativo (P.º del Prado, 2.º lugar) a no ser que el tipo de letra empleada subraye esas letras (Po del Prado, 2o lugar).

Ejemplos:
Haga un giro de 35 o 20º.
Esta mañana el termómetro marcaba –18 ºC.

5. Horas.

En algunos países hispanohablantes se emplea el sistema estadounidense (p.m. y a.m.) y, en otros, el sistema de veinticuatro horas. En cualquier caso, las horas no pueden separarse con comas, pues no son cifras decimales sino sexagesimales (los segundos sí son decimales y pueden llevar coma). Aunque el iso emplea los dos puntos para separar las horas (¿por influencia del inglés?) es más propio usar el punto en español. A diferencia de los decimales, en el caso de las horas es correcto añadir los dos ceros si se trata de una hora en punto, para evitar ambigüedad o imprecisión.

Ejemplos:
Quedamos a las 15.26 con tu hermano.
Vino a las 6.24 p.m.
No llegará hasta las 15.00.
Comí a las 3.00 de la tarde.
20 h 25 min 12,6 s

6. Fechas.

El orden normal en nuestro idioma es día + mes + año, tanto si se escribe todo con letras como si se combina números y letras, o sólo números. En países donde coexistan varios formatos de hora o donde la influencia de otro idioma sea grande, puede ser recomendable escribir los meses en números romanos. Tanto en las fechas como en cualquier otro contexto numérico, es incorrecto añadir un cero delante de los números de una sola cifra (no en vano tenemos la expresión Vales menos que un cero a la izquierda). Los nombres de los meses —igual que los de las estaciones y los días de la semana— se escriben en minúsculas.

Ejemplos:
7 de septiembre de 1901
7/septiembre/1901
7-9-1901
7/9/1901
7.9.1901
7-IX-1901

Anglicismos:
septiembre 7, 1901
septiembre 7 de 1901

Uso incorrecto:
07-09-1901

7. Decimales.

Hay tres errores típicos en la traducción del inglés al español de los números decimales:

a) Uso incorrecto de separador de miles o decimales. Si la traducción va destinada a todos los países hispanohablantes, debemos hacer uso de la coma decimal y el punto como separador de miles, por ser mayoritarios. Si va destinado a un país específico, deberemos adaptarnos a su formato de separación de decimales y millares.

b) Uso incorrecto del cero. Se ven —desgraciadamente— con cierta frecuencia expresiones como 5,00 o 09 en traducciones del inglés. Ambas son incorrectas. En español, el cero tras un separador decimal (coma o punto, según el país hispanohablante) es superfluo. Del mismo modo, es innecesario preceder una cifra con uno o varios ceros.

Sólo deberían dejarse esos ceros iniciales o decimales en casos concretos en los que un programa informático exige al operario que introduzca un número específico de cifras para poder ejecutar una acción, o en traducciones donde convenga destacar que la cifra será sometida a una operación aritmética, o en tablas numéricas verticales donde se consigue una mayor legibilidad al alinear números con el mismo número de cifras.

c) Adaptación incorrecta al sistema métrico. Aunque es común en el sistema inglés expresar con potencias inversas de 2 los números decimales, en español es impropio escribirlos con fracciones o quebrados (véase el ejemplo).

Uso incorrecto:
5½ pies; 3¼ cm; 2 1/8 pulgadas

Uso correcto:
5,5 pies; 3,25 cm; 2,125 pulgadas

Así pues, sería un grave error expresar las cantidades de este modo en español (ya sea sistema métrico o sistema inglés) pues es ajeno a nuestro idioma y, para muchos lectores, ininteligible. Además, para abundar en la confusión que este formato produce, si un número va seguido de un quebrado o fracción (en la aritmética en español) se sobreentiende que hay un signo de multiplicar implícito, y no un signo de suma como en el caso del inglés (5 + ½ y no 5 × ½).

Por último, es conveniente recordar aquí que los números de cuatro cifras no deben llevar separador de miles pues no hay duda sobre su lectura en ningún caso (nací en 1954; me dio 1245 dólares para el viaje). Por uniformidad y alineación con otros números, puede ser conveniente usar el separador de millares en columnas numéricas, cuentas, listas de precios, contabilidad, etc.

8. Unidades de medida.

No deben confundirse con las abreviaturas, pues éstas llevan punto y las unidades de medida no. Siempre debe haber un espacio entre la cifra y la unidad de medida.

Ejemplos:
2 kg, 3,5 mm, 2 h 5 min, 6 dl, 9 km, 9 m, 6 s, 5 m, etc.

Uso incorrecto:
2 Kg., 3Kg, 3,5mm, 2,8 m.m., 1,2 mm., 2 hrs., 5 mins., 3 segs., 8 Km., 5 mts.,

Conviene recordar aquí que los correctores ortográficos de Microsoft contienen muchos errores y, así, consideran incorrecto escribir kg o km sin punto, entre otras cosas (aunque aceptan como válidas Kg., Km., kg. y km.). Al corregir la ortografía de algún documento, extreme las precauciones para evitar introducir fallos donde no los había.

En traducciones con mucha profusión de cifras dentro de párrafos de texto, conviene introducir un espacio fijo (Ctrl + Mayús. + Espacio en Word para Windows) entre la cifra y la unidad para que, sean cuales fueren los cambios que se hagan en el diseño de la página, nunca quede separada la cifra de la unidad al final de una línea.

Otro error frecuente en las traducciones (especialmente técnicas) del inglés se produce cuando el traductor piensa que como el texto original incluye cifras en pies y pulgadas junto con su equivalencia en sistema métrico, debe dejar su traducción en ese mismo formato. En EE.UU. suelen redactarse así los manuales para facilitar, precisamente, la traducción y el uso de sus productos fuera del país, pero es labor del traductor borrar todas las cifras que no estén en el sistema métrico tras comprobar que están bien convertidas. Excepto Birmania y Estados Unidos de América, todos los países del mundo han adoptado el sistema métrico o lo compaginan con otro, en un porcentaje menor. No hay razón para conservarlo en las traducciones al español.

9. Otros signos y convenciones.

El signo de porcentaje —como las unidades de medida— se escribe separado de la cifra con medio cuadratín (20 %; 5,5 %). Y como con aquellas, se puede evitar que cifra y signo queden separados al final de una línea introduciendo entre ambos un espacio fijo (Ctrl + Mayús. + Espacio en Word para Windows). Dado que los procesadores de texto ordinarios no tienen un símbolo de medio cuadratín, es aconsejable hacer una macro que convierta los espacios entre el número y el signo en un espacio fijo con dos puntos menos de tamaño que el resto del texto.

Es muy recomendable emplear este signo para mantener unidas cifras, unidades y expresiones que no convenga dejar separadas al final de una línea (Windows 95, 12 mm, etc.). También se puede utilizar un guión inseparable en Word (Ctrl + Mayús + -) que ayuda a mantener unidas al final de una línea las expresiones unidas con guión (cd-rom, franco-belga, etc.)

Si se instala el programa Mapa de caracteres (Character Map) de Windows 95, se puede encontrar el icono de acceso en la carpeta Accesorios (Accessories). Este pequeño programa muestra una lista de los códigos ANSI de varios signos auxiliares comunes. En Word, también podemos usar la función Insertar® Símbolo (Insert® Symbol).

Otros signos de uso común:
Alt + 166 = ª
Alt + 167 = °
Alt + 174 = «
Alt + 175 = »
Alt + 171 = ½
Alt + 0133 = …

La coma antes de conjunción
Es común ver en traducciones del inglés el uso erróneo de la coma. En inglés, la coma reemplaza en cierta medida a la conjunción; en castellano, no.

Uso correcto:
resistores, transistores y condensadores

Uso incorrecto:
resistores, transistores, y condensadores

En listas de componentes, en inglés la coma es conjuntiva:
(C3, C5, C8-C12)

Esta lista de condensadores en castellano sería:
(C3, C5 y C8-C12)

10. Las comillas.

Las propias del español son las latinas (« »), no debemos olvidarlo. Así pues, es conveniente hacer uso de ellas ahora que los medios informáticos nos lo facilitan. Las comillas altas o inglesas (” “) sólo deben utilizarse para encerrar textos que estén ya entre comillas latinas. Las comillas simples (‘ ‘) pueden usarse para entrecomillar texto dentro de fragmentos que estén entre comillas inglesas —que a su vez estén entre latinas— o en un párrafo no entrecomillado para citar palabras, sintagmas o frases en su valor conceptual o como explicación o definición de otros.

Ejemplos:
«Ejercicio: analizar el titular “Bobbit perdió sus ‘atributos’ más preciados”.»

Algunos colegas piensan que nunca puede haber punto dentro de las comillas o dentro de un paréntesis. Para ver más detalles sobre esta cuestión de fácil respuesta, será mejor consultar cualquiera de los libros incluidos en la bibliografía de este artículo, aunque aquí van algunos ejemplos a modo de avance:

Ejemplos:
Compre ahora nuestro producto. (No lo deje para mañana; quizá sea tarde.)
Compre ahora nuestro producto (quizá mañana sea tarde).
Me dijo: «no pienso volver a verte» y se largó.
Me lo dijo bien claro: «No pienso volver a verte.»

11. El signo &.

Es una duda común entre los profesionales que trabajan con el idioma. Su nombre en español es et, pues es una deformación gráfica del vocablo latino j . En inglés se denomina ampersand, como deformación de and per se and. Se pronuncia Y, pues a tal conjunción sustituye. No es cierto que sea un símbolo inglés, ya que del latín pasó a muchos idiomas, incluido el español, aunque su uso en nuestra lengua es superfluo pues no resulta económico (a diferencia de otros idiomas) ya que la conjunción Y tiene una grafía más breve y sencilla. Según Buonocore, «la traducción del signo & es y, and, et, und, etc., según el idioma sea el español, inglés, francés [o latín] o alemán». En textos españoles antiguos pueden hallarse la forma &c o & cétera.

12. Negrita, cursiva y mayúsculas.

Sobre estos formatos de letra podría escribirse un libro entero, pues es abundante su mala utilización en traducciones, especialmente del inglés al español. Me limito a aconsejar la lectura de algunos como los que cito en la bibliografía. Es conveniente saber que su uso en nuestro idioma es distinto del inglés en varios contextos. Podría ya tildarse de plaga lingüística el abuso de las iniciales en mayúsculas cuando se traducen del inglés títulos, capítulos, secciones, publicidad, lemas y otras expresiones (v. gr., Bienvenido A Su Televisión Amiga). Asimismo, no es idiomática en español la escritura de párrafos enteros en mayúsculas (frecuentes en contratos ingleses) para destacar partes especialmente relevantes del texto, pues en español se usaría texto en negrita, cursiva o subrayado, según procediera.

13. Puntos suspensivos.

Este signo se obtiene en Windows presionando Alt + 0133 en el teclado numérico. Los puntos suspensivos son tres y siguen la misma norma que otros signos ortográficos. Van siempre unidos a la palabra que los antecede y seguidos de un espacio (excepto en el caso d). Algunas de sus funciones principales son:

a) marcar interrupciones en un discurso;
b) indicar una pausa que precede a una sorpresa para el lector;
c) expresar emoción, titubeo, expectación, etc.;
d) omitir datos que se creen conocidos por el lector dentro de una enumeración;
d) sustituir palabras o fragmentos de palabras que el autor no quiere mencionar.

Ejemplos:
Y así seguimos hasta que… En fin, hasta que ganamos.
Y cuando llego él, apareció… ¡su esposa!
Sí… claro… buf, qué horror.
Son abundantes los topónimos árabes en América: Guadalupe, Guadalajara…
Queríamos ponerle un nombre común, como María, Ana, Beatriz…
Me llamó hijo de p…
El maldito … siempre estaba fastidiándonos.

Combinación de los puntos suspensivos con otros signos:
… a la orilla del mar, por fin.
Las principales etnias negras —bantúes, masais, hutus…— llegaron después.
¿Debería divorciarme?…
¡No tires, me vas a romper la…!
Sobre el siglo XVI […] los flamencos admitieron […] la superioridad comercial…

Uso incorrecto:
Sí………. claro….. cómo no………..
No sé si decírselo …
No supe decírselo. . . no me atreví. . .
Qué sé yo …el hambre.

Como se puede deducir de estos ejemplos, los puntos suspensivos siguen siendo tres aunque vayan con signos de admiración e interrogación, que tienen su propio punto. Asimismo, si se cita un texto en el que se omiten algunos fragmentos, deberán incluirse puntos suspensivos entre corchetes. Si una frase comienza con puntos suspensivos porque se omite intencionadamente el comienzo, los puntos deben ir seguidos, como en otros casos, de un espacio. La combinación de puntos suspensivos con etcétera es redundante y debe evitarse.

14. Admiraciones y fórmulas de cortesía.

Aunque el tópico dice que los hispanos tendemos a ser más apasionados que los anglosajones, es curioso que no nos admiremos tanto como para escribir ¡¡Gracias por comprar este producto!! o ¡¡Bienvenido al programa!!. Nuestros modos son algo más sobrios en estos casos y suelen limitarse a Gracias por comprar este producto o Bienvenido, que no dejan de ser corteses por no ser exclamados.

Del mismo modo, en español está implícita una deferencia cortés hacia el lector mediante el tratamiento de usted o el estilo impersonal. Por eso, resulta algo ajeno —y a veces ostentoso— leer frases como Sea tan amable de esperar un momento o Haga usted el favor de esperar, allí donde un simple Espere habría transmitido la misma sensación de corrección y respeto. Es más, si forzamos una afectación excesiva y artificial en el trato podemos llegar a transmitir una sensación contraria, entendida entre líneas: Sea usted tan amable de esperar un momento (no me dé la lata y no se impaciente, eh). No en vano, al hablar español solemos ser más correctos y formales cuanto más enojo queremos demostrar al interlocutor al que queremos pedir algo.

Cuidado al traducir estas construcciones. En estos casos es mejor —paradójicamente— moderarse que exagerar.

Conviene recordar que cuando los signos de admiración e interrogación aparecen al final de una frase, no es necesario incluir punto y seguido o punto final porque va incluido en el signo.

Uso correcto:
¿Me llamaste? La verdad es que no te oí.
¡Cállate! ¿No ves que estoy hablando yo? Qué niño más travieso.

Uso incorrecto:
¿Me llamaste?. La verdad es que no te oí.
¡Cállate!. ¿No ves que estoy hablando yo?. Qué niño más travieso.

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Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:25 pm

diez errores frecuentes de traductores

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© 1996, Xosé Castro, Madrid (xose@xcastro.com)

Lista sumaria de errores con los que tropezamos con frecuencia traductores y revisores:

Oír y escuchar. Cada vez se usa más el segundo verbo con el sentido del primero. Como dice el lingüista Martínez de Sousa, para oír sólo es necesario tener oídos sanos, pero para escuchar, debe prestarse atención, debe “querer oírse”.
García Yebra lo resuelve al recordar una anécdota que le sucedió mientras daba una conferencia: «En cierto momento, se levantó una señora que estaba al fondo del aula y dijo “Señor García, aquí atrás no se le escucha”. García respondió: “Si han venido a la conferencia es porque me escuchan, lo que pasa es que no me oyen”. Estos son unos ejemplos de mal uso extraídos de la prensa española de esta semana: *Se escucharon unos disparos, *Podían escucharse voces supuestamente fantasmales.

El “tema”de siempre. Un viejo conocido de todos. La palabra tema se ha convertido en una muletilla que sustituye, en función del contexto, a estas palabras: problema, asunto, cuestión, duda, razón, esquema, proposición, etc.: *Los ministros tratarán el tema del paro (problema); *Ése es el tema: votar o no votar (dilema, cuestión). Hay que recordar, además, que cuando la palabra tema va en femenino, como en el refrán Cada loco con su tema, sólo puede referirse a una obstinación, manía u obcecación por algo.

El y/o. El lío, diría yo. No es raro leer en la prensa anuncios como este que recorté hace poco de un diario español: “Buscamos traductores y editores (sic) con dominio de inglés y/o francés”. Con independencia del barbarismo -más grave por tratarse de una agencia de traducciones- de llamar editores a los revisores, es obvio que sobra esa anglicada conjunción y/o (and/or), que debería ser una simple “o”. La connotación de la cópula española “o” no tiene un carácter tan excluyente como la inglesa “or”, es decir: si escribimos “inglés o francés” no excluiremos de la selección de candidatos a los traductores que sepan ambos idiomas.

Es por ello/esto… Por qué será que… Dos circunloquios. Como anécdota, recuerdo ahora que un dúo cómico español, llamado “Martes y Trece”, además de parodiar a Julio Iglesias, Rocío Jurado y a cualquier famoso que se pusiera a tiro, criticaban con mucho humor la forma de hablar de esta gente… y del resto. Hicieron de la frase “Es por ello” su lema durante un tiempo. También le dieron un buen repaso al abuso del “gerundio de boletín” (citado en un número anterior de Apuntes) durante una temporada en la que sólo se expresaban con gerundios: “Bueno, nosotros yéndonos que teniendo prisa, eh”.
Me he acordado de estos dos circunloquios que se encuentran con a veces en las traducciones porque estoy escuchando la canción “Eliminación de los feos” del Gran Combo de Puerto Rico, cuyo estribillo reza: “¿Y por qué será que los eliminan?”. Pues esta fabulosa canción se ahorraría un par acordes si dijeran “¿Y por qué los eliminan?”. Lo mismo le pasa a una canción del dúo Donato y Stefano en la que dicen “Es por eso que estando contigo, me siento como en verano”; con un “Por eso cuando estoy contigo…” bastaba.

Incluso, inclusive e incluido. Un error abundante en el lenguaje hablado. Los dos primeros son adverbios y proceden del latino inclusus, pero actualmente no significan lo mismo. “Incluso” significa “con inclusión, inclusivamente”, y “hasta, aun” cuando actúa como preposición: Incluso los hombres participaron; Le gustan los animales e incluso las plantas. “Inclusive” es un adverbio con un significado claro y único: “incluyendo el último objeto nombrado”: Debe elegir un número del 1 al 9, ambos inclusive; Desde la época de Felipe III a Carlos III inclusive. Inluido es el participio del verbo incluir y significa “algo que está contenido dentro de otra cosa”. Usos incorrectos: *Inclusive mi padre me lo advirtió; *Hay que tirarlos todos, inclusive el blanco.

Múltiple/s. Adjetivo abundante en traducciones técnicas del inglés que está desplazando a adjetivos españoles como varios, diversos, muchos, etc. Su empleo no es erróneo, pero lo cierto es que en español no tenemos por qué restringirnos a este único término. Es normal ver este tipo de frases en manuales de informática: Puede imprimir múltiples copias; El programa acepta múltiples formatos, etc. ¿Alguno de ustedes que está leyendo esto suele decirle, por ejemplo, a un compañero de oficina: “imprímeme múltiples copias”?
Además, cuando múltiple se convierte en un elemento compositivo, es decir, en el sufijo multi-, debe formar una palabra en singular con su correspondiente plural: multimillonario/s, multinacional/es. Formas incorrectas: *programa multiusos.

Honesto, honrado y sincero. Los que traducimos material destinado a televisión y teatro lo vemos muy a menudo: *Creo honestamente que no es para ti; *Seré honesta contigo: lo detesto; *Es una mujer honesta; siempre dice lo que piensa. En primer lugar, veamos qué dice el diccionario:
HONESTO, TA. (Del lat. honestus.) 1. adj. Decente o decoroso. |
2. Recatado, pudoroso. |
3. Razonable, justo. |
4. Probo, recto, honrado. |
5. Véase estado honesto.

El falso amigo inglés honest nos engaña con frecuencia. Poco tiene que ver ser sincero con ser decente o, por lo menos, ser sincero no es inherente a ser decente. Generalmente, los adjetivos sincero, franco, llano, directo o explícito pueden servirnos para traducir este adjetivo: Para serte sincero…; Te seré franco…; Francamente, no sé qué decir, etc. Respecto a otros contextos, es mejor ver qué dice el diccionario:
HONRADO, DA. (Del lat. honoratus.) 1. p. p. de honrar. |
2. adj. Que procede con honradez. |
3. Ejecutado honrosamente. |
4. fig. Véase barba honrada.

HONRADEZ. (De honrado.) 1. f. Rectitud de ánimo, integridad en el obrar.
Como puede comprobarse, las definiciones de honrado y honradez coinciden con las de los términos ingleses honest y honesty. Nuestros términos honesto y honestidad, en cambio, se corresponden con modest y modesty.

Pasarse de la raya… inglesa. Este es uno de los errores que encuentro con mayor frecuencia en traducciones de inglés a español. La raya inglesa no existe como tal en español y dado que es una estructura foránea debe traducirse siempre por el equivalente que proceda: punto, coma, dos puntos o punto y coma. Ejemplos: The taste of victory – a fine wine (El sabor de la victoria: un buen vino). En los manuales técnicos también suele aparecer en párrafos en los que se dan instrucciones o describen elementos:
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Cuadro de diálogo Imprimir. Elija las opciones que desee y haga clic en Aceptar para imprimir el documento.

Eficaz, eficiente y efectivo. El adjetivo effective es otro falso amigo, que no significa efectivo, sino eficaz o eficiente. Empleamos “eficaz” principalmente para seres inanimados y “eficiente” para seres animados, dado que la eficiencia es una virtud o facultad más propia de seres vivos.

Opcional y optativo. Los traductores de computación/informática principalmente hemos introducido el barbarismo opcional como equivalente de optativo en el habla, cuando no son sinónimos. Curiosamente, como ocurre en tantas otras situaciones del idioma, en distintos sectores se expresan de distinta manera cosas que son idénticas: así, mi hermano ha elegido dos asignaturas optativas (optional subjects), pero la definición de pantalla en Windows es opcional. Asimismo, si mi televisor se estropea, llamaré al Servicio de asistencia técnica, pero si se estropea mi Windows 95, tendré que llamar (al menos aquí en España) al departamento de Soporte técnico de Microsoft Ibérica. Paradójico.

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:52 pm

corrector de pruebas

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Por Guillermo Angulo / El Malpensante

Más que lector soy –o mejor, quisiera ser– corrector de pruebas. Y no ejerzo, porque es el oficio más injustamente pagado de toda la cadena editorial. Mis libros están llenos no de inteligentes anotaciones –no he encontrado una sola en las relecturas– sino de correcciones. El goce de descubrir un error (donde menos se piensa salta el gazapo) va en natural proporción a la importancia del autor.

Ya Augusto Monterroso en su delicioso artículo “Sobre la traducción de algunos títulos”, que forma parte del libro La palabra mágica, había osado corregir a Borges, no sin cierta vergüenza, sobre el significado de la expresión The Sound and the Fury, por lo general traducida como El sonido y la furia:

El sonido y la furia de William Faulkner, que suena tan bien y sugiere tanto desde que alguien sin mucho amor al Diccionario tradujo literalmente el pasaje de Macbeth, en que éste propone que la vida es un cuento contado por un idiota, pero a quien jamás se le ocurrió que las palabras siguientes en que se apoya: “full of sound and fury” iban a ser traducidas por otro quizá no tan idiota pero quien ni de broma intentó preguntarse qué cosa fuera eso de un idiota lleno de “sonido y de furia”. […] Por ahora yo sólo me atrevo a proponer a ustedes que vean en su Concise Oxford Dictionary lo que “sound and fury” quiere decir en el texto de        Shakespeare: únicamente «bla bla bla».

Pues yo voy a llover sobre corregido y me voy a meter nada menos que con el mismo Borges y su carnal Bioy (Casares era a Borges lo que Marcelo al cómico mexicano Tin Tan). En una entrevista cuenta Jorge Luis Borges que él aprendió italiano leyendo una versión bilingüe de La Commedia de Dante, mientras viajaba en tranvía al trabajo. Eso es como decir que un extranjero aprendió español leyendo el Mio Cid o al Arcipreste de Hita, que ambos necesitan traductor hasta para los que creemos saber español. ¿Cómo haría Borges, con ese idioma dantesco, para pedir un cappuccino o comprar un billete de avión? Allá él. Pero en una anécdota que le relató –y que trae a cuento en su mamotrético diario Adolfo Bioy Casares– el chismoso de Borges dice:

Cianciòlo, agregado cultural de la embajada italiana, estaba muy enamorado de Giselda Zani, una escritora uruguaya, sumamente gorda. Un día tiene que tomar el té con ella y la llama por teléfono para avisarle que va: “Giselda, vado subito”. Sale precipitadamente, cae, por una trampa del piso, al sótano. Se rompe todos los huesos. A quienes lo socorren, pide: “Un teléfono, un teléfono”. Se lo dan, marca un número, exclama: “Giselda, non vado” y pierde el conocimiento.

¿Y dónde está el error? Que en italiano, en este caso, se usa un verbo que aparentemente disuena con la lógica de nuestro idioma: no se dice vado, sino vengo: Giselda, vengo subito, Giselda, non vengo. Ése es el problema de creer saber italiano porque se leyó a Dante en su idioma original. También se equivocan muchos hispanoparlantes cuando, a la salida de los buses, se encuentran a la única salida con un letrero imperativo, vietato salire, que en realidad quiere decir “prohibido subir”.

Finalmente, no veo qué tiene que ver lo de “sumamente gorda” en la historia, porque el que se cae es el italiano, aunque no sabemos si era “sumamente flaco”. Hay que decir lo obvio, sí, que las gordas también tienen su corazoncito.

Written by Marisol García

October 14, 2009 at 9:56 pm

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FNPI – talleres y seminarios

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What We Talk About When We Talk About Editing

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By DAVID SHIPLEY, editor, Op-Ed page / New York Times – July 31, 2005

In February 2004, I published an essay in this space describing life at the Op-Ed page. While the article touched on the main facets of our operation high up in the Times building, it focused largely on the submission and selection process.

But deciding what runs in Op-Ed is only part of what we do. We also edit the articles that appear in this space.

Not surprisingly, readers have lots of questions about the editing that goes on. What kinds of changes do we suggest – and why? What kinds of changes do we insist upon – and why? When do we stay out of the way? And the hardy perennial: Do we edit articles to make them adhere to a particular point of view? I thought I’d try to provide a few answers.

Just like Times news articles and editorials, Op-Ed essays are edited. Before something appears in our pages, you can bet that questions have been asked, arguments have been clarified, cuts have been suggested – as have additions – and factual, typographical and grammatical errors have been caught. (We hope.)

Our most important rule, however, is that nothing is published on the Op-Ed page unless it has been approved by its author. Articles go to press only after the person under whose name the article appears has explicitly O.K.’d the editing.

While it’s important to know that we edit, it’s also important to know how we edit. The best way to explain this is to take a walk through the process.

Say you send us an article by regular mail, e-mail, fax or, this summer at least, owl post – and it’s accepted. You’ll be told that we’ll contact you once your article is scheduled for publication. That could be days, weeks or even months away.

When your article does move into the on-deck circle, you’ll be sent a contract, and one of the several editors here will get to work.

Here are the clear-cut things the editor will do:

• Correct grammatical and typographical errors.

• Make sure that the article conforms to The New York Times Manual of Style and Usage. Courtesy titles, for example, will miraculously appear if they weren’t there before; expletives will be deleted; some words will be capitalized, others lowercased.

• See to it that the article fits our allotted space. With staff columnists, advertisements and illustrations, there’s a limit to the number of words we can squeeze on the page.

• Fact-check the article. While it is the author’s responsibility to ensure that everything written for us is accurate, we still check facts – names, dates, places, quotations.

We also check assertions. If news articles – from The Times and other publications – are at odds with a point or an example in an essay, we need to resolve whatever discrepancy exists.

For instance, an Op-Ed article critical of newly aggressive police tactics in Town X can’t flatly say the police have no reason to change their strategy if there have been news reports that violence in the town is rising. This doesn’t mean the writer can’t still argue that there are other ways to deal with Town X’s crime problem – he just can’t say that the force’s decision to change came out of the blue.

How would we resolve the Town X issue? Well, we’d discuss it with the writer – generally by telephone or e-mail – and we’d try to find a solution that preserves the writer’s argument while also adhering to the facts.

Now to some people, this may sound surprising, as if we’re putting words in people’s mouths. But there’s a crucial distinction to be made between changing a writer’s argument – and suggesting language that will help a writer make his point more effectively.

Besides grammar and accuracy, we’re also concerned about readability. Our editors try to approach articles as average readers who know nothing about the subject. They may ask if a point is clear, if a writer needs transitional language to bridge the gap between two seemingly separate points, if a leap of logic has been made without sufficient explanation.

To make a piece as clear and accessible as possible, the editor may add a transition, cut a section that goes off point or move a paragraph. If a description is highly technical, the editor may suggest language that lay readers will understand. If it isn’t clear what a writer is trying to say, the editor may take a guess, based on what he knows from the author, and suggest more precise language. (There are also times when we do precious little.)

The editor will then send the edited version of the article to the writer. The changes will often be highlighted to make it easy for the author to see what’s been done. (I tend to mark edits I’ve made with an //ok?//.) If a proposed revision is significant, the editor will often write a few sentences to describe the reasoning behind the suggestion.

Every change is a suggestion, not a demand. If a solution offered by an editor doesn’t work for a writer, the two work together to find an answer to the problem. Editing is not bullying.

Of course, it’s not always warm and cuddly, either. The people who write for Op-Ed have a responsibility to be forthright and specific in their arguments. There’s no room on the page for articles that are opaque or written in code.

What our editors expressly do not do is change a point of view. If you’ve written an article on why New York’s street fairs should be abolished, we will not ask you to change your mind and endorse them. We’re going to help you make the best case you can. If you followed this page carefully in the run-up to the Iraq war, for example, you saw arguments both for and against the invasion – all made with equal force.

Editing is a human enterprise. Like writing, it is by nature subjective. Sometimes an editor will think a writer is saying something that she isn’t. But our editing process gives writer and editor plenty of time to sort out any misunderstandings before the article goes to press. And if a mistake gets through, we do our best to correct it as quickly as possible.

The Op-Ed page is a venue for people with a wide range of perspectives, experiences and talents. Some of the people who appear in this space have written a lot; others haven’t. If we published only people who needed no editing, we’d wind up relying on only a very narrow range of professional writers, and the page would be much the worse for it.

So what’s the agenda? A lively page of clashing opinions, one where as many people as possible have the opportunity to make the best arguments they can.

And just so you know, this article has been edited. Changes have been suggested – and gratefully accepted. Well, most of them.

Written by Marisol García

July 26, 2009 at 5:19 pm

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