Estilo y Narración II

Just another WordPress.com weblog

Posts Tagged ‘redacción

horrores de crónicas

leave a comment »

“Gato-mono” estremeció a lugareños de Lenca

Alexis Matamala Olavarría, Ulises San Martín Vera

El pasado miércoles 8 la criatura llegó a este mundo, a las 3 de la madrugada. La familia Navarrete Igor quedó estupefacta por el nacimiento
Estremecedores e insoportables fueron los maullidos, como un presagio de que algo extraño y anormal ocurriría. “Cuchi cuchi”, una gata, a las 3 de la madrugada del miércoles 8 del presente mes, trajo a este mundo a cuatro gatos en el patio de a casa de la familia Navarrete Igor, los cuales viven en el sector de Lenca, kilómetro 35 de la Carretera Austral.

La familia y, de sobremanera, sus pequeños hijos, Claudia (8), Carla (4) y José (3), estaban felices con la llegada de estos, aparentes, animalitos, mientras disfrutaban del parto de su “gata regalona”, que día a día llenaba sus corazones.

Uno de los cuatro “gatitos” dio a conocer la “gran diferencia” que tenía con sus hermanos, ya que su aspecto era característico de seres de fábulas y de terror. “Pensábamos que estaba muerto, porque la gata no lo

atendía ni amantaba como a los demás”, contó, asombrada, Rosa Igor,

madre de los niños.

Instantáneamente el “animalito” fue llamado como “gato-mono” por los niños. Lo más notorio de su aspecto fueron sus ojos, que a juicio de la mujer, eran “muy prominentes. Esto nos hizo convencernos de que era algo muy raro y sea lo que sea no era bueno”, confesó aterrada Rosa.

“Era muy feo, se parecía a un mono,

ya que tenía los dedos largos y ojos

muy sobresalientes. Mis pequeños hijos se asustaron mucho, pero los tranquilicé diciéndoles que era un monito del campo y que no era nada malo, aunque a mí me parecía un demonio”, contó la mujer.

El “gato-mono” jugaba con normalidad, en un principio, con sus demás hermanos, pero “Cuchi cuchi” no lo aceptaba. El animal poco a poco fue perdiendo fuerzas; sólo pudo supervivir gracias a los cuidados que le entregó la familia Navarrete Igor.

La corta vida de “gato-mono”, sin duda alguna, provocó conmoción tanto en los lugareños del sector como en los turistas. “Este monito llamó la atención de todos los vecinos de Lenca, quienes llegaron a la casa para verlo e, incluso, unos turistas lo fotografiaron, porque lo encontraron muy raro”, expresó la asombrada mujer.

Cada día transcurrido el “fenómeno” se hacía más diferente a los demás gatos, puesto que “¡sus ojos eran de fuego!”, según contó exaltadamente Rosa.

“Gato-mono” tuvo un corto existir, ya que su madre “cuchi-cuchi” lo aplastó, asfixiándolo, el pasado viernes. Este acontecimiento causó un dolor inesperado en la familia, sobretodo en los pequeños que se encariñaron, en cierta medida, con la extraña criatura.

Posterior al deceso de “gato-mono”, la familia botó su pequeño cuerpo, para así no dejar huella alguna de su corta, pero recordada existencia. Con este acto, ningún especialista pudo analizar su caso. Sin embargo, como se puede apreciar en las fotografías, “gato-mono” fue un ser de carne y hueso y no una simple invención de la pobladores de Lenca, como lo pudo comprobar en terreno “El Llanquihue”.

Cerrar

Diario Aysén2010-02-12

Dos Heridos Graves Deja Violento Choque en Plaza del Pionero

En la imagen: Accidente ocurrió cerca de las 02:30 horas de ayer jueves.
Se produjo en circunstancias en que un vehículo marca Jeep, modelo Gran Cherokee, del año 2000, y en cuyo interior viajaban 4 personas, bajaba a exceso de velocidad por la mencionada arteria de Coyhaique.
La noche transcurría en calma en el sector de calle Baquedano. El ovejero, junto a su blanco rebaño, mantenía su paso eterno haciendo frente al viento, en medio del frío silencio forjado en hierro que lo envolvía. Las casas dormían, la luna también. Un gato negro, más negro que la misma noche, se deslizaba como una sombra invisible y acechante. Algunas cuadras más arriba, un grupo de jóvenes amigos bajaba velozmente por esa misma avenida a bordo de un vehículo lleno de bromas, risas, música. De vida y algunos tragos de más.
El reloj marcaba cerca de las 02:30 de la madrugada. Las luces del jeep Gran Cherokee iban abriéndose paso entre la espesura de la oscuridad. El gato escuchó el ruido del motor a lo lejos, rompiendo el silencio. Acercándose cada vez más rápido. Entonces, asustado, tuvo un impulso y decidió escapar de aquello que le parecía amenazante. El conductor del vehículo apenas alcanzó a ver la negra silueta que se cruzaba en su camino, y bruscamente giró el manubrio para esquivarla. Un breve estrépito trizó abruptamente la quietud de aquellas primeras horas de la madrugada. Luego, el silencio volvió a cubrirlo todo.
Y el gato, desde la vereda de enfrente, volteó la cabeza, contempló por un segundo las flores destrozadas de la plaza, esparcidas por el suelo, y desapareció.

En la UCI del Hospital Regional

Según informes de Carabineros, el violento choque ocurrido durante la madrugada de ayer jueves frente al número 631 de Avenida Baquedano, y que dejó un saldo de dos heridos de carácter grave y otros dos con lesiones leves, se produjo en circunstancias en que un vehículo marca Jeep, modelo Gran Cherokee, del año 2000, y en cuyo interior viajaban 4 personas, bajaba a exceso de velocidad por la mencionada arteria de Coyhaique, cuando sorpresivamente un animal atravesó la calzada, ocasionando la brusca maniobra del conductor, quien al intentar evitar atropellarlo se subió a la Plaza del Pionero, destrozando 25 metros de reja de madera y 3 carretas ornamentales de propiedad municipal. De estos ocupantes, cuyas edades fluctúan entre los 22 y 29 años, uno tiene domicilio en la comuna de Las Condes de Santiago, otro reside en Valdivia y los otros dos, que corrieron mejor suerte, pertenecen a Coyhaique.
Al lugar de los hechos acudieron la SIAT de Carabineros, una ambulancia del Hospital Regional, el GOPE y Bomberos, a fin de proceder a las labores de rescate de los ocupantes del vehículo, los que quedaron atrapados en su interior debido al estado en el que quedó la estructura del mismo a causa del violento impacto. Por orden del fiscal de turno, se realizó una causa basal que señala que el conductor se encontraba con estado de temperancia alcohólica en grado no determinado, sumado al exceso de velocidad en que se desplazaban, lo cual quedó evidenciado, además del nivel de destrozos y estado del automóvil, en la huella de la frenada, de unos 35 metros.
El conductor del vehículo quedó internado con politraumatismos en la UCI del Hospital Regional de Coyhaique, tras salir eyectado desde su asiento a través del parabrisas unos 50 metros, por lo que se presume que viajaba sin su cinturón de seguridad, mientras que el valdiviano permanece en observación en el mismo recinto hospitalario.

Advertisements

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:37 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with , ,

‘Archisílabos’ a tutiplén

leave a comment »

Por AURELIO ARTETA – EL PAÍS 05/02/2010

A los archisílabos les espera larga vida entre nosotros. Me lo temía al observar que no ha desaparecido del mercado lingüístico ni uno sólo de los varios cientos ya divulgados; o cuando se constata, al contrario, la fruición con que los hablantes los siguen creando o paladeando.

Funcionarios, periodistas, políticos, profesores universitarios y expertos de todo pelaje andan empeñados en inventar o escoger palabras largas que suplanten a otras de igual significado, aunque más breves. Pero la certeza del triunfo del archisílabo la tuve el día en que escuché una diferenciación en boca de un académico de la Lengua…, justo en el momento en que él mismo reprobaba la moda del archisílabo.

Si hasta aquí ha llegado la marea, a lo mejor es momento de entregar otra nueva remesa de estos términos hinchados y con los que buscamos hincharnos. Dado el caso citado, ¿empezaremos con los que se estiran gracias a coser el sufijo -ción a ese cuerpo tenido por raquítico? Pues en esa bolsa se meten en los últimos tiempos la tutorización en vez de la ‘tutoría’, la matización por el ‘matiz’, la exceptuación en lugar de la ‘excepción’, la habituación que es nada más que ‘costumbre’ o ‘hábito’, o la afectación cuando quiere decirse ‘afección’ o ‘daño’. La mayoría prefiere hoy la suposición al ‘supuesto’, la titulación al ‘título’, la finalización al ‘final’ y la ejercitación al ‘ejercicio’. Es verdad que, de momento, sólo los más pedantes emplean la secuenciación por la ‘secuencia’, la postulación por el ‘postulado’, o la transversalización por vaya usted a saber…, pero la dolencia es contagiosa y todo llegará. El policía ya no le pregunta a uno por su ‘domicilio’, sino por su domiciliación, igual que el funcionario no nos pide el ‘certificado’, sino la certificación.

Bien es verdad que a muchos archisílabos les ayuda la ignorancia de las lenguas clásicas por parte de quienes los acuñan o seleccionan. Y por ahí se nos cuelan la asertación para decir ‘aserción’ o ‘aserto’, así como coaligación para referirse a una ‘coalición’ o la amenaza de excomulgación, no de ‘excomunión’, que lanzaron el otro día contra nuestro presidente del Congreso. Nos enteramos de que el pesquero español sufrió una interceptación de los piratas, porque casi ningún informador sabe construir ‘intercepción’. Los señores de la industria, que antes obtenían ‘financiación’ y ahora hablan de financiarización (¿), nos obsequian un día con la flexibilización de sus plantillas y al otro con una desaceleración de sus ventas. Mientras ellos exigen la desregula(riza)ción, los sindicatos claman contra la fragilización del empleo. Lo de la modelización, francamente,aún no lo he pillado. En cambio, es notorio que la ‘síntesis’ ya va para sintetización, la ‘mediación’ asciende a intermediación, el ‘ocultamiento’ muda en invisibilización y hay partidos políticos que acusan a otros de parcialización (quiero suponer que de ‘sectarismo’). ¿Entienden entonces por qué el creador del Padre Brown bramaba contra “el polisílabo, ese enorme y viscoso ciempiés…”?

Salta a la vista que otra familia de estos crecidos vocablos florece a una con el gusto por la abstracción que por aquí arrasa, pese al índice de fracaso escolar. En cuanto nos dejan, abandonamos la ‘esencia’ para ir directos a la esencialidad, la ‘sustancia’ para atender más bien a la sustantividad, la ‘circunstancia’ para refugiarnos en la circunstancialidad y hasta la ‘diferencia’ palidece ante la diferencialidad.

Las formaciones políticas se disputan la centralidad, no simplemente el centro, y el Gobierno propone políticas de sostenibilidad porque ya no valen las de ‘sostenimiento’. Si antes la regla tenía su ‘excepción’, ahora tiene su excepcionalidad. Habrán de saber que la novela actual no cultiva el género de la ‘ficción’, sino el de la ficcionalidad y los mejores novelistas, perdida la ‘sutileza’, derrochan sutilidad. Hay muchos que se entregan a su afición con cierta habitualidad, cuando antes se dedicaban a ello con alguna ‘frecuencia’. Bastantes lectores se atienen a la literalidad de lo escrito, en lugar de atenerse a la ‘letra’. Y si ustedes leyeran despacio los prospectos técnicos, se enterarían de que sus aparatos cuentan con un dispositivo de conectividad, o sea, de ‘conexión’; e incluyen mejoras de usabilidad, pero no de ‘uso’…

Unos cuantos verbos (y sus derivados) han sufrido también estiramientos faciales que no siempre les favorecen. Para referirse a ‘toma de conciencia’, se ha pasado desde el feo concienciar de mis tiempos mozos a los aún más horrísonos concientizar y a su correspondiente concientización. Ya tiene también sus añitos el subjetivizar, que nada añade a ‘subjetivar’, salvo una sílaba; más recientes son el basamentar por ‘basar’ o el direccionar en lugar de ‘dirigir’ (y con ello el direccionamiento en el sentido de ‘dirección’ espacial). Si ya conocíamos el posicionar, ahora decimos reposicionar para resituar o recolocar; lo mismo que al dimensionar han de seguirle el redimensionar y el redimensionamiento. ‘Plasmar’ se ha esfumado ante el materializar, que vale tanto para cumplir un proyecto como para meter un gol. Imaginen el brillante juego de participios que todo esto permite. Igual que el descenso de temperaturas será siempre generalizado y nunca ‘general’, lo jerarquizado ha desplazado a ‘jerárquico’, lo individualizado a ‘individual’ y lo globalizado a ‘global’.

Junto a múltiples expresiones verbales ya apuntadas en anteriores entregas, se nos vienen encima neologismos temibles. De algunos con los que he topado no sabría dar su versión aproximada, como el confesionalizar o el sectorizar. De otros sólo sé lo que me cuentan: que en Lógica el precioso implicatar alude a ‘implicar’ o ‘suponer’ e implicatación a ‘supuesto’; o que la jerga judicial y la bancaria han estampado el aperturar porque ‘abrir’ les sabía a poco.

Las variedades de archisílabos son inagotables para un oído al acecho. El mío ha captado este último año que el ‘desplome’ está dejando paso al desplomamiento, que al ‘refuerzo’ muchos prefieren un buen reforzamiento o que un conflicto entre amigos no produce su ‘distancia’, sino su distanciamiento. Conozco a quienes, lejos de haber recibido un buen ‘trato’ en aquel hotel, recibieron un buen tratamiento. El objetivo ‘final’ resulta más pomposo si se vuelve finalista, aun cuando el ‘analista’ se queda corto frente al analizador y el ‘mediador’ o ‘intermediario’ frente al intermediador. Eso sí, al ‘colaborador’ algunos le llaman colaborativo, y, por si les interesa, los faros de mi nuevo coche son adaptativos, no ‘adaptables’. Se habrán fijado que nuestro ejército no cuenta con tantos soldados, sino con tantos efectivos.

Hoy tiende a convertirse todo ‘aislamiento’ en aislacionismo, lo mismo que cualquier ‘reducción’ es fruto de un premeditado reduccionismo o que la ‘oposición’ siempre hace un perverso oposicionismo. Algo tendrán que ver con el saber del ’empresario’ -emprendedor, ya me entienden- los cursos de emprendurismo, así como el incrementalismo con el que acabo de tropezar seguro que alude a algún ‘aumento’. Me barrunto que sumatorio es como un ‘sumario’ pero más largo, de igual modo que la ‘recopilación’ ha dado en recopilatorio. Y puedo asegurarles, en fin, que hay asignaturas universitarias cuyos temas no componen un programa ‘disciplinar’, sino un programa disciplinario.

Ya lo dejó escrito Chesterton: corren tiempos en que “no importa lo que digas mientras lo digas con palabras largas y cara larga”. No les digo más.

© EDICIONES EL PAÍS S.L. – Miguel Yuste 40 – 28037 Madrid [España] – Tel. 91 337 8200

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:28 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with , ,

frases insoportables

leave a comment »

(Del blog Nada Que Aportar)
Las frases hechas, los cliché, son ya una institución en nuestro periodismo. Un infaltable. Un must de cualquier periodista que se precie. Y quiera preciarse, claro. Aunque no son sólo los periodistas quienes las utilizan. Pero ya habrá tiempo para eso. Aquí, en una primera parte, sólo cinco ejemplos de los periodistas chilenos. Póngale nombre –o cara –a la frase. Seguro que puede.

Al final del día. Uff, esta frase es espantosa. ¿Por qué, después de hablar una sarta impresionante de idioteces, terminan con que “al final del día lo importante es…”? Simplemente repulsiva. Pese a su evidente asquerosidad, es muy requerida por infinidad de periodistas, especialmente “entrevistadores estrella”. Es recurrentemente escuchada en programas de radio, desconozco la razón.

El flagelo de la droga. Frase cliché por excelencia. ¿Por qué no simplemente “la droga”? O, si se quiere poner énfasis, “la maldita droga”. Con más énfasis, “la puta droga”. Pero no más “flagelo”, por favor. Esta frase se ha convertido en sí misma en un flagelo. Un asco.

El vital elemento. OK, se entiende que es el agua. Incluso puede ser un buen recurso para no repetirse tanto. Pero todo tiene un límite. Y ese límite está antes del despacho en plenas inundaciones, con los periodistas informando que “el vital elemento ingresó a la casa”. Eso es mucho. Ni hablar de cuando usan esta expresión informando de algún ahogado. Simplemente de mal gusto. Por último, y para variar un poco, hablen del “mortal elemento”. Digo yo.

Dantesco incendio. Ufff. Qué derroche de cultura literaria. Como diciendo “ojo, que yo sé de clásicos de la literatura”. Por lo demás, no sé qué opinaría Dante. Pero citando a doña Rosa (véase gato-mono) “sea lo que sea no era nada bueno”. Lo que pensaría Dante, claro.

El malogrado. Ésta es impresionante. Con sólo oírla pienso en choques, atropellos, temporales. Pero ojo, que se puede ir mucho más allá. Pudo ser muerte natural, dormirse plácidamente y pasar al más allá entre sueños de algodón. Eso no lo salva a uno de ser malogrado. Para mí esta frase tiene una sola cara, que no revelaré aquí. Pero el malogrado asociado a esa cara murió electrocutado por un cable en plena vía pública. Mala suerte. También los hay atropellados por un camión de valores. Eso sí es ser malogrado.

Por qué no decirlo. Terrible frase. Si no lo va a decir, no lo dice. Si lo quiere decir, bueno, va y lo hace. Pero eso de advertir previamente que se va a decir algo fuerte, chocante, una afirmación potente, para terminar diciendo cualquier estupidez. Espantoso.

Llama poderosamente la atención. ¿Por qué la alusión al poder? ¿Resabios del pasado? ¿Complejos? Me cuesta entender que algo no pueda, simplemente, llamar la atención. Así a secas, sin poderes de ninguna especie.

Convengamos que. ¿Por qué esta muletilla insoportable? Por lo demás, siempre va seguida, vaya a saber uno por qué, de la frase más obvia, evidente y que genere mayor consenso en la historia reciente. O sea, no hay que convenir con nadie, porque todos están de acuerdo. Son ilaciones, por poner algo relativamente actual, del tipo “convengamos que no es bueno que los carabineros asesinen de un balazo a los niños que molestan a sus hijos”.

Así las cosas. Terrible frase hecha, que no dice nada. Absolutamente nada. Pero, vaya a saber uno la razón, los periodistas la utilizan con fruición. Detestables, tanto la frase como quienes la ocupan.

No es menos cierto. ¿Menos cierto que qué? ¿Les habrán enseñado a los ilustres comunicadores que palabras como “más” o “menos” se ocupan en comparaciones? Esta debe ser de las frases que más me indignan, por lo espantoso e ilógico de su construcción.

Meteórico ascenso. Lo que se llama una paradoja. Hasta donde yo sé –corríjame un astrónomo si me equivoco –los meteoritos bajan, no suben. Entonces, ¿cómo es eso de “meteórico ascenso”? Incomprensible. ¿No será que en vez de meteoritos, la frase se refiere al meteorismo? Vaya a saber uno.

Hoy por hoy. Qué asco. ¿No basta con decir “hoy”? Lo peor es que no falta el ingeniero con humor de tal, o el puro y simple gracioso que responderá “hoy al cuadrado”. El sólo hecho de dar pie a un chiste de esa naturaleza hace que la frase sea detestable.

Una verdadera tragedia. Ya. ¿Y cuáles son las falsas tragedias, oiga?

Lo que es. Peor todavía, “todo lo que es”. Se han visto enlaces en directo en los que periodistas –con estudios universitarios completos, por cierto –cuentan que están “en todo lo que es la marcha…” ¡¡¿¿En todo lo que es??!! Ufff. Luego de eso, pasan a revisar todo lo que son las imágenes de los disturbios. No hay salud.

El muerto fallecido. Sí, es real. No precisamente de uso común, pero se ha visto. Despacho en directo, micrófono en mano y la periodista del canal del angelito se despacha la frase. De culto. Menos mal no llegó al extremo del “malogrado muerto fallecido”. Hubiera sido mucho.

De proporciones. Indica, básicamente, que el periodista no sabe de qué está hablando. ¿De qué proporciones, por Dios? El equivalente a “vengo llegando, está todo en llamas, pero ni idea de muertos, daños ni nada, no sé” es simplemente “el incendio de proporciones”. Cabe recordar que, como se explicara en la primera parte, el incendio, para ser realmente impresionante, debe ser dantesco. He oído, incluso, la expresión “dantescas proporciones”. Una joya.

Written by Marisol García

February 24, 2010 at 4:16 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with , ,

contra la redundancia

leave a comment »

La redundancia es el resultado de vicios previos: la falta de rigor, la flojera, el descuido. Si aparecen con tanta frecuencia en los textos periodísticos, por ejemplo, no es más que por un apuro que motiva recurrir a lo primero que se tiene en la cabeza. Vimos ya que la frase hecha y el cliché suelen ser sacadores de apuro. Desde un punto de vista semántico, la redundancia peca por exceso. Entre un cine “absolutamente repleto” y otro “repleto”, no existe diferencia técnica, por lo tanto no cabe aplicar palabras de más como en el primer caso. Expresiones ya instauradas, que se encuentran en todas partes, son redundancias sobre las cuales un mínimo de reflexión obligaría editar, incluyendo “tenía lágrimas en los ojos” (¿dónde más, si no?), “una muerte fatal”, “un nuevo récord” (por algo es récord), “volver a repetir” (¿por cuarta vez?), “se asomó afuera”, “es una utopía inalcanzable”, “falso pretexto”, etc.

Son tan frecuentes, que las redundancias ya pueden clasificarse según su tipo. Las redundancias de preposición, agregan palabras a ideas ya claras, como “se enmarca dentro” o “dirige hacia”. Las redundancias de adverbios, agregan datos obvios e inútiles, y casi siempre se arman con palabras terminadas en –mente: “llovía verdaderamente fuerte”, “la autoridad valoró positivamente la medida” (la valoración es de por sí positiva), “el recinto estaba completamente repleto” (no puede estarse repleto de modo parcial)”, “es absolutamente imposible” (dos absolutos juntos; ¿para qué?) o “suele ser frecuente que…” (siendo que la frecuencia está dada por su condición de hábito).

Debemos tener cuidado con adjetivar o asociar ciertos sustantivos con palabras cuyo significado ya está contenido en éstos. Es inútil escribir redundancias como “mañana se le hará la autopsia al cadáver”, “soy la peor de todas”, “contó con la aprobación unánime de todos los diputados”, “sector monopolizado por una sola empresa”, etc. Nótese que, en todas esas frases, retirar una o dos palabras no alteraría en lo absoluto la idea central. En fin, un buen ejercicio para evitar redundancias propias es detectarlas en otros. Una lectura superficial de la prensa tropezará sin demasiada dificultad con nuevas empresas que “nacen” (todo lo que nace es nuevo), celebridades que “de nuevo vuelven” a la pantalla y encarnan al “principal protagonista” de una determinada teleserie, etc.

La redundancia verbal es un plano de errores quizás más sutil, pues resulta tentador descuidar los verbos que acompañan ciertos sustantivos cargados de potencialidad. Una palabra como “sospecha” implica varias situaciones en sí, y acompañarla de verbos conjugados en potencial es, con frecuencia, innecesario. “Las sospechas apuntan al mayordomo, quien podría haber asesinado a su jefe”, queda mejor como: “Las sospechas de asesinato apuntan al mayordomo”; pues es más directo. También los verbos ‘temer’ e ‘intuir’ implican ya potencialidad. “Tememos que los autores podrían haber huido” es una frase mal construida. Mucho mejor: “Tememos que los autores hayan huido”. El temor no es ante la posibilidad de que el hecho ocurra, sino ante la ocurrencia del hecho en sí.

También verbos como ‘predecir’, ‘provocar’, ‘alertar’ o ‘adivinar’ cargan con un supuesto de adelanto. Por ello, no es necesario aclarar que “se predijo previamente” o que se “se les alertó con anticipación”. Mucho más completo sería escribir el tiempo exacto que medió entre la alerta y el hecho, algo así como “se predijo seis meses antes” o “se les alertó el jueves pasado”. Del mismo modo, verbos como ‘renovar’, ‘recurrir’, ‘reiterar’ o ‘repetir’, implican ya una —valga la redundancia— repetición. No es por ello necesario escribir frases como “volvió a repetirlo”, “renovó un mes más de contrato” o “de nuevo reiteró lo dicho”.

Existen ciertas muletillas que agregan palabras donde éstas no son necesarias en lo absoluto. Son, por lo demás, cacofónicas e irritantes cuando se cuelan en frases que terminan sonando ridículas, como “estamos frente a lo que es La Moneda”, “viajaremos a lo que es la zona de Florida” o “le pagaré al que es mi arrendador”. Lo mismo sucede con “en donde”: “lo llevaron a la cárcel, en donde procedieron a interrogarlo”.

Más sutil aún es la redundancia de posesivos (no es necesario escribir “me lesioné mi pierna”, sino sólo “me lesioné la pierna”). Eso sí, pueden usarse frases obvias que son legítimas, en la medida que enfatizan una cierta idea, como “lo vi con mis propios ojos” o “lo recogí con mis manos”. Se entiende el afán hiperbólico que anima estas expresiones.

Otras redundancias frecuentes. En negrita, la palabra que sobra:

—“el cinco por ciento de todos los niños sufre de asma” (la expresión de porcentajes se hace, siempre, sobre un total),

—“ejemplos concretos”,

—“elevadas cimas”,

—“estrictamente privado”,

—“primera prioridad”,

—“principal protagonista”,

—“plenamente identificado”,

—“fue un incendio provocado” (todos los incendios lo son. Es mejor, “fue un incendio intencional”),

—“miel de abeja”,

—“persona humana”,

—“perfil humano”,

—“volar por el aire”,

—“etc., etc., etc.”.

Written by Marisol García

September 1, 2009 at 6:43 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with ,

contra el cliché

leave a comment »

La esposa fiel es siempre abnegada; la lluvia, torrencial; las vacaciones, merecidas; los aplausos, cálidos; el pase gol, preciso; la búsqueda, desesperada; la transformación, radical, y la intención, sincera. ¿Va quedando alguna novedad en descripciones como las anteriores?

El problema con las llamadas “frases hechas”, es que, de tanto usarse, pierden por completo su sentido. De hecho, en ellas el adjetivo está casi de sobra. Una “cima elevada” no es más ni menos alta que una simple “cima”. Pedir las cosas “a la brevedad posible” no hará nada más rápido que si se pide “a la brevedad”. La frase hecha revela de un golpe al escritor con poca lectura y una mente acomodada. El de estilo ágil detecta estas muletillas de inmediato, y las aborrece. Casi podría decirse que escribir bien es escribir sin clichés. Lo explicó el inglés Martin Amis en el prólogo de su compilación de artículos titulada, de hecho, La guerra contra el cliché:

Toda escritura es una campaña contra el cliché. No sólo clichés de la pluma, sino clichés de la mente y del corazón[1].

En general, si quiere recurrir a metáforas, intente inventarlas usted mismo(a). George Orwell hablaba sobre las “metáforas muertas” para aquellas expresiones que alguna vez tuvieron brillo, pero que el uso había hecho perder viveza. Entre ellas, “férrea determinación”, “doblar las campanas por”, “blandir el garrote”, “mantener a raya”, “pisotear los derechos ajenos”, “marchar hombro a hombro”, “hacerle la jugada a”, “echar toda la carne a la parrilla”, “pescar en río revuelto”, “a la orden del día”, “el talón de Aquiles”, “canto de cisne”, “belleza escultural”.

Cuando se redacta de prisa —cuando se dicta a un taquígrafo, por ejemplo, o se hace un discurso público— es natural caer en un estilo latinizado y pretencioso. Muletillas como ‘una consideración que debemos tener en mente’ o ‘una conclusión con la que todos estaríamos de acuerdo’ ahorran a muchos una expresión cuya construcción les produciría un síncope. El empleo de metáforas, símiles y modismos trillados ahorra mucho esfuerzo mental, a costa de que el significado sea vago, no sólo para el lector sino también para el que escribe. Ésta es la importancia de la mezcla de metáforas. El único fin de una metáfora es evocar una imagen visual. Cuando estas imágenes chocan se puede dar por cierto que el autor no está viendo la imagen mental de los objetos que está nombrando; en otras palabras, que no está pensando realmente”[2].

Otras frases hechas antipáticas: “fe inquebrantable”, “férrea disciplina”, “honda emoción”, “alto ejecutivo”, “ampliamente probado”, “aplastante superioridad”, “bajos instintos”, “amplia mayoría”.

El lugar común no sólo no es efectivo. Revela flojera intelectual, una comodidad evidente en ideas concebidas ya por otros y que el escritor se niega a revisar. Es tan grave un cliché lingüístico como aquel que podríamos llamar ideológico, construido sobre generalizaciones que rara vez dan en el blanco: “los políticos corruptos”, “las víctimas inocentes”, “las vacaciones merecidas”, “la soledad del poder”, “las mujeres manipuladoras”. Parte importante de la solución es estar alerta a los miles de lugares comunes que debemos leer o escuchar a diario en los medios de comunicación y en las charlas sociales. Detectarlos y detestarlos; hasta sentir —ojalá— un malestar físico en frente suyo. La alergia al cliché será le mejor manera de mantenernos a salvo de seguirlos propagando.


[1] La guerra contra el cliché,  Martin Amis.

[2] Artículo La política y el lenguaje inglés, George Orwell.

Written by Marisol García

September 1, 2009 at 6:34 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with ,

Esas pequeñas cosas

leave a comment »

Por Álex Grijelmo

Hemos empezado más o menos puntuales, tiene mérito tratándose de un acto que congrega a tantas personas, pero los periodistas solemos ser impuntuales, sobre todo los periodistas que escribimos en los periódicos, no tanto en que llegamos a los actos, a las entrevistas tarde -cosa que también- sino que cuando el lector compra el periódico, ya las noticias que ahí figuran han estado a su alcance durante el resto del día anterior.

Si nosotros llegamos tarde a una comida, a una cena, no podemos presentarnos diciendo: “¡Hola! Aquí estoy, vamos a cenar, hombre”. Se espera que cuando alguien llega tarde a una cita por lo menos tenga una frase ingeniosa para hacerce perdonar, o una buena disculpa, aunque sea inventada.

Los periódicos están llegando tarde todas las mañanas sin ninguna buena frase con la que disculparse. Éste es un problema que tiene trascendencia en la estructura informativa, y trascendencia también de ética.

Es verdad que los periódicos dan alguna exclusiva alguna vez, pero esto no pasa la mayoría de los días. Las noticias que vemos en las portadas de los diarios, mucho más las que encontramos en las páginas interiores nos dan información que ya estuvo a nuestro alcance mediante la televisión el día anterior, la radio, los nuevos medios electrónicos, incluso el teletexto en el televisor; nos llegan ya las noticias -los titulares- al celular. ¿Qué puede aportar un periódico que llega ya con noticias tan viejas? ¿Cómo es posible que estemos llegando todos los días tarde contando cosas que ya se conocían y que no dispongamos de buenas frases para que nos disculpen?

La respuesta a esta competencia que nos han abierto los demás medios y que ahora se ha recrudecido con los medios digitales está en que la prensa debe ahondar sobre todo en los géneros interpretativos para ofrecer algo distinto de lo que ya ha tenido el público por otros medios, y sobre todo debe ahondar en sus propias exigencias éticas para ser un referente ético para los demás medios de comunicación.

Ésta es la buena disculpa que podemos ofrecer cuando llegamos tarde. Es decir, para ser un buen interpretador de la realidad, para que el público nos conceda ese papel, primero tenemos que garantizar ante ese público nuestra coherencia ética, para que esa coherencia ética nos permita interpretar con honradez, porque la interpretación es el periodismo escrito del futuro, según mi opinión.

Quiero hablar de la ética de las pequeñas cosas, de esa ética que tenemos que defender en los periódicos para ser creídos.

En muchos foros se habla de los grandes problemas éticos de los periodistas y nos planteamos hechos que alguna vez se producen y es verdad que hay periodistas que sufren la lacra del terrorismo, del acoso de los narcotraficantes y eso genera problemas éticos, de acuerdo. Se ha hablado abundantemente de eso y no voy a insistir. También se nos suele plantear muchas veces: qué pasa si el Papa compra una empresa y tú trabajas en ella; sí, hay unos problemas teóricos maravillosos para resolver, pero luego en nuestra vida cotidiana los problemas éticos son otros y quiero hablar de esos pequeños problemas éticos que a veces se nos escapan entre los dedos.

Para empezar quiero referirme a los géneros periodísticos. A veces los periodistas nos creemos que esto de los géneros periodísticos es algo que se han inventado los catedráticos para hacernos sufrir y para obligarnos a entender unas estructuras que, total, tampoco tienen tanta importancia. Pues sí son importantes los géneros periodísticos: la técnica en relación con la ética. Para empezar debemos ser conscientes que los periódicos tienen dos lenguajes, el lenguaje de las palabras y el lenguaje del diseño; este último nos da una jerarquización de las noticias, el público sabe interpretar que una información importante va a cinco columnas, a seis columnas -según el tamaño del periódico-; una menos importante va a una columna, y entendemos que el diseño nos aporta también un contenido, da una jerarquización, valora las informaciones. También hay periódicos que tienen familias de letras distintas según las secciones y ponen sobre el papel distintos elementos tipográficos que tienen también un significado. Creo que la diferenciación tipográfica puede convertirse en una garantía para el público y puede servirnos para diferenciar los géneros informativos de manera que el lector pueda defenderse ante ellos.

Los géneros informativos según yo los entiendo deben darnos pistas sobre el grado de presencia del informador en esa noticia, o en esa información o en ese reportaje; podemos establecer que la presencia del informador es cero -nunca es cero, porque extraemos una parte de la realidad y ya en ese momento intervenimos-, pero tenemos más o menos una convención, la noticia tiene la presencia cero del periodista y el artículo de opinión tiene la presencia diez, donde el periodista expresa sus opiniones libremente. Entre esa presencia cero y esa presencia diez hay unos cuantos géneros que nos dan un distinto grado de presencia, de intervención personal del periodista en lo que está escribiendo. Podemos establecer -es una convención, se puede discutir, por supuesto- que la presencia cero del periodista es la documentación, un texto de documentación, y que se aporta algo que incluso ha ocurrido tiempo atrás y que se escribe como complemento, la documentación puede tener una presencia cero del periodista. La noticia, también cero: contamos un suceso sin implicar algún juicio, alguna descripción, alguna interpretación: “Dos personas fallecieron ayer al chocar dos automóviles en la carretera tal tal”, es una información donde la presencia del periodista es mínima.

En realidad la información pura podemos entender que tiene poca presencia del autor. Obviamente en la noticia sí se pueden dar mayores presencias de los periodistas y es aquí donde tenemos que empezar a levantar la guardia. Nosotros como autores de lo que escribimos en los periódicos y también darle al lector la oportunidad de levantar la guardia; el lector ya sabe que en un artículo de opinión se expresan los criterios de una persona libremente y que eso es sólo la opinión de una persona que firma. En cambio cuando el lector está ante una noticia da por hecho que son unos hechos comprobados que no están sujetos a una opinión. En la noticia puede haber una presencia personal también mediante la mera narración de los hechos. Recuerdo que una vez mi amigo y admirado Juan José Millás me contó una anécdota de un periodista de sucesos en una redacción que estaba escribiendo la noticia de una persona muerta encontrada en el fondo de un pozo; él escribió: “El cadáver fue hallado en un pozo de 12 metros de altura”, y el redactor jefe le dijo: “Hombre, serán 12 metros de profundidad”. “Bueno, es que yo siempre escribo las informaciones desde el punto de vista del muerto”. Claro, la perspectiva es muy importante.

Written by Marisol García

August 13, 2009 at 5:50 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with , ,

Writing Tips for Non-Writers Who Don’t Want to Work at Writing

leave a comment »

Por John Scalzi.

A writing question:

What writing tips would you whisper to those who aren’t aspiring professionals, but would like to write better? If I asked you about losing weight and you said “Diet and Exercise” you’d be a) correct and b) ignored. So no ideas that take work. We want the quick fix! Tips like “Edit your work” aren’t useful. “Gerunds are your friend” are.

So, the task here: Tell y’all how to write better without you actually having to make an effort. Fine. Here’s how I would do it.

(NB: These work pretty well for people who do want to be pro writers, too.)

0. Speak what you write: This is rule zero because all other rules follow on this. Basically: If what you’re writing is hard to speak, what makes you think it’s going to be easy to read? It won’t be. So speak out loud what you write. If you can’t speak it naturally, rewrite it. Simple.

1. Punctuate, damn you: For God’s sake, is it really so hard to know where to put a comma? When people read, even in their brains, there’s usually some part of them that is sounding out the words. Without appropriate punctuation, especially commas, that word-speaking part will eventually choke on the sentence. Having said that, there’s a tendency to over-punctuate as well, particularly with exclamation points. Too little punctuation makes it seem you want to collapse someone’s lung, too much makes it look like you’re a 14-year-old girl writing an IM. You want to avoid both.

Here’s a quick and dirty guide when to use punctuation:

Periods: When you’re writing down a thought and you’re at the end of that thought, put a period.
Commas: When you’re writing down a thought and you want to take a breath, whether mental or physical, put in a comma.
Semi-colon: Put these in your writing in the place where, in conversation, you’d arch your eyebrow or make some other sort of physical gesture signalling that you want to emphasize a point.
Colon: Use when you want to make an example of something: For example, just like this.
Question Mark: Quite obviously, when you have a question.
Exclamation point: When you’re really excited about something. You almost never need to use more than one in a paragraph. Use more than one in a sentence and you damn well better be using it for humorous and/or ironic effect.
Dashes: You can use these when you’ve already used a colon or a semi-colon in a sentence, but be aware that if you have more than one colon or semi-colon in a sentence, you’re probably doing something wrong.

Somewhat related: Use capitals when you should (beginning of sentences, proper nouns), don’t use them when you shouldn’t (pretty much every other time). Lots of people think not using capitals makes them look arty and cool, but generally it just makes the rest of us wonder if you’ve not yet figured out the magical invention known as the shift key. Alternately, the random appearance of capitals in inappropriate places makes us wonder if you don’t secretly wish the Germans won World War II (and even the Germans are cracking down on wanton capitalization these days, so there you are).

2. With sentences, shorter is better than longer: If a sentence you’re writing is longer than it would be comfortable to speak, it’s probably too long. Cut it up. This is one I’m guilty of ignoring; I tend to use semi-colons when I should be using periods. In fact, I’d say the largest single editing task I have after writing a piece is to go in and turn semi-coloned sentences into two sentences (or more, God forgive me).

Shorter is also better with paragraphs, but there’s such a thing as too short: Take a look at a not-particularly-well-edited newspaper and you’ll see a lot of single-sentence paragraphs, generally preceded or followed by other single-sentence paragraphs that should have been compressed into one paragraph. Good rule: One extended idea or discrete event per paragraph.

3. Learn to friggin’ spell: I’m not talking typos here, because everyone makes them, and I make more than most. I mean genuine “gosh I really don’t know how this is spelled” mistakes. This is particularly the case with basic spelling errors like using “your” when you’re supposed to be using “you’re” or “its” for “it’s” (or in both cases, vice-versa). Here’s a good rule of thumb: For every spelling error you make, your apparent IQ drops by 5 points. For every “there, they’re, their” type of mistake you make, your apparent IQ drops by 10 points. Sorry about that, but there it is.

What’s truly appalling is that even people with advanced degrees (I’m looking at you, scientists) screw these particular pooches. I look at some of the writing I see from people with MAs and PhDs after their names and I think no wonder China’s poised to kick our ass.

Look, spelling isn’t hard. Nearly every single computerized writing tool has a built-in spellcheck that will catch 90% of your spelling errors, and as for the rest of them, well, it isn’t too much to ask adults to know the difference between “their” and “there.” It’s really not.

Also, here’s a handy tip for those of you with Internet access (which, by definition, would be all of you reading this on my site). If you have a word, the spelling of which you’re not sure, and you don’t have a dictionary handy (either bound or online), copy the word, paste it into Google’s search engine, and hit “search.” If you’ve spelled it incorrectly, chances are really excellent that when your search results come up, up at the top Google will ask “Did you mean:” and present whatever word it is that you’re failing to spell. There’s no shame in doing this.

Bottom line: Typos aside, there’s no reason not to spell things correctly (and you really should get on those typos, too, although I note that I’m the last person in the world to ride folks on that one).

Related to this:

4. Don’t use words you don’t really know: It’s nice to use impressive words from time to time, but if you use an impressive word incorrectly, everyone who does know what the word means will think of you as a pathetic, insecure dork. I’m just saying. Bear in mind that this is not limited only to “impressive” Latinate words, but also (indeed especially) to slang. Use slang incorrectly — or even use last year’s word — and you’ll look like teh 1am3r. Unless you’re using the slang ironically, in which case you might be able to get away with it.

But generally: stick to words you know you know, or make real good friends with that there dictionary thingie.

5. Grammar matters, but not as much as anal grammar Nazis think it does: The problem with grammar is that here in the US at least, schools do such a horrible job of teaching the subject that most people are entirely out to sea regarding correct usage. It’s the calculus of liberal arts subjects. But grammar need not be stupendously complicated; in the final reduction the point of grammar is to make the language as clear to as many people as possible. Frankly, I think if most non-writers can manage to get agreement between their verb and their subject, I’m willing to spot them the whole “who/whom” conundrum.

Now, obviously, you should know as much grammar as you can; the more grammar you know, the better you can write. But the bottom line is just this: Be as clear as possible. If you’re not confident about the grammar of a sentence, re-write it and strive for clarity. Yes, it’s possible that in doing so the resulting sentence will lack style or something. But it’s better to be plain and understood than to have people admire your style and have not the slightest idea what you’re trying to say.

6. Front-load your point: If you make people wade through seven paragraphs of unrelated anecdotes before you get to what you’re really trying to say, you’ve lost. Yes, Mark Twain and Garrison Keillor pull that stunt all the time. But: Surprise! You’re not them. Also, there were lots of times when Twain just needed to get to the goddamn point, already.

Now, sometimes people write to find out what their point is; I think that’s fine because I do that myself. But most of the time after I’ve figured out my point, I’ll go back and re-write. Because that’s the magic of writing: You can do that. It’s not actually a live medium. No, not even in IM, since you can still re-write before you hit “send.”

This point is more flexible than some of the others; sometimes you want to go the long way around to make your point because doing so makes the point stronger. I took the long way around in my “Being Poor” essay, for example. However, most of the time it’s better to let people know what you’re doing than not, if only because then you have a better chance of them sticking around until the end.

7. Try to write well every single time you write: I have friends who I know can write well who send me the most awful e-mail and IMs because they figure it doesn’t matter how many rules of grammar and spelling they stomp on because it’s just e-mail and IM. But if you actually want to be a better writer, you have to be a better writer every time you write. It won’t kill you to write a complete sentence in IM or e-mail, you know. The more you do it, the better you’ll get at it until it will actually be more difficult to write poorly in e-mail and IM than not (mobile text messaging I understand has more limitations. But I tend to look at text messaging as the 21st Century equivalent of semaphore, which is to say, specialized communication for specialized goals).

There really is no excuse for writing poorly in one’s blog. At least with IMs and e-mail your terrifying disembowelment of the language is limited to one observer. But in your blog, you’ll look stupid for the whole world to see, and it will be archived for as long as humanity remembers how to produce electricity. Maybe you don’t think anyone who reads your blog will care. But I read your blog — yes indeed I do — and I care. Madly. Truly. Deeply.

8. Read people who write well: Don’t just read for entertainment, but also look to see how they do their writing — how they craft sentences, use punctuation, break their prose into paragraphs, and so on. Doing so takes no more time than reading what they write anyway, and that’s something you’re doing already. If you can see what they’re doing, you can try to do it too. You probably won’t be able to re-create their style, since that’s something about that particular person. But what you can do is recreate their mechanics. Don’t worry that your own “voice” will get lost. Be readable first and your own style will come later, when you’re comfortable with the nuts and bolts of writing.

9. When in doubt, simplify: Worried you’re not using the right words? Use simpler words. Worried that your sentence isn’t clear? Make a simpler sentence. Worried that people won’t see your point? Make your point simpler. Nearly every writing problem you have can be solved by making things simpler.

This should be obvious, but people don’t like hearing it because there’s the assumption that simple = stupid. But it’s not true; indeed, I find from personal experience that the stupidest writers are the ones whose writing is positively baroque in form. All that compensating, you know. Besides, I’m not telling you to boil everything down to “see spot run” simplicity. I am telling you to make it so people can get what you’re trying to say.

Ultimately, people write to be understood (excepting Gertrude Stein and Tristan Tzara, who were intentionally being difficult). Most people are, in fact, capable of understanding. Therefore, if you can’t make people understand what you write, most of the time it’s not just because the world is filled with morons, it’s also because you are not being clear. Downshift. People will be happy to know what you’re saying.

10. Speak what you write: Yes, I’ve covered this before. But now after all the other tips you can see why this makes sense. If you can’t make your writing understandable to you, you can’t make it understandable to others.

And now I’m off to speak this to myself. If I can do it with my writing, you can do it with yours.

Written by Marisol García

August 13, 2009 at 5:44 pm

Posted in Uncategorized

Tagged with ,