Estilo y Narración II

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el español y la variación intralingüística

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Por Elvira Cámara Aguilera
En este trabajo, se presenta un enfoque del proceso traductológico como acto intercultural en textos de carácter general, centrándose en las distintas variedades lingüísticas del español hacia las que puede verterse un texto en una lengua origen determinada. Con tal fin, se analizan brevemente algunos conceptos como cultura meta y variación intralingüística. Finalmente, se ilustra nuestra argumentación con varios ejemplos prácticos extraídos del ámbito literario, por un lado, y del periodístico y empresarial, por otro.

1. La traducción como acto intercultural

El modelo funcionalista de la traducción o teoría del skopos fue introducido por primera vez por Hans J. Vermeer en 1978, para quien toda traducción está sujeta a un fin último (skopos) que debe cumplir el texto en la cultura meta. En este sentido, dicha teoría establece toda una serie de factores a tener en cuenta a la hora de traducir y los sitúa por orden de relevancia. En ellos se incluye la persona que realiza el encargo de traducción así como el fin y destinatario último de la misma, ocupando un segundo plano el texto origen. Mason hace hincapié en la importancia de la coherencia con el nuevo destinatario y para ello se apoya en Reiss y Vermeer: «the translation must be kohärent with the situation of the target reader» (2000: 1). La traducción constituye un fenómeno social que no puede realizarse al margen de la sociedad a la que va destinada. No debemos olvidar que la traducción es el puente que une a dos culturas y que permite conocer a una cultura desde otra diferente. Por tanto, a pesar de las diferencias culturales, el receptor sólo tiene su cultura como referente para entender otra. Es su lengua, y el uso peculiar que haga de ésta, el vehículo para materializar la percepción de la otra vertiente.

    1. Cultura meta

Mason va más allá y habla de cultura meta, concepto clave en el estudio que aquí abordamos:

.. in many cases, … translators will wish their output to conform to the expectations of users and to be accepted as viable instances of the established practices of the target culture (2000: 18).

Viaggio tiene una visión muy concreta y particular de la traducción: se trata de un tipo de comunicación interlingüística e intercultural que necesita de un mediador que comprenda esos dos ámbitos conceptuales ya que cada ser humano es único y representa una cultura idiosincrática.

We are among those for whom translation is a subtype of interlingual, intercultural and mediated communication, a language game intervening when the participants in the communicative event require a mediator conversant with the different languages and cultures involved – including, where relevant, individual cultures, because besides belonging to a more general, shared culture, every human being is an idiosyncratic ‘culture’ (1998: 180).

2. Las variedades lingüísticas del español

Para centrar nuestro artículo vamos a considerar, por un lado, de manera genérica, el español hablado en Latinoamérica (que cuenta con su multiplicidad de variedades) y el español peninsular o de España (que a su vez cuenta con las suyas).

2.1 El concepto de equivalencia

Para abordar este punto, recurriremos a las diversas acepciones del término que aportan los principales diccionarios de lengua española, entre las que destacamos: “igualdad en el valor, estimación, potencia o eficacia de dos o más cosas”. “Valer. Tener una cosa el mismo valor que otra que se expresa … Igual. Significar.” Si nos centramos en la primera definición, podemos destacar dos aspectos: por un lado el de igualdad en el valor, y por otro el de igualdad en la eficacia. Si nos centramos en la segunda, tendremos como resultado que una palabra será equivalente a otra cuando signifique lo mismo. En este punto del razonamiento, y teniendo en cuenta que nos estamos refiriendo a traducción, nuestro enfoque puede ir por dos caminos: el de la equivalencia entre el término de la lengua origen A y su correspondiente en la lengua de destino B; el de la equivalencia entre el término de la cultura origen A y su correspondiente en la cultura de destino B.

Nord presenta «el concepto tradicional equivalencista y el concepto funcionalista radical» (conf. Nord en Hurtado 97 ss.) para finalmente aportar el suyo propio, que es una mezcla de ambos modelos y lo justifica diciendo:

… He combinado los dos modelos, estableciendo como principios guiantes tanto la funcionalidad, i. e. la aptitud del texto para un determinado fin, como la lealtad, i. e. el respeto a las intenciones y expectativas no sólo del autor original sino también del cliente que ha encargado la traducción y de los lectores en la cultura meta Todos ellos tienen su concepto determinado de lo que es o debe ser una traducción, y como pertenecen a dos culturas diferentes puede ocurrir que sean conceptos divergentes. El traductor es el único que conoce ambos lados, el de la cultura base y el de la cultura meta, y es su tarea «mediar» entre ambas. (100)

El concepto de equivalencia tal y como lo plantea Nord es lo suficientemente amplio como para abordar el problema de las variedades lingüísticas existentes dentro de un mismo idioma, como es el caso del español. No obstante, el profesor Francisco Salvador, prestigioso especialista en variedades del español, señala que no contemplar la multiplicidad de variedades del español puede alejar o distorsionar el acto comunicativo (1993: 674). Si atendemos al concepto de cultura meta (y no así al de lengua), una traducción dará lugar a distintas versiones finales, que se presentarán justificadamente diferentes y garantes del concepto de equivalencia entendido como igualdad en la eficacia. El hecho de compartir una lengua no implica compartir todo lo que la rodea o circunscribe. Las costumbres, el clima, la situación geográfica, su situación económico-política, etc. inciden directamente en el lenguaje, lo moldean y adaptan, personalizándolo y dando lugar a su propia idiosincrasia. Es cuando el lenguaje se muestra más vivo que nunca, respondiendo a las necesidades de los que lo usan, generando nuevos vocablos o aportando nuevos conceptos a los ya existentes. Esa muestra de lengua viva que supone la existencia de variedades en español no debe ser un inconveniente para la traducción en sus dos vertientes: teórica y práctica. Por el contrario, debe servir de muestra de respeto hacia la pluralidad, circunstancia que inevitablemente abandera la traducción al hundir sus raíces en la diversidad lingüística y cultural. En este sentido, queremos mencionar la labor de la Real Academia Española de la Lengua que, si bien tiene aún mucho camino por recorrer, inició su andadura con la creación desde 1871 de sus correspondientes en los países de habla hispana y sus academias asociadas en Norteamérica, Argentina y Uruguay. En el preámbulo de su vigésima primera edición se dice textualmente:

La Real Academia Española ha querido contribuir a la celebración del V Centenario del descubrimiento de América publicando una nueva edición … de su DICCIONARIO usual. … Ha solicitado insistentemente la Academia la cooperación de sus hermanas correspondientes y asociadas para dar mayor cabida … a las peculiaridades léxicas y semánticas vigentes en cada país. Gracias a tal colaboración ha sido posible revisar y enriquecer en la presente edición el contingente americano y filipino.

Constituye, sin duda, un paso importante en el reconocimiento de la idiosincrasia lingüística y cultural de más de trescientos millones de personas unidos por un mismo idioma.

Tomemos algunos ejemplos:

Agenciero: adj. Guat. y Perú agencioso. // 2. Cuba y Méj. Agente de mudanzas. // 3. Argent. Lotero. // 4. Vulg. Chile. Prestamista, prendero.

Aguaje: m. aguadero, sitio donde suelen beber los animales silvestres. // 2. Col., Ecuad., Guat. y Nicar. Aguacero. // 3. Chile y Perú. Variación de color de las aguas marinas, por razones diversas. // 4. Fig. Sto. Dom. Y Venez. Alarde, aspaviento. Hizo un AGUAJE y se fue. // 5. Sto. Dom. Mentira, afirmación falsa que se dice para impresionar. // 6. Perú. Palmácea de fruto comestible, que crece en los pantanos de la selva amazónica.

Aguamiel: f. Agua mezclada con alguna porción de miel. // 2. Amér. La preparada con caña de azúcar o papelón. // 3. Méj. Jugo del maguey, que, fermentado, produce el pulque.

Apendejarse: prnl. Col., Pan. y Sto. Dom. Hacerse bobo, estúpido. // 2. Cuba, Nicar. y Sto. Dom. Acobardarse.

Apensionar: tr. desus. Pensionar, imponer algún gravamen o pensión. // 2. prnl. Col., Chile, Méj. y Perú. Entristecerse, apesadumbrarse.

Cariño: m. inclinación de amor o buen afecto que se siente hacia una persona o cosa. // 2. Por ext. Manifestación de dicho sentimiento. // 3. Añoranza, nostalgia. // 4. Esmero, afición con que se hace una labor o se trata una cosa. // 5. Col. C. Rica, Chile y Nicar. Regalo, obsequio.

Dragonear: intr. Amér. Ejercer un cargo sin tener título para ello. DRAGONEA de médico, de comisario. // 2. Amér. Hacer alarde, presumir de algo. // 3. Tr. desus. Argent. y Urug. Enamorar, cortejar, requebrar.

Droga: Nombre genérico de ciertas sustancias minerales, vegetales o animales, que se emplean en la medicina, en la industria o en las bellas artes. // 2. Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno. // 3. Medicamento. // 4. Desus. Fig. embuste, ardid, engaño. Ú. En Argentina. // 5. Fig. Col. y Ecuad. Persona o cosa que desagrada o molesta. // 6. Canarias, Navarra, Méj. y Amér. Merid. Deuda, a veces la que no se piensa pagar.

Tiznado: p.p. de tiznar (manchar de tizne, hollín u otra materia semejante). // 2. Adj. Amér. Central. Borracho, ebrio.

Estos términos, escogidos al azar, muestran la existencia de las variedades lingüísticas que venimos defendiendo y, al mismo tiempo, ponen de manifiesto la importancia de contemplar la diversidad de significado si se quiere garantizar la eficacia comunicativa de cualquier lengua.

3. Ejemplos prácticos

3.1 La variación intralingüística en traducción literaria. Dos versiones de Ulysses en español: la variedad argentina y la variedad peninsular

Desde la vertiente literaria de la traducción, encontramos el ejemplo de un clásico en lengua inglesa, Ulysses, que fue traducido por José Salas Subirat y publicado por vez primera en español en 1945 por una editorial argentina. En 1976 se realizaría una nueva traducción, siendo iniciativa esta vez de una editorial española y el traductor también español José Mª Valverde. Ambas traducciones conviven en el mercado separadas por «más de treinta años de distancia, y separadas también por dos variedades distintas del idioma, la peninsular y la argentina» (Santoyo 1998: 48). El profesor Santoyo, de la Universidad de Salamanca, nos aporta más información relevante al respecto al comprobar que en 1996 se publicó una nueva edición española de Ulysses por parte de la editorial Planeta realizada por Eduardo Chamorro y que es en cierto modo una reedición de la traducción realizada por la editorial argentina y cita textualmente:

Basándose en que Salas «comete frecuentes y a veces inexplicables descuidos y cae en localismos propios del habla porteña»; basándose en que «hay que corregir los errores de la traducción de Salas, a veces tan flagrantes como cuando se salta líneas del original“; basándose en que Salas limita “la exuberancia verbal y estilística» de Joyce, Eduardo Chamorro ha preparado para la editorial Planeta una revisión total de la traducción de Salas. «El resultado … es una nueva traducción, si tenemos en cuenta que Chamorro ha modificado, según sus cálculos, el 50% del texto de Salas» … (1998: 48).

La cita que acabamos de presentar puede resultar brusca e incluso irrespetuosa por parte de Chamorro pero también podría haber ocurrido al revés. A mi modo de ver, es bastante ilustrativa del sentimiento que puede generar en el lector de una vertiente y otra del Atlántico, al no serntirse indentificados con el tipo de lenguaje, estilo, expresión, etc. en una obra que están leyendo en su propia lengua. Esto pone de manifiesto, una vez más, la necesidad y obligación de pensar y tener muy presente al lector o lectores últimos del texto a traducir.

3.2 La variación intralingüística en textos periodísticos

Acabamos de exponer un ejemplo de variación intralingüística en traducción literaria. Vamos a pasar ahora a otra vertiente de la traducción adentrándonos en el mundo de actualidad reflejado en la traducción de artículos o noticias para diarios de reconocido prestigio internacional.

Latinoamérica se presenta como un mercado por explotar en el mundo globalizador de la prensa internacional según The New York Times (Sprung 2000: 14). Con estos fundamentos, la revista Time decide invertir en Latinoamérica justificando, además, la eficiencia de la inversión al poder cubrir toda la zona sólo en dos lenguas: español y portugués (14). Conducidos por la cautela, los responsables descartan la posibilidad de publicar la revista Time en estas lenguas y prefieren introducirse en forma de suplemento dentro de los periódicos de mayor relevancia: «Time would supply content -final pages in the local language- while the partner would provide the printing and distribution» (14). Estos diarios serían:

Ámbito Financiero Argentina

Folha de Sao Paulo Brasil

Reforma/El Norte México

El Tiempo Colombia

La Tercera Chile

El Nacional Venezuela

El Comercio Ecuador

El Diario de Hoy El Salvador

Gestión Perú

Listín Diario República Dominicana

Siglo XXI Guatemala

La Prensa Panamá

Lo más relevante para el presente trabajo y que aquí queremos subrayar es que dicho suplemento sería un «local-language supplement» y así lo manifiestan los autores del artículo:

The personal involvement of these decision-makers illustrates the importance Time gave the local-language supplement from the start. They decided not only on the overall direction and positioning of the supplement, but also on editorial content and its translation into Spanish and Portuguese …

Once the decision was made to bring Time to Latin America in local languages, the first challenge was in designing a publication (Sprung 2000: 16).

Pero los responsables de este proyecto no sólo se plantean algo tan importante para el éxito o fracaso del mismo como el empleo de las variedades correspondientes, sino que, como todo buen proyecto que se precie, realizan un estudio del mercado y del potencial lector. Esta circunstancia queda implícita en el relevante hecho de reconocer y apostar por la publicación en 11 variedades diferentes del español. Se quiere preservar «the magazine’s look-and-feel» (14) manteniendo temas característicos de la revista pero a su vez «to appeal to a broad range of readers with varied interests» (16). Time construye toda una serie de estrategias comerciales para ir introduciéndose poco a poco en el todavía «virgen» mercado latinoamericano y para ello inicia su labor con el lanzamiento de una edición en lengua inglesa adaptada para América Latina, continúa con el suplemento descrito anteriormente ya en español y portugués, a continuación se apoya en CNN en español (que describiremos con más detalle a continuación) y finalmente refuerza su actuación mediante la edición conjunta con la cadena de televisión de páginas web en la variedad local correspondiente (26).

Para terminar vamos a presentar de forma breve la actividad (lingüísticamente hablando) de la cadena de televisión CNN en español, y vamos a ilustrar nuestra argumentación con un ejemplo que, cuando menos, puede resultar curioso para los lectores.

Telenoticias, la CNN en castellano, que emite para Europa, Latinoamérica y parte de Estados Unidos, tuvo que elaborar un libro de estilo, de obligado cumplimiento para sus redactores y presentadores (Jiménez y Martínez 1995: 24); del mismo modo, la agencia EFE española, tras enviar el siguiente texto a sus corresponsales en Latinoamérica, tuvo que plantearse la necesidad de crear un “filtro” de toda la información procedente de España antes de ser publicada en los países iberoamericanos.

NOTICIA DE PRENSA EN ESPAÑA:

La policía española echó un capote al gobierno español y logró por fin, sin gastar un cartucho, coger en Laos a Luis Roldán. Se da así por terminado un tema que ha sacado de sus casillas a la totalidad de los españoles. El ex director de la Guardia Civil, un héroe con los pies de barro para muchos y para otros un desgraciado, ya está entre rejas. El titular de Justicia dio por terminada la aventura de este personaje que a punto ha estado de pringar a los más altos cargos socialistas. El ministro no se cortó y, delante de toda la prensa, a punto estuvo de brincar de alegría. Roldán, por su parte, declaró no sentirse responsable de todo lo que ha provocado con su huida y se dispuso a recibir de buen grado el apartamento amueblado que le espera en la cárcel de Ávila. Además, en tono coloquial, dijo que no estaba dispuesto a pagar el pato.

VERSIÓN EN LATINOAMÉRICA:

La policía española puso un preservativo al gobierno español y logró por fin, sin gastar su virginidad, joder en Laos a Luis Roldán. Se da así por terminado un tema que ha sacado de sus retretes a la totalidad de los españoles. El ex director de la Guardia Civil, un héroe con los pies de mierda para muchos y para otros un pobre cornudo, ya está entre rejas. El titular de Justicia, dio por terminada la aventura de este personaje que a punto ha estado de contagiar una enfermedad venérea a los más altos cargos socialistas. El ministro no se cagó y, delante de toda la prensa, a punto estuvo de eyacular de alegría. Roldán, por su parte, declaró no sentirse responsable de todo lo que ha vomitado con su huida y se dispuso a recibir de buen grado el apartamento burdel que le espera en la cárcel de Ávila. Además, en tono coloquial, dijo que no estaba dispuesto a pagar el orinal.

El ejemplo anterior puede parecer, sin duda, un exponente exagerado de la inequivalencia intralingüística pero resulta bastante ilustrativo, dentro de un contexto determinado, hasta qué punto es necesario cuidar la cultura meta hacia la que se traduce, englobando bajo el término cultura el aspecto lingüístico.

4. Conclusiones

Considerar la traducción como el proceso por el cual se vierte el contenido de una lengua origen en otra término resulta demasiado simplista, a tenor del estudio aquí presentado. Por el contrario, este proceso debe implicar tener en consideración el texto que se traduce y las intenciones del autor, pero también las intenciones y expectativas del cliente y de los nuevos destinatarios en la cultura meta. Para ello es clave partir de los conceptos de cultura y de variación intralingüística que nos permitirán delimitar la univocidad del sentido estrechamente unido a las variedades lingüísticas existentes dentro de una misma lengua. Si hasta ahora se había contemplado la posibilidad de que un mismo texto en lengua origen diese lugar a una pluralidad de textos en la lengua término como empresa inviable, es precisamente desde el ámbito empresarial desde el que se lleva a cabo el que podría considerarse como el primer trabajo de tales magnitudes. La consideración de once variedades lingüísticas diferentes del español así como la variedad brasileña del portugués por parte de Time, pone de manifiesto la importancia del experimento realizado y suponen una llamada de atención a traductores y teóricos en un ámbito aún por explorar.

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Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:41 pm

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cuidado con los diccionarios

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Por Tomás Eloy Martínez

Para LA NACION | 21/12/2002 | Página 29 | Opinión


CASI todos los escritores, buenos y malos, afinan sus instrumentos con la ayuda de los diccionarios, y por lo general los primeros que se leen son los que nunca se olvidan.

Como ningún diccionario es inofensivo -así como ninguna palabra es inocente-, todos ellos delatan, por lo general, los prejuicios, los usos y las incertidumbres de la época en que se escriben. Quizás el mejor medio para conocer a una nación es lo que hace ella con su lenguaje.

Durante las tres o cuatro primeras décadas del siglo pasado, la mayoría de los diccionarios hispanos copiaba el de la Real Academia y éste, a su vez, no había mejorado mucho desde la primera edición del Diccionario de Autoridades, que data de 1732, en la que “negro” alude no sólo a las personas que carecen de “la blancura que corresponde”, sino que también, en femenino, se aplica a las mujeres “que están en la cocina”.

El Sol y la Tierra
En ese mismo diccionario, la definición de “día” no admite los descubrimientos de Copérnico y Galileo, y se sigue llamando así al “espacio de tiempo que el Sol gasta con el movimiento diurno, desde que sale de un meridiano hasta que vuelve al mismo, dando una vuelta entera a la Tierra”. El mismo error fatal iba a cometer, dos siglos más tarde, María Moliner, la mejor hacedora de diccionarios que haya conocido la lengua española, quien murió en 1981 sin corregir el dislate, ahora reparado por sus herederos.

María Moliner tampoco quiso definir las que se conocen como malas palabras. Vivió la mitad de la vida en la España de Franco y sufrió casi de la misma ceguera religiosa. Hoy, en un país más moderno y abierto, no la aquejarían esos prejuicios.

El racismo que se advertía en el primer Diccionario de Autoridades sigue siendo, sin embargo, más difícil de quebrar.

Argentinos

Hace pocas semanas cayó en mis manos un laborioso tratado de los términos latinoamericanos a los que el uso ha teñido con prejuicios raciales y étnicos. El autor es Thomas M. Stephens, un lingüista de reputación internacional, que por fortuna trabaja en mi universidad, Rutgers, en una oficina que está a cinco pasos de la mía. Stephens lleva más de veinte años anotando cada movimiento peyorativo de las lenguas castellana y portuguesa en papeles o fichas sueltas, que luego ordena con la delicadeza de un buen cirujano.

Al parecer, no hay otro modo de hacer un buen diccionario que ejercitando la paciencia, el oído y confiando en la buena suerte. Las computadoras sirven para clasificar y purificar ese trabajo de locos, pero sólo cuando ya está hecho.

Stephens consiguió algunas definiciones sorprendentes, muchas de ellas donde menos lo esperaba. “Salto atrás”, por ejemplo, es un término que se usa sólo en Venezuela, con intención siempre despectiva, para referirse a la persona de color más oscuro que el de sus padres.

Más curiosa aún es la definición de “argentino”, que caracteriza a quienes tratan de mantenerse al margen de los problemas o no aceptan responsabilidad por ellos. Cuando le pregunté a Stephens si esa atribución de negligencia no se debería quizás a la costumbre, tan frecuente en Buenos Aires, de responder “soy argentino” para indicar “nada tengo que ver” o “soy inocente”, me dijo que había oído la definición en varios lugares de la península de la Florida y aun entre empleados del Congreso, en Washington.

Su propio libro, cuyo título completo es “Dictionary of Latin American Racial and Ethnic Terminology”, ayuda, sin embargo, a desentrañar el origen del vocablo. Viene de un diccionario de uruguayismos y, en efecto, es el derivado natural del comentario “¿Yo? ¡Argentino!”, expresado tantas veces como una broma familiar y ahora convertido en acusación dañina.

Ciertas palabras avanzan dentro de un contexto, terminan en otro, y a veces no tienen destino en los diccionarios. Es lo que le sucede, por ejemplo, al verbo “retacear”, que se usa sólo en la Argentina e indica que alguien no está recibiendo lo que merece. Hacia comienzos de noviembre tuve una larga conversación sobre el tema con Víctor García de la Concha, presidente de la Real Academia, quien conoce de memoria todos los diccionarios castellanos, definiciones incluidas. Nunca había oído la palabra “retacear”, pero podía rastrear el término con sólo una llamada telefónica. A los cinco minutos ya lo había encontrado.

Tenía doce entradas en los archivos de datos de la Real Academia, que están al alcance de cualquiera, y todas esas entradas correspondían a títulos de diarios argentinos. Tal vez aparezca en la edición unificada del nuevo diccionario de la lengua, que los académicos de España y la América Hispana planificaron este último noviembre, en San Juan de Puerto Rico.

Cabe temer que ni siquiera ese noble proyecto se libre de los prejuicios de raza y clase, que tantos estragos causan en las palabras. Los he encontrado hasta en el reciente “Diccionario del español actual”, escrito por Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, que pasa por ser uno de los mejores.

Aunque los ejemplos que elige para los usos de cada vocablo son casi siempre irreprochables, de pronto se le escapan definiciones como las de “negro”, que parecen tomadas de algún manual escrito por el doctor Goebbels: “Persona cuyos caracteres raciales son piel oscura, labios gruesos, nariz achatada, pelo negro y crespo y prognatismo”. Tampoco a los puertorriqueños les va muy bien, porque la cita que los caracteriza menciona a “jóvenes drogadictos” de esa nacionalidad.

Otro sentido

Con frecuencia, el abuso de una palabra la convierte en otra cosa, como lo señaló el luminoso venezolano Simón Rodríguez, a quien sólo se conoce como maestro de Simón Bolívar pero que fue mucho más que eso: un ideólogo del lenguaje sólo comparable a Bello o a Sarmiento.

En 1828, Rodríguez escribió en “Sociedades americanas” que ciertos vocablos, como “libertad”, malversados por el poder de turno, ya no querían decir lo mismo que en 1810, cuando las colonias españolas estaban en pleno alzamiento contra el imperio. Casi ninguna de las promesas de entonces había sido cumplida.

Casi todos los golpes militares de América latina se llamaron a sí mismos democráticos, como hizo el presidente venezolano Hugo Chávez con el que dio en 1992 contra Carlos Andrés Pérez. Muchos de quienes lo eligieron con todas las de la ley en 1999 hoy apoyarían a ciegas otro golpe de Estado que lo derribase, también en nombre de la democracia.

Los seres humanos matan o mueren a veces por ideas o vocablos que no para todos significan lo mismo.

Si los autores de diccionarios se detuvieran ante cada palabra para medir su fragilidad y prever las mudanzas a que estará sometida, tal vez jamás terminarían de escribir uno.

Un adjetivo o un verbo suelen contener más energía que un átomo de uranio, y eso se sabe sólo cuando estallan.


Written by Marisol García

March 4, 2010 at 12:29 pm

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la palabra, según neruda

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… Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y las que bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tantos ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada.. Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:45 pm

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manifiesto de la palabra

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ANTONIO TABUCCHI

1. Existen varias formas de dictadura. En Italia estamos ante una Dictadura de la Palabra.

2. Porque la palabra es de oro. Y la posee una sola persona, un político que es al mismo tiempo el jefe de un Gobierno y el dueño de todos los medios de comunicación que transportan la palabra.

3. Italia sólo en apariencia pertenece a la democracia europea. En realidad es una forma de gobierno oriental a la manera de Heliogábalo. En noviembre del 2001, un semanario hizo un reportaje, a la manera de los semanarios de Heliogábalo, titulado Escritor, ¿por qué no hablas? Parece ser el caso de repetir la pregunta. Porque si eventualmente un escritor contradice el estruendo ensordecedor de las palabras de Heliogábalo, he aquí que de varios lados se alzan voces acreditadas elogiando el silencio. Son voces que dicen: el silencio es oro.

4. Pero el elogio del silencio no puede hacerse con palabras. Por coherencia debería hacerse en silencio. Quienes invocan el Silencio utilizan la Palabra. Incluso los escritores que elogian el silencio. ¿Pero a quién piden silencio quienes elogian el silencio? ¿Se lo piden acaso a Heliogábalo? ¿O a los pregoneros de Heliogábalo? ¿O a los mayordomos de Heliogábalo? ¿O a los centuriones de Heliogábalo? ¿O a las pantallas televisivas de Heliogábalo? ¿O a los bandos impresos de Heliogábalo? No. Os lo piden a vosotros, que habéis osado decir una palabra contra Heliogábalo y contra el imperio de palabras de Heliogábalo.

5. Porque en el Reino de Heliogábalo no sólo la palabra es de oro. También el silencio es oro.

6. Pero el proverbio dice que quien calla otorga.

7. La palabra es de oro, pero puede ser también de plomo. Se lee en el Evangelio que ciertos individuos utilizados por el Sanedrín usaban la ‘sica’ bajo la capa. La ‘sica’ era su instrumento de trabajo. Un puñal corto y afilado, de golpe mortal. Bajo la capa de sus programas y de sus periódicos, los agentes de Heliogábalo llevan palabras afiladas como ‘sicas’. Pum, pum, y estás muerto si no respetas el silencio. Palabras de plomo.

8. En el Reino de Heliogábalo se impone el silencio a golpes de pistola catódica.

9. Ojo: ¿que has dicho una palabra contra el Reino de Heliogábalo? El pregonero de Heliogábalo, en su programa televisivo, afirmará que estás de parte de los terroristas. Un golpe de pistola catódica disparado como el aguijón de una avispa. Avispa mortal.

10. Heliogábalo es feroz. Dispara. Y sobre todo ordena que se disparen pistolas catódicas. Me pregunto: ¿es justo callar ante las pistolas catódicas de Heliogábalo?

11. Cito de una enciclopedia médica: ‘Laringe: Órgano hueco semirrígido, formado por una serie de cartílagos unidos entre sí por ligamentos y músculos. Sus funciones principales son: 1) la respiración; 2) la fonación, es decir, la formación de sonidos, determinados por la contracción de los músculos llamados cuerdas vocales’.

12. La fonación, es decir, el habla, es la facultad con la que la Naturaleza (Dios, para quien lo prefiera) ha dotado a los hombres con el objeto de que se distingan de los animales. La palabra nos caracteriza como criaturas vivas y pensantes. Sin ella seríamos brutos. Y hechos no fuimos para vivir como brutos, tal y como quisiera Heliogábalo.

13. Porque el silencio mata, la palabra crea. En principio era el Verbo y el Verbo era la Vida. Y esto es el Evangelio.

14. Yo hablo porque existo. Cuando mi garganta esté llena de tierra dejaré de hablar. Entonces será el silencio. Me aguarda una eternidad de silencio, pero antes de que llegue el silencio eterno quiero usar mi voz. Mi palabra.

15. Yo hablo porque soy un escritor. La escritura es mi voz. Un escritor que no habla no es un escritor. No es nada. ¿Quieren llenar mi garganta de tierra? Se equivocan.

16. Pero vosotros también debéis hablar. Porque todos debemos hablar. Para eso nos hizo la Naturaleza criaturas humanas. Con que digáis un solo ‘NO’, Vuestra Naturaleza Humana quedará a salvo. Si permanecéis en silencio habréis llenado vosotros mismos Vuestra boca de tierra. No seréis más que unas orejas que escuchan las pistolas catódicas de Heliogábalo. Y eso es exactamente lo que Heliogábalo quiere de Vosotros.

17. ¿Estáis seguros de que queréis delegar las pocas palabras que en la vida tenéis que decir a los recaderos de Heliogábalo que cada día os hablan desde la prensa de Heliogábalo y desde los tubos catódicos de Heliogábalo?

18. Atención: Heliogábalo está preparando una ley gracias a la cual Vuestra boca estará llena de tierra y no seréis más que unas orejas listas para recibir los mensajes de Heliogábalo. Con esta ley, será simultáneamente Vuestro Jefe político y Vuestro Jefe espiritual. En el Reino de Heliogábalo tal estratagema viene eufemísticamente llamada ‘Ley sobre el conflicto de intereses’. En realidad es la ley del Silencio. Un silencio de tumba en el que sólo hablarán Heliogábalo, los mayordomos de Heliogábalo, los pregoneros de Heliogábalo, los sicofantes de Heliogábalo.

19. El Reino de Heliogábalo cumple un sueño previsto hace años en Italia por los compadres de Heliogábalo. Coged la lista de esos compadres, miráosla con atención, que quizás os topéis con alguna sorpresa. Y acaso con alguna sospecha. Porque éste es el momento de las sospechas.

20. Declaro abierta la era de la sospecha. Sospechad de todos, incluso de quien os invita a cantos de fraternidad, y sobre todo de los padres putativos. No todos son buenos carpinteros, y nunca se sabe a qué hijos pródigos pueden estar protegiendo.

21. El plan previsto hace años por los compadres de Heliogábalo se llamaba de otro modo, pero hoy podemos llamarlo ‘Plan de Resurgimiento de la Mordaza’. Una mordaza que garantiza el silencio.

22. Atención. El Reino de Heliogábalo está lleno de maestros. Pequeños maestros. Se hacen pasar por buenos maestros, pero son malos, muy malos. Y conminan a los escolares: .

23. Atención: El arte de callar ya lo conoció el Reino de Heliogábalo entre 1922 y 1945. Es una vieja práctica, típica de cualquier régimen. Se llama práctica de los enebros fragantes. En Italia, los Gramáticos de los enebros fragantes han empezado a dictar sus decálogos: ‘Esto es meritorio de literatura, esto no es meritorio’. Atención, esos Gramáticos son peligrosos: estableciendo arbitrariamente jerarquías enuncian un principio de censura. Y la literatura, por el contrario, es ancha como la Vida, y no exige carta de crédito alguna: en ella caben tanto el noble suicidio del joven Werther como los calzones remendados del travieso Gavroque, el Paraíso de Dante junto al pajarillo de Catullo, los Himnos a la noche de Hölderlin como los proverbios de los Malavoglia y la Oda a la zanahoria de Neruda. Porque, como dijo un gran poeta, todo vale la pena si el alma no es angosta. Y a eso sirve la Palabra: a decir que el alma no es angosta.

24. Me acuerdo de Caserio. Me acuerdo de Sacco y Vanzetti. Me acuerdo de Valpreda. Me acuerdo de Pinelli. Recuerdo todo lo que ha sucedido en Italia en la posguerra y también durante la guerra. Los repubblichini de Mussolini eran colaboracionistas de los nazis. Mataban y torturaban. Lo sé, lo sabe mi familia y tengo documentos. Quienes dicen que eran ‘muchachos de Saló’ que luchaban en cualquier caso por el honor de la Patria, mienten, sostienen una falsedad histórica. Es necesario contradecirles. Para contradecirles hay que hablar. Porque quien calla otorga.

25. Un semiólogo, hace años, ridiculizó a un pobre presentador de televisión que parecía haberse convertido en el dueño de las noches de los italianos, trazando su fenomenología. Y yo pregunto: ¿será posible que no haya ningún doctor, hoy, en el Reino de Heliogábalo, que pueda trazar una fenomenología de Heliogábalo? El material, desde luego, no falta, desde los numerosos gestos briosos de Heliogábalo a su foto-biografía en colores. Resultaría un trabajo algo más arriesgado, pero sin duda de gran utilidad para todos nosotros. ¿Hay alguien que posea las palabras apropiadas para decirlo?

26. Mandar al diablo a todos aquellos que aman apelarse al silencio o que se muestran pesimistas sería demasiado fácil. Por desgracia soy mucho más pesimista de lo que parece: soy un falso optimista. He leído a Voltaire mucho antes de esos revolucionarios que estaban en las barricadas haciendo una revolución que después no llegó. Perdonadme, soy un intelectual burgués. Llevo en el corazón la Palabra.

27. En Italia ya no se quiere meter tierra en la boca solamente a quienes usan todavía la Palabra, a los escritores. Se quiere llenar de tierra la voz de la Historia también.

28. Ha escrito el Grande Escritor de Praga: ‘Escribir significa dar un salto más allá del círculo de los asesinos’.

29. Ciudadanos: hablar significa dar un salto más allá del círculo de quien quiere estrangularos. Escribid. Hablad.

30. Ciudadanos del Reino de Heliogábalo que aún creéis en la Palabra. Os han asegurado que en el Reino de Heliogábalo hay un garante que para defenderos puede firmar o no firmar la Ley de Heliogábalo. Pero sólo Vosotros sois los garantes de vuestra voz, después de lo cual vuestra boca estará llena de tierra. Si el presunto garante firma la Ley de Heliogábalo (o una parecida), sólo os queda una cosa por hacer. Por eso hago un llamamiento, dirigido a Vosotros y a todos aquellos que creen todavía en la voz humana. Porque en principio era la Palabra. Heliogábalo quiere quedársela. Es responsabilidad vuestra no dejársela.

Llamamiento: Coged una fotografía tamaño carné, con vuestro nombre y dirección. Dibujad con un rotulador una mordaza sobre la boca de vuestra fotografía y mandádsela al presidente del Consejo de Europa (Consejo de Europa, Avenue de l’Europe, Palais de l’Europe, 67075 Strasburgo). No mandéis vuestra fotografía a quien no os ha servido de garante. Los centuriones de Heliogábalo dirían que no sois más que setecientos mil, como dijeron de la manifestación en la que erais tres millones el 23 marzo 2002 en Roma. Vosotros sois millones, millones de personas en el Reino de Heliogábalo amordazadas por Heliogábalo y por los garantes de Heliogábalo. Veamos lo que dirá la Europa Unida cuya Carta se funda sobre la libertad de Palabra. Hablemos, amigos, hablemos. Después vendrá el Silencio. En el

Reino de Heliogábalo, a 3 de abril de 2002.

*Antonio Tabucchi es escritor italiano. Este texto que anticipamos será publicado por la revista italiana Micromega en su próximo número. (Traducción de Carlos Gumpert)..

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:42 pm

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aborrezco las palabras

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FERNANDO ROYUELA – EL PAÍS – 12/09/2009

Aborrezco las palabras líder, excelencia, proactivo, desafío, reto, misión, visión, retroalimentación y oportunidad. El vocabulario empresarial globalizado penetra poco a poco en el habla coloquial y estandariza los comportamientos sociales. El colonialismo lingüístico no es nuevo bajo el sol. Las culturas tecnológica o económicamente poderosas siempre han pretendido imponer sus estilos. El lenguaje es un medio idóneo para ello. Pero detrás de las palabras se esconden agazapadas las ideas y en cualquier momento de descuido van y saltan a la yugular. Mediante el uso del lenguaje la certeza puede transmutarse en duda y es capaz la mentira de revestirse de verdad. Es también en el lenguaje donde el totalitarismo intolerante encuentra el rostro de su amabilidad.

Las detesto. Excelencia me suena a vasallaje absolutista, desafío a despido inminente y retroalimentación a novela de Orwell. Cuando oigo hablar de líder me imagino un caudillo a caballo jaleado por una masa amorfa, carne de cañón. Yo fui educado en el valor de la individualidad, en la diferencia como rasgo representativo de la persona, en el criterio frente a la sumisión y ahora estas palabras, este lenguaje mendaz y regresivo choca en mis oídos a todas horas con la fuerza del uso social. Descreo de las verdades reveladas y por eso el lenguaje que las difunde me produce escozor. ¿Misión, visión? Fanatismos verbales a la orden del día que van determinando los comportamientos de quienes los acatan sin reparos. ¿Misión? Sí, Jeremy Irons en las selvas americanas con la música de fondo de Ennio Morricone. ¿Visión? También; aquel superhéroe de mi infancia con rayos en los ojos para devastar a los malvados. Este lenguaje repleto de eufemismos malévolos que en el mundo empresarial globalizado impera pervierte los valores y tira por tierra la dignidad del trabajador. Es el eufemismo al servicio del management, el lenguaje a disposición del despotismo directivo. Pero ya se sabe; contra el eufemismo: tabú. Ser proactivo equivale a acatar, a obedecer, a resignarse. Desafío implica amenaza de despido, y reto supone trabajar el doble por la mitad. Un afamado directivo retaba a sus subordinados a que cada vez que acudieran al trabajo reflexionasen sobre lo que irían a hacer en ese día para mejorar su desempeño con respecto al de sus competidores. En otras palabras, les trasladaba mediante el uso del lenguaje el contenido implícito a su propio cometido, a su propia gestión. Al delegar la obligación de triunfo se transfiere al mismo tiempo la responsabilidad sobre el fracaso y por lo tanto las consecuencias negativas a él implícitas. Es una cuestión emocional al fin y al cabo en la que el lenguaje participa aportando el sectarismo necesario: “¡Somos los mejores, somos los mejores, vamos a triunfar!”. Desde luego. Es el triunfo de la imposición por la repetición: el mantra; la matraca, la oración. Las palabras son a veces trampas insalvables, bombas de racimo que arrasan la decencia de los demás. Este lenguaje que se va imponiendo sin remedio legisla a la postre una nueva relación laboral no sustentada en la ley como expresión de la voluntad popular sino en la mera imposición empresarial. En tiempos de sometimiento, de miedo, de necesidad, el lenguaje se vuelve peligroso. Los significados se diluyen y un mundo espurio aparece ante nuestros ojos de repente. Hay que tener mucho cuidado con las palabras y no porque las cargue el diablo, sino porque a la postre son las que inventan la realidad. –

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© EDICIONES EL PAÍS S.L. – Miguel Yuste 40 – 28037 Madrid [España] – Tel. 91 337 8200

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:39 pm

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‘Archisílabos’ a tutiplén

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Por AURELIO ARTETA – EL PAÍS 05/02/2010

A los archisílabos les espera larga vida entre nosotros. Me lo temía al observar que no ha desaparecido del mercado lingüístico ni uno sólo de los varios cientos ya divulgados; o cuando se constata, al contrario, la fruición con que los hablantes los siguen creando o paladeando.

Funcionarios, periodistas, políticos, profesores universitarios y expertos de todo pelaje andan empeñados en inventar o escoger palabras largas que suplanten a otras de igual significado, aunque más breves. Pero la certeza del triunfo del archisílabo la tuve el día en que escuché una diferenciación en boca de un académico de la Lengua…, justo en el momento en que él mismo reprobaba la moda del archisílabo.

Si hasta aquí ha llegado la marea, a lo mejor es momento de entregar otra nueva remesa de estos términos hinchados y con los que buscamos hincharnos. Dado el caso citado, ¿empezaremos con los que se estiran gracias a coser el sufijo -ción a ese cuerpo tenido por raquítico? Pues en esa bolsa se meten en los últimos tiempos la tutorización en vez de la ‘tutoría’, la matización por el ‘matiz’, la exceptuación en lugar de la ‘excepción’, la habituación que es nada más que ‘costumbre’ o ‘hábito’, o la afectación cuando quiere decirse ‘afección’ o ‘daño’. La mayoría prefiere hoy la suposición al ‘supuesto’, la titulación al ‘título’, la finalización al ‘final’ y la ejercitación al ‘ejercicio’. Es verdad que, de momento, sólo los más pedantes emplean la secuenciación por la ‘secuencia’, la postulación por el ‘postulado’, o la transversalización por vaya usted a saber…, pero la dolencia es contagiosa y todo llegará. El policía ya no le pregunta a uno por su ‘domicilio’, sino por su domiciliación, igual que el funcionario no nos pide el ‘certificado’, sino la certificación.

Bien es verdad que a muchos archisílabos les ayuda la ignorancia de las lenguas clásicas por parte de quienes los acuñan o seleccionan. Y por ahí se nos cuelan la asertación para decir ‘aserción’ o ‘aserto’, así como coaligación para referirse a una ‘coalición’ o la amenaza de excomulgación, no de ‘excomunión’, que lanzaron el otro día contra nuestro presidente del Congreso. Nos enteramos de que el pesquero español sufrió una interceptación de los piratas, porque casi ningún informador sabe construir ‘intercepción’. Los señores de la industria, que antes obtenían ‘financiación’ y ahora hablan de financiarización (¿), nos obsequian un día con la flexibilización de sus plantillas y al otro con una desaceleración de sus ventas. Mientras ellos exigen la desregula(riza)ción, los sindicatos claman contra la fragilización del empleo. Lo de la modelización, francamente,aún no lo he pillado. En cambio, es notorio que la ‘síntesis’ ya va para sintetización, la ‘mediación’ asciende a intermediación, el ‘ocultamiento’ muda en invisibilización y hay partidos políticos que acusan a otros de parcialización (quiero suponer que de ‘sectarismo’). ¿Entienden entonces por qué el creador del Padre Brown bramaba contra “el polisílabo, ese enorme y viscoso ciempiés…”?

Salta a la vista que otra familia de estos crecidos vocablos florece a una con el gusto por la abstracción que por aquí arrasa, pese al índice de fracaso escolar. En cuanto nos dejan, abandonamos la ‘esencia’ para ir directos a la esencialidad, la ‘sustancia’ para atender más bien a la sustantividad, la ‘circunstancia’ para refugiarnos en la circunstancialidad y hasta la ‘diferencia’ palidece ante la diferencialidad.

Las formaciones políticas se disputan la centralidad, no simplemente el centro, y el Gobierno propone políticas de sostenibilidad porque ya no valen las de ‘sostenimiento’. Si antes la regla tenía su ‘excepción’, ahora tiene su excepcionalidad. Habrán de saber que la novela actual no cultiva el género de la ‘ficción’, sino el de la ficcionalidad y los mejores novelistas, perdida la ‘sutileza’, derrochan sutilidad. Hay muchos que se entregan a su afición con cierta habitualidad, cuando antes se dedicaban a ello con alguna ‘frecuencia’. Bastantes lectores se atienen a la literalidad de lo escrito, en lugar de atenerse a la ‘letra’. Y si ustedes leyeran despacio los prospectos técnicos, se enterarían de que sus aparatos cuentan con un dispositivo de conectividad, o sea, de ‘conexión’; e incluyen mejoras de usabilidad, pero no de ‘uso’…

Unos cuantos verbos (y sus derivados) han sufrido también estiramientos faciales que no siempre les favorecen. Para referirse a ‘toma de conciencia’, se ha pasado desde el feo concienciar de mis tiempos mozos a los aún más horrísonos concientizar y a su correspondiente concientización. Ya tiene también sus añitos el subjetivizar, que nada añade a ‘subjetivar’, salvo una sílaba; más recientes son el basamentar por ‘basar’ o el direccionar en lugar de ‘dirigir’ (y con ello el direccionamiento en el sentido de ‘dirección’ espacial). Si ya conocíamos el posicionar, ahora decimos reposicionar para resituar o recolocar; lo mismo que al dimensionar han de seguirle el redimensionar y el redimensionamiento. ‘Plasmar’ se ha esfumado ante el materializar, que vale tanto para cumplir un proyecto como para meter un gol. Imaginen el brillante juego de participios que todo esto permite. Igual que el descenso de temperaturas será siempre generalizado y nunca ‘general’, lo jerarquizado ha desplazado a ‘jerárquico’, lo individualizado a ‘individual’ y lo globalizado a ‘global’.

Junto a múltiples expresiones verbales ya apuntadas en anteriores entregas, se nos vienen encima neologismos temibles. De algunos con los que he topado no sabría dar su versión aproximada, como el confesionalizar o el sectorizar. De otros sólo sé lo que me cuentan: que en Lógica el precioso implicatar alude a ‘implicar’ o ‘suponer’ e implicatación a ‘supuesto’; o que la jerga judicial y la bancaria han estampado el aperturar porque ‘abrir’ les sabía a poco.

Las variedades de archisílabos son inagotables para un oído al acecho. El mío ha captado este último año que el ‘desplome’ está dejando paso al desplomamiento, que al ‘refuerzo’ muchos prefieren un buen reforzamiento o que un conflicto entre amigos no produce su ‘distancia’, sino su distanciamiento. Conozco a quienes, lejos de haber recibido un buen ‘trato’ en aquel hotel, recibieron un buen tratamiento. El objetivo ‘final’ resulta más pomposo si se vuelve finalista, aun cuando el ‘analista’ se queda corto frente al analizador y el ‘mediador’ o ‘intermediario’ frente al intermediador. Eso sí, al ‘colaborador’ algunos le llaman colaborativo, y, por si les interesa, los faros de mi nuevo coche son adaptativos, no ‘adaptables’. Se habrán fijado que nuestro ejército no cuenta con tantos soldados, sino con tantos efectivos.

Hoy tiende a convertirse todo ‘aislamiento’ en aislacionismo, lo mismo que cualquier ‘reducción’ es fruto de un premeditado reduccionismo o que la ‘oposición’ siempre hace un perverso oposicionismo. Algo tendrán que ver con el saber del ’empresario’ -emprendedor, ya me entienden- los cursos de emprendurismo, así como el incrementalismo con el que acabo de tropezar seguro que alude a algún ‘aumento’. Me barrunto que sumatorio es como un ‘sumario’ pero más largo, de igual modo que la ‘recopilación’ ha dado en recopilatorio. Y puedo asegurarles, en fin, que hay asignaturas universitarias cuyos temas no componen un programa ‘disciplinar’, sino un programa disciplinario.

Ya lo dejó escrito Chesterton: corren tiempos en que “no importa lo que digas mientras lo digas con palabras largas y cara larga”. No les digo más.

© EDICIONES EL PAÍS S.L. – Miguel Yuste 40 – 28037 Madrid [España] – Tel. 91 337 8200

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:28 pm

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Las miembras y los miembros

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De pura saturación terminas acostumbrándote a cualquier imbecilidad

Por Arturo Pérez-Reverte / El País.

Se veía de venir. Empezamos con los ciudadanos y las ciudadanas, llegamos a los frailes y las frailas, y al final remata el Boletín Oficial del País Vasco, llevándolo todo, negro sobre papel blanco, al documento oficial. Pura coherencia, por otra parte. Y hablar de papel no es baladí, pues las papeleras van a tener que doblar su producción, cuando –no les quepa duda de que está al caer– todos los documentos oficiales de la España del buen rollito imiten el asunto. Tengo entendido que la Junta de Andalucía, por ejemplo, no está dispuesta a quedarse atrás ni harta de morapio. Pero de eso, para no liarnos, hablaremos otro día.

«El pleno está integrado por el presidente o presidenta, el vicepresidente o vicepresidenta y los vocales o las vocales.» Ante ese párrafo pueden ocurrir dos cosas. Una es que parezca normal: de pura saturación terminas acostumbrándote a cualquier imbecilidad. La otra es que nos dé la risa floja. Al principio creí que era un texto chungo. Manipulado. Pero nada de eso: BOPV, ley 9/2004 de la Comisión Jurídica. «Se hace saber a los ciudadanos y ciudadanas», etcétera. Todo trufadito de perlas como ésta: «Un secretario o secretaria que se nombra por el presidente o presidenta (…) entre funcionarios y funcionarias». Y más adelante, con repetición exhaustiva de las titulares o los titulares, las vocales o los vocales, los presentes o las presentes, el secretario o la secretaria, el presidente o la presidenta, se detalla que en ausencia «de uno de los vocales o una de las vocales (…) se procederá al nombramiento de un suplente o una suplente (…). El nombramiento y cese del suplente o la suplente se realizará conforme a lo previsto (…). El tiempo que dure la suplencia se imputará al período de mandato de la vocal o el vocal suplido». Imagino que las feministas galopantes estarán goteando agua de limón con el texto, pero creo que aún podríamos afinar un poquito más. Porque observo cierto déficit de concordancia. Puestos o puestas a ello, «la vocal o el vocal suplido» debería haberse escrito «la vocal o el vocal suplido o suplida», o bien «la vocal o el vocal suplidos o suplidas». Y puestos a hilar fino, lo de «el tiempo que dure la suplencia» también era mejorable escribiendo «el tiempo que dure la suplencia o el suplencio». Pero en fin. Cada maestrillo tiene su librillo.

En cualquier caso, es de justicia reconocer que, si en la lucha contra el sexismo lingüístico el BOPV se cubre de gloria pionera, en cuanto a la concordancia y el concordancio sus redactores o redactoras todavía no afinan mucho. Cuando escriben, por ejemplo, «el presidente o presidenta», «los titulares o las titulares», «los vocales o las vocales», no terminan de rematar la cosa. En pura lógica, vocal es a concejal lo que vocala a concejala, etcétera. O semos, o no semos. Y si semos, ¿por qué la puntita nada más? Lo normal, si se escribe presidente y presidenta, es que también se escriba presidencia y presidencio, titulares y titularas, vocales y vocalas, igual que en otros casos –sutil artículo 9– «ambos y ambas».

En el artículo 23, por cierto, se dice «En la designación de los ponentes y las ponentes, el presidente o presidenta seguirá los criterios de reparto», mientras que algo más abajo alude a «los asistentes y las asistentes». Y eso, la verdad, queda feo. Si tenemos presidente o presidenta, la misma ilógica de semejante lógica impone ponentes y ponentas, asistentes y asistentas. Y la verdad es que tan tímido quiero y no puedo se manifiesta varias veces con idéntica evidencia o evidencio. Es como cuando el bonito artículo 17 indica que los acuerdos se adoptan «por mayoría de votos de los presentes y las presentes». ¿Por qué no de los presentes y las presentas? ¿Ein? Observen, además, el caso del no menos delicioso artículo 16: «Las miembros y los miembros afectados por posibles causas de abstención». ¿Por qué no ir hasta el fondo del asunto, escribiendo «Las miembras y los miembros afectadas o afectados por posibles causas o causos»? Es como cuando la disposición transitoria segunda menciona «el nombramiento de cuatro vocales que sustituirán a las cuatro o los cuatro nombrados conforme al decreto», en vez de decir, como en rigor debería: «cuatro vocales o vocalas que sustituirán a las cuatro o los cuatro nombrados o nombradas». Digo yo que de perdidos, al río. Y la verdad. No comprendo a qué vienen esos ridículos complejos, a estas alturas del jolgorio. O jolgoria.

Written by Marisol García

August 4, 2009 at 12:16 am

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